Pescamos lo que hicimos y luego pasó el fracaso de ¿Qué sucede? Se entrama el tiempo, nes, lluvias. En los pronósticos meteorológicos estaba claro que una enorme tormenta iba a llegar, pero ellos creían que tendrían el tiempo suficiente para pescar y volver justo antes de que se desatara la tempestad. Nos encontramos con la tormenta 60 km.
[Música] Si me ran los motores y ahí quedo la deriva. Sin motores, sin sistemas de navegación, con las comunicaciones averiadas tenían todas las circunstancias en contra. Que andamos luchando por salvarlos, va, por no hundir la lancha, embollando la lancha. Ya los motores no trabajaban, ya no teníamos máquinas buenas, cómo caminar, nada.

En medio de la tormenta, Ezequiel cayó al mar. Como lancha, a mitad de Diego la lancha, lo ponemos a checar. Entonces él le dije yo si no le había dolido cuando yo lo agarré del pelo. Me dijo que ni sintió cuando yo lo agarré. Me dijo, después de la tempestad tampoco vino la calma.
Había dos hombres a la deriva, Salvador de 39 años y Ezequiel de 21. Y solo se tenían el uno al otro. Estábamos muy lejos. Ya eran seis días de de mal tiempo. Buscaron aviones, avioneta, después las lanchas del patrón y no por 5 días. [Música] La pequeña embarcación se alejaba más y más de la tierra. El viaje estaba inicialmente programado para dos días, pero Salvador empacó un poco de comida extra por si acaso.
Hígado de vaca, tomate, cilantro y unas pocas tortillas. Merienda racionada alcanzó para una semana. Eso a llorar el muchacho y desesperaciones, cosas y usted lo calmaba. Ya lo van a encontrar. Le decía yo, alguna lancha del patrón va a venir, lo va a encontrar o alguien lo va aar. Siempre han pasado casos así, le digo, así va decir no más cosas así.
Ezequiel no tenía otro trabajo y se hizo a la mar para sostener a su madre y hermanos, como lo recuerda su tío Antonio. Este joven estudió únicamente la primaria. Él ya no estudiaba por porque ya no estudió por mantener a su familia. El Bareng, en cambio, tenía 15 años en la dura brega de cazar tiburones.
La experiencia marcaba una gran diferencia, recuerda Jonathan Franklin, autor de 438 días, el libro que narra la historia de este náufrago, el que ha pasado más tiempo en mar abierto desde que se conocen registros. Lamentablemente Ezequiel no tiene la experiencia, era más joven. Y yo creo que si tú sacas 100 personas de la calle de Miami y lo tiras en este barco, 99 mueren.
Es muy difícil sobrevivir allá. El mar se calmó hasta dos semanas después. Precaria tranquilidad de poder mantenerse a flote dio paso a una angustia mayor sin comer, sin tomar agua. [Música] Lo peor era la sed. En el piso de la lancha, el agua lluvia se mezclaba con la de mar y el único líquido que podían tomar sin enfermarse era su propia orina.
¿Cómo deciden tomarse sus propios orines? ¿A quién se le ocurre? Sí, yo lo decidí tomarlo. Corrientes alejaban más y más a los dos hombres que empezaban ya a sentir los rigores del hambre y decidieron comer lo que podían pescar. Empezamos a comer pescado. Ezequiel primero. Son puros pescados pequeños que topan la lancha. Traía un cuchillo y eso los ayudaba para abrir pescado o matar un pájaro, una tortuga.
Lo que siguió fueron alucinaciones causadas por el hambre y la sed, la lucha entre la solidaridad humana y el instinto de conservación. Una historia que seguirá en un momento. Crónicas de Sábado continúa. Es posible vivir semanas sin probar alimento, pero no sin beber agua. En la barca que flotaba la deriva por el Pacífico no había agua dulce ya, pero sí la sangre de peces y tortugas recién atrapados.
Salvador Alvarenga sabía que mantenerse hidratado significaba seguir con vida. Ezequiel, en cambio, no lograba superar sus asmos. Yo lo tomé. Él no era pecado tomar sangre así. Yo le decía que no es agua. En contraste con los escrúpulos de Ezequiel, Salvador Albarenga era reconocido desde mucho antes del naufragio por su capacidad para comer cualquier cosa.
Así lo recuerda Belarmino Rodríguez, quien años antes lo había contratado como pescador. Por eso le pusieron chancha porque comía de todo, ¿eh? Si no era escurpuloso de nada. Él, por ejemplo, tenía una tocecita, tomaba sangre par llama, ya decía que se sentía bien. Belarmino, quien también es el propietario de la lancha de esta historia, recuerda que una vez encontró a Salvador comiendo comida para Perro.
Las croquetas se las comía con leche. Pues era comida, pues que todo se podía comer. Ya, ya está, dice, hay que comerlo. Pues así era él. El hambre hace estragos en el cuerpo y también en la mente. Unos días después, los náufragos empezaron a tener dificultades para separar la realidad de la imaginación.
