En Baja California, las autoridades de México y Estados Unidos localizaron un narcotúel, supuestamente del cártel Jalisco Nueva Generación. Última hora México. Omar García Harf desmanteló un narcotúel en la frontera de México de 265 m del cartel Jalisco Nueva Generación con un elevador hidráulico a 17 m bajo la tierra y lleno de drogas.
Eso es lo que el cártel Jalisco Nueva Generación construyó debajo de una tienda de abarrotes en San Diego, mientras el gobierno de Estados Unidos le renovaba la licencia de operación, mientras clientes normales compraban refrescos en la entrada, mientras un inspector municipal firmaba el certificado de funcionamiento sin detectar nada, Omar García Harf ordenó romper ese silencio el 29 de mayo de 2026.
Diseñó el cerco con 6 meses de inteligencia acumulada. Activó el protocolo binacional que en menos de 12 horas destruyó la pieza de infraestructura criminal más sofisticada jamás documentada en la frontera México, Estados Unidos. Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. La tienda tenía licencia, pagaba impuestos y había pasado una inspección municipal 42 días antes del cateo.
El inspector que firmó ese documento ya tiene nombre en un expediente federal. Eso no salió en ningún comunicado oficial y eso es solo el principio de lo que vas a escuchar hoy. Porque la pregunta que nadie está respondiendo es esta: ¿Quién diseñó cada metro de ese túnel? ¿Canó el dinero para construirlo? Y esta noche sigue durmiendo en su cama en Guadalajara sin que ninguna autoridad haya tocado su puerta.
Esa pregunta tiene nombre en los archivos de Harfch. Y entonces llegó el dato que lo cambió todo. Para entender lo que Harf desarticuló, primero tienes que entender lo que el CJNG había construido. No estamos hablando de un túnel, estamos hablando de una aduana paralela. El cártel Jalisco Nueva Generación no opera como un cartel del siglo pasado.
No mueve droga en mulas humanas ni en compartimentos ocultos de camionetas. En los últimos 5 años el CJNG se reinventó como una corporación de infraestructura criminal. Construye, ingenia, invierte y cobra a precio de mercado internacional. La frontera entre Tijuana y San Diego es el corredor de cocaína más rentable del planeta en este momento.
Las autoridades estadounidenses lo documentaron con un dato que detiene. El valor de la cocaína en San Diego es 10 veces mayor que el de la metanfetamina y tres veces mayor que el del fentanilo. 1 kg que sale de Colombia vale 30 veces más cuando llega a Phoenix. El CJNG lo sabe y construyó su infraestructura en consecuencia. El fraccionamiento Nueva Tijuana no es un barrio cualquiera.
Es una zona industrial de baja vigilancia con acceso a calles secundarias, depósitos de materiales de construcción a tres cuadras y una densidad habitacional suficiente para disfrazar movimientos de maquinaria pesada sin levantar sospechas. El CJNG ya había usado esa misma colonia antes. En junio de 2025, autoridades estadounidenses descubrieron la salida de otro túnel que iniciaba exactamente ahí en la calle Gustavo Campa.
Lo inutilizaron, lo documentaron y el CJNG tomó nota, ajustó el diseño y comenzó a construir uno mejor. Ese fue el error de cálculo que nadie vio venir. El cartel interpretó que el descubrimiento anterior era un problema de ingeniería, que si el túnel era más profundo, más largo, con mejor tecnología, no podrían encontrarlo. Lo que no calcularon fue que cada obra de construcción deja rastro y Harf lleva años leyendo esos rastros.
Detente un segundo aquí porque lo que sigue es peor. La inteligencia que destruyó este túnel no comenzó en mayo, comenzó mucho antes y el primer eslabón de esa cadena lo forjó, sin saberlo, el propio hombre que iba a perderlo todo. Y entonces llegó el dato que lo cambió todo. Gregorio Epifanio Hernández López no era un operador descuidado, era un hombre de confianza del CJNG en San Diego.
