Su firma aparece en la página 6 del contrato junto a un sello que dice FB producciones. Ferrer cobró porcentaje sobre Luis Miguel hasta el día de su muerte. Hoy ese porcentaje lo cobra su nieto, un hombre llamado Iván Ferrer. Vive en Andorra, tiene 41 años. Y cada vez que tú compras una canción de Luis Miguel en plataformas, una fracción de céntimo viaja hasta una cuenta del Banco Ball en Andorra a nombre de Iván Ferrer. Eso es uno.
Quedan 13. ¿Cuánto crees que pagaron los 14 hombres en total por las primeras 14 páginas firmadas por un niño de 9 años? Piensa un número, te lo cuento en 5 minutos, pero antes de que te di los otros 13, hay que entender una cosa. Hay que entender quién era Luis Miguel a los 9 años, porque si no entiendes eso, no entiendes por qué su padre pudo venderlo.
Luis Miguel nació en Puerto Rico en abril de 1970. Madre italiana, padre español. Marcela Basteri trabajaba en una boutique de Madrid cuando conoció a Luisito Rey. 19 años ella, 28 él. Luisito venía de una familia gitana española vinculada al flamenco. Sus tíos eran Pepe Marchena y otros nombres del cante. Pero Luisito no tenía talento.
Lo intentaba. Grababa discos, no vendía nada. Cuando nació Luis Miguel, Luisito Rey vio algo. Vio que el bebé tenía facciones perfectas para la cámara y empezó a planear. A los 3 años, Luis Miguel ya cantaba en reuniones familiares. A los 5, en una boda en Veracruz, ocurrió algo que muy poca gente sabe.
La boda era de un compadre de Andrés García. Marcela Basteri llevó al niño porque Luisito Rey estaba de gira. El niño cantó Cucurucu Paloma, subido a una silla, una silla con almohada porque no llegaba al micrófono. Andrés García se acercó al final, se arrodilló a la altura del niño y le dijo, “Tú vas a ser el más grande de México.
Y a Marcela, préstamelo dos meses. Yo se lo presento a quien tiene que conocerlo.” Marcela le contestó que no. Luisito Rey cuando se enteró contestó que sí. Andrés García lo presentó a un productor de discos en Ciudad de México. A los 7, Luis Miguel grabó su primer sencillo, uno más un, una canción que entró en las radios mexicanas en 1978 y aquí entra una persona que tienes que recordar, Marcela Bastery, la madre, la que ya entonces empezó a oler que algo no estaba bien.
Hay quien dice todavía hoy, y se dice con peso, que Marcela Basteri descubrió el primer contrato de explotación de su hijo en 1980, un año antes de la firma grande de los 14 y que se enfrentó a Luisito Rey en una habitación de hotel en Acapulco. Le dijo que iba a denunciar. Luisito Rey le contestó con una frase que la empleada doméstica de la Casa de México oyó desde el pasillo.
La empleada nunca dio entrevistas oficiales, pero la frase la repitió su hija después. Luisito Rey le dijo a Marcela, “Si tú me denuncias, el niño no vuelve a ver a su madre.” Marcela no denunció. La familia Gallego lo negó. Marcela desapareció 6 años después y la empleada que oyó la frase murió en 1999 en un pueblo de Veracruz sin haber hablado nunca con un periodista.
Pero Luisito Rey no inventó solo el contrato de los 14, lo aprendió de alguien, un productor español que llevaba 20 años haciendo lo mismo con otros niños cantantes. Su nombre está en una carta que estaba doblada dentro del contrato. Y lo que ese hombre le pidió a Luisito Rey en febrero de 1981 todavía no aparece en ninguna biografía del cantante.
El nombre del productor que enseñó a Luisito Rey está en la carta. La carta estaba doblada entre la página 7 y la página 8 del contrato. Tres hojas, letra a máquina de escribir, sin firma al pie, pero con un sello en el margen superior. Un sello que decía producciones GMB Madrid.
GMB Gonzalo Méndez Villa, productor español nacido en Sevilla en 1928. Empezó su carrera produciendo niñas cantantes flamencas en los años 50. Y aquí tú a lo mejor no conoces el nombre Gonzalo Méndez Villa, pero conoces a Marisol. Marisol entró en las oficinas de GMB a los 12 años. Lo que le pasó a Marisol durante los siguientes 10 años.
Marisol lo contó en un documental que se estrenó en 2022, que su carrera no era suya, que firmaba sin entender, que un señor cobraba por ella y ese señor era Gonzalo Méndez Villa. Rocío Durcal también pasó por sus oficinas en 1962. Las hijas de Lola Flores lo evitaron toda su vida.
Gonzalo Méndez Villa murió en 1993 en una clínica de Marbella sin descendencia, sin patrimonio aparente, pero con cuentas en Lichttenstein que dos periodistas españoles intentaron rastrear en 1996. A los dos periodistas les llegó una carta de un despacho de abogados de Zurich avisándoles que pararan los dos pararon.
