Cuando él entró a la casa con su mujer y sus hijos, vio una luz encendida en el cuarto de Isabela, pero ella no estaba donde la había acostado. En ese momento, Alexandre notó que la red de protección de la ventana de la pieza de Pietro y Kaagua tenía un agujero, no dudó en asomarse y fue entonces cuando vio a Isabela en el piso del jardín.
En ese entonces, la policía creyó en la versión de Alexandre y comenzó a buscar rastros de algún intruso que pudiera haber ingresado a la casa y arrojado a la niña por la ventana. rastrillaron el sótano y el garage del edificio. Buscaron en los alrededores, incluso clausuraron el departamento y dos policías se quedaron haciendo guardia, pero no hallaron ningún rastro del presunto delincuente.
Con el correr de las horas, el caso llegó a los medios locales y la versión de Alexandre ya no parecía tan realista como en un principio. Muchos ciudadanos de Sao Paulo pensaron que los padres de Isabela, sobre todo la madrastra, tenían algo que ver con su deceso. Durante los siguientes días, el odio escaló al punto en que cada vez que Alexandra y Jatoba salían de su apartamento, una multitud se agolpaba alrededor de ellos.
Entre gritos y abucheos, los acusaban del asesinato de la pequeña. Poco después comenzaron a realizarse manifestaciones para que se esclareciera el caso y las noticias llegaron hasta el prestigioso diario francés Lemunde. De repente, el fallecimiento de Isabela era de interés mundial. El presidente de Brasil, Lula da Silva, tuvo que pedir calma por miedo a que el padre y la madrastra de la niña fueran linchados.
incluso criticó la extensa cobertura mediática, ya que estaba generando que Alexandra y Jatoba ya hubieran sido condenados por la opinión pública antes de cualquier juicio. El jefe a cargo de la investigación, Fernando Néves, decidió avanzar rápido para no seguir poniendo a la pareja en peligro, pero eso solo hizo que las sospechas en contra de ellos aumentaran y llegó un punto en que se convirtió en una olla de presión a punto de estallar.
Los investigadores se dieron cuenta de que la versión de Alexandre tenía varios huecos. Era inverosímil que alguien hubiera burlado la seguridad del edificio, ya que estaban en un predio rodeado de altos muros que a su vez tenían cercos y alarmas que se encendían si alguien intentaba traspasarlos. Además, las pericias se mostraron que no había indicios de una intrusión y que la puerta del departamento no había sido forzada.
Y para colmo, ninguna de las pertenencias de la familia había sido robada. Ningún testimonio confirmaba la presencia de un extraño en el edificio. Pero la prueba más concluyente en contra de la pareja era que había un rastro de sangre que iba desde la puerta de entrada de la casa hasta un sillón. Había más salpicaduras por todas partes, en las habitaciones, en el pasillo, en la manija de la puerta de entrada y en la sábana donde Alexandra indicó que dejó a Isabela durmiendo.
En el lavadero, los agentes encontraron un trapo lavado con gotas de sangre y también un cuchillo y unas tijeras con rastros de una misma fibra. Esta se mandó a analizar y los resultados indicaron que era un material idéntico al que componía la malla de contención de las ventanas. Es decir, las tijeras habían sido utilizadas para cortarla.
Poco después, los investigadores encontraron también sangre de Isabela en el coche de Alexandre, en una toalla y en un pañal, como si esto fuera poco. También había huellas de sus sandalias en una cama junto a la ventana por la que Isabela había sido arrojada. Debido a todas aquellas pruebas, algunos investigadores comenzaron a pensar que quizás Hatoba no había estado esperando en el auto dentro del garage, como había contado Alexandra a la policía.
Incluso muchos sospechaban que ellos habrían intentado eliminar sin éxito todas las manchas de sangre del apartamento y el coche. Además, llegaron nuevas declaraciones de dos vecinos del edificio que afirmaron haber escuchado una pelea y a una niña gritando la noche del suceso. Otro vecino que fue el primero en ver a Isabela desde la ventana indicó que Alexandre se había arrodillado y había puesto su oreja derecha en el corazón de la niña y le había aconsejado no moverla.
Esto contradecía la declaración de Alexandre, que indicaba que el consejo de no tocar a Isabela se lo dio justamente a aquel vecino. El padre de Alexandre, el abogado de impuestos, Antonio Nardoni y su hija Cristiane Nardoni, fueron mencionados como quienes habrían ayudado a la pareja a limpiar la casa. Si bien ellos negaron estar implicados en el hecho, la situación se volvía cada vez más sospechosa.
