También brilló en no tiene la culpa el indio, mexicano hasta las cachas y claro, el barrendero, dándose el lujo de codearse con el mismísimo don Mario Moreno Cantinflas. Hagamos una pausa obligada aquí, mi gente, porque seamos sinceros, no a cualquiera se le presenta la suerte, ni le da el ancho para pararse junto a un gigante de la comedia y salir con la frente en alto y tantas tablas.
Semejante haaña nos pinta de qué estaba hecha desde sus pininos. Y en la pantalla chica su vuelo agarró una fuerza imparable. Sus pasos por joyas como amor prohibido, colorina y por amor le fueron cimentando un terreno más que firme en el medio. El detalle fascinante es que a la par doña María se aventó al ruedo musical y vaya que no fue una simple curiosidad pasajera, sino que acabó siendo un pilar fundamental de su fama.

Nos regaló álbum enteros y aquellos temas inolvidables de telenovela. Todo abonaba a su esencia de artista integral, sabiendo de sobra que en la artisteada renovarse y abarcar terreno es vital. Luego cayeron los maravillosos años 90 marcando un antes y un después. dramas telenovelos como Amor de Nadie, de frente al sol y la joya, imperio de cristal no solo le dieron nombre, la volvieron una grande de México.
Para ese entonces ya no era una muchachita abriéndose paso, era la viva imagen de lo que significa hacer un buen melodrama en nuestro país. Si le echan ojo a sus escenas, notarán un encanto purito. Ella no se pone frente a la cámara para farolear, sino para tocarnos el alma. Parecerá fácil decirlo, pero lograr esa magia es un reto bárbaro y digno de aplausos.
Lo cautivador no es solo cómo subió, sino cómo se mantuvo. Justo cuando a muchas estrellas se les va apagando la luz con los años, ella le dio la vuelta a la tortilla. Maduró con gracia, le entró a papeles de reparto y se lució con personajes llenos de matices. Hasta se aventó de villana.
Lejos de opacarse, se volvió una actriz de época. Proyectazos como la tempestad, que te perdone Dios, corazón que miente o vencer la culpa, nos dejan clarísimo que sigue en los cuernos de la luna, añísimos después de su primer claquetazo. El secretito de su éxito tal vez reside en una frase que nos ha compartido.
Nunca he soltado la chamba. Suena sencillito, pero ahí está la magia. Puro temple, perseverancia de acero y un don nato para agarrarle la movida a los nuevos tiempos de la farándula. Actualmente pisando el séptimo piso, sigue al pie del cañón brillando en producciones calientitas como las hijas de la señora García, llevándose otra vez el crédito estelar.
Nada de esto es obra de la casualidad, señores. Es el fruto de años de sudor bailando al son del mundo artístico, pero siempre fiel a su raíz. Obviamente, tras esa imponente trayectoria y toda una vida cobijada por los reflectores, aguarda un rinconcito mucho más personal. Ese refugio que ninguna libreta de apuntador menciona, pero que nos chismea a voces cómo es la verdadera mujer detrás del mito.
Todo este encanto tiene su ombligo en un sitio muy especial, su hogar chilango, una preciosidad de cazona fincada en la ciudad de México. No más al mirarla, la propiedad deslumbra por un detalle bellísimo, la iluminación. Olvídense de esas residencias oscuras y de hielo. Ahí cada pared tiene alma. Cielos altísimos, rincones desahogados y un acomodo que te abraza en vez de asfixiarte.
De esos niditos donde pones un pie y dices, “¡Qué sabroso se ha de vivir aquí!” Y está así de aosta, porque cada recobeco fue pensado no n más para apantallar, sino para gozarse. Échenle un ojo a la cocina. No es un simple lugar para guisar, es el mero corazón del hogar. grandísima a la vanguardia con una isla que te ruega que te sientes a chismear con un buen cafecito de olla y su cantinita a un lado.
Uno hasta suspira imaginándose a doña María apapachando a sus compadres ahí en confianza al natural, como quien ya demostró todo lo que tenía que demostrar. El rinconcito para la familia, ahí pegadito, presume techos de bóveda y tragalces que son una verdadera chulada. Se respira una inmensidad que te arropa muy rico. Esos ventanales en arco, las persianitas de madera y las puertas estilo francés que te sacan directo a respirar al jardín hacen un juego precioso para que no sientas dónde acaba la sala y empieza el patio. Y agárrense que faltan
los cuartos. Son cinco recámaras, pero la patrona es una joya. Cero exagerada, todo en su lugar. Unos techos divinos, closets de ensueño y un baño que le da baje a cualquier spa de lujo. Tiene sus dos lavabos, una tina de reyes y su privacidad. Es confort del bueno, no puro circo.
Lo más chistoso es que con tanto lujo no se siente como un palacio de ricos estirados. Desborda mucha autenticidad. Como el espejo de una guerrera que ya caminó bastante, se rajó el lomo trabajando y hoy tiene bien clarito que la hace verdaderamente feliz. Obviamente, al empaparnos de esta calidad de vida tan fregona, a todos nos pica la espinita de la curiosidad, cómo le hizo para forjar ese colchón financiero que le patrocina este Edén por tantas décadas.
Pues pónganse cómodos, que aquí la trama se pone buenísima. Aquí no buscamos chismes ni números inflados. Nos asomamos a la verdadera solidez de una vida forjada a pulso, con finanzas sanas y muchísima congruencia. Para este 2026, nadie tiene el dato exacto de su fortuna, aunque los que saben calculan que ronda los 3 millones.
Quizá a muchos no les apantes si la miden con otras estrellas, pero con la mano en el corazón este logro vale oro puro, porque nada de esto cayó del cielo en un ratito. Es el fruto sagrado de partirse el lomo chambeando por décadas sin soltar el renglón. Los melodramas fueron su mina de oro y su trinchera. Ahí fue donde la gran María Sortimentó su prestigio y aseguró su futuro.
Arrancando en la década de los 70, nos ha regalado un sinfín de actuaciones, casi siempre de la mano de su casa Televisa, haciéndonos llorar como la heroína principal, cobijándonos como la madre abnegada y haciéndonos rabiar con villanas que se nos quedaron tatuadas en el alma. Fíjense bien en este detalle crucial.
En el mágico universo de la pantalla chica y más en nuestras queridas telenovelas, el dinerito no solo cae por capítulo grabado, hay exclusividades, repeticiones y hasta ventas al extranjero de esos cuentos que el mundo entero sigue devorando. Se rumora que por chambas en bolsa unos 44,000, la Nita, que gota a gota forjó su tranquilidad.

También pisó escenarios y foros de cine, aunque un poquito menos. Cintas entrañables como Zona Roja le dejaron sus buenos centavos, pero jamás fueron el motor de su cartera. Con las obras de teatro pasó igualito. Las hizo por puro amor al arte más que por hacerse rica. Y agárrense, porque la cantada es una faceta olvidada que resultó ser una jugada maestra.