Es un proceso tan lento que es casi invisible mientras ocurre. Un grado menos de temperatura aquí, un silencio más largo allá, una mirada que ya no busca la otra mirada, una mano que ya no busca la otra mano y de repente, aunque no hay ningún de repente porque has sido despacio durante años, te das cuenta de que lo que tienes ya no es lo que tenías, que lo que queda no es amor, es costumbre.
Y la costumbre tiene sus propias trampas. Porque la costumbre no es del todo mala. La costumbre tiene calor. Tiene la seguridad de saber dónde estás, de no tener que explicarte, de no tener que construir desde cero, de tener a alguien que conoce tus manías y tus miedos y tus formas de estar en el mundo, aunque ya no te quiera de la misma manera.
La costumbre es cómoda y la comodidad, cuando ya has vivido suficiente para saber lo que cuesta lo que tienes, es algo que no se abandona fácilmente. Juan Gabriel veía todo eso en esa pareja de su equipo, la comodidad, la seguridad y debajo de todo eso, invisible para el que no mirara con atención la ausencia de algo que una vez había estado ahí y que ya no estaba.
Y esa tarde o esa noche o ese rato entre una ciudad y otra, en ese viaje a Toluca, Juan Gabriel tomó un papel y empezó a escribir no sobre esa pareja específicamente, sobre algo universal que esa pareja le había mostrado, sobre ese momento en la vida de casi todas las relaciones largas en que el amor se va despacio y lo que queda en su lugar no tienen un nombre claro o no lo tenía hasta que Juan Gabriel escribió esa canción y le puso nombre, la costumbre.
Antes de continuar, si estas historias te están gustando, en el canal hay muchas más. Rafael, Julio Iglesias, Nino Bravo, Camilo VI. Historias que el mundo no contó. Las tienes ahí cuando las necesites. Y esta historia todavía no ha dicho lo más importante. Hay una pregunta que me parece importante hacer aquí.
¿Por qué una canción sobre la ausencia de amor se convirtió en una de las más queridas de toda la música latina? Normalmente las canciones de amor son las que conectan con la gente, las que hablan de lo que sentimos cuando estamos enamorados, las que capturan ese momento en que el mundo parece mejor de lo que es porque hay alguien que lo llena.
Esas son las canciones que la gente quiere escuchar, o eso es lo que uno podría pensar. Pero costumbres habla de otra cosa completamente. Habla de dos personas que se dicen la verdad más difícil de todas, que ya no sienten amor, solo rencor, que tampoco tienen nada que sentir y que eso es peor. Pero te extraño.
¿Cómo te extraño? Esa paradoja. Extrañar a alguien al que ya no amas. Echar de menos a alguien con quien ya no quieres estar. volver una y otra vez, no por amor, sino por algo que se le parece tanto que es casi imposible distinguirlo. La costumbre, porque eso conecta con tanta gente, porque es verdad, no la verdad bonita que todos queremos que sea verdad.
La otra, la que nadie dice en voz alta, pero que todo el mundo reconoce cuando la escucha, que hay relaciones que duran no porque sean buenas, sino porque terminarlas parece demasiado costoso. Que hay personas con las que seguimos, no porque las amemos, sino porque ya no sabemos quiénes somos sin ellas.
que la costumbre, esa cosa invisible y sin nombre, puede ser más fuerte que el amor y que admitirlo duele. Porque si la costumbre puede ser más fuerte que el amor, entonces hay preguntas que no queremos hacer. ¿Cuántas de las cosas que creemos que son amor son en realidad costumbre? ¿Cuántas relaciones que llamamos amor son en realidad inercia? ¿Cuántas personas que decimos que amamos son en realidad personas a las que simplemente nos hemos acostumbrado? Esas preguntas son incómodas, pero están ahí y costumbres las haces sin pedir
permiso. Piénsalo un momento. ¿Cuántas personas conoces que llevan años en una relación que ya no funciona? No relaciones con peleas constantes, no relaciones con odio. Esas son fáciles de identificar desde fuera. Las otras, las que desde fuera parecen bien, las que tienen la casa, los hijos, las vacaciones de verano, la rutina de los domingos, las que en apariencia lo tienen todo, pero en las que los dos saben, aunque ninguno lo diga, que algo se fue hace tiempo sin que nadie pudiera señalar exactamente cuándo, que el amor
que había al principio se fue despacio, tan despacio que nadie se dio cuenta exactamente de cuándo ocurrió y lo que quedó en su lugar fue la costumbre, los gestos automáticos, las conversaciones de siempre, los horarios compartidos, la vida construida juntos que pesa demasiado para abandonarla, aunque ya no quede el amor que la construyó.
Eso no es malo necesariamente, es humano. Es lo que les pasa a las personas que llevan mucho tiempo juntas y que han construido algo que va más allá de lo que sienten. Pero es importante nombrarlo. Y Juan Gabriel lo nombró. La costumbre es más fuerte que el amor. Y hay algo en esa frase que es al mismo tiempo devastadora y reconfortante.

