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Las Mujeres del Mayo Zambada: Ellas Firmaron TODO. Él NUNCA Firmó Nada

La diferencia es quién los paga y [música] de dónde viene el dinero. Y la segunda diferencia, la más importante de todas, es a nombre de quién [música] están registrados, porque el mayo entendió algo que casi ningún otro narcotraficante de su generación entendió. que el verdadero poder no está [música] en aparecer, sino en desaparecer, en ser, en que tu nombre no exista en [música] ningún papel oficial, en que otros firmen por ti, en que otros [música] pongan su cara, su identificación, su firma, su huella digital, mientras [música] tú diriges todo desde

la sombra. An, recuerda esa idea, [música] es el hilo de toda esta historia. Él nunca firmó nada. ¿Tú conoces a alguien que haya trabajado toda su vida sin que le reconocieran nada? Alguien que dio todo y al final el crédito se lo llevó otro. [música] Quizá conoces esa sensación, quizá tú misma la has vivido.

Lo que vas a escuchar ahora es [música] la historia de las mujeres que firmaron todo para un hombre que no firmó nada. Pero a diferencia de la mayoría de las historias que tú conoces, aquí los [música] papeles que firmaron no eran contratos de trabajo, eran [música] actas constitutivas de empresas que valían millones.

El [música] mayo se casó con Rosario Niebla Cardoza. De ese matrimonio nacieron cinco hijos: María Teresa, Midian [música] Patricia, Jesús Vicente, Mónica del Rosario y Modesta, todos [música] con la letra M. Excepto Jesús Vicente, que sería conocido como el Vicentillo. Rosario Niebla Cardoza, fue la primera mujer que puso su nombre al servicio del imperio.

La primera que firmó, [música] la primera que apareció en un acta notarial como propietaria de algo que en realidad [música] pertenecía a él y fue la que más tiempo sostuvo esa ficción. Durante décadas, Rosario fue la cara legal de la familia Zambada, presidenta del Consejo de Administración de la Empresa [música] más importante del Mayo.

Propietaria registrada de la gasolinera que llevaba su propio nombre, Rosario Niebla Cardoza, A. [música] accionista mayoritaria con más de 19,000 acciones [música] de una lechería que se convirtió en una de las marcas más populares de Sinaloa y madre de las cuatro mujeres [música] que una a una fueron incorporadas al mismo sistema.

Cada hija, a medida [música] que cumplía la edad legal, era registrada como accionista, [música] como socia, ni como administradora de alguna de las empresas familiares. Incluso [música] modesta, la menor, que cuando se constituyeron varias de esas empresas todavía era menor de edad, [música] aparece en actas y registros como socia.

Eso lo ha documentado la periodista Anabel [música] Hernández. No era un secreto para nadie en Culiacán. Todo el mundo sabía [música] que las empresas de la familia Zambada eran de la familia Zambada. [música] Pero oficialmente, legalmente, en el papel, el dueño de todo eso era [música] nadie.

O más precisamente las dueñas de todo eso eran las mujeres. Rosario, María Teresa, Miriam, Patricia, Mónica del Rosario, Modesta, cinco mujeres, [música] un hombre invisible. Recuerda esos cinco nombres, recuerda especialmente el de Rosario, porque lo que le pasó a Rosario Niebla Cardoza es lo que le pasa a muchas mujeres [música] que tú conoces.

Dio su nombre, su firma, a su identidad legal para proteger a un hombre que cuando el sistema empezó a desmoronarse [música] no hizo nada para protegerla a ella. Pero había una sexta mujer y había [música] un nombre que iba a cambiarlo todo. Y para entender ese nombre necesitas conocer una marca de leche. Una simple marca de leche pasteurizada [música] que se vendía en las tienditas de todo Sinaloa a finales de los 90 [música] y durante los primeros años del 2000.

La marca se llamaba [música] Leche Santa Mónica y su nombre no era casualidad. En la colonia [música] El Alto Bachihualato, a la altura del kilómetro 7.5 de la [música] carretera Anabolato, a las afueras de Culiacán, se levantó a [música] principios de los 90 una fábrica de productos lácteos. La empresa [música] se registró oficialmente como nueva industria de ganaderos de Culiacán, sociedad [música] anónima de capital variable.

El acta constitutiva se protocolizó el 2 de febrero de 1988 [música] ante un notario de Culiacán que después sería señalado por las autoridades estadounidenses como pieza clave [música] en la Constitución de empresas fachada del cártel de Sinaloa, José Antonio Núñez Bedoya. En [música] el acta aparecían siete socios originales, la mayoría vecinos de la colonia Las Quintas en Culiacán.

[música] Había médicos, empresarios, prestanombres, nombres como Jesús García Mendoza, Fernando [música] Iribe Picos, Jaime Otáñez García, que después sería director de atención médica [música] de Sinaloa. Pero la persona que protocolizó el acta, la que firmó, la que puso su nombre como piedra angular de todo, fue [música] Rosario Niebla Cardoza, la esposa del mayo.

Para noviembre de [música] 1993, la fábrica ya estaba produciendo. Las máquinas para fabricar los envases [música] y tapas de plástico funcionaban a toda capacidad y la leche [música] que salía de esa planta se convirtió rápidamente en una de las más populares de Sinaloa. Se vendía en [música] las tienditas, en los abarrotes, en los supermercados.

Las familias de Culiacán la compraban para darles de desayunar a sus hijos. La marca se llamaba Leche [música] Santa Mónica. ¿Entendiste? Santa Mónica. El nombre de la marca era el nombre de la hija, la misma [música] Mónica del Rosario Zambada Niebla, que hace unos días fue detenida y liberada por la Marina en el Áo.

Su padre le puso su nombre a una [música] empresa de millones y ella creció viéndose reflejada, no en un espejo, sino en un [música] cartón de leche. Esa leche se convirtió en mucho más que un negocio de lácteos. Era la joya de la corona del sistema de lavado de dinero del mayo Zambada o la planta principal [música] estaba en el alto Bachihualato, pero tenía operaciones en Los Mochis, en Ajome y direcciones registradas en Sonora, Nayarit [música] y Baja California Sur.

En un momento llegó incluso a exportar a Estados [música] Unidos. Y aquí es donde la historia se vuelve tan absurda [música] que si no estuviera documentada, nadie la creería. Aquí viene lo primero que te prometí. Quizá tú conoces lo que es montar un negocio con las uñas. Quizá tú o alguien de tu familia abrió una tiendita, [música] un puesto de comida, un taller y sabe lo [música] difícil que es conseguir un crédito, lo imposible que parece que un banco [música] te preste dinero cuando no tienes nada a tu nombre. Lo que vas a

escuchar ahora es la historia de cómo el narcotraficante más buscado de [música] México consiguió que un banco del gobierno de Estados Unidos le prestara dinero para [música] montar su fábrica de leche y nadie se dio cuenta o nadie quiso darse cuenta. Según la investigación de la periodista [música] Anabel Hernández, publicada en su libro El traidor, El diario secreto del hijo del Mayo, una parte del financiamiento inicial de la lechería [música] Santa Mónica, provino del Export Import Bank of the United States, el [música] Exin

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