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De “Alcaldesa Intocable” a Presidiaria ¿Qué pasa cuando la máxima autoridad te embosca y golpea brutalmente frente a 25 compañeros por un ataque de celos?

De “Alcaldesa Intocable” a Presidiaria

¿Qué pasa cuando la máxima autoridad te embosca y golpea brutalmente frente a 25 compañeros por un ataque de celos? Descubre cómo una psicóloga del DIF, con el rostro destrozado y un simple video viral, logró derrocar la impunidad política y hundir a su corrupta agresora en la cárcel.

¡CAYÓ “LA ALCALDESA INTOCABLE”! | HARFUCH: SELENE “N” PRESIDENTA MUNICIPAL DESTITUIDA Y EN PRISIÓN  

Imagínate ir a trabajar un viernes por la mañana creyendo que vas a una reunión ordinaria con tus compañeros del DIF. Imagínate entrar a esa sala convencida de que hablarás sobre el día del niño, sobre actividades para los pequeños del municipio. Imagínate que de repente una policía te sujeta las manos por la espalda y te deja completamente indefensa frente a tus colegas, frente a 25 personas que te conocen, que trabajan contigo día a día, y que entonces la mismísima presidenta municipal, la mujer que fue electa para cuidar y servir a su

comunidad, comience a golpearte la cara, a insultarte, a humillarte delante de todos. Eso no es una escena de una película de terror político. Eso es exactamente lo que le ocurrió a Miriam Rodríguez González, psicóloga del DIF Municipal de Capuluc, Estado de México, el 2 de mayo de 2025. Y lo que nadie pudo imaginar entonces es que ese acto de brutalidad y abuso de poder marcaría el principio del fin de una alcaldesa que se creyó intocable.

 Hoy esa mujer está en prisión y la historia de cómo llegó ahí es una que México necesita escuchar. Para entender lo que ocurrió ese viernes 2 de mayo en el barrio de San Miguelito, primero hay que conocer el escenario. Capuluac, un municipio del Estado de México ubicado en la región poniente, conocido popularmente como la tierra de la barbacoa.

 Una comunidad trabajadora, familiar, orgullosa de su historia. Como todos los municipios del país, Capuluak tiene sus propias dinámicas políticas, sus redes de poder local, sus disputas entre vecinos y funcionarios, pero lo que ocurrió ese día superó cualquier disputa política ordinaria. Miriam Rodríguez González era psicóloga adscrita a la Unidad de Apoyo Psicológico de una estancia infantil del Sistema Municipal para el Desarrollo Integral de la Familia, el DIF de Capuloac.

 era una servidora pública, una mujer que dedicaba su trabajo al bienestar de las infancias del municipio, a brindar apoyo emocional y psicológico a niñas, niños y familias vulnerables. Tenía un cargo específico, responsabilidades claras y una historia laboral dentro de la institución. Era, en pocas palabras, exactamente el tipo de persona a quien el gobierno municipal debería proteger.

 Del otro lado estaba Selena Hernández Herrera, presidenta municipal de Capuluac desde 2024. Postulada por una coalición conformada por el Partido del Trabajo, el Partido Verde Ecologista de México y Morena. Selene había llegado al poder con el respaldo de una alianza política poderosa y desde su cargo ejercía autoridad directa sobre los recursos humanos, el cuerpo policial municipal, las instituciones como el DIF y todos los servidores públicos del Ayuntamiento.

 Era formalmente la autoridad máxima del municipio. También estaban en este cuadro dos personas más, Andrea Shanti, Ansastiga Hernández, hija de la alcaldesa, una mujer sin cargo público formal, pero con acceso directo al poder a través de su madre y Ana Lucía Ríos Cano, policía municipal uniformada, en activo, con autoridad para actuar en nombre del Estado.

 Nadie en Capunak, ninguno de los 25 empleados del DIF que acudieron a esa reunión ese viernes por la mañana podría haber anticipado lo que estaba por suceder. El 2 de mayo de 2025 comenzó, como cualquier otro día laboral, en la estancia infantil del barrio de San Miguelito. El personal del sistema municipal DIF había sido convocado a una reunión de trabajo para evaluar las actividades realizadas durante la celebración del Día del Niño.

 Una junta aparentemente rutinaria del tipo que ocurre en cualquier institución pública. Miriam Rodríguez González acudió sin sospechar nada. No había motivo para tenerlo. Era una reunión de trabajo en su lugar de trabajo con sus compañeros de siempre. Llegó puntual como era su costumbre.

 El resto del personal del DIF también estaba ahí, hasta 25 personas que forman parte de la comunidad laboral del municipio. Lo que ocurrió a continuación quedó documentado de múltiples maneras. testimonios de testigos presenciales, registros en video y la investigación posterior de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México.

 En un momento dado se presentó en el lugar la entonces presidenta municipal Selena Hernández Herrera, acompañada de su hija Andrea Shanti Anzástiga Hernández y de la policía municipal Ana Lucía Ríos Cano. La reunión de trabajo se convirtió en una trampa. Según la relatoría oficial de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México en su recomendación 14 sobre 2025, lo que sucedió fue lo siguiente.

 La policía Ana Lucía Ríos Cano, se colocó detrás de Miriam y la sujetó de las manos, inmovilizándola completamente, impidiéndole moverse, defenderse o huir. Con Miriam sujeta e indefensa, Selene Hernández Herrera comenzó a insultarla y a golpearla físicamente. Su hija Andrea también participó en la agresión física. Todo esto ocurrió frente a sus compañeras y compañeros de trabajo, frente a 25 testigos que observaron horrorizados.

¿Cuál fue el motivo? Según declaraciones del padre de Miriam, René, quien habló públicamente días después, la alcaldesa habría actuado movida por rumores de un supuesto romance entre su pareja y la propia víctima. Celos, en otras palabras, una presidenta municipal que utilizó su cargo, su hija civil y a una policía bajo sus órdenes para ajustar cuentas personales.

 La agresión no fue un arrebato improvisado. Fue planificada, coordinada y ejecutada con los recursos del Estado. La violencia no se limitó a los golfes. Según la documentación de la CODEM, durante o después de la agresión, la policía Ana Lucía Ríoscano también despojó a Miriam de su celular, su tarjeta de banco, su credencial de elector y una mochila.

 A la violencia física se sumó el despojo de sus pertenencias personales y cuando terminó el ataque, ninguna autoridad presente, ningún servidor público en ese recinto le brindó auxilio a Miriam. La dejaron sola, golpeada, humillada y despojada. La Codem documentaría después que Miriam fue víctima de violencia de género, física, psicológica, sexual, patrimonial, simbólica, digital e institucional.

 Todo en un mismo episodio. La institución, que debería haber sido su refugio, se convirtió en el escenario de su agresión más brutal. Lo que ocurrió después del 2 de mayo en Capuac es una historia de valentía ciudadana, de evidencia que no pudo ser ignorada y de un sistema judicial que en este caso funcionó.

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