Devastadora porque te obliga a mirar lo que tienes de frente. Reconfortante porque te dice que no estás solo, que lo que sientes, esa mezcla rara de extrañar a alguien al que ya no amas, de querer estar lejos de alguien con quien no sabes estar sin ellos. Es algo tan humano y tan universal que hay una canción que lo describe exactamente.
Y eso, saber que lo que sientes tiene nombre y que hay millones de personas que lo han sentido igual es una de las cosas más poderosas que puede hacer la música, no decirte lo que deberías sentir, sino decirte que lo que sientes ya tiene un nombre y que ese nombre es la costumbre. Y Rocío las cantaba en el escenario con una intensidad que hacía que el público sintiera cada una de esas preguntas como propias.
Porque Rocío no cantaba las canciones de Juan Gabriel, las vivía. Y hay algo importante en esta distinción que vale la pena desarrollar. Hay cantantes que interpretan canciones, que las cantan con técnica perfecta, que hacen exactamente lo que la canción pide. que suenan bien y que el público lo aprecia. Y hay cantantes que habitan las canciones que cuando las cantan dejan de ser ellas mismas por un momento para convertirse en el personaje de la letra.
que no hay separación entre la cantante y la canción, que cuando escuchas una de esas actuaciones no estás escuchando a alguien cantar, estás escuchando a alguien vivir. Rocío era de las segundas y con costumbres eso se veía de una manera que muy pocas veces se ve en la historia de la música. Rocío Durcal tenía una vida feliz, lo hemos dicho, tenía a Junior, tenía a sus hijos, tenía un amor estable y real y profundo que había sobrevivido a todo lo que la carrera le había exigido.
Rocío no era la mujer de costumbres. No había vivido esa relación en la que el amor se convierte en costumbre sin que nadie lo note. No había tenido que extrañar a alguien al que ya no amaba. no había vuelto una y otra vez por inercia. Y sin embargo, cuando cantaba esa canción, el público que la miraba sentía que sí, que todo eso lo había vivido ella, que cada palabra salía de algún lugar dentro de Rocío, que había pasado exactamente por eso.
Eso no se aprende en un conservatorio, no se consigue con técnica vocal. Es algo que tienen algunos artistas y que no tienen nombre exacto, pero que cuando lo ves sabes perfectamente lo que es la capacidad de convertir la experiencia de otro en propia, de tomar algo que no viviste y cantarlo como si lo hubieras vivido completamente.
de no fingir porque la diferencia entre actuar y vivir siempre se nota, sino verdaderamente entrar en la emoción de la letra, aunque esa emoción no sea la tuya. Rocío lo hacía con todas las canciones de Juan Gabriel, pero con costumbres lo hacía de una manera especialmente poderosa. Y cuando llegaba a la parte instrumental, ese momento en el medio de la canción donde la música sigue, pero las palabras paran un momento, Rocío hacía algo que todo el que la vio en concierto recuerda para siempre.
daba unos pasos, unos pasos de inspiración torera, lentos, seguros, con esa elegancia específica que tienen los toreros cuando el animal está frente a ellos y hay un momento de silencio antes de lo que viene, como si la canción fuera un toro, como si ella lo estuviera mirando de frente antes de seguir. Esa imagen, Rocío Durcal dando pasos de torera en el intermedio de costumbres.
Es una de las imágenes más poderosas de todos sus conciertos. Y dice algo sobre quién era ella, que ninguna entrevista podría decir mejor. Era alguien que no se escondía de las canciones que cantaba, que las miraba de frente, que las enfrentaba como una torera. Y era la canción que dejaba para el final. No, amor eterno, no déjame vivir.
No ninguna de las otras canciones del disco más vendido de su carrera. costumbres. la dejaba para el final porque sabía que cuando esa canción terminaba, el público no tenía nada más que pedir, que después de esa verdad, después de esa honestidad, después de esa frase que dolía y que reconfortaba al mismo tiempo, el concierto había dicho todo lo que tenía que decir.
La costumbre es más fuerte que el amor. Y ahora la canción, la que Juan Gabriel escribió en un viaje a Toluca mirando a dos personas que ya no se querían, pero que tampoco sabían estar separadas. La que Rocío Durcal cantó con tal intensidad que el público lloraba, aunque no pudiera explicar exactamente por qué. la que en 1985 fue declarada patrimonio de la cultura popular y musical de México.
La única canción en la historia de ese país declarada patrimonio junto a otra canción del mismo disco, Amor Eterno, en el mismo año. Se llamaba Costumbres. Aunque ya no sientas más amor por mí, solo rencor. Yo tampoco tengo nada que sentir y eso es peor. Pero te extraño. ¿Cómo te extraño? No cabe duda que es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor. Esa última línea.
La costumbre es más fuerte que el amor. No es una opinión, no es una metáfora, es una afirmación, una verdad que la canción enuncia como si fuera un hecho probado, un dato, algo que todos saben, pero que nadie se atreve a decir en voz alta. Juan Gabriel se atrevió y Rocío lo cantó. Y millones de personas que lo habían sentido sin saber cómo llamarlo, escucharon esa línea y pensaron exactamente lo mismo.
