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Empresaria de Barcelona despide a su nuera de la compañía tras enterarse de que planeaba mudarse con su hijo a otra ciudad

Empresaria de Barcelona despide a su nuera de la compañía tras enterarse de que planeaba mudarse con su hijo a otra ciudad

Acto I: La Cafetería de la Discordia

El tintineo de las tazas de porcelana en aquella cafetería del Passeig de Gràcia no lograba calmar los nervios de Mateo. Enfrente, Elena revisaba unos informes en su tableta, ajena a la tormenta que se avecinaba.

—¿Se lo vas a decir hoy? —preguntó Elena, dejando el café sobre la mesa. Su voz reflejaba una mezcla de ilusión y temor.

Mateo suspiró, mirando de reojo las maletas imaginarias que ya envolvían su futuro.

—Es el momento, Elena. La oferta de la consultora en Madrid es irrechazable. Además… nos vendrá bien tomar distancia. Mi madre es… bueno, ya la conoces.

—Victoria es una mujer brillante, Mateo. Ha levantado Logística Condal de la nada. Pero trabajar bajo su ala en Barcelona está asfixiando nuestro matrimonio. Necesitamos aire. Necesitamos nuestra propia vida.

—Lo sé. —Mateo le tomó la mano—. Ella entenderá que es lo mejor para los dos. Al fin y al cabo, eres su Directora de Operaciones estrella. No va a mezclar la familia con el negocio.

Elena sonrió, aunque un escalofrío le recorrió la espalda. Conocía a su suegra mejor de lo que Mateo creía.

Acto II: En el Despacho de la Jefa

El despacho de Victoria en la planta alta de las oficinas de Poblenou tenía vistas al mar, pero el ambiente dentro era gélido. Victoria, una mujer de elegancia impecable y mirada de acero, no levantó la vista de su ordenador cuando su hijo y su nuera entraron.

—Sentados. Tengo tres minutos antes de la junta —dijo Victoria, con ese tono que usaba para cerrar contratos multimillonarios.

Mateo carraspeó, buscando el apoyo visual de Elena.

—Mamá, queríamos hablar contigo de algo importante. Personal y profesional.

Victoria dejó el bolígrafo de oro sobre la mesa. El silencio se volvió denso.

—Os escucho.

—Nos mudamos a Madrid —soltó Mateo, sin anestesia.

Victoria no parpadeó. Una leve sonrisa, casi imperceptible, dibujó sus labios, pero sus ojos permanecieron fríos como el mármol.

—¿Ah, sí? ¿Y se puede saber a qué se debe esa… ocurrencia?

—He aceptado una propuesta excelente allí —explicó Mateo, ganando confianza—. Y Elena… bueno, Elena sabe que con la digitalización de Logística Condal, puede coordinar las operaciones de Barcelona en remoto desde Madrid. No cambiaría nada en la empresa.

Victoria desvió lentamente la mirada hacia Elena. La tensión en la sala se podía cortar con un cuchillo.

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