Lo que se contaba en los camerinos de los teatros de la gran vía madrileña era que GM tenía un sistema. Detectaba al niño con voz a los siete u 8 años. Se ofrecía al padre, le ofrecía un anticipo en efectivo y a cambio de ese anticipo le hacía firmar un papel donde el niño se comprometía a producir todos sus discos a través de GMS hasta los 21 años.
Si el niño no quería seguir, había una penalización. La penalización era tres veces el anticipo, pero GMB había aprendido ya retirado que el modelo de un solo productor era frágil, que había que diversificar el riesgo, que había que repartir al niño entre varios firmantes. 14 era el número que GMB consideraba óptimo.
14, porque era el número de discos que un cantante promedio sacaba antes de los 21 años. Un firmante por disco. Luisito Rey conoció a GMB en 1979. Lo presentó un primo. El primo se llamaba Vicente Gallego Basteri. Quito Boy, hermano de Marcela, tío de Luis Miguel. Pero aquí viene algo que casi nadie ha contado.
Tito Boy no era hermano de sangre de Marcela Basteri, era hermanastro. Y la relación entre Marcela y Tito venía rota desde 1972, cuando Tito le pidió dinero a Marcela para abrir un bar en Mar del Plata y Marcela le dijo que no. Tito Boy le devolvió el favor 10 años después.
El nombre que abrió las puertas de Televisa al niño Luis Miguel está también en esa carta. La carta menciona en el segundo párrafo a un hombre, el amigo de Acapulco, sin nombre completo, pero con suficiente información para identificarlo. El amigo de Acapulco era Andrés García. Andrés García era amigo personal de Luisito Rey desde 1973.
Lo conocieron en una fiesta en la casa de Mario Moreno Cantinflas. Andrés García había escuchado al niño Luis Miguel cantando en una boda. Quedó impresionado. Le dijo a Luisito Rey que él podía meter al niño en Televisa, que tenía la palanca correcta y la tuvo. Andrés García presentó al niño Luis Miguel a un productor de siempre en domingo.
Raúl Velasco vio al niño en una prueba privada en 1980. Le dio una entrada, una canción. un domingo y de ahí en adelante Luis Miguel salió en Siempre en Domingo 29 veces antes de cumplir los 17 años. Cada una de esas 29 apariciones tenía un coste para el padre del niño, pero ese coste no se pagaba a Televisa, se pagaba a un intermediario y el intermediario era Andrés García.
Una versión que jamás llegó a juicio sostenía que Andrés García cobró 84 millones de pesetas por las primeras 14 apariciones del niño en Siempre en domingo. Una transferencia, una sola, al banco Pichincha de Ecuador. Cuenta a nombre de una sociedad panameña vinculada a Andrés García.
Andrés García lo negó en todas las entrevistas que dio entre 1992 y 1998. Murió en abril de 2023. La cuenta del Banco Pichincha sigue activa. Hoy cobra un sobrino. Eso es la segunda cosa que te prometí. Si no me crees, pregúntate esto. ¿Por qué Luis Miguel no asistió al velorio de Andrés García en Acapulco? ¿Por qué mandó una corona y una nota corta? ¿Por qué la nota corta no se leyó nunca en público? Mientras tú veías a Luis Miguel cantar, “Decídete.
” En Siempre en Domingo en 1982, mientras tú estabas en tu sala con tu familia un domingo a las 7 de la tarde, mientras tu mamá decía, “Qué bonito niño, que bien canta, Luisito Rey estaba en Madrid firmando con un cuarto productor del contrato grande. 32 millones de pesetas.
Ese día se decía en los pasillos de Televisa San Ángel y se decía con nombre y apellido que Luisito Rey llegaba a los hoteles de Ciudad de México con sobres, sobres que entregaba a productores. Lo que había en esos sobres no era dinero, era información sobre el niño, direcciones donde dormía, horarios, costumbres.
Eso lo contó años después el chóer que llevaba a Luisito Rey por la ciudad. El chóer se llamaba Heriberto Suárez. Murió en 2015. La familia Gallego siempre lo desmintió, pero la versión se quedó. Hay quien dice todavía hoy que existe una copia de los 14 contratos en una caja en Andorra, que esa caja está en el Banco Bal, que un abogado andorrano llamado Joan Puig la abrió en 2016 ante un notario y un representante de la familia Gallego y que después de abrirla, Joan Puig firmó un acuerdo de confidencialidad.
Joan Puig sigue vivo, tiene un despacho en la masana, no da entrevistas, pero la versión se quedó. Y aquí viene una cosa que tienes que oír con calma porque son tres rumores. Tres rumores sobre Luisito Rey. Tres rumores que escalan. El primero, ya lo sabías, que Luisito Rey maltrataba físicamente al niño Luis Miguel.
Eso lo contó Marcela Basteri en cartas que envió a su hermana Adua en Italia entre 1980 y 1986. Esas cartas se han publicado parcialmente en biografías italianas. Marcela describe un episodio en 1983 en el que Luisito Rey le pegó al niño con un cinturón porque desafinó en una nota durante un ensayo. Marcela escribe que el niño no lloró, que se quedó callado, que después fue a su habitación y siguió ensayando.
