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La HISTORIA SECRETA sobre Mauricio Garcés que permaneció OCULTA durante décadas sale a la LUZ

 Y él lo tenía de una manera que las personas que trabajaron con él en esos primeros años describían con la [música] misma palabra siempre presencia. El cine llegó después y cuando llegó, llegó en el momento exacto en que el cine mexicano buscaba un tipo muy específico de hombre. La época de oro había producido a Pedro Infante, a Jorge Negrete, a figuras que eran todo corazón y todo sufrimiento.

 El melodrama, La canción ranchera, El hombre que llora por la patria y por la amada con la misma [música] intensidad. Eso había alimentado al cine mexicano durante una década entera, pero para los años 60 ese modelo se estaba gastando. La ciudad crecía, la clase media urbana se expandía, [música] las mujeres mexicanas empezaban a tener más independencia económica y [música] más capacidad de elegir que ver en el cine.

 Y lo que querían ver era algo [música] distinto. Querían reírse, querían ligereza, querían al hombre elegante, cosmopolita con un departamento de [música] bachiller en el paseo de la Reforma y una agenda llena de compromisos con señoritas que nunca se [música] ponían del todo de acuerdo sobre si querían o no querían que él las conquistara.

 Mauricio Garcés encarnó ese personaje con una precisión que todavía sorprende cuando ves sus películas hoy. La seguridad sin arrogancia. El humor que no bajaba al nivel de la payasada, la capacidad [música] de hacer que la cámara lo quisiera en el encuadre, aunque no estuviera haciendo nada. Película tras película, año tras año, títulos que hoy suenan a otra era, que lo eran y que en su momento llenaban las salas de [música] los cines de primera, segunda y tercera corrida en toda la República. Hizo más de 150 películas.

  1. [música] Ese número merece un momento de silencio. En una industria donde hacer 10 películas ya te ponía en el mapa 150 te convertía en algo que solo existe en los libros de estadísticas y en la memoria colectiva [música] de un país. Mauricio Garcés filmó con una constancia que sus directores describían como de máquina [música] en el sentido bueno.

llegaba, sabía el texto, hacía la escena, pedía pocas repeticiones, se iba profesionalismo puro, el tipo [música] de profesionalismo que viene de tomarse el trabajo en serio, aunque el trabajo sea una comedia [música] donde persigues a señoritas en minifalda por los pasillos de un hotel de Acapulco. Eso es lo que todos vieron, lo que circuló en los [música] carteles, en las revistas de espectáculos, en las entrevistas donde siempre [música] tenía una respuesta ingeniosa para cada pregunta. Lo que no circuló es lo otro.

Mauricio Garcés se casó tres veces con Virginia Ríos, con quien tuvo dos hijos, con Pilar Pellizer, la actriz, la que tenía una carrera [música] de peso propio en ese mismo mundo donde él reinaba, y con Cristina Molina, tres matrimonios [música] que en el papel dicen que era un hombre que buscó la vida doméstica con una constancia que contrasta, de maneras que [música] hay que detenerse a mirar con el eterno soltero.

que interpretaba en la pantalla. La relación con Pilar Pellizer fue la más comentada en su momento porque era el encuentro [música] de dos leyendas del cine mexicano en el mismo apartamento, dos caras conocidas, [música] dos carreras en marcha, la pareja que las revistas querían [música] fotografiar y que los lectores querían imaginar.

Mauricio Garcés (1926-1989) - Find a Grave Memorial

 Pellizer tenía criterio propio y una presencia que no necesitaba al hombre del encuadre para tener sentido. Se separaron. Los detalles nunca llegaron a los medios con claridad. Y esa ausencia [música] de detalles, ese silencio tan prolijo alrededor de algo que en otras circunstancias habría generado portadas ya dice algo. Porque Mauricio Garcés tenía una habilidad cultivada [música] con años de práctica para controlar lo que se sabía de él.

para que la imagen pública se mantuviera exactamente donde él quería que estuviera y los detalles [música] que complicaban esa imagen se quedaran en los espacios donde no llegaban los fotógrafos. Hay que hablar de algo que en [música] la época de su carrera activa nunca se dijo en los medios y que después de su muerte circuló en voz baja entre personas del gremio, en conversaciones [música] que no tenían micrófono delante.

 La vida privada real de Mauricio Garcés, la que existía detrás del galán de traje y corbata, apuntaba en una dirección que en el México de los años 60, 70 y 80 habría destruido su carrera con una velocidad [música] que no habría dado tiempo a reaccionar. El hombre que durante dos décadas persiguió en la pantalla con una convicción que hacía [música] que el público se lo creyera, sostuvo durante toda esa misma carrera una vida paralela que era la negación del personaje que le daba de comer.

Relaciones que existían en los márgenes, amistades que eran más que amistades, [música] guardadas con cuidado, vividas en espacios donde no llegaba la mirada del público. personas que trabajaron con él en [música] distintas épocas, que compartieron rodajes y temporadas de teatro y giras [música] por el país, hablan de esto hoy con una mezcla de afecto y de pesar que es específica de la gente que protegió a alguien durante años y que ahora con ese alguien muerto desde hace [música] décadas puede finalmente nombrar lo que protegía.

hablan de un hombre que cargó con eso durante toda su vida profesional, que construyó una carrera entera sobre una imagen que requería [música] exactamente lo contrario de lo que él era en privado, y que ese esfuerzo, esa vigilancia [música] constante sobre sí mismo y sobre lo que se sabía de él tiene costos que se cobran de maneras que [música] no siempre son visibles en el momento, pero que con el tiempo se vuelven [música] evidentes para quienes tan cerca.

 ¿Qué significa vivir así? Construir cada mañana durante [música] 20 años la versión de ti mismo que el mundo espera. Llegar al set y ser el galán, dar la entrevista y ser el hombre con el que todas las mujeres quieren salir a cenar, salir en la foto con [música] el traje y la sonrisa.

 Y luego, cuando la cámara se apaga y el periodista se va, volver a ser quién eres, que es alguien que ese mundo no tiene [música] lugar para recibir. Eso deja marcas. Las personas que lo conocieron en los años 70, cuando llevaba ya más de una década siendo Mauricio Garcés, de manera ininterrumpida, [música] hablan de algo que se fue acumulando de maneras pequeñas y difíciles de señalar.

una fatiga que no era la del trabajo, un momento de distancia que [música] aparecía entre película y película y que no era la distancia del descanso, un uso del alcohol que nunca llegó [música] al escándalo, pero que los que estaban cerca reconocían como la válvula [música] de algo que no tenía otro lugar donde salir.

 En el set, siempre puntual, siempre con el texto aprendido, siempre con la disposición de repetir la escena. cuántas veces [música] el director necesitara. Su profesionalismo fue hasta el final impecable. Eso dicen todos los que trabajaron con él. [carraspeo] El foco, [música] la disciplina, la manera de tratar al personal técnico.

 Conocía los nombres de los técnicos, les preguntaba por sus familias, tenía esa capacidad que no todos los actores de su nivel tienen de hacer que la gente a su alrededor se sintiera [música] vista. Silvia Pinal, en una conversación de años recientes, dijo que Mauricio era de los pocos que en ese medio [música] tenía una amabilidad que venía de adentro, que había actores con egos que hacían el rodaje una trinchera.

 Mauricio era diferente. Esa diferencia, ese calor genuino que proyectaba con las personas de su entorno, habla de quién era él más allá del personaje y es parte [música] de la historia que merece estar aquí. Porque la tendencia cuando se cuenta este tipo de historia es convertirla en un relato de una sola nota.

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