Conocía los protocolos, conocía los tiempos, conocía la regla más básica de la supervivencia en este negocio. Nunca uses a la gente que conoces para el trabajo que importa. La rompió tres veces y cada vez creyó que estaba siendo inteligente. El primer error lo cometió en diciembre de 2025. Hernández necesitaba un equipo para operar by 4 les, la tienda minorista en Otai que el CJNG había adquirido como fachada.
Para la salida del túnel. Necesitaba gente que no hiciera preguntas, que llegara puntual y que no llamara la atención. Eligió a siete u ocho hombres de su círculo cercano en San Diego, gente que conocía de años, gente de confianza. Lo que Hernández no sabía era que uno de esos hombres había sido arrestado en noviembre de 2025 por una infracción de tránsito con antecedentes pendientes.
Para cerrar su caso sin cargos mayores, ese hombre había firmado un acuerdo de colaboración con el Departamento de Seguridad Nacional. Desde el primer día que entró a trabajar en BY 4 les, los agentes de HSI tenían ojos adentro. Hernández acababa de instalar su propio micrófono. Ese fue hasta el primero.
El segundo error lo cometió en marzo de 2026. Con el túnel terminado y el primer cargamento en preparación, Hernández tomó una decisión que en el papel sonaba razonable, eliminar intermediarios en la distribución terrestre. En lugar de contratar transportistas externos, personas sin conexión directa con él, decidió usar vehículos registrados a nombre de una empresa de logística que él mismo controlaba.
Más control, menos fugas, menos dinero dividido. Una decisión de negocios perfectamente lógica. Lo que Guernández no sabía era que esos vehículos con sus placas ya habían sido identificados por HSI en enero durante una vigilancia de rutina cerca de un almacén en Chula Vista. Durante 8 semanas, agentes federales documentaron cada movimiento de esa flotilla.
Construyeron el mapa completo de la red, las rutas, los horarios, los puntos de transferencia en Los Ángeles. Cuando Hernández creyó que estaba protegiendo su operación, en realidad estaba dibujando su propio organigrama para el gobierno estadounidense. Ese fue el segundo. El tercer error lo cometió la noche del 28 de mayo de 2026. El protocolo estándar del CJNG para mover un cargamento nuevo establece un periodo de enfriamiento de 72 horas después de confirmar que la ruta está limpia, 72 horas sin movimiento, sin comunicación en los canales regulares,
sin actividad visible en los puntos de transferencia. Es un protocolo diseñado precisamente para detectar si hay vigilancia activa. Hernández lo sabía y lo ignoró. tenía un comprador en Phoenix que no podía esperar, un contrato con fecha, dinero que no se podía dejar ir. Ordenó que los 851 paquetes cruzaran esa misma noche sin periodo de enfriamiento, sin verificar la ruta con prisa.
Lo que Hernández no sabía era que HSI llevaba 72 horas con vigilancia térmica reforzada en el perímetro de BUI 4ES después de detectar actividad anómala en los sensores instalados bajo la cera. La orden de arresto había sido firmada esa misma mañana a las 9:47. Los agentes solo esperaban el movimiento. Hernández lo aceleró directo hacia la trampa.
Ese tercer error fue lo último que calculó mal, porque esa madrugada Harfuch ya tenía todo lo que necesitaba. Las 23:15 horas del 28 de mayo de 2026, Tijuana, Baja California, no hubo sirenas, no hubo luces de emergencia, no hubo el ruido metálico de unidades blindadas acelerando por avenidas principales. Lo que hubo fue silencio calculado, movimiento en formación y la oscuridad como aliada táctica.