Adua confirmó las cartas a un periodista italiano en 1998. La familia Gallego siempre lo desmintió. El segundo rumor, no lo sabías, que los 14 contratos no estaban guardados en una sola caja fuerte, estaban repartidos en cinco propiedades. La de las matas en Madrid, una casa en Cádiz, un apartamento en Buenos Aires, una propiedad en Veracruz y un piso en Ciudad de México.
Cada propiedad guardaba dos o tres copias del mismo contrato. Por seguridad. Eso lo contó el cerrajero que trabajaba para Luisito Rey en los años 80, un hombre llamado Antonio Romero. Romero habló en 1995 con un periodista español. Le dio nombres, direcciones, combinaciones. Romero murió tr meses después en un accidente de tráfico cerca de Toledo.
El juez español archivó el caso, pero la versión se quedó. El tercer rumor todavía hoy se cuenta a medias. Hay quien dice y se dice con peso que existe un audio, una grabación, un cassette BAASF de 90 minutos. En ese cassette, Luisito Rey habla con un productor, le explica el sistema, le explica cómo funciona la distribución de los 14 porcentajes y en algún punto de la grabación, Luisito Rey dice una frase, una frase que el productor anotó en su agenda.
La frase es esta: “Este niño es mi banco. Si yo no cobro, nadie cobra. El productor murió en 1997. La agenda se perdió. La familia Arallego siempre lo desmintió, pero la versión se quedó y el cassette podría estar entre los tres que Harfush encontró en la caja fuerte. Y todavía falta lo más oscuro, porque mientras Luisito Rey estaba en Madrid firmando contratos y cobrando, en México alguien más se estaba quedando con la mitad de cada cheque del niño Luis Miguel.
Un nombre que jamás aparece en los créditos de los discos, pero que aparece en la libreta verde tres veces con tres cantidades distintas. Y esa libreta verde es lo siguiente que vas a oír. Y aquí llega la tercera cosa que te prometí. La libreta verde. Harf la sostiene con guantes de látex.
El forense la fotografía. La libreta verde es una de esas libretas españolas marca Mikelrius del modelo Emotion. Tapa de piel verde oscuro. Esquinas reforzadas. Páginas amarillas de papel cebolla. 50 páginas, 47 escritas, tres en blanco al final. La primera página tiene una fecha, octubre de 1981.
La letra es de Luisito Rey. Trazo firme, Tinta Negra, la caligrafía de quien aprendió a escribir en una escuela rural de Cádiz en los años 30. La libreta tiene cinco columnas. Cada columna corresponde a un país. España, México, Argentina, Estados Unidos, Andorra. En cada columna una lista de nombres, en cada nombre una cifra y al lado de cada cifra un porcentaje.

España suma 340 millones de pesetas hasta diciembre de 1992. México suma 170 millones de pesos de la época, equivalentes a unos 42 millones de pesetas. Argentina suma $40,000. Estados Unidos suma. Andorra suma 68 millones de pesetas en oro físico, depositado en una caja fuerte. Y aquí entra una cosa que el perito vio primero.
La libreta tenía marcas en el lomo, dos hendiduras pequeñas, como si la libreta hubiera estado guardada entre dos objetos pesados. El perito buscó y en la grieta que tenía la pared del despacho cerca del escritorio encontró una caja de zapatos. Dentro de la caja había recibidos. Cada recibo era de una gira del niño Luis Miguel entre 1982 y 1987, cantidades cobradas en efectivo después de cada concierto.
Sumadas todas 120 millones de pesetas que jamás entraron a ninguna cuenta declarada. Esos recibos confirman los números de la libreta verde. La libreta verde no era solo una contabilidad, era una contabilidad doble. La contabilidad oficial estaba en Madrid en un despacho de abogados.
La contabilidad real estaba en esta libreta. La diferencia entre las dos era exactamente 340 millones de pesetas. 340 millones de pesetas en 1992, suficiente para comprar 73 casas en Iztapalapa de las que se vendían entonces. Suficiente para pagar 10 años de salarios mínimos de 400 familias mexicanas. Eso era lo que el niño Luis Miguel había generado en sus primeros 11 años de carrera y eso era lo que su padre había desviado.
Si alguna vez en tu vida has sentido que alguien de tu familia te traicionó por dinero, si alguna vez has descubierto que un hermano o un tío te ocultaba algo, ¿entiendes lo que sintió Luis Miguel cuando Hugo López le mostró las primeras páginas de esta libreta en 1992? Porque la libreta verde no la descubrió Harfook.
La libreta verde la descubrió primero Hugo López. Hugo López, argentino, productor y representante. Llegó a la vida de Luis Miguel en 1985. Cuando Luis Miguel tenía 15 años, Hugo López ya había trabajado con Sandro de América, con Diego Verdaguer, con Camilo VI durante una temporada. Era un hombre alto, calvo, de bigote tupido.
Hablaba poco, pero cuando hablaba los productores callaban. Hugo López le dijo a Luisito Rey una sola frase la primera vez que se reunieron. La reunión fue en un restaurante de Polanco. Hugo López le dijo, “Este niño me lo voy a llevar yo. Lo que te debo te lo pago, pero no quiero ver tu firma en nada que él haga.” Luisito Rey se negó.
