Bajo la cobertura de esta policía, Salazar Carrillo sabía arreglárselas para que los cargamentos de la agrupación de Juárez llegaran a su destino sin contratiempos. El traslado de la mercancía se realizaba a bordo de carros tanque que eran custodiados por elementos de la judicial federal durante todo el recorrido hasta que finalmente la PGR los descubrió.
En las investigaciones antes, durante y después de su detención, la Procuraduría encontró que este comandante era una de las piezas clave de la organización de Juárez en estas dos entidades y que estaba vinculado tanto con Amado Carrillo Fuentes, con Juan José Esparragosa Moreno, conocido como el azul, y con el MZ.
Este último le tenía tanto aprecio que le confiaba la protección de los embarques procedentes del país cafetalero que entraban a México, por Yucatán y en territorio nacional. Eran transportados en pipas con capacidad para cargar hasta 5 toneladas y que eran escoltadas hasta su destino final. Cuando Salazar Carril
lo fue detenido, uno de sus cómplices, Gilberto Barrios Barrios, le describió a los agentes del departamento de aduanas de Estados Unidos cómo eran los operativos de la red de carros tanque que distribuían los
cargamentos. Junto con César López Castañeda y Jaramillo Segovia, compañeros de la policía judicial Federal, tenían la tarea de custodiar una pipa que se dirigía a la ciudad de Culiacán y haría una escala en los Mochis. Los tres agentes iban a bordo de una patrulla de la judicial como a unos 800 m atrás de la unidad con el cargamento.
Al llegar a una gasolinera se percataron de que una patrulla de la judicial del estado y otros vehículos, quienes previamente se habían arreglado con el comandante Salazar Carrillo para proteger la mercancía del MZ, llevaban a cabo la misma operación. De esta manera, la pipa fue custodiada hasta el estado de Sonora, donde otro comandante, Jesús Amador Moraila, se hizo cargo de vigilar el cargamento.

Al final del recorrido, Salazar Carrillo recibió 2 millones de dólares, parte de los cuales entregó y repartió $000 a cada uno de los agentes que participaron en el operativo. Colsa McGregor conoció al Señor de los Cielos a través de dos comandantes de la policía judicial federal, Fernando Ramírez y Lucio Puente, quienes estaban destacamentados en Guadalajara y en Puerto Vallarta, respectivamente, debido a que también dentro de la policía también tenían clientes y entre los más conocidos figuraban Enrique de Arari,
director de la Policía Federal de Caminos, y Rafael Chao, comandante de la policía judicial federal. Este grupo de policías brindaban protección a Gabineta, quien como se dijo al principio, era el principal enlace del joyero con los jefes del negocio y que, aparte de su trabajo en la policía, también eran parte del cerco de protección de Amado Carrillo Fuentes.
Los uniformados recibían entre 100 y $00,000 por cuidar los cargamentos y la suma aumentaba. si el volumen de mercancía era mayor. Asimismo, la relación entre el joyero Colsa McGregor y el Señor de los Cielos empezó a crecer y hacerse más estrecha cuando intempestivamente el joyero tuvo que salir huyendo del país.
El 25 de marzo de 1986, cuando se encontraba en su casa de Guadalajara, reposando cómodamente en un sofá, sonó el teléfono, levantó el auricular y una voz le dijo, “Salte rápido de la casa, va por ti un grupo de militares.” Era un capitán del ejército de apellido Vega, quien le daba el pitazo para escapar de las autoridades. bolsa salió de su casa acompañado de Oto Camarina y el hijo de Javier García Paniagua.
Llevaba consigo 5 millones de dólares en joyas y dinero. Se escondió en la suite Margarita, donde se refugiaba con frecuencia por recomendación de Javier García Morales, quien incluso le pagaba todas sus cuentas. lograron despistar a los militares y después los tres fugitivos trazaron una estrategia para salir del país. Decidieron buscar protección con Amado Carrillo, a quien visitaron en una de sus residencias ubicada en la colonia Country, donde este los dotó de elementos logísticos necesarios para que rompieran el cerco. A Colsa y Camarena
les prestó un gran marquís con radios de comunicación. y teléfonos de emergencia y le pidió a los comandantes Lucio Puente y Fernando Morales, leales a la organización que los ayudara a salir de la ciudad a bordo de sus patrullas debido a que el destacamento de militares que iba detrás de ellos tenía la encomienda de darlos de baja.
García Morales, por su parte, se escondió en el estado de Jalisco. Finalmente, el plan de huida fue exitoso. Los agentes los llevaron hasta el estado de Zacatecas sin contratiempos. En esta entidad se despidieron de ellos deseándole suerte. Colsa McGregor y su amigo continuaron el camino solos. Se dirigieron hacia Monterrey, luego al municipio de Reyosa, hasta que se internaron en el país vecino.

Estuvieron en Texas y de allí se movilizaron al aeropuerto de San Antonio, donde tomaron un vuelo hacia Arizona. En esta ciudad decidieron seguir cada quien por su cuenta. Otocamarena se quedó en Arizona y el joyero decidió tomar otro vuelo a la ciudad de Nueva York y de este lugar tomó un avión hacia España. Se instaló en la ciudad de Marbella, donde estuvo del año 1986 a 1988.
Tiempo suficiente para disfrutar de los 5 millones de dólares y vender el lote de joyas. que llevaba consigo. Oh.