3 horas antes del primer arresto, un dron de reconocimiento de la Fiscalía General de la República ya sobrevolaba el fraccionamiento Nueva Tijuana a 200 m de altura con cámara térmica activa y transmisión en tiempo real hacia el centro de comando situado a 4 km del objetivo. Llevaba 94 minutos registrando cada punto de calor en el inmueble de la colonia Nueva Tijuana, que era el origen del túnel.
contaba cuerpos, mapeaba rutinas, identificaba los turnos de guardia. Lo que el dron mostró fue esto. Cuatro puntos de calor en el interior de la propiedad, dos estáticos probablemente dormidos o sentados, uno en movimiento circular en el perímetro interior, una guardia activa, uno más en la zona norte, cerca del acceso al túnel con actividad constante.

El operativo tenía que neutralizar los cuatro simultáneamente antes de que cualquiera de ellos alcanzara el acceso subterráneo. que si alguien lograba bajar al túnel, la persecución a 17 m de profundidad en un pasadizo de metro y medio de ancho era una sentencia de muerte para cualquiera que entrara. Harf no iba a perder a un solo elemento.
El cerco se desplegó en dos anillos concéntricos. El anillo exterior a cargo de la Guardia Nacional bloqueó las cuatro salidas vehiculares del fraccionamiento a las 23:31, sin luces, sin uniformes visibles desde la calle. Vehículos civiles y marcas aparcados estratégicamente para no romper la normalidad del barrio.
El anillo interior compuesto por 16 elementos de la Agencia de Investigación Criminal de la FGR con equipo táctico completo, tomó posición a 50 m del inmueble objetivo en grupos de cuatro, cada grupo cubriendo un flanco. La Secretaría de Marina aportó dos equipos de busos tácticos en reserva, no para entrar primero, sino para descender al túnel.
Después del aseguramiento en superficie, nadie sabía que había en los 265 m subterráneos. Nadie sabía si había personas ahí abajo. Nadie sabía si había trampas. Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. Simultáneamente a 4 horas en coche hacia el norte en Otaimes Mesa San Diego, agentes de HSI y la patrulla fronteriza de Estados Unidos ejecutaban el espejo exacto de ese operativo.
El mismo dron, la misma formación en anillos, la misma coordinación de tiempos al segundo, porque este operativo tenía una regla absoluta. Los dos extremos del túnel caían al mismo tiempo o no caía ninguno. Si bu 4 les era asegurada 10 minutos antes de que la FGR entrara en Tijuana, alguien en en el lado mexicano recibiría una llamada, bajaría al túnel, destruiría evidencia o desaparecería por una ruta de escape que las autoridades todavía no conocían.
El protocolo era sincronía total. Harf y el Departamento de Seguridad Nacional habían coordinado los tiempos durante 48 horas. La ventana de acción simultánea era de 90 segundos de margen, 90 segundos entre el primer contacto en Tijuana y el primer contacto en San Diego. A las 23:58, el comandante del operativo en Tijuana transmitió tres palabras por radio en frecuencia encriptada, cerco completo, listos.
Del otro lado de la frontera en inglés, llegó la respuesta en menos de 4 segundos. Ready on our end, your call. El dron seguía sobrevolando, los cuatro puntos de calor seguían sin moverse. Afuera todo parecía normal. Adentro ya era demasiado tarde. Las 003 horas del 29 de mayo de 2026, la señal llegó en dos idiomas al mismo tiempo. Los primeros 4 minutos fueron de precisión quirúrgica.
El equipo del flanco norte de la FGR reventó la puerta principal del inmueble en Tijuana con ariete hidráulico en un solo golpe. Sin explosivos, sin detonaciones, la velocidad era el objetivo, entrar, dominar y controlar antes de que cualquiera de los cuatro puntos de calor procesara lo que estaba pasando. Los elementos entraron en formación de cuña con visión nocturna activa, en silencio absoluto durante los primeros 20 m del interior.
