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6 HORAS DE DECLARACIÓN — JAIME RAMÍREZ EXPONE A LAURA SARABIA Y GOLPEA A PETRO

 Su nombre era Laura Sarabia y su cargo oficial era directora del departamento administrativo de la presidencia. Pero su verdadero poder iba mucho más allá de ese título, porque Laura Sarabia no era solo una funcionaria más. Ella era la persona de máxima confianza de Gustavo Petro, era su mano derecha, era quien tomaba decisiones importantes cuando el presidente no estaba.

 Laura Sarabia tenía 38 años cuando llegó al poder. Era abogada. Había trabajado en el sector público durante años, pero nunca había tenido tanto poder como el que tuvo en el gobierno de Petro. Y ese poder se le subió a la cabeza muy rápido, porque Laura Sarabia empezó a comportarse como si ella fuera la presidenta, como si Colombia fuera su finca personal, como si pudiera hacer lo que quisiera sin que nadie le dijera nada.

 Los ministros le tenían miedo, los congresistas la buscaban para pedirle favores. Los empresarios querían estar bien con ella porque sabían que sin su aprobación no se podía hacer nada en el gobierno. Y Laura Sarabia usó ese poder para construir su propia red de influencias, para poner a sus amigos en puestos importantes, para moverlos y los del gobierno como si fuera su juguete personal.

 Pero de todo ese poder, de todas esas decisiones que ella tomó, hay una que hoy la tiene contra las cuerdas. una que puede hundir no solo su carrera política, sino también al presidente que tanto la protegió durante años. Y esa decisión tiene que ver con la salud, con el sistema de salud que está quebrado, con los hospitales que no tienen medicinas, con las clínicas que no pueden atender a los pacientes, porque resulta que mientras millones de colombianos se morían esperando atención médica, Laura Sarabia estaba metiendo sus manos en el negocio de la salud,

estaba poniendo a sus amigos a manejar la plata de los hospitales, estaba repartiendo puestos millonarios como si fueran dulces. Y hoy, cuando todo eso salió a la luz, cuando las investigaciones empezaron a revelar la verdad, Laura Sarabia apareció desde Londres, desde su nueva oficina de lujo como embajadora de Colombia en el Reino Unido, diciendo que ella no sabe nada, que ella es una víctima, que todo es mentira.

 Pero vamos a contar la historia desde el principio. Vamos a mostrar paso a paso como Laura Sarabia construyó su imperio de poder y como ese imperio se está derrumbando ahora que la verdad está saliendo a la luz. El 7 de agosto de 2022 fue el día en que Gustavo Petro tomó posesión como presidente de Colombia. Ese día miles de personas llenaron la Plaza de Bolívar en Bogotá para ver la ceremonia, para escuchar el discurso del nuevo presidente, para sentir que finalmente iba a llegar el cambio que tanto habían esperado.

 Petro habló de justicia social, habló de acabar con la desigualdad, habló de construir un país para todos. Y la gente aplaudió, la gente creyó, la gente tuvo esperanza. Y entre toda esa gente que llegó al poder con Petro, entre todos los ministros y funcionarios que él nombró, Laura Sarabia era la que estaba más cerca del presidente, la que tenía su oído, la que podía influir en sus decisiones.

 Desde el primer día, Laura Sarabia dejó claro que ella mandaba, que las cosas en el gobierno se hacían como ella decía o no se hacían. Los funcionarios que querían hablar con el presidente primero tenían que pasar por ella. Los ministros que necesitaban una decisión urgente tenían que pedirle permiso a ella. Incluso los congresistas que querían reunirse con Petro debían llamar primero a Laura Sarabia y ella disfrutaba ese poder.

 Le gustaba sentir que todos la necesitaban. Le gustaba ver como la gente la buscaba, la adulaba, le tenía miedo. Pero ese poder también la hizo descuidada, la hizo pensar que era intocable, que podía hacer lo que quisiera sin consecuencias. Y fue ahí donde cometió su primer gran error, el error que hoy la tiene huyendo a Londres mientras la fiscalía investiga, mientras el presidente dice que se siente traicionado, mientras el país entero pide que vaya a la cárcel.

 En octubre de 2022, apenas dos meses después de que el gobierno de Petro comenzara, el sistema de salud en Colombia ya estaba en crisis. Varios hospitales públicos estaban quebrados. Las EPS no tenían plata para pagar los tratamientos. Los médicos se iban a paro porque no les pagaban sus salarios y el gobierno de Petro tenía que hacer algo urgente porque si el sistema de salud colapsaba completamente, eso iba a hundir su popularidad, iba a mostrar que no eran capaces de gobernar.

Entonces, el ministro de salud en ese momento, que se llamaba Guillermo Alfonso Jaramillo, propuso una solución. Intervenir las EPS que estaban en crisis, poner interventores que manejaran esas empresas hasta que se recuperaran. Una intervención en el sector salud significa que el gobierno quita el control de una EPS o de un hospital a sus dueños originales y pone a alguien de confianza para que maneje la empresa, para que ordene las finanzas, para que busque soluciones.

Y esos interventores tienen mucho poder porque manejan miles de millones de pesos, porque deciden qué se compra, a quién se le paga, cómo se gastan los recursos. Por eso los nombramientos de interventores son tan importantes. Por eso se supone que esas personas deben ser profesionales serios, con experiencia, con ética, porque están manejando la plata de la salud, están manejando la vida de millones de colombianos.

Pero Laura Sarabia vio en esos nombramientos una oportunidad, una oportunidad de meter a sus amigos, de construir su red de poder, de controlar uno de los negocios más grandes del país. Y entonces empezó a mover sus piezas, empezó a hablar con el ministro de salud, empezó a recomendar nombres, empezó a decir quiénes debían ser los interventores.

Y había un hombre que le ayudaba en todo eso, un hombre que era su mano derecha, su persona de máxima confianza, alguien que hacía todo lo que ella ordenaba sin hacer preguntas. Su nombre era Jaime Ramírez y ese hombre iba a convertirse en la pieza clave de todo este escándalo, en el hombre que sabía todos los secretos, en el hombre que hoy está desaparecido mientras la justicia lo busca.

Jaime Ramírez tenía 45 años, también era abogado. Había trabajado con Laura Sarabia durante años, desde antes de que llegaran al gobierno. Eran amigos cercanos, eran socios, eran cómplices. Y cuando Laura Sarabia llegó al poder como directora del departamento administrativo de la presidencia, Jaime Ramírez llegó con ella, aunque su cargo oficial no era muy importante.

 Su verdadero poder venía de ser el brazo ejecutor de Laura Sarabia. Él era quien llamaba a los ministros cuando Laura no quería llamar directamente. Él era quien llevaba los mensajes. Él era quien presionaba. Él era quien conseguía que las cosas se hicieran. Y en el caso de los interventores de salud, Jaime Ramírez fue quien se encargó de todo el trabajo sucio.

 Fue quien llevó las hojas de vida de las personas que Laura Sarabia quería poner. Fue quien presionó al ministro de salud para que nombrara a esas personas. Fue quien hizo los contactos necesarios. Y todo eso lo hizo porque confiaba en Laura Sarabia, porque pensaba que ella lo iba a proteger, porque creía que juntos eran invencibles.

Pero Jaime Ramírez no sabía que cuando las cosas se pusieran difíciles, cuando la verdad empezara a salir, Laura Sarabia lo iba a negar, lo iba a abandonar, lo iba a dejar solo enfrentando las consecuencias. Entre octubre y diciembre de 2022, el Ministerio de Salud nombró a varios interventores para manejar las EPS que estaban en crisis.

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