Con la teoría del intruso descartada, Alexandra y Jatoba siguieron buscando culpables. Señalaron que el edificio tenía un pésimo sistema de seguridad, que los vecinos los envidiaban y por eso rumoreaban que maltrataban a Isabela y que un obrero con quien Alexandre había tenido una pelea podría ser el culpable.
Pero los resultados de la necropsia acabarían dejándolos en jaque. El examen forense reveló que la causa del deceso de Isabela había sido un paro cardiopulmonar. El hecho de que tuviera la lengua entre los dientes y lesiones petequiales en corazón y pulmones indicaban que había sido asfixiada. Los forenses que analizaron el cuerpo dijeron, “Además, por las marcas que hallaron en las manos y rodillas de Isabela, que la pequeña había sido tomada por las muñecas y arrojada al vacío.
Una de estas presentaba una fractura que había ocurrido mientras estaba viva, señalando que alguien había intentado agredirla antes de que cayera por el balcón. Como si eso fuera poco, el examen forense también arrojó que Isabel había sido golpeada. tenía el rostro morado, marcas en el cuello que sugerían ahorcamiento y una herida en la frente.
Los forenses explicaron que aquella herida habría sido la que dejó el rastro de sangre desde la entrada del apartamento hasta el sofá. Esta habría sido hecha con un objeto romboidal que podría ser una llave o un anillo. Según los investigadores, era raro que aquel tipo de armas fueran elegidas por un ladrón o un asesino que había entrado a la casa y además había rastros de otras fracturas que serían anteriores a la precipitación.
Estaba claro que el tormento de Isabela había iniciado mucho antes de caer desde el balcón, pero todavía faltaba aún más evidencia. Desde el supermercado al que Alexandre aseguró haber ido aquella noche antes de regresar junto a su familia al apartamento, entregaron a la policía las imágenes de las cámaras de seguridad.
Si bien se podría ver a Jatoba, Alexandre y a los tres niños comportándose de manera normal, había algo extraño. El hombre no tenía en esa filmación la misma ropa que llevaba puesta la noche cuando bajó a ver a su hija en el jardín. Los peritos no tardaron en buscar la camiseta que Alexandre llevaba puesta en el supermercado.
Cuando la analizaron, descubrieron que en las dos mangas había restos de la fibra de la red de seguridad, de la ventana cortada con las tijeras. Conforme avanzaba la pesquisa, la policía descubrió que Alexandre tenía un historial de agresión y que Jatoba padecía de depresión postparto, lo que terminó por asentar las sospechas en contra de ellos.
Estaba claro que en esa casa ocurrían hechos de violencia y que había llegado el punto de ser los principales sospechosos del crimen. Debido a esas pruebas de agresión y al hecho de que no había indicios de un asesino en el lugar, el 18 de abril de 2008, Alexandra y Jatoba fueron acusados por la Policía Civil de Sao Paulo.
Ambos continuaron afirmando su inocencia, pero nadie les creyó. El 7 de mayo de ese mismo año, el juez Fosen dictó el arresto preventivo de la pareja. Fueron detenidos en el departamento de la madre de Jatoba. Paralelamente, el policía a cargo de la investigación quedó involucrado en un escándalo que, si bien no tenía que ver con Isabela, acabó salpicando la investigación.
El policía Néves fue acusado de cometer un acto deplorable contra una menor de 5 años. Se fugó antes de que lo arrestaran. y poco después se quitó la vida. Para ese entonces, la policía pudo llevar a cabo una reconstrucción de lo sucedido la noche en que Isabela falleció. Todo indicaba que el 29 de marzo hubo una violenta pelea entre la pareja por los celos que Jatoba sentía de la expareja de Alexandre y madre de Isabela antes de llegar a su edificio.
Cuando aún estaban dentro del auto, la pequeña había sido golpeada por su madrastra. Había perdido sangre. Y luego Jatoba la tomó por el cuello e intentó asfixiarla. Como la mujer y Alexandre creyeron que estaba sin vida, ambos la arrojaron desde la ventana de su casa para disimular el asesinato. El fiscal de la causa, Francisco Sembranelli, llevó a cabo la reconstrucción de hechos.
Para la misma se fabricó una muñeca con el mismo peso y tamaño de Isabela. Sembraneli dedujo que Isabel había sido lanzada con cuidado desde el sexto piso, algo que no haría un asesino desconocido que probablemente hubiera tirado a la niña de cualquier manera. Entonces, todo indicaba que Alexandre habría cortado la malla de protección de la ventana de una de las habitaciones.