Las primeras voces que se escucharon fueron de mando, no de pánico. FGR, Alelo, manos visibles. Dos de los cuatro objetivos estaban dormidos. fueron reducidos antes de que pudieran incorporarse. El tercero, la guardia activa, intentó retroceder hacia el pasillo norte, hacia el acceso al túnel y fue interceptado por el equipo del flanco lateral a 3 m del objetivo, sin disparos, sin resistencia mayor.
El cuarto objetivo, el que estaba en la zona del acceso subterráneo, fue el más complicado. Llegó al mecanismo del elevador, puso la mano en el panel de control, un elemento de la AI C. llegó en el mismo segundo y lo tomó por el brazo antes de que el elevador se activara. 4 m tarde y la historia habría sido diferente.
En ese mismo instante, en San Diego, los agentes de HSI entraban por la puerta trasera de Boey Cuatrol les con la misma formación, el mismo silencio, la misma velocidad. Hernández López estaba en la zona de almacén de pie con un teléfono en la mano. Según el reporte federal, tenía el dedo sobre la pantalla cuando los agentes lo rodearon. No llegó a marcar.

Los siguientes 9 minutos fueron de resistencia. Lo que las autoridades no anticiparon completamente fue lo que había en el sótano de la propiedad en Tijuana. Un segundo nivel de seguridad. Dos hombres más armados que no aparecían en la imagen térmica porque estaban en un compartimento subterráneo con aislamiento metálico que bloqueaba la señal.
Cuando escucharon el operativo en superficie, no huyeron hacia el túnel. Salieron. Los siguientes 9 minutos fueron los más peligrosos. Intercambio de disparos en el corredor sur del inmueble. El equipo táctico de la FGR respondió con disciplina. Fuego controlado, posiciones de cobertura, ningún elemento expuesto innecesariamente.
Uno de los dos hombres fue herido en la pierna y detuvo la resistencia. El otro arrojó el arma cuando el equipo del flanco este cerró la salida y no tuvo ningún ángulo de escape viable. Dos heridos del lado criminal, cero bajas federales. Eso no es todo. El siguiente hallazgo hizo silencio en la sala. Los últimos 3 minutos fueron de silencio.
Cuando el último disparo se apagó y el último objetivo fue reducido, el comandante del operativo hizo el recuento. Seis personas aseguradas en Tijuana, cuatro en San Diego, incluyendo a Hernández López, Brandon Escalante Sandoval, José Jiménez y Antonio Cortés. Los dos extremos del túnel sellados. La operación binacional más coordinada en la historia reciente de la frontera, completada en 16 minutos desde el primer contacto.
Hernández López fue esposado en el almacén de Byles con 851 paquetes de cocaína apilados a su espalda, 2406 libras. El agente que le leyó sus derechos reportó que Hernández no dijo una sola palabra, solo miró el piso. La misma pantalla de teléfono que no llegó a desbloquear estaba en el suelo a 2 m de sus pies con la pantalla todavía encendida.
El número que intentaba marcar nunca recibió la llamada. Por radio desde Tijuana llegó el reporte final. Alto al fuego. Amenaza neutralizada. Cero bajas federales. Los equipos de la Marina descendieron al túnel a las 031 horas. No bajaron corriendo, bajaron despacio con linternas tácticas en fila india, con la mano derecha rozando la pared izquierda del pasadizo para mantener orientación en la oscuridad.
El elevador hidráulico que el CJNG había instalado soportaba hasta 800 kg. Tenía botones numerados como un elevador de oficina. bajaron de a cuatro por viaje. Lo primero que golpeó a los elementos cuando llegaron al nivel inferior no fue lo que vieron, fue lo que olieron. Concreto húmedo, reciente, aceite de maquinaria y algo más difícil de definir, el olor cerrado de un espacio donde seres humanos habían vivido durante semanas.
El inventario comenzó a las 047 horas y no terminó hasta el amanecer. El primer tramo del túnel, los primeros 80 m la entrada mexicana, funcionaba como zona de almacenamiento primario. Ahí encontraron lo que esperaban encontrar. Cartuchos de diferentes calibres apilados en cajas metálicas selladas con cinta industrial. Posible metanfetamina en bolsas de plástico transparente con el peso marcado a mano en cada una.
