Posted in

Guderian INVADIO Moscú Con 600,000 SS — Stalin DESATÓ Katyusha: SEPULTÓ Todo el Ejército en 72h

Los alemanes los llaman los órganos de Stalin, porque el silvido de los cohetes suena como un órgano de iglesia tocado por el mismo El 3 de octubre, Guderián está a 200 km de Moscú. Sus hombres están exhaustos, pero eufóricos. Pueden oler la victoria. Esa noche acampanle entre dos colinas boscosas. Es una posición estratégica perfecta, ¿o eso creen? A las 3 de la madrugada, el cielo se ilumina.

Cientos de estelas de fuego cruzan la oscuridad. Los soldados alemanes despiertan confundidos. Algunos piensan que son meteoritos, otros creen que es un bombardeo aéreo. Pero no hay aviones, solo esos cohetes silvantes que caen del cielo como la ira de Dios. El primer impacto destruye un depósito de municiones.

La explosión es tan violenta que vaporiza a 200 hombres instantáneamente. El segundo impacto cae sobre un convoy de camiones cargados de combustible. El valle se convierte en un infierno de fuego y metralla. Los soldados alemanes corren en todas direcciones. No hay donde esconderse. Los cohetes Katiushan no discriminan.

destruyen tanques, camiones, cañones, hombres, todo. Un teniente de la CSS llamado Klaus Bergman describe esa noche en sus memorias: “Creí que había llegado el fin del mundo. Los cohetes caían como lluvia. El ruido era ensordecedor. Vi a mi mejor amigo cortado por la mitad por un fragmento de metralla. Vi a hombres corriendo con sus cuerpos en llamas.

Vi a soldados que habían perdido la razón disparando al cielo vacío. En 30 minutos nuestro batallón dejó de existir. Kuderian recibe el informe al amanecer. Dos divisiones pancer destruidas. 8000 hombres muertos. 15,000 heridos, cientos de tanques y vehículos convertidos en chatarra humeante.

Y lo peor de todo, no saben de dónde vino el ataque. No vieron aviones, no hubo artillería convencional, fue como si el cielo mismo hubiera decidido aniquilarlos. Gooderian entiende que algo ha cambiado, que los soviéticos tienen un arma nueva, un arma terrible. Stalin sonríe en el Kremlin. Los informes son mejores de lo que esperaba.

Los Kausha han funcionado a la perfección. Ordena que se preparen más baterías, que se fabrique más cohetes, que se entrenen más operadores. La contraofensiva ha comenzado y será brutal. Durante los siguientes días, Guderian intenta reorganizar sus fuerzas, pero cada vez que concentra tropas, los Katiusha atacan. Es una pesadilla táctica.

Los alemanes no pueden agruparse, no pueden formar líneas defensivas. Cada concentración de fuerzas se convierte en un blanco perfecto para los cohetes soviéticos. La moral alemana se desploma. Los soldados empiezan a llamar a los Katiusha la muerte que silva. Desarrollan neurosis. Se niegan a dormir en grupos. Algunos desertores son encontrados en los bosques temblando con la mirada perdida, murmurando sobre demonios que caen del cielo.

El 10 de octubre, Guderian recibe órdenes directas de Hitler. Debe tomar Moscú a cualquier costo. No importan las bajas, no importa el clima, no importan los katiusha. Moscú debe caer. Guderián obedece. lanza un ataque masivo. 200,000 hombres avanzan en una línea de 50 km de ancho.

Es la mayor concentración de fuerzas alemanas desde el inicio de Barb Roja. Guderian espera que el tamaño mismo del ataque abrume las defensas soviéticas. Pero Stalin estaba esperando esto. Ha concentrado todas sus baterías Katyusha en un semicírculo alrededor de la ruta de avance alemana. Cuando los alemanes entran en la zona de impacto, Stalin da la orden.

Disparen todo a la vez. 1000 camiones Katiusha abren fuego simultáneamente. 16,000 cohetes surcan el cielo en menos de 2 minutos. El sonido es apocalíptico. Los soldados alemanes en el frente ven el cielo oscurecerse, ven las estelas de humo formar un techo sobre sus cabezas y entonces el mundo explota. Un sargento alemán llamado Friedrich Müller sobrevive al bombardeo escondiéndose bajo un tanque tiger destruido.

Años después describe lo que vio. Los cohetes caían tan densos que no se veía el suelo. Solo explosiones una tras otra. Sin parar. Los tanques volaban por los aires como juguetes. Vi a un coronel intentar dar órdenes y un cohete cayó a 3 m de él. Simplemente desapareció. No quedó nada, ni siquiera sangre, solo un cráter humeante.

Cuando el bombardeo terminó, miré a mi alrededor. Había entrado con 200 hombres. Salimos 40 y todos estábamos locos. El ataque de Guderian fracasa. De los 200,000 hombres que avanzaron esa mañana, 120,000 están muertos o heridos al anochecer. Es la mayor pérdida alemana en un solo día, desde el inicio de la guerra. Guderian solicita refuerzos. Hitler se niega.

Le ordena que continúe con lo que tiene. Guderian comprende que están atrapados, no pueden avanzar. No pueden retroceder, solo pueden morir lentamente bajo el fuego incesante de los Katiusha. El 15 de octubre empieza a nevar. Es temprano para la nieve, incluso para los estándares rusos. Los soldados alemanes, vestidos con uniformes de verano, tiemblan en sus trincheras improvisadas.

No tienen ropa de invierno. El alto mando alemán había asegurado que la guerra terminaría antes del invierno. Ahora, mientras la nieve cae y los katius siguen disparando, los soldados alemanes entienden que fueron enviados a morir. Stalin ordena una contraofensiva masiva. Las divisiones siberianas, aclimatadas al frío extremo, avanzan las posiciones alemanas.

Son soldados duros como el acero. Han sido entrenados en las montañas de Siberia, donde las temperaturas caen a 40 bajo cer. Para ellos, este clima es templado. Visten uniformes blancos que los hacen invisibles en la nieve. Se mueven en silencio. Atacan de noche. Los alemanes los llaman fantasmas blancos. Una noche, un batallón alemán de 500 hombres acampa cerca de un bosque.

Por la mañana solo quedan cadáveres. Todos tienen cortes limpios en la garganta. No hubo disparos, no hubo explosiones, solo muerte silenciosa. Los siberianos habían entrado en el campamento, habían degollado a los centinelas y luego habían pasado de tienda en tienda matando a los soldados mientras dormían. Cuando Guderian recibe el informe, entiende que la guerra ha cambiado.

Ya no están luchando contra un ejército convencional, están luchando contra algo primitivo, algo brutal, algo imparable. El 20 de octubre, Guderián está a 150 km de Moscú. Ha perdido la mitad de sus fuerzas. Sus tanques están sin combustible. Sus hombres están hambrientos y congelados. Los katiusha disparan día y noche.

Read More