Introdujo a su hija por el agujero de la red, sosteniéndola por las muñecas, y la tiró al vacío, ignorando que la pequeña aún estaba con vida. Hacia Alexandra y Jatoba podrían simular su coartada del intruso ocultando lo ocurrido momentos antes. La prueba de esto eran los indicios de sangre en el coche y en el departamento, las marcas de la malla de protección en la playera del padre y las huellas en la cama de al lado de la ventana desde donde Isabela fue arrojada.
Pero aún faltaban más evidencias. Los registros telefónicos indicaban que Jatoba había llamado a su propio padre y a su suegro desde el lugar de los hechos. Durante la reconstrucción del caso, estas llamadas revelaron que los tiempos no alcanzaban para que un asaltante entrase, cortara la cerca, tirara la niña y escapara.
La compañía responsable del rastreador GPS instalado en el auto for de Alexandre reveló que fue apagado a las 11:3611 segundos de la noche. El intervalo de tiempo entre el momento en que se apagó el motor y la primera llamada de rescate que fue a las 11:49 de la noche era de apenas unos 13 minutos. Muy poco tiempo para que las cosas hubieran ocurrido tal como había declarado Alexandre, pero aún faltaba demostrar todo ante el juez.
Las teorías no se quedaban solo en el ámbito judicial, sino que llegaban también a lo mediático. El 20 de abril de 2008, el programa televisivo Fantástico emitió una entrevista exclusiva con Alexandra y Jatoba, quienes se sometieron a un detector de mentiras. En el video se les podía ver a ambos hablando muy educadamente en la casa de unos amigos respondiendo preguntas.
Jatoba aseguró que siempre había tratado a Isabela al igual que a sus dos hijos. Describió a la pequeña como una criatura alegre y dócil. El detector de mentiras apuntó que esto era verdad. También afirmó que sus hijos lloraban porque la extrañaban, lo cual también fue calificado como certero. Pero cuando Alexandre expresó que no podía ir al cementerio a ver a su hija por culpa de la gente que lo sostigaba y por su propia seguridad, el software señaló mentira.
Y cuando aseguró que sus vidas antes de lo ocurrido eran alegres, siempre bromeando y pasándola bien, indicó también mentira. Y como si esto fuera poco, cuando Jatoba expresó que adoraba que Isabela la jugara, que hacía todo para que fuera feliz y que eran una familia muy unida, el detector de mentiras la desmintió. Pero cuando la mujer dijo que ella y su esposo eran totalmente inocentes, la máquina marcó inexactitud, dejando nuevamente lugar al debate.
Aunque es importante mencionar que una prueba de polígrafo como esa, dado que existen protocolos muy estrictos para realizarla. El juicio por el deceso de Isabela comenzó el 22 de marzo de 2010. Una de las primeras en testificar fue su madre. Ana declaró que Jatoba sintió unos fuertes celos hacia ella.
También reveló que en una ocasión cuando confrontó a Alexandre por el retraso en el pago de la pensión alimenticia, Jatob amenazó con asesinarla a ella y a su madre para luego desaparecer con Isabela. También afirmó que cuando Jatoba la llamó la noche del suceso, le gritó que todo era culpa de su hija. El 25 de marzo de 2010, Alexandra y Jatoba testificaron ante el jurado.
Ambos negaron haber asesinado a Isabela. Durante más de 6 horas, Alexandre le dijo al jurado que los policías responsables de investigar el caso le habían propuesto que admitiera que había ultimado a su hija. Así podían cerrar el caso como un homicidio accidental sin intención de asesinarla. Afirmó que se sintió humillado por esto y que la policía en realidad no estaba interesada en averiguar qué había sucedido el día que su hija falleció, sino en encontrar un culpable.
El hombre lloró tres veces durante su testimonio y expresó que el día que Isabela se fue para siempre fue el peor de su vida, que había perdido lo más preciado y que no sabía lo que estaba pasando. También acusó a la madre de su expareja de no querer que él pasara tiempo con su hija. También dijo que no recordaba haber mencionado en su testimonio ante la policía que hubiera una tercera persona en su apartamento el día del asesinato de Isabela.
Esto contradijo lo dicho por el abogado defensor, que mencionó que alguien más había entrado a la fuerza en el apartamento y había arrojado a la niña por la ventana. Sin embargo, el momento más extraño del juicio llegó cuando Alexandre, tras ser interrogado por el fiscal Francisco Sembranelli sobre por qué no se le ocurrió ayudar a Isabela, dijo que no lo hizo porque estaba en shock.