Píldoras de color morado en frascos sin etiquetas. Centenares de frascos alineados en estantes de metal atornillados a la pared del túnel. Teléfonos celulares 12 en total dentro de bolsas herméticas para protegerlos de la humedad. Cada cartucho encontrado es una bala que no llegó a una calle mexicana. El inventario continuó y cada objeto contó una historia diferente.
A 140 m de profundidad pasando una curva leve que los ingenieros del CJ habían incorporado al diseño para evitar la visión directa. Desde cualquiera de los dos extremos el pasadizo se ensanchaba. Era una zona de transferencia, el punto donde los cargamentos que bajaban del elevador en San Diego eran recibidos, pesados, reempacados y preparados para el siguiente tramo.
Había una báscula industrial fija atornillada al piso con pernos de anclaje. Había una mesa de trabajo de acero inoxidable del tipo que se usa en cocinas industriales con marcas de corte en la superficie. Había guantes de látex usados, decenas de ellos tirados en el piso como si el turno anterior hubiera terminado de golpe y nadie hubiera tenido tiempo de limpiar.
Alguien había estado trabajando ahí horas antes del operativo, pero lo más valioso no brillaba. A 190 m de la entrada, casi en el punto medio exacto del túnel, los elementos de la marina encontraron algo que no estaba en ningún briefing de inteligencia previo. Un cere plegable de lona verde del tipo militar, una cobija doblada encima, una botella de agua de 2 L aún con líquido y sobre el catre, apoyada contra la pared de concreto un o una lonchera infantil de plástico azul con la imagen desgastada de un personaje de caricatura que ya no era reconocible. El elemento que la
encontró la levantó, la abrió. Adentro había dos fotografías impresas en papel fotográfico barato del tamaño de una mano. En una, una mujer de mediana edad sonreía frente a lo que parecía ser una cocina. En la otra, tres niños pequeños parados frente a una pared pintada de color naranja y debajo de las fotografías enrollado con cuidado, un rosario de cuentas de madera café con una cruz de metal plateado al final.
En un túnel con tecnología de ingeniería industrial valuada en varios millones de dólares, alguien había vivido ahí abajo. No un narco, no un operador, un trabajador. Alguien a quien trajeron a construir y al que nunca dejaron salir del todo. Alguien que puso las fotos de su familia en una lonchera de niño porque era lo único que había traído consigo y lo único que lo conectaba con el mundo de arriba.
Ese detalle pequeño cuenta una historia grande y entonces llegó el dato que lo cambió todo porque al final del inventario, cuando los elementos pensaban que ya habían visto todo, en la zona de almacenamiento secundario más cercana al acceso del elevador en San Diego, encontraron algo que no brillaba, no pesaba y no tenía precio en ningún mercado de drogas.
Un folder de plástico negro sellado con cinta canela con documentos en su interior. Planos de construcción. Anotaciones a mano en los márgenes. Coordenadas geográficas en formato de grados y minutos decimales. Dos ubicaciones marcadas con círculos rojos. Una con la palabra mex escrita encima, otra con son, Mexicali, Sonora.
El siguiente túnel del CJNG puede estar terminado mientras ves este video. Lo más valioso no brillaba, nunca brilla. Omar García Harfuch habló esa mañana sin adjetivos, sin dramatismo innecesario, con la precisión de quién sabe que cada palabra va a ser leída dos veces, una por los periodistas y otra por las personas a las que realmente va dirigida.
Cuatro oraciones, peso de sentencia. Desarticulamos la estructura de infraestructura subterránea más sofisticada que el CJNG había construido en esta frontera. 10 personas detenidas, más de una tonelada de cocaína incautada y el túnel sellado de manera permanente en coordinación con autoridades de Estados Unidos.