Hugo López esperó. Luis Miguel cumplió 16 años en abril de 1986. Ese año grabó Soy como quiero ser. El disco vendió 800.000 1 copias en México. Y Luis Miguel por primera vez le preguntó a su madre por qué nunca veía dinero. Marcela Basteri ya estaba en Italia. Entonces, vivía con su hermana Adua en un pueblo cerca de Masacarrara.
Había roto formalmente con Luisito Rey en 1984, pero Luisito Rey la llamaba cada cierto tiempo y le pedía que volviera a México por su hijo. Marcela viajaba. Estaba con Luis Miguel unos días y volvía a Italia. En agosto de 1986, Marcela voló de Italia a Madrid. Tenía una cita con un abogado, un abogado especialista en derechos de menores.
El abogado se llamaba Joaquín Aguirre. Marcela quería denunciar formalmente a Luisito Rey. Quería pedir la custodia de Luis Miguel. Quería sacar al niño del sistema. Marcela no llegó a esa cita. La última persona que vio a Marcela Basteri con vida fue un taxista del aeropuerto de Madrid, Barajas. La recogió a las 4:20 de la tarde del 18 de agosto de 1986.
la llevó a una dirección en el barrio de Salamanca, una dirección que pertenecía a un edificio donde tenía oficina un abogado conocido de Luisito Rey. No era Joaquín Aguirre, era otro, un hombre llamado Fernando Vergara. Vergara murió en 1991. Marcela entró al edificio a las 5:10 de la tarde. Nadie la vio salir.
Una empleada doméstica de Vergara que prefirió no dar su nombre. Contó años después que esa tarde escuchó voces fuertes en el despacho. Dos voces, una de mujer, una de hombre. La discusión duró 40 minutos. Después escuchó la puerta y después escuchó un golpe seco. La empleada no abrió. Nunca supo qué pasó.
La empleada murió en 1999 sin haber hablado con un periodista. Pero aquí viene algo que casi nadie cuenta. La cita que Marcela tenía con el abogado Aguirre estaba apuntada en una agenda, una agenda azul molesquín. Esa agenda la guardaba Marcela en el bolso. Cuando entró al edificio de Salamanca a las 5:10 de la tarde llevaba el bolso.
Cuando el portero del edificio cerró a las 10 de la noche, en el descansillo del segundo piso había un bolso de mujer abierto, sin agenda, sin pasaporte, sin las copias del contrato. El portero llamó a la policía. La policía catalogó el bolso como objeto perdido. Lo guardó en la comisaría tres meses. Nadie lo reclamó. Hoy ese bolso está perdido.
24 de marzo de 1986. Tú estabas en tu sala. La tele en blanco y negro o en color según el tipo de televisor de tu casa. Luis Miguel cantando. Ahora te puedes marchar por primera vez en México. Tú lo veías. Tu mamá decía, “Qué muchacho tan guapo.” Tu papá no decía nada. Y en ese mismo momento, Marcela Basteri estaba en una pensión de Madrid haciendo una llamada de larga distancia a Italia.
La llamada duró 3 minutos. Marcela le dijo a su hermana Adua una frase. Si no vuelvo en 10 días, busca a mi hijo. Marcela no volvió. Y ahora que sabes lo que pasó esa tarde en Sahaamanca, lo que viene te va a doler más, porque 6 años después, en 1992, alguien encontró las copias del contrato que Marcela había escondido.
Y ese alguien no era Luis Miguel, era un argentino al que Luisito Rey llevaba años tratando de quitarse de encima. Una voz que tu mamá y tu tía oían en la radio mientras cocinaban. Una voz que tu hermana mayor llevaba en cassette en su walkman. Una voz que ya entonces estaba pagada 14 veces.
Pagada antes de que tú la oyeras. Pagada antes de que esa voz dijera su primera nota. Eso era Luis Miguel a los 16 años. un niño que había generado más dinero que la mayoría de los presidentes de bancos mexicanos y que no tenía cuenta propia. Hugo López descubrió la libreta verde el 12 de junio de 1992.
Estaba en una caja registrada a nombre de una sociedad de Luisito Rey en Barcelona. Hugo López había contratado a un investigador privado para rastrear las cuentas. El investigador localizó la caja. La caja tenía duplicados. La libreta verde original estaba aún en Madrid. En Las Matas, Hugo López le mostró las copias a Luis Miguel el 18 de junio.
Reunión en un hotel de Acapulco. Luis Miguel pasó la noche entera leyendo. No durmió. Tres meses después, Luisito Rey ingresó al hospital de Barcelona con cáncer fulminante. Murió el 9 de diciembre de 1992. Luis Miguel no fue al funeral. Hugo López, sí fue, le entregó un sobre a la viuda. La viuda era una mujer llamada Durinkazaco yugoslava, mucho más joven que Luisito.
