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Asi Fue La Vida En El Rancho de Guy Williams – Riqueza discreta, caballos y estilo de vida reservado

Así fue la lujosa vida de Guy Williams, el zorro original de la televisión, el hombre que acumuló una fortuna de más de 10 millones de dólares mientras el resto de los actores de su generación dilapidaban lo que ganaban en mansiones que no podían sostener. El actor que fue tan inteligente con su dinero que decidió retirarse a los 44 años porque ya no necesitaba trabajar más.

¿Sabes cuánto dinero acumuló Guy Williams entre Zorro y Perdidos en el espacio? ¿Sabes cómo vivió en Buenos Aires, Argentina, rodeado de un lujo discreto pero real, con propiedades, automóviles de colección y una vida de caballero que el propio Walt Disney hubiera aplaudido? ¿Y sabes cuál fue el secreto financiero que lo convirtió en uno de los actores más ricos de su generación? mientras sus compañeros de trabajo llegaban a la vejez con las manos vacías.

Porque la historia de Guy Williams no es solo la historia del hombre de negro que dibujaba una za muy pocos en el mundo del espectáculo entienden a tiempo, que la fama es temporal, pero el dinero bien invertido es eterno. Y que cuando uno ya no necesita trabajar, el mundo entero se convierte en su hacienda. Antes de hablar de la fortuna, hay que conocer al hombre.

Y para conocer al hombre hay que ir hasta donde nadie imagina que empieza la historia del héroe enmascarado más famoso de la televisión americana. Hay que ir hasta Washington Heights, en el norte de Manhattan, Nueva York. El 14 de enero de 1924 nació Armando Joseph Catalano. No Guy Williams, no el zorro, no el profesor Robinson de Perdidos en el espacio.

Armando Catalano, hijo de un corredor de seguro siciliano y de una mujer de carácter que años después llegaría a ser ejecutiva de una compañía de cine. ninguno de los dos con la menor sospecha de que ese niño que crecía en el Bronx, entre otros hijos de inmigrantes italianos, se convertiría décadas después en el ídolo de niños de 50 países.

Lo que sí era evidente desde pequeño era la apariencia física. 1 met con 90 cm de altura, facciones que parecían diseñadas por alguien que tenía muy claro lo que quería que saliera, una gravedad natural que hacía que la gente lo mirara sin poder evitarlo. Su madre quería que fuera corredor de seguros como su padre.

Armando quería ser actor y en una familia de inmigrantes sicilianos del Bronx de los años 30, ese desacuerdo entre lo que la madre quiere y lo que el hijo sueña tiene una sola manera de resolverse, haciendo lo que uno quiere y demostrando con los resultados que tenía razón. Armando pasó por la Academia Militar de Pixkill.

Fue buen estudiante, jugó al fútbol americano, se destacó en matemáticas y cuando la Segunda Guerra Mundial llegó trabajó como soldador, contador de costos e inspector de piezas de aviones, no porque le apasionara, porque era lo que había. Pero cuando la guerra terminó, tomó la decisión que definiría todo lo que vino después. Mandó sus fotos a una agencia de modelos.

La respuesta de la agencia fue inmediata porque lo que vieron los agentes cuando abrieron ese sobre fue exactamente lo que el mercado de la posguerra americana necesitaba. Un hombre que parecía salido de una novela de aventuras con la estatura de un caballero medieval y la cara de alguien que la cámara simplemente no sabe cómo hacer quedar mal.

Las asignaciones llegaron rápido. Periódicos, la revista Harpers Bazar, vallas publicitarias, portadas de libros y entonces llegó el consejo que cambió su nombre para siempre. Su agente Henry Wilson le dijo con la claridad brutal del negocio. Armando Catalano suena demasiado étnico. En 1946 en los Estados Unidos, un apellido italiano era una barrera comercial más que una ventaja.

Si quieres llegar lejos, necesitas un nombre que suene americano. Armando abrió una guía telefónica y eligió Guay Williams, un nombre sin historia, sin peso, sin la marca de origen que el mercado de la posguerra prefería ignorar. Ese mismo año firmó su primer contrato con la Metro Goldwin Major y se mudó a Yollywood.

El muchacho del Bronx acababa de cruzar la primera puerta. El primer contrato con MGM duró un año y produjo papeles pequeños que no llegaron a nada importante. Guyó a Nueva York. Estudió en el Neighborhood Playhouse, el mismo taller de actores donde se formaron figuras importantes del teatro americano. Trabajó en el taller de actores de la cadena CBS de Nueva York.

hizo papeles pequeños en televisión que servían de escalones más que de destino. Y en 1948, durante un largo viaje de filmación publicitaria mientras esquiaba en la costa este, conoció a Janice Cooper. Janis era modelo de la agencia John Robert Powers, una mujer de belleza natural y carácter sólido que encajaba perfectamente con un hombre que, a pesar de su presencia física imponente, era en la vida privada tranquilo, reflexivo, sin los arrebatos temperamentales que el mundo del espectáculo produce en abundancia. Se casaron el 8 de diciembre

de ese mismo año. Tuvieron dos hijos, Guy Jor y Tony. Y durante los años siguientes, mientras la carrera avanzaba lentamente, pero con solidez, Guy Williams fue construyendo algo que muy pocos actores de su generación estaban construyendo al mismo tiempo, una estrategia financiera, porque Guy Williams, el hijo del corredor de seguro siciliano, había heredado de su padre algo más valioso que el apellido.

la comprensión de que el dinero que no se administra bien desaparece con la misma velocidad con que llegó. El momento que lo cambió todo llegó en 1957. Walt Disney estaba desarrollando una serie de televisión basada en el personaje del zorro, el enmascarado de California que Douglas Fairbanks y Tyron Power habían llevado al cine con éxito décadas antes.

Necesitaba un actor que combinara la presencia física del héroe de acción con la capacidad de dar profundidad a un personaje que tenía que ser al mismo tiempo inteligente, romántico, físicamente impresionante y convincente con una espada. La lista de candidatos era larga, pero cuando Guy Williams entró a la audición, la lista se acortó inmediatamente, no solo por la apariencia, por algo más difícil de describir que la apariencia, por la manera en que ese hombre alto, de voz de barítono sereno, llenaba una habitación sin hacer ningún esfuerzo visible para

lograrlo. Walt Disney lo eligió personalmente. El contrato que Guy Williams firmó con Disney para interpretar al zorro en la serie de A B C fue para el estándar de la televisión americana de finales de los años 50. Un contrato muy generoso. Sus ingresos por episodio en los años de producción activa de la serie se estimaban en el sector en cifras que rondaban los $3,000 por episodio grabado, equivalentes hoy a aproximadamente $25,000 de valor actual por cada uno de los 78 episodios que produjo la serie, más los

cuatro especiales adicionales. Pero el dinero de los episodios era solo una parte de lo que Zorro generaba, porque Zorro no fue solo una serie de televisión, fue un fenómeno de mercancía. El merchandising de Zorro en los años 1957, 58 y 59 fue uno de los primeros ejemplos masivos de lo que hoy llamamos franquicia comercial.

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