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Se REVELA porque MARÍA FÉLIX no dejo la herencia a su FAMILIA…

Porque María Félix no era solo bella, había muchas mujeres [música] bellas en el cine mexicano de los 40. María Félix era algo más específico. Era una presencia que generaba incomodidad en el público y esa incomodidad era magnética. Sus personajes solían tener poder sobre los hombres que los rodeaban.

 [música] Solían tomar decisiones que en el cine de la época correspondían a los hombres. solían salirse [música] con la suya de maneras que el código moral del momento debería haber prohibido, pero que el público, especialmente [música] las mujeres del público, aplaudía sin reservas. Eso tenía un precio en la industria, [música] en los medios, en la vida personal.

Entre 1943 y 1970, María Félix [música] filmó más de 40 películas, algunas en México, muchas en España, algunas en Francia e Italia. La lista de directores con los que trabajó es la lista de los grandes del cine de habla hispana de esa época. Emilio Fernández, Luis Buñuel, John Renoir. El de Buñuel fue el caso más interesante porque fue también el más tenso.

 Dos personalidades con ideas muy precisas sobre cómo debían hacerse las cosas. Ninguno de los dos con mucha disposición a ceder y el resultado fueron películas marcadas por esa tensión de una manera que se nota en la pantalla si sabes lo que estás [música] mirando con Emilio Fernández.

 La relación fue diferente, más larga, más complicada, más cargada de una dinámica [música] que iba mucho más allá de lo profesional. Fernández la dirigió en varias de sus mejores películas y la conocía de una manera que pocos directores [música] conocen a sus actores con esa mezcla de admiración y de algo que roza la obsesión que a veces produce el cine [música] cuando pones a dos personas intensas en el mismo proyecto durante meses.

 [música] Lo que esas películas le dieron a María, más allá del reconocimiento y del dinero, fue un entendimiento muy temprano de algo que mucha gente tarda toda una carrera en aprender, [música] que el poder real en el cine no está en quien dirige, sino en quien el público quiere ver. Y María Félix, [música] desde sus primeras películas fue la persona que el público quería ver.

 Eso le dio [música] una palanca que supo usar con una habilidad que sus colaboradores, incluyendo los que [música] no simpatizaban con ella, tenían que reconocer. Los hombres que se acercaban a [música] María Félix lo hacían sabiendo que el terreno era complicado, o al menos deberían [música] haberlo sabido.

 Algunos lo entendieron desde el principio y construyeron relaciones [música] que duraron y que la marcaron. Otros llegaron pensando que podían manejar algo que no se [música] podía manejar y salieron del encuentro con la sensación de haber tocado algo que no debían tocar. Sus matrimonios son la parte de su historia que más se ha contado y la que peor se ha entendido.

El segundo [música] fue con Jorge Negrete, el charro cantor, el hombre más famoso de México en ese [música] momento. Se casaron en 1952. El país entero lo vivió como [música] una boda real. Dos leyendas que se unían, dos iconos que formaban algo que parecía destinado a ser eterno. Duró poco más de un año.

María Félix filmography - Wikipedia

 Jorge Negrete murió en diciembre de 1953 [música] en Los Ángeles de una hepatitis que llevaba tiempo destruyendo su hígado. María lo acompañó hasta el final y cuando salió del hospital después de que él murió, tenía 39 años y la expresión de alguien que acaba de entender algo sobre la vida que prefería no haber entendido.

 Lo que pocas personas saben sobre esa época, lo que los biógrafos oficiales de María han tendido a dejar en segundo plano es que la muerte de Negrete coincidió con una crisis profunda en su relación con su hijo Enrique. Enrique tenía [música] entonces 12 o 13 años. Llevaba años viviendo entre los cuidados de su madre y los de personas cercanas a ella, porque la carrera de María requería una presencia [música] y una movilidad que hacían la vida familiar tradicional prácticamente imposible.

 Y la muerte de Negrete, [música] que había funcionado como figura paterna para él durante el breve tiempo que duró el matrimonio, dejó un hueco que nadie supo llenar bien. Hay versiones [música] muy distintas sobre cómo fue la relación entre María y Enrique durante los años que [música] siguieron. Versiones que la pintan como una madre que hacía lo que podía dentro de las limitaciones de una carrera y una vida que eran extraordinarias y, por tanto, incompatibles [música] con la normalidad y versiones que hablan de una madre que

priorizaba consistentemente otras cosas sobre su hijo. Lo [música] más probable es que la realidad sea más complicada que cualquiera de los dos extremos. Lo que sí [música] quedó documentado, porque Enrique mismo lo contó en entrevistas y porque las personas que los conocieron a los dos lo confirman, es que hubo momentos de [música] mucha tensión entre ellos, que hubo periodos de distancia, que Enrique [música] creció con la sensación de que su madre era una figura más pública que privada, más leyenda que persona y que esa

[música] sensación dejó una marca que ninguno de los dos encontró la manera de borrar del todo. El [música] tercer matrimonio de María fue el más largo y el más influyente sobre lo que vino al [música] final. Alex Berger, el productor y empresario francés con el que se casó en 1956, [música] fue el hombre con quien María vivió durante dos décadas.

 No fue un matrimonio fácil. Las personas que los conocieron hablan de una relación que tenía momentos de gran complicidad [música] y momentos de conflictos serios. de una dinámica donde los dos eran demasiado fuertes para ceder con facilidad y donde el poder se negociaba permanentemente. Pero Berger le vio a María algo que ningún otro hombre le había dado de manera sostenida.

 Europa, París, el [música] mundo de la alta sociedad francesa, de los artistas, de los intelectuales, de las personas que hacían las cosas que después se convertían en cultura. Coco Sanel la [música] recibió como a una igual. Jean Cocó le hizo el retrato que ella misma consideró el más verdadero [música] que alguien le hizo jamás.

 Picasso, al que conoció en una cena en los años 60, le dijo algo que María repetiría durante el resto de su vida, aunque nunca de manera completa, siempre con una sonrisa que cerraba la historia justo antes de llegar a la parte interesante. En París, María Félix encontró una versión de sí misma que México le había dado en partes, pero que Europa le entregó completa, la de una mujer que podía [música] existir en el mundo de alta cultura sin necesidad de justificarse, que podía coleccionar arte porque entendía el arte, no para impresionar a

nadie, que podía tener conversaciones sobre literatura o política con la misma facilidad con que antes había tenido conversaciones sobre guiones [música] y contratos. Y fue en esa versión de sí misma donde redactó con años de anticipación a su muerte las ideas que eventualmente se convirtieron [música] en su testamento.

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