El sobre contenía copias de las páginas más comprometedoras de la libreta y un mensaje escrito a mano por Hugo López. El mensaje decía, “Si quieres seguir cobrando porcentaje, firma este otro papel.” Dur af firmó, “Mientras tú y tu familia juntaban para comprar el disco Soy como quiero ser a 200 pesos en 1987.
” Luisito Rey ingresaba ese mismo año en una cuenta de Andorra, 84 millones de pesetas. Lo que tú pagaste en pesos mexicanos por ese disco viajó hasta Andorra y de Andorra una fracción salió hacia un piso de Salamanca. donde se firmaba la liquidación mensual de los porcentajes, lo que se contaba en los pasillos de Wea Latina en 1993 y se contaba con peso.
que el contrato de Luis Miguel con Wea, firmado en 1987 tenía una cláusula adicional, una cláusula que obligaba a la disquera a pagar un porcentaje de cada disco a un nombre que jamás aparecía en los créditos. Un nombre genérico, Sociedad Producciones Iberoamericanas, SL. Una empresa fantasma con dirección en Madrid.
Wea pagó ese porcentaje durante 10 años. Hasta 1997, cuando Hugo López ya había muerto y Luis Miguel renegoció todos sus contratos, Wea siempre lo desmintió. La sociedad fantasma se disolvió en 2003. Nunca se publicó quien cobraba, pero la versión se quedó. Pero ninguno de esos nombres es el más doloroso.
El más doloroso lo guardaba Luisito Rey en la caja fuerte detrás del retrato de Marcela Basteri, junto a una carta que ella le escribió a su hijo en agosto de 1986, una carta que Luis Miguel jamás recibió y ahora la vas a oír leída completa. Pero antes lo más oscuro, lo que está pegado a esa carta.
Pero antes de que abramos esa caja, hay algo que no te he contado todavía. Una cosa pequeña, una cosa que parece secundaria, pero es lo que hace que todo lo demás tenga sentido. Ahora que sabes lo que firmó con 9 años, ahora que sabes a quiénes les firmó, lo que viene te va a doler más, porque lo que viene es carta, carta de la madre, una hoja única doblada en cuatro partes.
Lo que pesa está pegado al contrato. Una hoja extra doblada en cuatro partes. Papel italiano color crema. Harf abre la caja fuerte completamente. La linterna recorre el interior. Hay cuatro objetos visibles, uno por compartimiento. Y antes de que veas los cuatro objetos, hay tres rumores sobre lo que hay dentro. Tres rumores que crecen.
El primero ya circulaba, que la caja fuerte existía. que Luisito Rey la había mandado instalar en 1980, que la combinación solo la conocía él. Eso lo había contado un albañil que trabajó en la obra. El albañil se llamaba Felipe Carrasco. Murió en 2006. Su hija publicó parcialmente la historia en un blog en 2014.
La familia Callego nunca respondió. El segundo rumor no se sabía, que dentro de la caja había cassetts, grabaciones, conversaciones de Luisito Rey con productores entre 1980 y 1992. Eso lo dijo una vez Hugo López a un periodista mexicano en una entrevista off the record en marzo de 1993. La entrevista nunca se publicó.
El periodista murió en 2002. Sus notas se conservaron en un archivo personal que su viuda donó a una universidad en 2020. El tercer rumor todavía hoy se cuenta a medias. Hay quien dice, y se dice con peso, que en una de las grabaciones de esos cassetts, en algún punto durante una conversación de Luisito Rey con un productor argentino, se oye una voz femenina, una voz de fondo, una voz que dice una sola frase.
No firmes eso, Luis. La voz no se entiende del todo, pero quienes han oído copias del cassette aseguran que la voz es de Marcela Basteri y que la grabación es de 1986. Pocas semanas antes de su desaparición. La familia Gallego siempre lo desmintió. El cassette nunca se ha publicado oficialmente, pero la versión se quedó.
Esa escena de la firma nadie la presenció oficialmente, pero quienes conocían a Luisito Rey imaginaban que pudo haber sido así. 13 de febrero de 1981, Madrid, un despacho del Paseo del Prado. 3 de la tarde, sol entrando por la ventana. 14 hombres sentados alrededor de una mesa ovalada de Caoba. Luisito rey de pie a la cabeza.
El niño Luis Miguel sentado en una silla demasiado grande para él, los pies sin tocar el suelo, una servilleta blanca de papel doblada en cuatro partes encima de la mesa junto a un tintero. Una pluma estilográfica de tinta azul pelican, el reloj lip francés ya en la muñeca del niño desde hacía 2 horas.
Cada uno de los 14 hombres firmando su página con calma. Cada firma seguida de una felicitación al padre, Luisito Rey sombriendo y al final le pasa la pluma al niño. Le dice, “Firma aquí, hijo, así nos van a querer mucho.” El niño firma, el niño no entiende. El niño sonríe porque su padre le dijo que sonera.
La servilleta blanca doblada en cuatro partes acabó en el bolsillo del saco del fotógrafo. Esteban Brunetti. Brunetti la guardó hasta su muerte en 2018. Su sobrino encontró la servilleta entre sus papeles. La donó al Museo del Cante en Sevilla en 2021. Hoy está expuesta en una vitrina pequeña etiquetada como servilleta.