Después de que Sembranelli preguntara por tercera vez por qué no se le ocurrió hacer nada para ayudar a su hija, el acusado respondió que cuando se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, un vecino le ordenó que no tocara Isabela, pero esto ya había sido desmentido por aquel vecino. Luego Sembranelli preguntó por qué Alexandre no había hablado con su expareja durante el funeral y el velorio de Isabela.
Ante esto, el acusado simplemente respondió que era una situación vergonzosa. Después de que terminara el turno de Alexandre, Katoba subió al estrado. Afirmó que las acusaciones contra ella y su pareja eran completamente falsas. También dio más detalles sobre su relación con Isabela. Afirmó que la niña le tenía mucho cariño, pero también admitió que al ser interrogada por la policía había embellecido e inventado historias.
Sin embargo, lo único que evidenciaron los testimonios de Jatoba y Alexandre era que se contradecían constantemente. Él afirmaba que discutían como cualquier pareja, sin llegar nunca a agredirse, mientras que ella admitió que peleaban constantemente y con mucha violencia. Esto fue lo que los terminó de hundir.
A pesar de todos los intentos por demostrar su inocencia, las investigaciones concluyeron que Isabela había sufrido maltrato físico por parte de su padre y su madrastra desde mucho antes y que después de que Jatoba la golpeara y asfixiara, Alexandre la había arrojado desde la ventana. Ambos fueron condenados por un jurado popular por el cargo de homicidio calificado.
El 27 de marzo de 2010, el juez Mauricio Fosen sentenció a Alexander Nardoni a cumplir 31 años y un mes y 10 días de prisión a Ana Carolina Jatoba. La sentenció a 26 años y 8 meses de cárcel. Para las condenas se tuvo en cuenta que Isabela tenía menos de 14 años cuando fue asesinada en contra de Alexandre. También se ponderó el hecho de ser el padre biológico de la víctima.
Además, ambos fueron condenados por fraude procesal a 8 meses de prisión por intentar limpiar el lugar de los hechos. Según la ley brasileña, ambas sentencias debían cumplirse simultáneamente. Durante la lectura de la sentencia, Alexandre no mostró emoción alguna, mientras que Jatoba lloró. Las condenas de televisión transmitieron en directo la condena y la opinión pública y la prensa festejaron el veredicto.
En el exterior del tribunal, una multitud arrojó fuegos artificiales y la fachada de la casa de Alexandre fue cubierta con grafitis en contra de los sentenciados aquel mismo día. Pero el caso estaba lejos de terminarse porque aún había gente que creía en la inocencia de la pareja. Algunos expertos aseguraban que el deceso de Isabela había sido accidental.
Un ejemplo de esto se evidenciaba en el libro Caso Isabela, Nueva Verdad, del Dr. Paulo Papandreu. Ana logró evitar judicialmente la circulación del libro y demandó al autor. Pero la teoría del médico ganó varios seguidores como el forense George Sangenetti. Él también relató porque creía que Isabela había caído del balcón por accidente en su libro El deceso de Isabela Nardoni.
Errores y contradicciones. Sanguinetti expresó que el hecho de que las lesiones hubieran ocurrido cuando Isabela aún estaba viva no significaba que fueran anteriores a la caída. Esto se debió a que la niña falleció más de 50 minutos después de caer. Sanguinetti afirmaba que sería probable que todas las lesiones fueran justamente resultado de la caída.
Con respecto de la asfixia, planteó que podría haber sido causada por las lesiones del sistema respiratorio de Isabela como resultado nuevamente del mismo golpe tras precipitarse al vacío. Si bien el libro también fue prohibido por la justicia de Sao Pablo, generó aún más debates. El médico Laercio de Oliveira César, con la ayuda de otros colegas profesionales, apoyó la versión que indicaba que Isabela había sido asfixiada y encontró además una hemorragia menor en el cerebro.
Un forense agregó que ese hallazgo era común en los casos de lo que se llama síndrome del niño maltratado. Había también un hematoma en el antebrazo derecho de Isabela, como si se hubiera enganchado a la protección de la ventana o como si se hubiese intentado aferrar a algo en la caída. Esto probaba que la pequeña había intentado luchar por su vida.
En 2013, el director del Instituto de Ingeniería Biomédica de la Universidad, George Washington, James Jan, aseguró en un informe que las marcas encontradas en el cuello de Isabela no habían sido ocasionadas por su padre y su madrastra, ya que no coincidían con la morfología de ambas manos. Sin embargo, las pruebas acumuladas de fibra y sangre en el departamento seguían señalando a Alexandre y a Jatoba como culpables.