Este operativo es el resultado de 6 meses de inteligencia acumulada y trabajo conjunto. A quienes financiaron esta construcción, los documentos encontrados ya están en manos de la fiscalía. Ahora escucha esas cuatro oraciones de nuevo, pero esta vez escúchalas despacio. Desarticulamos la estructura de infraestructura subterránea más sofisticada.
No dijo encontramos un túnel. No dijo aseguramos un pasadizo. Dijo estructura de infraestructura. Esa distinción no es semántica, es legal. Una estructura de infraestructura implica planeación, inversión sostenida, jerarquía organizacional. Implica que hay personas detrás de esto que no estaban en el túnel, que no pusieron un ladrillo, pero que firmaron los cheques y esas personas saben que Harf sabe.
10 personas detenidas, cuatro en San Diego, seis en Tijuana. Ninguna de las 10 es el arquitecto financiero de la operación. Harf no lo dice explícitamente, pero lo dice. 6 meses de inteligencia acumulada. Esta frase es un mensaje directo a cualquier operación similar que esté activa en este momento. No estamos reaccionando. Llevamos 6 meses mirando.
Llevamos 6 meses documentando. Si tienes algo construido, ya lo sabemos. Ya estamos contando los días. A quienes financiaron esta construcción, los documentos encontrados ya están en manos de la fiscalía. Esta oración no tiene destinatario público, tiene destinatario privado. Un hombre en Guadalajara que esta mañana leyó esa frase en su teléfono y entendió exactamente a quién le estaban hablando.
El contador recibió el mensaje. Dale like si llegaste hasta aquí porque esto apenas comienza. Este túnel no es un incidente aislado. Es el tercer capítulo de una guerra de infraestructura que lleva 2 años escalando y que la mayoría de los noticieros cubre como si cada caso fuera el primero. Retrocede a junio de 2025. Autoridades estado indounidenses descubren la salida de un túnel en Otay mesa. Lo inutilizan.
Alertan a las fuerzas mexicanas. El CJNG toma nota. 6 meses después comienza la construcción de un túnel mejor, más profundo, con tecnología más sofisticada en la misma colonia. El primer descubrimiento no fue una derrota para el cartel, fue una consultoría gratuita sobre qué mejorar. Ahora retrocede a mayo de 2025, Nuevo León.
Elementos de seguridad descubren un túnel de hidrocarburos que conecta con el poliducto de Pemex oculto detrás de un contenedor metálico marítimo. Diferente cartel, diferente producto, idéntica lógica. Invertir en infraestructura permanente para mover mercancía de alto valor de manera sistemática, no episódica. El patrón que este operativo en Tijuana confirma no es que los cárteles construyen túneles, es que los cárteles están dejando de operar como organizaciones criminales y están empezando a operar como empresas de logística con brazo armado. Y aquí es
donde la historia cambia de dirección completamente, porque si eso es lo que está pasando, la pregunta que las instituciones no están respondiendo es esta: ¿Cuántos de esos proyectos de infraestructura están activos en este momento en etapa de construcción antes de que llegue el primer cargamento? Antes de que haya una tonelada de cocaína que justifique un operativo, el aumento del 42% en aseguramientos de cocaína en la zona suroeste de la frontera entre 2024 y 2025.
No es una señal de que el gobierno está ganando, es una señal de que el volumen que se intenta mover es tan grande que incluso con ese porcentaje de pérdida el negocio sigue siendo extraordinariamente rentable. Un investigador especializado en seguridad fronteriza que trabaja con datos del departamento de justicia lo resumió en dos oraciones.
Cada túnel que encuentran representa aproximadamente el 5% del total que opera en ese corredor. El 95% restante es lo que nadie ha encontrado todavía. Pero la pregunta que nadie está respondiendo es esta. El inspector municipal que firmó el certificado de funcionamiento de BY 4 le es 42 días antes del operativo.