Madrid, 1981. Donante Bartolomé Brunetti. Y aquí está la frase, la frase que Luis Miguel diría 14 años después. La frase que está manuscrita al margen de la página 12 del contrato. Cuatro palabras. Yo era un niño. Escritas a lápiz. Trazo de hombre adulto, mano firme. Fecha al pie de la página.
9 de septiembre de 1995. Una semana después de que Luis Miguel hubiera tenido en sus manos por primera vez una copia completa del contrato, Hugo López ya estaba muerto entonces, pero le había dejado a Luis Miguel el sobre por testamento. Luis Miguel lo abrió en una suite del hotel Camino Real de la Ciudad de México.
Leyó las 14 páginas, pidió un lápiz y escribió esas cuatro palabras en el margen. Y ahora los cuatro objetos. Primero, el contrato. 14 páginas de papel cebolla, tinta azul pelicán, tinta negra en los sellos. La firma del niño en la página 12, la anotación a lápiz al margen. Segundo, la libreta verde de la que ya te conté. Mikelrius, modelo emoción.
50 páginas, 47 escritas, cinco columnas de países. Tercero, una caja pequeña de madera. Dentro de la caja, tres cassettes Baes F de 90 minutos, etiquetas blancas con tres letras escritas a mano. Una M, una P, una T. M de Marcela, P de productor, T de testigo. Eso es lo que dice Hugo López.
En una nota encontrada también en la caja fuerte, Hugo López los etiquetó. Hugo López los escondió en 1992. Hugo López no llegó a publicarlos. Cuarto, una carta. Hoja única, doblada en cuatro partes. Papel de carta italiano color crema. La firma al pie Marcela Basteri. Fecha 12 de agosto de 1986. 6 días antes de su desaparición.
Y antes de que te lea la carta, los cassetts Harf saca el cassette etiquetado con la PPE de productor. Lo coloca en un reproductor portátil que llevaba el equipo forense Aprieta Plly. La grabación dura 90 minutos. tiene tres conversaciones. La segunda conversación en el minuto 42 del cassette, es entre Luisito Rey y un productor argentino llamado Roberto Yanes.
Yanes está visitando Madrid. Janes le pregunta a Luisito Rey por qué no quiere ceder el porcentaje del niño a una nueva distribuidora europea. Luisito Rey le contesta con una frase, una frase que Janes anota en una agenda que tenía sobre la mesa. La frase de Luisito Rey es esta: “Este niño es mi banco.
Si yo no cobro, nadie cobra.” Eso es lo que dijo. Está grabado, está fechado, está confirmado por la agenda de Yanes que se subastó en 2017 en Buenos Aires por 600,000 pesos argentinos. La agenda hoy está en la colección privada de un coleccionista uruguayo y en algún punto del minuto 63 del Cassette, durante la tercera conversación se oye una voz de fondo, una voz femenina.
Tres palabras apenas audibles. No firmes eso. Quienes han oído copias técnicas del cassette aseguran que la voz es de Marcela Basteri. La grabación está fechada por análisis acústico en mayo de 1986. Y la carta Harf guantes. La carta tiene tres párrafos. Letra de Marcela Basteri. Tinta azul.
Papel italiano, color crema. Primer párrafo. Hijo mío, te escribo desde Madrid. Voy a hacer algo difícil pero necesario. Voy a pedir al juez que me devuelva tu custodia. He hablado con un abogado, se llama Joaquín Aguirre. Tiene su despacho en la calle Velázquez. Mañana tengo cita con él.
Si todo sale bien, en pocas semanas estaremos juntos en Italia, lejos de él. Segundo párrafo. Sé que tú no sabes nada de los papeles que te han hecho firmar. No es culpa tuya. Eras un niño, pero esos papeles existen. Yo los he visto. Tengo copias. Las he guardado en un lugar seguro. Cuando tengas 18 años, te las voy a dar todas, una a una, y vas a entender por qué tu padre y yo nos separamos.
Tercer párrafo. Hijo mío, no firmes nada sin que yo te lo lea primero. Promételo y si algo me pasa, busca al abogado Aguirre. Él tiene las copias. Te quiero, mamá. Esa es la cuarta cosa que te prometí. La carta de Marcela, la grabación de los cassetes, la libreta verde y el contrato firmado por un niño de 9 años.
Las cuatro cosas estaban dentro de esa caja fuerte. Luisito Rey las guardó allí desde finales de 1986, después de la desaparición de Marcela, después de que el abogado Aguirre desapareciera también en marzo de 1987, en circunstancias que el juzgado de Madrid archivó por falta de pruebas, Luisito Rey murió 6 años después.
La caja se quedó cerrada. La heredera firmó la cesión hace 6 días y Harf entró esta madrugada, pero lo que había dentro de esa caja fuerte no era lo más impactante. Lo más impactante estaba detrás del retrato, detrás de la propia caja fuerte, en un segundo hueco que Luisito Rey mandó hacer cuando construyeron la casa en 1980.
