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Susana Giménez finalmente confiesa lo que todos sospechábamos dejándonos conmocionados

Susana Giménez finalmente confiesa lo que todos sospechábamos dejándonos conmocionados

Susana Jiménez, la diva eterna de Argentina, es un hombre que suena en cada hogar, pero detrás del brillo y las risas hay una historia que pocos conocen. Durante décadas, su carisma, su audacia y sus momentos inolvidables frente a la cámara la convirtieron en un icono indiscutible. Sin embargo, hoy a sus más de 80 años su vida revela sombras que pocos imaginarían.

¿Qué hizo que alguien con tanto éxito terminara enfrentando la soledad? ¿Cómo pasó de ser una chica común a la mujer más poderosa de la televisión argentina? Esta es la historia no contada de Susana Jiménez, la figura que todos creen conocer, pero que pocos entienden de verdad. María Susana Jiménez Abert nació en Buenos Aires el 29 de enero de 1944, el mismo día que Opera Winfrey, aunque una década antes, Susana siempre bromeaba diciendo que su acuario era el mejor del mundo.

Era hija de María Luisa Sanders, ama de casa, y Augusto Jiménez Over, empresario de cosméticos. Creció junto a su hermano Jorge en lo que parecía una típica familia de clase media de los años 40. Pero la realidad era mucho más dura de lo que parecía. Sus primeros recuerdos estaban marcados por peleas constantes entre sus padres, muchas de las cuales terminaban en violencia.

Varias meses tuvo que interponerse para separarlos. Más tarde revelaría que esos conflictos surgían de las infidelidades de su padre y los ataques de celos de su madre. Pese a todo, había momentos felices, como los viajes familiares a alta gracia. Susana confesaba que el mar lo solucionaba todo. Llar frente al océano hacía que sus problemas se sintieran más pequeños, pero la calma no duraba demasiado.

Cuando Susana tenía apenas 7 años, su padre decidió que debía cambiar de colegio y le envió al Kilmes, imponiéndole estrictas normas. Allí la vida se volvió aún más complicada. Sus compañeros la rechazaban por no hablar inglés, idioma obligatorio, y las noches eran duras por el frío y su salud frágil.

Sus problemas bronquiales se agravaron y tras 3 años su padre la trajo de vuelta a casa. Pero nada era igual. Él se había vuelto a casar y tenía tres hijos más, Patricio, Carolina y Federico. Su madre estaba absorbida por cuidar a Jorge, que enfrentaba serios problemas de salud mental. En medio de ese caos, Susana encontró refugio en su abuela materna Cecilia, quien le enseñó a tejer, coser y a valorar los pequeños momentos de felicidad.

Pero la figura que más la marcó fue su abuelo Alberto, con quien pasaba horas en el cine viendo hasta tres películas seguidas en salas como El Palace Blanc o El Palace Royal. De vuelta en casa, Susana se paraba frente al espejo y jugaba a ser la protagonista de aquellas historias. Su fascinación por el mundo del espectáculo crecía a día.

Incluso escribía cartas a estrellas de Hollywood y según ella recibió respuestas de Elizabeth Taylor y Lana Turner. ¿Verdad o no? Susana prefería creerlo. Aunque la fama parecía lejana, su adolescencia fue relativamente normal, dedicada a la escuela y a los amigos, mientras soñaba con un mundo que parecía inalcanzable. A los 15 años, su vida dio un giro inesperado.

Conoció a Mario Sarah Bairaous, un estudiante de derecho 6 años mayor que tocaba en una banda en el café Point de Palermo, un lugar de moda donde se mezclaban políticos, artistas y jóvenes con ambiciones. Para Susana, él era el hombre más apuesto del país, aunque viniera de la pobreza y enfrentara dificultades económicas.

El romance floreció rápido y en 1962, cuando aún era menor, Susana descubrió que estaba embarazada. En aquella época la sociedad podía mirar hacia otro lado frente a hombres que salían con chicas menores, pero un hijo fuera del matrimonio era inaceptable. La joven pareja se casó y el 20 de octubre nació Mercedes Arabaira o su rose.

Sin embargo, la felicidad duró poco. Mario resultó ser violento y poco dispuesto a ayudar en la crianza de la bebé, dejando a Susana con responsabilidades que jamás había imaginado. Imagina ser un adolescente con un bebé en brazos tratando de encontrar tu lugar en el mundo mientras todo parece en tu contra. ¿Te has preguntado alguna vez cómo alguien sobrevive a semejante presión? Susana no solo sobrevivió, sino que comenzó a construir los cimientos de su futura carrera, aunque aún no lo sabía.

Este fue el momento en que empezó a forjarse la resilencia que más tarde la convertiría en la reina de la televisión. Aún así, los sacrificios y las heridas de aquella época la acompañarían por siempre. Las noches en vela, los llantos escondidos y la constante sensación de soledad eran solo el principio.

Pero también fueron esos años los que despertaron en ella una determinación que pocos podían imaginar. La vida le enseñó desde temprano que para alcanzar sus sueños tendría que luchar más duro que cualquiera. Antes de seguir, cuéntame, ¿sabías que Susana tuvo que enfrentarse a una infancia tan complicada antes de la fama? déjame tu opinión en los comentarios y si quieres seguir conociendo secretos que casi nadie sabe, no olvides suscribirte y activar la campanita porque lo que viene es aún más impactante.

Para 1964, Susana ya había alcanzado su límite. La sociedad entonces pensaba que una esposa debía soportar todo antes que separarse, pero ella decidió apostar por su libertad. Empezar de nuevo no fue fácil. comenzó a trabajar en la fábrica de su padre para mantener a Mercedes mientras estudiaba para maestra.

Se graduó con honores, pero nunca ejerció. Algo mucho más grande la esperaba, algo que cambiaría su vida para siempre. En 1966, la tragedia golpeó fuerte. Su hermano Jorge, después de años de problemas psiquiátricos, se quitó la vida. Apenas unos meses después murió su madre. La perdida la dejó devastada y sola. Para 1967, Susana enfrentaba dolor, desempleo y dificultades económicas.

Decidida a salir adelante, se postuló para ser azafata y al mismo tiempo envió fotos a una agencia de modelos. El destino intervino de manera inesperada. Ese mismo día recibió dos telegramas. Uno la aceptaba como azafata en aerolíneas argentinas y el otro la invitaba a comenzar en el modelaje. Fue un momento de inflexión.

Susana eligió el modelaje sin imaginar que esa decisión definiría su destino. Rápidamente comenzó a aparecer en anuncios y a construir contactos con productores y fotógrafos. Cada trabajo era una oportunidad, no por ambición, sino por necesidad. Debía criar a su hija. Pronto se unió a la agencia de publicidad Low formando parte de su equipo de talentos.

Durante una sesión conoció a Héctor Caballero, un joven publicista que se convertiría en su segundo gran amor y años después en uno de los productores más influyentes de Argentina, responsable de traer a Michael Jackson a Buenos Aires. En ese momento, Susana seguía siendo solo una modelo dentro del mundo publicitario, apenas conocida fuera de él.

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