Ese documento existe, esa firma existe. Y si un inspector municipal puede firmar la habilitación de una fachada del CJNG sin detectar nada, la pregunta no es si hubo negligencia, la pregunta es si hubo algo más que negligencia. Ese expediente federal ya tiene un nombre adentro. Harf lo sabe. Y ahora tú también.
10 personas detenidas. Una tonelada de cocaína incautada, el túnel más sofisticado en la historia documentada de esta frontera, sellado permanentemente. Y sin embargo, cuatro personas en San Diego, seis en Tijuana. Ninguna de las 10 diseñó el túnel. Ninguna de las 10 financió la construcción. Ninguna de las 10 tomó la decisión de invertir varios millones de dólares en un elevador hidráulico, en rieles industriales, en sistemas de ventilación climatizada, en la compra y operación de una tienda comercial funcional durante 6 meses. Esa
decisión la tomó el contador. El contador no tiene nombre oficial en ningún comunicado de prensa, no aparece en la denuncia federal presentada por el fiscal Adam Gordon. No está en ninguna lista de los cuatro acusados en San Diego, pero existe. Es el arquitecto financiero del CJNG que diseñó la estructura corporativa de Byess.
Canalizó el capital de construcción a través de tres empresas fantasma registradas en Jalisco y coordinó la operación entera desde una oficina en Guadalajara sin haber pisado Tijuana ni San Diego una sola vez. Esta noche el contador duerme en su cama. Lo que encontraron después no estaba en ningún reporte previo, porque lo que Harf tiene ahora es esto.
10 detenidos que pueden hablar, 851 paquetes de cocaína como evidencia física, un túnel completamente documentado con su ingeniería, sus sistemas y sus huellas y un folder de plástico negro con planos, coordenadas y dos círculos rojos marcados sobre mapas que nadie ha descrito públicamente todavía. Lo que le falta es el nombre detrás de las tres empresas Fantasma en Jalisco.
Le falta el rastro del dinero que pagó la construcción. Le falta la firma que aparece en los contratos de compra de BYU 4 les. Le falta conectar al contador con los documentos encontrados en el túnel, de manera que sea irrefutable en un tribunal. Ese trabajo está en curso y aquí es donde entra lo que ningún noticiero te va a contar en los próximos días.
Los planos encontrados en ese folder negro no son solo planos de archivo, tienen fechas de revisión recientes. La última anotación a mano en los márgenes tiene fecha del 14 de marzo de 2026. Alguien estaba trabajando activamente en esos proyectos hace menos de 3 meses. Las coordenadas marcadas con MEX apuntan a una zona industrial en el municipio de Mexicali, a 4 km del cruce fronterizo de Caléxico.
Las marcadas con Zón apuntan a un corredor en Nogales, Sonora, a menos de 1 km del puerto de entrada comercial más activo de esa ciudad. Si la cronología del túnel de Tijuana sirve de referencia desde los primeros planos hasta el primer cargamento operativo, pasaron aproximadamente 18 meses. Las anotaciones del 14 de marzo de 2026 sugieren que esos proyectos llevan al menos ese tiempo en desarrollo.
El próximo video de este canal va a tener una dirección específica, una fecha, un nombre de empresa, porque la información de los documentos encontrados en ese túnel no termina con lo que las autoridades han comunicado públicamente. Y en este canal, lo que las autoridades no comunican, es exactamente lo que nosotros investigamos.
Regresa por un momento al principio de este video. 6 meses, 265 m, un elevador hidráulico a 17 m bajo la tierra. Esos tres datos parecían el resumen de un hallazgo extraordinario y lo son, pero ahora que llegaste hasta aquí, sabes que esos tres datos son solo la superficie de algo mucho más grande, sabes que debajo de esa tienda de abarrotes con licencia vigente y certificado de funcionamiento firmado, el CJNG construyó una aduana paralela que operó durante 6 meses. Yeah.