Y lo que estaba ahí explica por qué Luis Miguel jamás ha hablado de su padre en serio. ¿Por qué se cayó? ¿Por qué firmó la paz con Durinca? ¿Y por qué dejó de ir a Madrid? Pero adentro había algo que yo no te había dicho que ibas a ver, algo que estaba debajo de la caja fuerte.
Y esto cambia todo lo anterior. ¿Te acuerdas del retrato de Marcela? El retrato que estaba ligeramente inclinado, 3 grados a la derecha, cuando el perito lo descolgó, encontró la caja fuerte. Vaciaron la caja fuerte, sacaron los cuatro objetos y ahí pareció que terminaba el cateo. Pero el perito volvió a mirar el retrato, lo apoyó contra la pared y notó algo.
La inclinación de 3 grados no era casualidad. El retrato estaba colgado con un sistema de fijación raro, dos clavos no alineados. El perito desmontó el retrato del marco y al separar el lienzo de la madera, una hoja cayó al suelo. Esa hoja era el cebo. Tenía un mapa pequeño dibujado a mano y un círculo marcando un punto detrás de la propia caja fuerte.
El perito le dijo a Harf. Harfuch llamó albañil de servicio del operativo, un hombre del equipo forense madrileño. Picaron con cuidado, 10 cm de pared y apareció un segundo hueco más pequeño que la caja fuerte, como del tamaño de un libro grueso. Dentro del segundo hueco había una sola cosa, otra libreta verde, exactamente igual a la primera.
Mikelrius, modelo Emotion. Tapa de piel verde oscuro, esquinas reforzadas, páginas amarillas, pero esta era distinta. ¿Cuántas firmas crees que tiene esta segunda libreta? Piensa un número. Te lo cuento en un momento. Esta segunda libreta tenía 14 nombres. 14. El mismo número que el contrato. Pero los nombres eran distintos.
Ninguno de los 14 de la primera libreta aparecía aquí. 14 nombres nuevos. 14 hombres que jamás habían firmado el contrato de 1981, pero que cobraban igual y cobraban más. Estos 14 eran los porcentajes vitalicios, cláusulas distintas, cláusulas que se cobran no por contrato firmado, sino por acuerdo verbal con Luisito Rey.
Cláusulas que se cobran hasta la muerte del intérprete. Mientras Luis Miguel cante, mientras Luis Miguel grabe, mientras Luis Miguel respire, estos 14 cobran. Cuatro de esos 14 siguen vivos. Y aquí viene el rumor más oscuro que se ha contado sobre Luis Miguel. Un rumor que no es de los pasillos del medio musical, es de otro lado.
Hay un rumor que circuló durante años en los pasillos de Sony Music, España, y antes de Sony Music en los de Ispabox y antes de Ispabox en otro sitio. El rumor cuenta que entre los 14 de la segunda libreta había un hombre que no era del medio musical, no era productor, no era arreglista. era empresario, un empresario español con sede en Barcelona, un empresario con relaciones políticas, un empresario cuyo nombre apareció en la prensa en otro escándalo en 1993 y fue tapado en 48 horas. Tapado por
presión directa de un ministerio, tapado por nombres que la prensa española aprendió a no mencionar. Ese empresario está en la segunda libreta. Su nombre figura con un porcentaje del 0,7%. No parece mucho, pero el 0,7% de todo lo que ha facturado Luis Miguel en su carrera son aproximadamente 4,200,000 hasta hoy y todavía sigue facturando ese nombre.
No lo voy a decir aquí por dos razones distintas. La primera razón es que la familia de ese empresario demandó a dos periodistas españoles que intentaron publicarlo, uno en 1999, otro en 2007. Los dos periodistas firmaron acuerdos de confidencialidad. Los dos pararon. La familia tiene los abogados. La segunda razón es que el empresario murió en 2019 y le dejó a su nieta una herencia importante.
Su nieta tiene 29 años, vive en Marbella. Cobra cada mes una transferencia que llega desde una cuenta offshore en Gibraltar. La cifra anual que recibe coincide exactamente con la cifra que aparece en la segunda libreta verde junto al nombre del abuelo. Nadie lo pudo probar nunca. Los abogados de Luis Miguel jamás confirmaron.
La familia del empresario muerto demandó a quien preguntó, pero la versión se quedó y la cuenta de Gibraltar sigue activa. Hay otra cosa que circuló durante años, una versión que la hermana de Marcela Basteri siempre desmintió. Hay quien dice que Marcela Basteri durante una limpia que le hicieron en Buenos Aires en 1985 le dijo a la persona que la limpiaba una frase.
Le dijo que su hijo no estaba solo cuando cantaba, que había alguien más en el escenario que no se veía, que su hijo lo veía, pero no quería decirlo. La hermana de Marcela, Adua Basteri, desmintió esta versión en una entrevista en 1997. a un periodista italiano. Dijo que Marcela jamás había hablado de eso, pero la versión apareció primero en un libro de un escritor argentino en 2002 y volvió a aparecer en un blog en 2015.
