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HARFUCH MANDA 200 ELEMENTOS a la PLAZA del TÍO LACO en COLIMA: CJNG Quema Vehículos y Narco-bloqueos tl

HARFUCH MANDA 200 ELEMENTOS a la PLAZA del TÍO LACO en COLIMA: CJNG Quema Vehículos y Narco-bloqueos tl

Viernes 29 de mayo de 2026, madrugada en Colima, cuando la mayor parte de los habitantes del estado más pequeño de México dormía sin saber que es en ese perecis momento. En las 200 elementos de élite de las fuerzas federales estaban entrando en formación de de combate para terminar definitivamente con lo que quedaba de la plaza del tío la uno de los últimos reductos operativos del cártel de Jalisco Nueva Generación en territorio colimense.

Omar García Harfuch había dado la orden y cuando García Harfuch da una orden de ese tamaño, con ese número de elementos, con apoyo aéreo, con coordinación simultánea en zonas serranas y urbanas al mismo tiempo, lo que está diciendo no es que va a presionar a una célula criminal para que se repliegue. Lo que está diciendo es que esa estructura deja de existir esta noche.

Detente un momento en lo que eso significa. 200 elementos de élite en una sola operación, en un solo estado, contra una sola célula que ya había perdido a su líder días antes. Eso no es una operación de contención, eso es un remate. Eso es la diferencia entre perseguir a un grupo criminal y exterminarlo con la precisión quirúrgica lleva meses estudiando cada movimiento, cada casa de seguridad, cada punto de vigilancia, cada ruta de escape que esa estructura todavía creía tener disponible.

Y el cártel de Jalisco Nueva Generación lo entendió exactamente así, porque su respuesta en las horas siguientes no fue la de una organización que confía en su capacidad de resistencia, fue la de una organización que sabe que está siendo eliminada y que solo le queda intentar generar el caos suficiente para frenar lo inevitable. Escríbelo en los comentarios si conoces Colima o si tienes familia allá, porque lo que ocurrió esta madrugada del viernes 29 de mayo en ese estado va a cambiar para siempre.

la manera en que se habla de él en el contexto de la seguridad en México. Pero antes de entrar al desarrollo exacto del operativo, antes de describir cómo fue el despliegue de esos 200 elementos por las zonas serranas y urbanas donde operaba la plaza, antes de detallar qué encontraron las fuerzas federales cuando llegaron a las casas de seguridad y a los puntos de vigilancia del grupo.

Y antes de explicar por qué los narcobloqueos que el cártel de Jalisco montó en las carreteras principales de Colima son la prueba más clara de que esta operación los tomó exactamente donde Harfush quería tomarlos. Hay que detenerse en el contexto que hace posible y necesaria una operación de esta magnitud.

Porque sin entender quién es el tío Laco, qué representaba su plaza dentro de la estructura residual del cártel de Jalisco Nueva Generación en Colima y por qué su detención días antes no fue el final, sino el detonador de una fase más peligrosa. Es imposible calibrar el peso real de lo que ocurrió esta madrugada en el estado más pequeño de la República.

Bolima no es un estado que aparezca con frecuencia en los titulares nacionales cuando se habla de turismo, de economía o de cultura, pero durante años ha ocupado los primeros lugares en las estadísticas de violencia por cada 100,000 habitantes en México. Y eso no es una coincidencia geográfica ni un accidente histórico.

es el resultado directo de la disputa territorial que el cártel de Jalisco Nueva Generación sostuvo durante más de una década por el control de una plaza que, a pesar de su tamaño reducido, tiene un valor estratégico que supera con creces lo que su extensión territorial sugeriría. Colima es la puerta de entrada al Pacífico central.

Sus puertos, sus carreteras y su posición geográfica entre Jalisco y Michoacán la convierten en un corredor de tránsito indispensable para cualquier organización criminal que quiera mover droga, armas y dinero entre el interior del país y las rutas marítimas internacionales. Quien controla Colima controla una pieza del tablero que ningún cártel con ambiciones nacionales puede permitirse perder.

El cártel de Jalisco Nueva Generación entendió eso desde muy temprano y construyó en Colima una estructura de control territorial que en su momento de mayor poder llegó a operar con una impunidad que hacía prácticamente imposible distinguir dónde terminaba la organización criminal y dónde empezaban ciertas estructuras del gobierno local.

Esa estructura fue desmantelándose progresivamente conforme la ofensiva federal fue avanzando. Primero con el abatimiento del Mencho que decapitó la cúpula de la organización en aceleró su fragmentas cada vez más pequeñas y cada vez menos coordinadas entre sí y después con los operativos sucesivos que fueron eliminando uno por uno a los operadores regionales que intentaban mantener vivos los mecanismos heredados de la época de oro del cártel.

El tío laco, cuyo nombre real es Ignacio Rentería Villanueva, era uno de esos operadores regionales. No era un nombre que apareciera en las listas de los grandes capos del narcotráfico mexicano. No tenía el perfil mediático de los líderes históricos del cártel de Jalisco, pero dentro de la estructura residual de la organización en Colima, su función era exactamente la que hace que ciertos operadores sean más difíciles de eliminar que los propios líderes carismáticos.

El tío Laco no era el rostro visible de la plaza, era su columna vertebral operativa. Era el hombre que sabía dónde estaban las casas de seguridad, quiénes eran los halcones en cada municipio, cuáles eran las rutas de movimiento de recursos que la célula todavía tenía activas y qué acuerdos informales mantenía la estructura con funcionarios locales que prefieren no aparecer en ningún expediente judicial.

Ese tipo de conocimiento es el que hace que una célula criminal pueda sobrevivir a la detención o al abatimiento de su líder nominal, porque está distribuido en una red de personas y de mecanismos que no dependen de la presencia física de un solo individuo para seguir funcionando.

Y eso es exactamente lo que estaba ocurriendo en los días previos al viernes 29 de mayo. La detención del tío Laco, lejos de desactivar lo que quedaba de su plaza, había generado lo que los analistas de inteligencia denominan el efecto de reorganización por presión, que es el momento en que una estructura criminal que pierde a su operador principal intenta con urgencia reconstituir su cadena de mando antes de que las fuerzas de seguridad puedan aprovechar el vacío generado por esa detención.

Los remanentes de la célula del tío laco no se dispersaron cuando su jefe fue detenido. Se reagruparon. comenzaron a moverse con una intensidad que los sistemas de monitoreo de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana detectaron de inmediato, porque ese tipo de movimiento acelerado después de una detención de alto perfil tiene una firma de inteligencia reconocible para los analistas que llevan meses estudiando el comportamiento de esa estructura específica.

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