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DANIEL ZARAGOZA: The CHAMPION Mexico Abandoned… The Sordid Truth of His Life in Poverty

Es algo más complicado y más útil que eso. Es la historia de alguien que el sistema intentó derrotar cuatro veces dentro del ring y cuatro veces se levantó y que cuando finalmente se se levantó por última vez, lo hizo para pasar la antorcha a quien iba a llevar el boxeo mexicano al siguiente nivel de su historia.

Grábate esto antes de que sigamos. Takubaya en los años 60 era un barrio con sus propias reglas, su propia economía y su propia escala de valores. El niño que creció ahí en esa época, Daniel Zaragoza, el tipo de ambiente donde los referentes del éxito eran concretos y cercanos. No eran los ejecutivos en las oficinas del centro, no eran los profesionistas de las colonias del poniente, eran los que habían usado su cuerpo como instrumento de ascenso, los boxeadores que habían salido del barrio con algo que el barrio recordaba. Y eso es a proximidad de los

referentes reales. Es parte de lo que empujó a Zaragoza hacia el ring antes de que pudiera darle a esa dirección el nombre preciso de vocación. El boxeso amater fue el primer espacio donde esa dirección tomó forma institucional. Y Daniel Zaragoza, con la zurda que iba a definir su estilo y que le daría el apodo que el boxeo mexicano nunca olvidó, fue construyendo un historial en el circuito amater que eventualmente lo llevó a representar a México en los escenarios más importantes que el boxeo aficionado produce. En 1979, los Juegos

Panamericanos de San Juan, Puerto Rico. Zaragoza compitió en la división de peso Gallo, derrotó a Alfonso Abata de Ecuador, cayó ante Jackie Beer de Estados Unidos. Un resultado que en el contexto de los Panamericanos era parte del proceso de aprendizaje, no el final de una historia, sino el inicio de una que todavía no terminaba de encontrar sus dimensiones reales.

Y en 1980 los Juegos Olímpicos de Moscú, la Unión Soviética como sede de los Juegos en plena Guerra Fría, el boicot americano y de varios países occidentales que le quitó al evento la dimensión universal que los Juegos Olímpicos deberían tener. y Daniel Zaragoza representando a México en la división de peso Gallo, demostrando en el escenario más grande del boxeo amaterubaya podía producir lo que producía.

Derrotó a Philip Suutcliff de [música] Irlanda, derrotó a Ray Jilbody de Gran Bretaña y en los cuartos de final se enfrentó a Michael Parris de Guyana. Lo que pasó en ese combate es algo que Sara ha narrado en entrevistas con la memoria específica de los momentos que cambian el curso de una vida.

Parris le pegó un cabezazo, un cabezazo que los árbitros no penalizaron de la manera que debería haber sido penalizado. La lesión que el cabezazo produjo llevó a Zaragoza a revisión médica y el resultado de esa revisión fue la derrota por TKO en el segundo round. Escucha esto. En la entrevista que Daniel Zaragoza dio a la revista Record, él mismo recordó ese momento con una expresión que mezcla el rencor de la injusticia y la resignación de quien ha tenido tiempo para procesar lo que pasó.

dijo que en el séptimo asalto su contendiente le dio un cabezazo descarado, la misma historia de los Juegos Olímpicos, “Me llevan a revisión médica.” Y después agregó algo que tiene la ironía perfecta del destino que convierte los fracasos en oportunidades. Todo es karma porque por eso gano el título mundial cuando creo que iba un poquito abajo en la puntuación.

El cabezazo de Moscú que lo eliminó de los Juegos Olímpicos fue [música] también, según su propia lectura, el empujón que lo llevó al profesionalismo. La indignación de la Mater al que le roban un resultado que merecía se convierte en la motivación del profesional que decide que si el sistema Mater funciona así, mejor construir [música] en el sistema donde las reglas, aunque tampoco sean perfectas, al menos tienen la claridad del dinero como medida. Grábate eso.

El cabezazo que lo eliminó de los Juegos Olímpicos de Moscú como el origen del profesional que ganó cuatro títulos mundiales. La injusticia como impulso, el robo como combustible. Eso es Daniel Zaragoza desde antes de su primer combate profesional. El 17 de octubre de 1980 en Poza Rica, Veracruz debutó como profesional.

K nocout en cuatro rounds a Ernesto Gutiérrez. Ese fue el principio de una carrera que durante 17 años iba a llenar el expediente más completo de altibajos, de caídas y levantadas, de pérdidas y recuperaciones que el boxeo mexicano había producido desde mucho tiempo antes. Aquí viene la primera revelación que te prometí. Los primeros años de la carrera profesional de Zaragoza fueron el proceso de depuración que el boxeo profesional exige de todos sus participantes sin excepción.

No importa cuánto talento traigas del mater, no importa cuántos cabezazos injustos hayas sobrevivido en los olímpicos, el profesionalismo tiene su propio lenguaje y sus propias exigencias y el aprendizaje que requiere se hace dentro del ring contra rivales que no tienen ningún interés en que aprenda cómodamente.

Zaragoza aprendió y en 1985 con 27 años después de 30 peleas profesionales, tuvo su primera oportunidad por un título mundial. El campeonato de peso gallo del CMB, el cinturón vacante en Aruba. Su rival era Freddy Jackson y lo que ocurrió en esa pelea tiene el sabor específico de los comienzos de leyenda. Jackson lo faulizó, lo cabezaceó en el séptimo round.

La historia se repetía, solo que esta vez el árbitro tomó la decisión correcta y descalificó al infractor. Piensa en ese momento. La primera vez que el zurdo de Tacubaya era campeón del mundo con la misma arma que en los Juegos Olímpicos de Moscú lo había derrotado, pero esta vez convertida en el instrumento de su primera victoria. El universo del boxeo tiene sus propias ironías y esa es una de las más perfectas que la carrera de Zaragoza produce.

El título duró exactamente lo que duró su primera defensa. El 9 de agosto de 1985 en Miami, el colombiano Miguel Happilora lo derrotó por decisión. Primer título, primera defensa, primera derrota. El ciclo más brutal que el boxeo puede imponer a un campeón nuevo. Y entonces llegó Jeff Fenich. Escucha esto. Jeff Fenek es una de las grandes leyendas del boxeo australiano.

Campeón mundial en tres divisiones distintas. Miembro del salón internacional de la fama del boxeo. En 19886, cuando se enfrentó a Daniel Zaragoza, Fenec era un fenómeno y la pelea entre los dos es parte del registro de lo que el boxeo puede producir cuando dos guerreros genuinos se meten al cuadrilátero sin que ninguno tenga intención de sobrevivir cómodamente.

Zaragoza perdió ante Fenech, eso está en el registro, pero la manera en que peleó, la manera en que el zurdo de Tacubaya se paró frente a una leyenda australiana y le exigió todo lo que Fenek tenía. Fue el tipo de derrota que en el boxeo construye reputaciones en lugar de destruirlas. No todas las derrotas son iguales en este deporte.

Las hay que te sacan del mapa y las hay que te ponen en él precisamente porque muestran de qué estás [música] hecho cuando el que está enfrente es demasiado para lo que cualquier plan de pelea puede anticipar. La derrota ante Fenich fue la segunda y Daniel Zaragoza, que ya había perdido el primer título en la primera defensa, que ya había caído ante el campeón australiano tenía 30 años y un historial que en términos torias y derrotas no era el de un campeón en construcción, sino el de alguien que el sistema del boxeo podría haber decidido que ya había

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