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¡El misterio de los gigantes Nephilim podría ser mucho más aterrador de lo que imaginas! VL¡El misterio de los gigantes Nephilim podría ser mucho más aterrador de lo que imaginas!

 ¡El misterio de los gigantes Nephilim podría ser mucho más aterrador de lo que imaginas!

¿Alguna vez te has preguntado cómo fue posible que los nefilim, los gigantes descritos en el libro de Génesis siguieran apareciendo en la Biblia incluso después del diluvio,? Según el texto sagrado, el diluvio fue enviado por Dios para borrar de la faz de la tierra toda carne corrompida, incluidos estos misteriosos seres.

Entonces, ¿cómo lograron sobrevivir? ¿Estuvo uno de ellos dentro del arca? ¿Acaso encontraron un refugio donde [música] las aguas del juicio no pudieron llegar? ¿O tal vez un poder mayor o quizá oscuro les dio protección durante la tormenta? En este documental no solo exploraremos quiénes fueron los nefilim, sino lo más desconcertante, cómo lograron burlar el juicio más severo de Dios [música] sobre la tierra.

Porque si aquello que debía ser destruido volvió a levantarse, quizás aún quede algo de ellos entre nosotros. Para entender cómo los nefilim pudieron haber sobrevivido, primero debemos regresar al principio del juicio, el diluvio. Antes de preguntarnos por qué quedaron, es necesario comprender qué debía desaparecer.

Solo al contemplar el alcance real de aquella purga divina podremos notar lo que contra toda lógica aún siguió respirando. Todo comenzó con un silencio, un silencio espeso, como de tierra que guarda secretos antiguos extendidos sobre un mundo que ya no sabía escuchar. El sol seguía saliendo cada mañana, pero algo en el aire había cambiado.

Los campos florecían sin gracia, los niños nacían sin alma y los altares se encendían para dioses que no hablaban. En la tierra de los hombres, el ruido del martillo y el canto de las flautas se alzaban sobre ciudades en crecimiento, pero en el cielo solo el eco de una tristeza sin palabras. Los hombres se multiplicaban, sí, y con ellos también [música] lo que no debía multiplicarse.

Había una extraña mezcla de belleza y corrupción, como frutos brillantes podridos por dentro. Génesis no lo dice con detalles, pero lo insinúa. La maldad de los hombres era mucha en la tierra y todo designio de los pensamientos de su corazón era de continuo solamente el mal. Fue entonces, en ese tiempo sin fecha que descendieron ellos, los que no pertenecían ni al cielo ni a la tierra.

Los antiguos los llamaban los hijos de Dios, aunque no actuaban como tales. Miraron a las hijas de los hombres, las desearon y las tomaron para sí. De esas uniones nacieron criaturas diferentes, hombres de gran estatura y fuerza, pero también de hambre desmedida. Eran los Nefilim, gigantes que caminaban sobre el polvo, dejando huellas [música] profundas, no solo en la tierra, sino también en la memoria de quienes los veían.

La memoria se volvía miedo, el miedo idolatría. Desde entonces el mundo cambió, no solo en apariencia, sino en esencia. El mal dejó de ser un acto y se convirtió [música] en un ambiente respirado como el aire, absorbido como el calor del sol. La violencia se propagó como una fiebre, sin sentido, sin tregua. Los ancianos ya no contaban historias de esperanza.

Los jóvenes nacían sin escucharlas. Y fue allí en el corazón de ese mundo en colapso donde Dios miró y vio. Pero lo que vio ya no era la creación que había llamado buena, era otra cosa, una deformación de lo que alguna vez floreció. En lo más íntimo [música] de su ser, Dios se entristeció. No era ir a lo que ardía, sino duelo.

Y del duelo vino la decisión. Todo lo que respira volverá al polvo. Pero en medio de todo eso había un hombre y la forma en que es presentado es tan silenciosa como el amanecer. Pero Noé halló gracia ante los ojos del Señor. No sabemos qué hacía, qué pensaba, cómo miraba a los hijos que crecían a la sombra de los gigantes. Pero sabemos que caminaba con Dios y eso en aquel tiempo era casi imposible.

La destrucción vendría como aguas y las aguas no harían preguntas. Pero antes del primer trueno, antes de la primera gota, Dios ya había decidido preservar algo. Y eso nos lleva a una nueva pregunta silenciosa, aún sin [música] respuesta. Cuando Dios decidió salvar a Noé y a su casa, ¿qué más entró con ellos? Nadie escuchó el primer golpe.

Fue solo un temblor sordo, una vibración que recorrió la tierra como si un animal antiguo [música] despertara en sus entrañas. El cielo se oscureció, no como en la noche, sino como si el propio firmamento dudara de su misión. Las nubes se agruparon con lentitud pesada, tragando la luz sin apuro. Entonces llovió. No fue una lluvia común.

No eran gotas, eran heridas abiertas en el cielo. Las aguas descendieron como si buscaran algo, como si supieran a dónde ir. Las puertas de los cielos se rompieron, pero también las fuentes del abismo se abrieron como si desde dentro de la tierra brotara una memoria olvidada de caos. Y en el centro de ese desbordamiento estaba el arca.

Noé había obedecido en silencio durante años, cortando madera mientras otros construían templos a la violencia. El arca no tenía timón, ni velas, ni dirección, porque no era un barco, era un testigo. Flotaba, pero no huía, resistía, pero no luchaba. Dentro de ella, el mundo reducido a ocho voces humanas y cientos de respiraciones animales.

Una segunda creación encerrada entre tablas de madera. Afuera todo lo demás se disolvía, las ciudades, los altares, los gritos y con ellos se suponía también los nefilim. La Biblia no los menciona durante el diluvio. No sabemos si intentaron subir a las montañas más altas, [música] si se enfrentaron a las aguas con furia, si alguno imploró clemencia.

No sabemos si murieron gritando o en silencio. Lo único que el texto deja claro es que el propósito del juicio era eliminar todo rastro de corrupción y los nefilim eran su rostro más visible. Pero entonces, cuando abrimos las páginas siguientes, allí están de nuevo en los días de Moisés, de Josué, los espías que recorren la tierra prometida regresan temblando y dicen, “Allí vimos gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, [música] a nuestro parecer, como langostas.

¿Cómo es posible? ¿Dónde falló el diluvio? ¿Que escapó del juicio? ¿O será que alguien algo fue más allá de las aguas? La arca descansó sobre las montañas de Ararat como un suspiro contenido. Afuera el mundo era otro, no porque fuese nuevo, sino porque todo lo viejo había sido sepultado, o eso se creía. Noé descendió con pasos lentos, como quien pisa una tierra que ya no reconoce.

plantó viñas, ofreció sacrificios, intentó volver a empezar, pero bajo aquella superficie aún latía algo antiguo, algo que no se había rendido. Génesis 6:4 lo había advertido. Había gigantes en la tierra en aquellos días y también después. Esa frase casi escondida es la grieta por donde se cuela el misterio.

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