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Lo Que Hizo Pancho Villa Cuando Estados Unidos Se Negó A Entregarle El Armamento

Había protegido a los ciudadanos estadounidenses en las zonas bajo su control. había cultivado a los empresarios que le vendían armas y ahora Washington premiaba a su enemigo y lo abandonaba a él en el momento de su mayor debilidad. El reconocimiento no fue solamente un gesto diplomático, tuvo consecuencias materiales inmediatas. Estados Unidos cerró la frontera al paso de armas y municiones destinadas a villa, cortando la fuente de abastecimiento de la que dependía cualquier intento de reconstruir su ejército.

Peor aún, [carraspeo] durante la batalla de Agua Prieta en noviembre de 1915, el gobierno estadounidense autorizó el paso de tropas carrancistas a través de territorio norteamericano para reforzar la guarnición que villa atacaba y permitió el uso de reflectores eléctricos alimentados con energía estadounidense que cegaron a los villistas durante el asalto nocturno.

y contribuyeron a su derrota. Villa atacó confiando en sorprender una guarnición débil y se encontró con un enemigo reforzado gracias a la colaboración de Washington. La derrota le costó otros miles de hombres. La rabia de Villa hacia Estados Unidos creció hasta convertirse en convicción política. empezó a sostener en cartas y declaraciones que Carranza había vendido México a los estadounidenses.

Aseguraba que existía un pacto secreto entre Carranza y Wilson, por el cual México cedería territorio, ferrocarriles y concesiones petroleras a cambio de un préstamo y del respaldo norteamericano. En una carta dirigida a Emiliano Zapata, Villa anunció su decisión. No gastaría un cartucho más contra los mexicanos y dedicaría sus fuerzas a atacar a los americanos en sus propias madrigueras.

La guerra civil para él había dejado de ser el problema principal. El enemigo verdadero estaba al norte de la frontera. A aquella convicción política se sumaban los agravios concretos. El dinero que Villa había depositado en el banco de Columbus estaba congelado. El comerciante Samuel Rabel le había vendido munición defectuosa y se negaba a devolver el oro.

La frontera estaba cerrada al armamento que necesitaba. Cada uno de estos agravios apuntaba hacia el mismo lugar, el pequeño pueblo fronterizo de Columbus, Nuevo México, donde se concentraban el dinero retenido, el comerciante que lo había estafado y una guarnición estadounidense que Villa creía débil. Allí dirigiría su respuesta.

El nombre de Samuel Rabel aparecía una y otra vez en la rabia de Villa durante aquellos meses. Rabel era un comerciante de Columbus que durante los años anteriores se había convertido en uno de los principales proveedores de armamento del caudillo. La relación había funcionado mientras Villa pagaba y Rabel entregaba. Pero en algún momento de 1915, el comerciante le vendió un cargamento de cartuchos Mauser de 7 mm que resultaron defectuosos.

Aquella munición falló en combate y falló en el peor momento posible durante las batallas del vajío, cuando los soldados villistas necesitaban cada disparo para enfrentar las ametralladoras de Obregón. Los testimonios posteriores señalarían que aquellos cartuchos inservibles contribuyeron a las derrotas que destruyeron a la división del norte.

Villa había pagado por aquella munición sumas considerables en oro y plata. Cuando comprendió que lo habían estafado, envió al coronel Candelario Cervantes a Columbus con una exigencia clara, que Rabel devolviera el dinero o reemplazara el material defectuoso. Label, que se había protegido por la frontera, respondió con desprecio.

No iba a tratar con bandidos mexicanos. Aquella respuesta selló su destino y el de Columbus. Villa decidió cruzar la frontera, capturar a Rabel y fusilarlo en territorio mexicano. Pero antes de Columbus hubo otro episodio que reveló la nueva orientación de Villa contra los estadounidenses. El 10 de enero de 1916, un grupo de villistas comandado por el general Ramón Banda Quesada detuvo un tren cerca de Santa Isabel en Chihuahua.

A bordo viajaban 17 empleados estadounidenses de una compañía minera, laco, que regresaban a reabrir las minas bajo la garantía de seguridad ofrecida por el gobierno de Carranza. Los villistas los bajaron del tren y los fusilaron casi a todos. La masacre de Santa Isabel provocó indignación en Estados Unidos y anunció lo que vendría.

Villa había declarado la guerra a los estadounidenses y estaba dispuesto a matarlos. Durante las semanas siguientes, Villa concentró sus fuerzas para la operación principal. Ya no comandaba la poderosa división del norte de 1914. Disponía de varios centenares de hombres, los que le quedaban tras las derrotas del año anterior.

Una fuerza guerrillera reducida, pero todavía leal. y endurecida por la adversidad, recibió el informe sobre Rabel en la Hacienda de San Jerónimo el 17 de febrero de 1916 y al día siguiente puso a sus hombres en marcha hacia el norte. La columna villista avanzó hacia la frontera a través del desierto de Chihuahua durante las semanas finales de febrero y los primeros días de marzo.

El movimiento se ejecutó con sigilo, evitando las poblaciones y las guarniciones carrancistas, manteniendo el objetivo en secreto, incluso para muchos de los propios combatientes. Villa conocía aquel terreno como pocos. Había sido arriero y prófugo en aquellas mismas tierras y sabía moverse por el desierto sin ser detectado.

Para los primeros días de marzo, la fuerza villista, aproximadamente 500 jinetes, se encontraba a pocos kilómetros de la línea fronteriza oculta en los terrenos áridos al sur de Columbus. Los objetivos del ataque se habían vuelto múltiples. Estaba Rabel, el comerciante que debía ser capturado y fusilado. Estaba el banco de Columbus, donde Villa esperaba recuperar dinero y donde el ataque podía financiarse mediante el saqueo.

Estaban los almacenes del pueblo, llenos de las armas, municiones y suministros que la frontera cerrada le negaba. Y estaba la guarnición de Camp Furlong, el destacamento del ejército estadounidense que custodiaba el pueblo y que Villa creía considerablemente más débil de lo que en realidad era. El golpe combinaría la venganza personal, la necesidad logística y el mensaje político.

Demostrar que Estados Unidos no era intocable. En la oscuridad de la madrugada del 9 de marzo de 1916, Villa dividió a sus hombres en dos columnas y dio la orden. Los jinetes avanzaron hacia la frontera en silencio, cruzaron la línea que sepaba los dos países y se prepararon para caer sobre el pueblo dormido.

Por primera vez 1814, una fuerza armada extranjera estaba a punto de atacar territorio continental de Estados Unidos. Eran aproximadamente las 4:15 de la madrugada cuando los primeros jinetes villistas entraron en Columbus al grito de Viva villa y viva México. El pueblo dormía. Columbus era una localidad pequeña y polvorienta de unos 350 habitantes, pegada a la frontera con sus casas de madera, su estación de ferrocarril, su banco, los almacenes comerciales y el campamento militar de Cam Furlon en las afueras.

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