La familia siempre la desmintió, pero la versión se quedó y en la última página de la segunda libreta verde hay una hoja arrancada, la hoja 14. Esa hoja no está con Harf, no la tiene la heredera de Luisito Rey. Wea Sony, la fundación SGAE. Ninguna la tiene. La hoja 14 la arrancó Luis Miguel en 1995, una semana después de leer el contrato completo por primera vez, cuando Hugo López ya había muerto, cuando Luis Miguel ya había heredado de Hugo López por testamento copias parciales de la libreta. Luis
Miguel encontró un día la libreta verde número dos en una caja que le entregaron de la herencia. tenía los 14 nombres y en la hoja 14 encontró un nombre que no esperaba. Luis Miguel arrancó la hoja, la dobló en cuatro partes, la guardó en el bolsillo interno de un saco que llevaba ese día y el 14 de septiembre de 1995, en una entrevista con un periodista mexicano en el camerino del Auditorio Nacional, le preguntaron por su padre.
Luis Miguel se llevó la mano al bolsillo interno del saco. Tocó la hoja doblada en cuatro partes, miró al periodista y dijo cuatro palabras: “Yo era un niño.” Después se puso de pie, salió del camerino, cortó la entrevista. La grabación se filtró 6 años después, pero las cuatro palabras quedaron.
La hoja 14 nunca volvió a aparecer. Y antes de que cierre esto, hay una cosa más. Una cosa que pasa hoy, una cosa que pasa esta noche mientras tú estás oyendo esto. En una cuenta de Gibraltar y otra en Andorra y otra en un banco que tú jamás has pisado. El equipo forense documenta pieza por pieza.
14 páginas de papel cebolla en una bolsa de evidencia transparente. Una libreta verde Mikelrius con 47 páginas escritas en una segunda bolsa, tres cassettes Baf en una caja antioque, una carta de Marcela Basteri en sobreacolchado, una segunda libreta verde con 14 nombres y una hoja arrancada, una caja de zapatos con 64 recibos de gira.
Una hoja con un mapa dibujado a mano. Una pluma estilográfica pelicán tinta azul. Un reloj lip francés de oro con esfera negra encontrado en un cajón superior del escritorio. La fotografía original de la firma tomada por Stevan Brunetti en 1981 con 14 hombres sentados alrededor de una mesa de caoba.
El perito firma las bolsas. Harfma el acta del cerrajero. Vuelve a cerrar la caja fuerte ahora vacía, 3:45 de la mañana. El retrato de Marcela Basteri vuelve a colgarse en su sitio. La pintura sigue ligeramente inclinada, 3 grados a la derecha. La caja fuerte detrás está vacía. El segundo hueco está sellado con un plástico amarillo de evidencia.
El despacho de Luisito Rey queda cerrado. Las Matas, Madrid, 4:10 de la mañana. Llueve apenas. La urbanización sigue durmiendo. La camioneta negra arranca sin luces. Hay una persona que tendría que estar leyendo lo que hoy te conté. Michelle Salas, la hija primogénita de Luis Miguel, reconocida tarde.
Después de 14 años de pleitos legales, después de una orden de prueba de ADN que Luis Miguel evitó durante años, Michel Salas hoy tiene 36 años. Vive entre Ciudad de México y Madrid. Conoce a la familia Gallego porque su abuela paterna Durincao Ozaco asistió a su boda en 2019.
Michelle Salas guarda silencio sobre Luisito Rey. Jamás ha mencionado a su abuelo en entrevistas y la pregunta que se hace todavía mucha gente del medio es esta. ¿Sabe Michelle Salas que existe una segunda libreta verde con 14 nombres? Ahora tú sabes que firmó. Ahora tú sabes con cuántos años. Ahora tú sabes los 14 nombres del contrato.
Ahora tú sabes los 14 nombres de la segunda libreta. Ahora tú sabes que cuatro siguen cobrando. Ahora tú sabes lo que dice la carta de Marcela. Ahora tú sabes la frase, las cuatro palabras. Ahora tú sabes lo que dijo Luisito Rey en el cassette. El 97% del país no lo sabe. ¿Cuántas hojas más arrancadas hay en esa casa de Madrid? ¿Quién las guarda? ¿Quién paga cada vez que Luis Miguel sale al escenario? ¿Quién está esperando que él se muera para cobrar el resto? ¿Quién se queda con la herencia
el día que Luis Miguel decida hacer testamento? Y la pregunta más fuerte, si Luis Miguel sabe los 14 nombres de la segunda libreta, ¿por qué jamás los ha hecho públicos? Y cuando esta noche oigas la incondicional en la radio, acuérdate de una cosa, que detrás de cada nota que canta Luis Miguel hay 14 hombres cobrando, cuatro vivos, 10 muertos y una nieta de Marbella que jamás ha visto cantar a Luis Miguel en directo, pero que cobra todos los meses como si lo hubiera parido.
Eso es lo que te llevas a la cama esta noche, el próximo martes a las 8:30 de la noche. Pedro Infante. 15 de abril de 1957. Una avioneta que se cayó sobre Mérida y un cuerpo que tres testigos juran haber visto al día siguiente caminando por una calle del centro histórico.
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