Eso, eso es exactamente lo que siento. Hay canciones que describen emociones y hay canciones que nombran emociones que existían pero que no tenían nombre. Costumbres es de las segundas. antes de que Juan Gabriel la escribiera. Esa sensación seguir con alguien no por amor, sino por costumbre, extrañar a alguien al que ya no amas.
Existían millones de personas, pero no tenía nombre. O si lo tenía, nadie lo decía en voz alta. Juan Gabriel le dio nombre, la costumbre, y desde que Rocío la cantó por primera vez, esa palabra tiene otro significado para todo el que ha escuchado esa canción. No solo los hábitos del día a día, no solo las rutinas y las maneras de hacer las cosas, la costumbre de alguien, el peso invisible de los años compartidos, la inercia del amor que ya no está, pero que dejó una huella tan profunda que seguir parece más fácil que irse. Y hay
algo en la declaración de patrimonio cultural de México en 1985 que me parece importante subrayar. Costumbres fue declarada patrimonio junto a amor eterno. Dos canciones del mismo disco, del mismo año, declaradas patrimonio al mismo tiempo. Eso no tiene precedentes. Y dice algo sobre lo que ese disco fue para México y para toda la música en español.
Amor eterno, la canción del amor que trasciende la muerte, la que habla de seguir amando aunque la persona ya no esté, la que Juan Gabriel escribió en Acapulco cuando murió su madre. y costumbres. La canción del amor que ya no está aunque la persona siga ahí. La que habla de quedarse, aunque ya no quede amor.
La que Juan Gabriel escribió en Toluca mirando a dos personas de su equipo, dos caras del mismo amor, el amor que persiste más allá de la muerte y el amor que muere mientras todo lo demás sigue vivo. Esas dos canciones juntas son un retrato completo de lo que puede hacerle el tiempo al amor. Y las dos nacieron del mismo disco y las dos llegaron a los mismos oídos en la voz de la misma mujer, Rocío Durcal, la española más mexicana, la que llegó a México sin saber nada de rancheras y que se fue convirtiendo en la intérprete que México
consideró lo suficientemente suya como para declarar su música patrimonio cultural del país. Y hay algo más en esta historia que cierre el círculo de una manera perfecta. En 1988, 4 años después de que Rocío grabara costumbres, una joven cantante tejana de 17 años decidió versionar la canción. Se llamaba Selena.
Selena Quintanilla, la que años después sería la reina del Texmex, la que llenaría estadios en toda América, la que moriría en 1995 a los 23 años y cuya muerte generaría un duelo colectivo que no tiene precedentes en la música latina. Selena, con 17 años escuchó costumbres y decidió que era la canción que tenía que cantar, no por la melodía, no por la producción, por la verdad que tenía dentro. Piensa en eso un momento.
17 años. A los 17 años, Selena Quintanilla escuchó una canción sobre dos personas que llevan años juntas y que ya no se quieren, pero que no saben estar separadas. Una canción sobre la costumbre que sustituye al amor. Una canción sobre la inercia de las relaciones largas. Una canción que en teoría una chica de 17 años no debería entender todavía y la eligió.
No porque la hubiera vivido, sino porque reconoció en ella algo que ya entendía, aunque no hubiera pasado por eso. Porque hay verdades que no tienen edad, que una chica de 17 años puede sentir igual que una mujer de 40, que una texana puede sentir igual que una española, que trascienden la geografía y el tiempo y la generación.
Selena lo vio en costumbres y lo cantó. Y años después, Cindia también la versionó. Y otros artistas y otros. Porque hay canciones que cuando existen nadie puede ignorarlas, que cuando las escuchas sientes la necesidad de cantarlas, de hacerlas tuyas, de decir con esa letra exactamente lo que tú también has sentido, aunque nunca hayas sabido cómo decirlo.
Eso es costumbres, una canción escrita por un hombre que observaba a las personas con la intensidad de quien necesita entender el mundo para escribir sobre él. Cantada por una mujer que no se escondía de las canciones que cantaba, que las miraba de frente como una torera y declarada patrimonio de la cultura popular y musical de México.
No porque sea técnicamente perfecta, no porque tenga la mejor producción, sino porque nombra algo que ya estaba dentro de millones de personas antes de que Juan Gabriel lo pusiera en palabras. Y una vez que tienes nombre para algo, ya no puedes fingir que no existe la costumbre más fuerte que el amor. ¿Cuál es la canción que más te ha marcado en la vida? Cuéntanos en los comentarios.
Por cierto, ¿sabes la historia de la canción que Rocío cantó como si la hubiera vivido y nunca ocurrió de verdad? ¿Y quién la escribió realmente? que la respuesta sorprende a todo el mundo. La historia está aquí arriba porque la música siempre tiene una historia y las mejores historias son las que nadie te ha contado. No.