En 2018 se publicó El peor de los crímenes, la historia del asesinato de Isabela Nardoni, el libro de Rogerio Pangán, reportero de de Sao Paulo. Este no tomaba partido por ninguna teoría, pero remarcaba que hubo una mala investigación policial. Destacaba a favor de la pareja que en el departamento se había reservado una habitación para Isabela que había sido decorada según sus deseos.
También remarcaba que en un principio Ana había defendido a la madrastra ante los periodistas, describiéndola como una persona muy cariñosa. Y las novedades en el caso seguían. En 2016, la defensa de Alexandra y Jatoba intentó que se anulara el juicio porque consideraban que la investigación había sido desprolija y que la pareja era inocente.
Por otra parte, apareció el testimonio de dos testigos de la cárcel, donde estaba cumpliendo condena Jatoba. Ambos denunciaron la supuesta relación del abuelo paterno de Isabela, Antonio Nardoni, con el deceso de su nieta. Los testigos habrían dicho que Jatoba les confirmó haber golpeado a Isabela en el coche y que siguió haciéndolo en el departamento.
Como pensaron que la pequeña estaba sin vida, Jatoba habría llamado a su suegro porque este era abogado. Él habría sugerido que simularan un accidente doméstico con la niña. Debido a eso, Alexandre había arrojado a su hija por la ventana. Jatoba les admitió que se había sorprendido mucho cuando las pericias dijeron que Isabel había sido lanzada con vida.
Entonces, la fiscalía quiso que la policía investigara si él realmente había estado involucrado en el encubrimiento del crimen. El departamento de homicidios comenzó a hacerlo en 2015 y a la fecha de realización de ese video, no hay actualizaciones respecto a eso. En marzo de 2018, Antonio desmintió las acusaciones en una entrevista con G1 Sao Paulo.
Dijo que su familia lloraba por Isabela y que la gente se olvidaba que era también su nieta. La pérdida no había sido únicamente para la familia materna. Además, Antonio agregó que su hijo y su nuera eran inocentes. En 2023, Netflix estrenó el documental Una vida demasiado corta, el caso de Isabela Nardoni. La cinta relataba cómo se llevó a cabo la investigación y las pruebas que apuntaban la culpabilidad de la pareja, pero sobre todo capturaban la extraña urgencia de Alexandra y Jatoba.
por protegerse legalmente en lugar de enfocarse en encontrar al responsable del fallecimiento de Isabela. Más allá de lo sucedido con la pareja, también estaba la vida de Ana al finalizar el juicio. La mujer tenía 25 años, era empleada bancaria y estaba aliviada de que se hubiera hecho justicia, pero tenía muy en claro que a pesar de que los culpables estuvieran tras las rejas, su hija jamás regresaría.
6 años después del crimen, Ana volvió a casarse y tuvo un hijo. En una entrevista con Fantástico de Red de Globo. Sostuvo que Isabela tenía un amor incondicional por su padre. También recordó que ellas dormían muchas veces juntas y que le contaba a cada noche una historia diferente porque Isabela se lo pedía.
Ana confesó además que luego del fallecimiento de su hija, el momento más difícil del día, se había vuelto cuando llegaba a su casa. Después de trabajar, ya que notaba más la ausencia y se desmoronaba, rezaba para tener fuerzas para soportar lo que le tocó vivir. Eventualmente, Alexandra y Jatoba se separaron y el departamento donde vivían fue vendido.
Pietro y Chaua, los hijos de ambos, viven actualmente con sus abuelos maternos y usan los apellidos de sus padres. La familia intenta resguardarlos de la prensa y no los llevan a visitar a sus padres a prisión. En julio de 2017, Katoba consiguió la progresión al régimen carcelario semiabierto. Alexandre obtuvo el mismo beneficio en abril de 2019.
Actualmente ambos tienen derecho a trabajar fuera de la prisión y a salidas temporales y continúan afirmando que son inocentes y que existió aquel intruso que se metió en el apartamento para arrojar a Isabel al vacío. La familia paterna hoy evita visitar el cementerio donde está Isabela. Cada vez que lo intentaron fueron agredidos por los vecinos.
Los medios de comunicación brasileños aún ofrecen actualizaciones del caso si es que las hay. Una encuesta sugirió que más del 98% de los brasileños están al tanto del deceso de la pequeña, siendo este el porcentaje más alto en la historia de la investigación de la cobertura mediática del país.