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¿Cómo eliminó a Lina Ruz? El mayor secreto familiar de Castroo

¿Cómo eliminó a Lina Ruz? El mayor secreto familiar de Castroo

Durante 60 años, el régimen cubano construyó un mito perfecto. Nos mostraron a Fidel Castro como el comandante del pueblo, el líder que nació pobre y luchó por los desposeídos. Nos hicieron creer que venía de abajo, que conocía el hambre, que entendía al campesino. Pero esa narrativa de humildad se hizo pedazos cuando descubrimos la verdad sobre su madre.

 Y la verdad es más oscura de lo que nadie imaginaba. Lina Rus González. murió el 6 de agosto de 1963 de un infarto masivo. Tenía 59 años. Pero lo que destruye cualquier narrativa oficial es un detalle brutal. El mismo día que su corazón se detuvo, el mismo día exacto, las propiedades que ella había defendido con rifle en mano fueron transferidas oficialmente al Estado cubano.

 El régimen lo llamó coincidencia. El exilio lo llamó asesinato por dolor. Pero cuando termines de escuchar esta historia, tú mismo vas a decidir qué creer. Quédate conmigo, porque esta no es la historia de una madre orgullosa que apoyó la revolución de su hijo. Es la historia de una matriarca católica que vio como su hijo destruía todo lo que ella amaba, su tierra, su fe, su familia, de una mujer que enfrentó soldados armados defendiendo lo que había construido con sus propias manos.

y del comandante que llamó gusana a su propia hermana por intentar salvar el ganado de su madre moribunda. Pero para entender por qué Fidel Castro destruyó a su propia madre, necesitas conocer quién era ella antes de que la revolución la devorara. 23 de septiembre de 1903. Aldea de las Catalinas, municipio de Guane. Pinar del Río.

 Nace Lina Ruz González, tercera de nueve hermanos en una familia de campesinos tan pobres que la niña nunca pisaría una escuela. Su padre, Francisco Ruz Vázquez, cultiva tabaco y arrastra carretas de bueyes cargadas de caña para sobrevivir. Su [resoplido] madre, Dominga González Ramos, mantiene la casa con lo que hay. Son descendientes de canarios y asturianos que llegaron a Cuba sin nada y siguen sin nada.

 Fíjate bien en este detalle porque explica todo lo que viene después. Lina Rus nació analfabeta en una Cuba rural donde ser mujer pobre significaba no tener futuro. Pero esa niña tenía algo que su propio padre reconoció con una frase que quedó grabada en la memoria familiar. Esta muchacha tiene la fuerza de un rabo de nube. 1910.

Un ciclón devastador raza pinar del río. El río cuya guateje queda innavegable. La familia Rus González lo pierde todo. Empiezan a migrar primero el Cayuco, después Camagüy, finalmente Oriente, siguiendo a un tío llamado perfecto Rus Vázquez, que había encontrado trabajo en una finca del este. Llegan a Virán.

 Lina tiene 13 o 14 años cuando entra por primera vez en la casa de un gallego llamado Ángel Castro Arguis. Entra como lo que es una adolescente descalza, analfabeta y sin futuro. Entra como sirvienta, como la muchacha que friega los platos en la casa del patrón. Detente un segundo a pensar en esto, porque lo que va a pasar dentro de esa casa va a cambiar la historia de Cuba para siempre.

 Ángel Castro no era un campesino cualquiera, era un inmigrante gallego del Ancara, provincia de Lugo, que había llegado a Cuba dos veces. La primera como soldado del ejército español durante la guerra de independencia. La segunda, alrededor de 1905, sin un centavo, trabajó como minero de níkel, después como capataz para la United Fruit Company, organizando cuadrillas para desmontar selvas y plantar caña.

 Y con esa paciencia brutal del gallego que no descansa, fue comprando tierra hectárea tras hectárea. Para cuando Lina llega a su puerta, Ángel ya es dueño de un pequeño imperio. Pero lo que ella encuentra ahí dentro no es un hogar feliz. Ángel está casado. Su esposa se llama María Luisa Argota y Reyes, una maestra con la que se casó el 25 de marzo de 1911 y con la que tiene cinco hijos.

 Y ahí, en medio de ese matrimonio legal, llega esta muchacha de pinar del río con la piel oscura, los ojos encendidos y una fuerza que nadie puede ignorar. Alrededor de 1922, cuando Lina tiene 19 años y Ángel cerca de 47, empieza la relación. El patrón y la sirvienta, el hombre casado y la adolescente sin apellido respetable. 2 abril de 1923.

Nace la primera hija, Ángela María. Ángel sigue casado con María Luisa. Los hijos son ilegítimos, bastardos en el lenguaje cruel [carraspeo] de la Cuba Católica de los años 20. Y aquí entramos en la raíz del trauma que moldeará a Fidel Castro para siempre. Porque esa palabra bastardo va a perseguir a esta familia como una maldición.

 Va a alimentar el odio de Fidel. Va a crear su necesidad obsesiva de borrar su pasado y va a terminar destruyendo a la mujer que lo trajo al mundo. Lina le dio a Ángel siete hijos. Ángela, Ramón, Fidel, Raúl, Juanita, Emma y Agustina, todos nacidos fuera del matrimonio, todos registrados con el apellido de la madre Rus no Castro.

 El padre no los reconoció legalmente hasta el 11 de diciembre de 1943, cuando Fidel ya tenía 17 años. El matrimonio entre Ángel y Lina no se formalizó hasta el 26 de abril de 1943. Lina fue sirvienta, amante y madre soltera durante más de 20 años antes de convertirse en esposa legítima. Ponte en sus zapatos por un segundo.

 Imagínate ser esa mujer pariendo hijos de un hombre que no te reconoce como esposa, criándolos en la sombra mientras la esposa legítima vive en la casa principal, soportando el estigma de un pueblo rural donde todos saben, todos murmuran, todos señalan, pero Lina Rus no era mujer de quebrarse. Cuentan que aprendió a leer y escribir sola, sin maestro, sin escuela, con pura voluntad.

Fidel lo reconoció años después. Mi madre era prácticamente analfabeta, autodidacta y jamás la vi sentarse a descansar ni un segundo. Era cocinera, enfermera, guardiana y había algo más que la hacía única. Lina cargaba armas, un revólver en la cintura, un rifle bajo el asiento del carro. El periodista Salvador Díaz Bersón la bautizó la turquita armada de revólver.

 El analista de la CIA, Brian Latel, la describió como una especie de ani cubana, conocida por disparar al aire para llamar a su familia a cenar. En 1958, una fotografía preservada en la oficina de asuntos históricos la muestra visitando a Raúl en su campamento guerrillero de la Sierra Cristal, con un fusil en los brazos y un revólver en la cintura como una mambisa del siglo XX.

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