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Harfuch confirmó la captura de 5 presuntos sicarios vinculados al brutal ataque que convirtió varias ciudades en una zona de guerra VL

Harfuch confirmó la captura de 5 presuntos sicarios vinculados al brutal ataque que convirtió varias ciudades en una zona de guerra

En Michoacán, un operativo de fuerzas de seguridad en la comunidad de Apuzio, esto en Citácuaro, derivó en la detención de cinco presuntos integrantes del cártel Jalisco Nueva Generación. Atención, última hora. Sitácuaro está en guerra. Cuatro narcobloqueos simultáneos, cinco sicarios con uniformes falsos y armas de uso exclusivo militar fueron detenidos y un número de teléfono satelital que Omar García Harfuch ya tenía en sus archivos desde 19 días antes de que el primer vehículo ardiera en Citácuaro. Eso es lo

que los noticieros te contaron, que el cártel Jalisco Nueva Generación sembró el caos en Michoacán un sábado por la mañana, que quemaron vehículos, que bloquearon carreteras, que la ciudad se paralizó de miedo, te contaron la película que el cartel quería que vieras. Lo que no te contaron es lo que pasaba detrás del humo.

Harf no reaccionó ante los bloqueos. Sarfus ya estaba esperando. A las 4:17 de la madrugada del sábado 31 de mayo, un mensaje de voz viajó por una aplicación cifrada desde un hotel en Uruapan hasta cinco teléfonos en Sitácuaro. Ese mensaje decía una sola palabra operativa y 4 minutos después de ser enviado estaba siendo analizado en tiempo real por la Unidad de Inteligencia de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. Esa pregunta, ¿quién envió ese mensaje? ¿Desde dónde y por qué todavía no ha sido detenido? Tiene nombre en los archivos de Harf y ese nombre es el hilo que jala todo lo demás. Para entender lo que pasó en Citácuaro el 31 de mayo, tienes que entender que es Citácuaro para el CJNG.

No es un municipio cualquiera, es el corredor de entrada a la región oriente de Michoacán. La bisagra entre el territorio controlado por el cartel en la Tierra Caliente y los mercados de distribución hacia el Estado de México y la Ciudad de México. ¿Quién controla siuaro controla el flujo? Y el CJNG lleva 3 años construyendo esa ruta con sangre, extorsión y uniformes robados al ejército.

La célula que operaba ahí no era improvisada. Eran hombres entrenados con estructura de mando, con equipos de comunicación y con chalecos balísticos que llevaban bordadas las siglas del cartel como si fueran un escudo de armas. Se movían de noche, conocían cada retén, cada cámara, cada patrulla. Habían convertido la periferia del municipio en su patio trasero.

El clima esa mañana era el que tienen los sábados de mayo en la sierra michoacana. Frío de madrugada que se rompe tarde, niebla baja sobre los cerros, olor a pino y a tierra húmeda. Un sábado que para cualquier vecino deitácuaro debía parecer normal. La célula creyó que lo tenía todo calculado. Creyó que los bloqueos los protegerían.

creyó que el humo de los vehículos en llamas les daría el tiempo suficiente para completar su operación y desaparecer antes de que llegara cualquier respuesta del gobierno. Ese fue su error de cálculo fundamental, no el último, el primero. Y entonces llegó el dato que lo cambió todo. 19 días antes de que Sitácuaro ardiera, la célula cometió su primer error y lo cometió creyendo que era una decisión inteligente.

El líder de la célula al que sus propios hombres llamaban el contador porque era obsesivo con los números, con los tiempos, con los costos, decidió cambiar la frecuencia de radio operativa de su grupo al canal 154,875 MHz. Era una banda que él creía no monitoreada, una frecuencia que había comprado a un técnico de comunicaciones en Morelia por 12,000 pes.

ObturadorMX/Getty Images

Una frecuencia limpia, según le dijeron. Lo que el contador no sabía era que esa frecuencia había sido identificada por un dron de vigilancia de la SSPC durante un operativo previo en Apaching 3 semanas antes. Cada transmisión, cada orden, cada confirmación de posición que el contador creyó privada quedó grabada en los servidores de inteligencia en Ciudad de México.

En 19 días, los analistas de Harf habían reconstruido la estructura completa de la célula. ¿Quién mandaba? ¿Quién ejecutaba? ¿Qué rutas usaban, a qué horas se movían? Ese fue que el primero, el segundo error lo cometió 4 días antes del operativo. El coordinador logístico de la célula rentó tres camionetas en una agencia del centro de Citácuaro.

Usó documentos que él creía perfectamente falsificados, credenciales, licencias, todo. El problema fue el CURP. El CURPE que usó estaba vinculado a una investigación abierta por la Fiscalía General de la República desde octubre de 2023. En el momento en que ese CURPE fue capturado por el sistema Plataforma México, al hacer la renta, se activó una alerta automática que llegó en tiempo real a los analistas de la SSPC.

Esa misma noche, un dron sobrevolaba la bodega de la colonia Fraccionamiento Los Laureles, donde las tres camionetas fueron estacionadas. Ya tenían fotografías satelitales, ya tenían la ubicación exacta. Pero hay algo que el contador nunca calculó. El tercer error fue el más costoso y lo cometió a las 4:17 de la madrugada del sábado cuando grabó un mensaje de voz en su teléfono y lo envió por aplicación cifrada a su coordinador en Uruapan, confirmando que el material estaba listo y los puntos activos.

Lo que ignoraba era que su teléfono había sido comprometido 11 días antes mediante una intervención técnica con orden judicial. Harfuch escuchó ese mensaje 4 minutos después de ser enviado. Lo escuchó antes de que el contador terminara de guardarse el teléfono en el bolsillo. Para cuando los sicarios encendieron el primer vehículo en el puente de fierro, los elementos tácticos de la Guardia Nacional, la Guardia Civil de Michoacán y el ejército ya llevaban 47 minutos en posición.

ya estaban ahí esperando en la oscuridad con visión térmica y silencio de radio. Ese tercer error fue lo último que calcularon mal, porque esa madrugada Harfuch ya tenía todo lo que necesitaba. A las 3:30 de la madrugada del sábado 31 de mayo, comenzó a moverse lo que el gobierno no quiere que el cartel sepa que puede mover.

No hubo sirenas, no hubo luces de emergencia cortando la oscuridad de la sierra michoacana. No hubo ninguna señal visible desde la carretera que pudiera alertar a cualquier halcón del CJNG apostado en los cerros. Lo que hubo fue silencio, un silencio calculado, entrenado, coordinado entre tres instituciones que esa madrugada operaron como una sola máquina.

Las primeras unidades en moverse fueron los elementos de la Guardia Civil de Michoacán en vehículos sin identificación, con las luces apagadas, siguiendo rutas secundarias que los análisis de inteligencia habían determinado como libres de vigilancia del cartel. Entraron al municipio por el poniente por caminos de terracería que los sicarios nunca consideraron una amenaza porque nunca los habían visto usados por fuerzas del orden.

Simultáneamente desde una base de operaciones temporal establecida 48 horas antes en las afueras de Ciudad Hidalgo, dos pelotones de infantería de La Sedena iniciaron su desplazamiento en vehículos blindados Sancat con los motores en ralentí. 220 m por minuto sin prisa. sin error. Sobre todo esto, a 400 m de altitud, un dron mail de vigilancia llevaba 53 minutos sobrevolando el municipio cuando comenzó el despliegue terrestre.

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