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EL CASO QUE CONGELÓ A CHILE: ANIVERSARIO, ESCAPADA DE PAREJA Y UNA DESAPARICIÓN INEXPLICABLE

Rumbo al sur para celebrar nuestro amor. Aniversario Pucón. Aquí vamos! Amor de mi vida. Esa publicación recibió 147 me gusta en las primeras 2 horas. Amigos y familiares comentaron con felicitaciones y buenos deseos. Todo parecía absolutamente normal. La ruta desde Santiago a Pucón es larga pero escénica. Se viaja hacia el sur por la ruta cinco, la carretera panamericana que atraviesa Chile de norte a sur, pasando por ciudades como Rancagua, Talca, Chillán y Temuco antes de desviarse hacia el este, hacia Pucón.

El viaje completo suele tomar entre 9 y 10 horas. dependiendo del tráfico y las paradas. A las 10 de la mañana, Camila envió un mensaje de WhatsApp a su madre, Patricia Ortiz. Todo bien, mamá. Vamos llegando a Talca. Paramos a desayunar. El viaje va tranquilo. Te amo. Su madre respondió inmediatamente.

Que tengan un viaje hermoso, hija. Cuídense mucho. Salúdame a Sebastián. Fue el último mensaje que Patricia recibiría de su hija. A la 1 de la tarde, Sebastián publicó en su propia cuenta de Instagram una foto tomada desde el auto, mostrando la vista de la cordillera de los Andes a la distancia con campos verdes en primer plano.

La leyenda decía: “Camino al paraíso con mi persona favorita”. Viaje de aniversario Nishta Chile. A las 4:30 de la tarde hicieron un alto en una estación de servicio COPEC en las afueras de Temuco para cargar gasolina y usar los baños. El empleado de la estación, Rodrigo Muñoz, lo recordaría después durante los interrogatorios policiales.

“Sí, los recuerdo”, diría Rodrigo. Porque estaban discutiendo, no eran gritos, pero se les veía tensos. Él cargó gasolina mientras ella estaba en el auto con los brazos cruzados mirando por la ventana. Cuando él entró a pagar, ella bajó y fue al baño. No se hablaron en todo ese tiempo. Me pareció raro porque supuestamente iban de aniversario.

Ese detalle, aparentemente menor en ese momento, se volvería crucial más adelante. Llegaron a Pucón aproximadamente a las 6 de la tarde, justo cuando el sol comenzaba a descender detrás del volcán Villarrica, tiñiendo el cielo de naranjas y rosas espectaculares. Pucón en octubre, justo antes del inicio de la temporada turística alta, estaba relativamente tranquilo.

Las calles principales mostraban movimiento de locales y algunos turistas tempranos, pero no tenía la congestión característica de los meses de verano. El hotel boutique que Sebastián había reservado, Cabañas del lago, estaba ubicado a las afueras del centro de Pucón, en una zona residencial tranquila, con acceso directo a la orilla del lago Villar Rica.

Eran seis cabañas independientes distribuidas en un terreno amplio con jardines bien cuidados, árboles nativos y senderos de piedra que conectaban cada cabaña con la recepción principal. La dueña del establecimiento, señora Elena Vargas, una mujer de 62 años que había administrado el lugar durante 20 años, los recibió personalmente.

“Bienvenidos a Cabañas del lago”, dijo Elena con una sonrisa cálida, entregándoles las llaves de la cabaña número cuatro, la más alejada de la recepción. Espero que disfruten su estadía. Si necesitan cualquier cosa, no duden en llamarme. Gracias, respondió Sebastián tomando las llaves. Camila permaneció en silencio, ofreciendo solo una sonrisa educada, pero distante.

Elena notaría después ese detalle también. Él parecía animado, hablador. Ella estaba callada como ausente. En mis años haciendo esto, he aprendido a leer a las parejas y esa pareja había tensión. Lo sentí inmediatamente. La cabaña cuatro era exactamente como se veía en las fotografías del folleto, acogedora con una cama kingsiz cubierta con un edredón blanco esponjoso, chimenea de leña, una pequeña cocina equipada, un baño con bañera de hidromasaje y ventanas panorámicas con vista directa al lago y más allá al

volcán humeante. Sebastián dejó la maleta sobre la cama y se acercó a la ventana. No es perfecto, amor. Exactamente lo que necesitábamos. Camila se sentó en el borde de la cama mirándose las manos. Sí, está muy lindo. Su voz era plana, carente de la emoción que uno esperaría de alguien en una escapada romántica de aniversario.

¿Estás bien?, preguntó Sebastián volteándose para mirarla. Has estado callada todo el viaje. Estoy cansada. Fue un viaje largo. Segura que es solo eso. Hubo un silencio tenso que se extendió por varios segundos. Camila finalmente levantó la vista para encontrarse con los ojos de Sebastián. Necesitamos hablar, Sebastián, sobre nosotros, sobre todo.

La expresión de Sebastián cambió instantáneamente. La sonrisa desapareció, reemplazada por algo más difícil de descifrar. sorpresa, preocupación o tal vez algo más oscuro. Hablar sobre qué exactamente sabes sobre qué. Otro silencio. Este más cargado que el anterior. Camila, si esto es sobre No quiero hacerlo ahora interrumpió Camila levantándose de la cama. Estoy agotada.

Salgamos a comer algo. Podemos hablar mañana cuando ambos estemos más descansados. Sebastián asintió lentamente, aunque la tensión en su mandíbula era evidente. Como quieras. Salieron de la cabaña alrededor de las 7:30 de la noche y caminaron hacia el centro de Pucón. Cenaron en un restaurante llamado La Maga, conocido por su cocina fusión y su ambiente acogedor.

Ordenaron salmón a la mantequilla con ensalada. Compartieron una botella de Soviñón Blan del Valle de Casablanca e intentaron mantener una conversación normal, pero los meseros, que los atendieron esa noche, notarían después que la pareja apenas se miraba durante la cena, que sus conversaciones parecían forzadas y que en varios momentos largos silencios incómodos caían sobre la mesa.

Parecían extraños compartiendo una mesa, no una pareja celebrando un aniversario”, diría uno de los meseros durante su testimonio policial. regresaron a la cabaña alrededor de las 10 de la noche. El camino desde el centro hasta las cabañas del lago tomaba aproximadamente 20 minutos a pie, siguiendo una ruta que bordeaba el lago.

La noche estaba fría, típica de la región en esa época del año, y el cielo estaba despejado, mostrando más estrellas de las que cualquier habitante de Santiago podría ver en la ciudad contaminada. Caminaron en silencio, cada uno perdido en sus propios pensamientos. Cuando llegaron a la cabaña, Sebastián encendió la chimenea mientras Camila se preparaba para dormir.

Se acostaron en lados opuestos de la cama King Sis, con un espacio considerable entre ellos. No hubo beso de buenas noches, no hubo palabras románticas, solo silencio y la luz parpade del fuego en la chimenea, proyectando sombras inquietantes en las paredes. A la mañana siguiente, sábado 13 de octubre, Sebastián se despertó temprano.

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