Lo llenáamos con imaginar, imaginar un pastel, una tortilla. No me conformaba yo con solo pensar en eso. El joven Ezequiel, diezmado por el hambre, encontró en esa comida imaginaria un consuelo. Ezequiel oraba, me mandaba, me mandaba a comprar tortillas él y yo y salía yo iba, pero cerca la y regresaba que no. No había este tortilla.
Había perdido la razón. Esequi sí, ya fue golpeado en la lancha, morir, cosas así. [Música] Además del hambre, Salvador y Ezequiel tenían que padecer largas jornadas al sol y algunas noches muy frías, el único refugio posible era la nevera de pesca. No es pequeña. Es que habíamos a lo largo. Agarraban 600 kg de pescado. Ella nunca la tiré.
Yo la acostaba, me metía, no me soleaba, descansaba, llovía. Hoy de último [Música] embrocado. Él con más de 20 minutos de sol, 30 minutos, empezaba a quemar feo. Entonces él vivía dentro de la hilera por muchas horas al día. De noche no. Depende del frío, del diente o perdidía. Prácticamente estaba doblado como un hombre adentro de una hilera así, pero ese tiene tres vértebras medio medio destruido por vivir en una posición tan incómoda, o tan extraña.
No había más reloj que el día y la noche. El tedio les empezó a marcar la existencia cuando llegaron a la terrible certeza de que nadie los buscaba. No había forma de contar los días, pero sí los meses. Meses, meses, días no conté. Los días los pensé contar cuando empezó y ahí se me de ahí sí los meses por la luna. Siempre la luna se escondía, salía un mes, marcaba yo siempre la lancha.
[Música] Lo que pasa que el Sábadorenga nunca era un hombre muy pegado a la tierra, ningún sentido, ni con relojs, con calendarios. Su este nuevo tipo nunca va a tener un Apple Watch, él tiene la luna. Entonces, ir su abuelito que había dicho desde muy chico entender las fases de la luna. A medida que las lunas pasaban, Ezequiel se deterioraba progresivamente.
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En cambio, Salvador pensaba que el solo hecho de seguir vivo significaba que podía salvarse. Yo no pensaba en morir, ya pensaba en sobrevivir y ya había movido la historia los que lo habían encontrado a los 9 meses mexicanos. Esperanzas y las corrientes arrastraban la barca en círculo durante casi tres lunas llenas, tres largos meses que terminarían de una manera trá.
Y a medida que se desarrolla la historia van creciendo los interrogantes y se ponen en duda muchas cosas. María Antonieta, ¿cómo pudieron vivir? Y además cómo salir de ese círculo donde si él hubiera sabido lo que estaba pasando, hubiera visto que no avanzaba ni una milla por día. Increíble la capacidad de supervivencia que uno eh saca a relucir en los momentos más dramáticos como los que estaban viviendo en ese instante.
Ay, regresamos con más de esta [Música] historia. Es difícil establecer una fecha precisa, pero hacia el día 98 de su viaje a ninguna parte. La embarcación La costa a la deriva y sus dos desesperanzados ocupantes, Salvador y Ezequiel, llegaron a un lugar muy cercano a la línea del Ecuador que divide en dos el planeta.
Para cualquier desprevenido solo era el mar, el mismo mar. Sin embargo, Salvador descubrió que había una corriente fría y otra tibia que se encontraban en ese punto y que quizá por eso muchos pájaros venían a pescar a ese lugar. Cansados del sabor a pescado crudo y tortuga, sus únicos platos durante 3 meses, entonces diversificaron el menú con las aves.
La chancha, acostumbrado a alimentarse con lo que fuera, pronto encontró la forma de atraer a los pájaros con el pescado crudo. Cuando los atrapaba, entonces les partía un ala para que no pudieran escapar. ¿Cómo comían ustedes? Sin condimento, sin nada. Bueno, yo me atrapar la nis y comía el pescado, tripas de pájaro, ojos, hígado, todo lo que Pero, ¿cómo se lo podía pasar? Ya Dios hacía todo que mi cuerpo me me la atención.
Esa le daba asco, ¿no? Ni un momento. Yo lo agarraba como agarrar un pollo, como cualquier comida. Nunca me hizo daño. Otra fue la suerte del desafortunado Ezequiel de 21 años de edad. y con experiencia en el mar de solo 3 meses, quien acompañaba a Salvador en la frágil embarcación. Primero porque sus escrúpulos pesaban tanto como su hambre y después porque uno de esos pájaros que comió para sobrevivir aparentemente estaba envenenado.
A él lo tocaba el pájaro, como cada quien agarraba su presa de pájaro. Erramos dos, uno cada uno. Su pájaro estaba como envenenado. Com una culebra. Su estaba verde, lo comió. Pero ya estaba enfermo ya. ¿Y cómo se da cuenta usted que se pone más malo? Por lo mismo de que vomitaba mucho y lo que comía lo no lo detenía y al comerlo no no más cano huelía su ellos que taparan la nariz y que comieran.
De acuerdo con la versión de Salvador, la única disponible, ese mismo día empezó para el joven Ezequiel una prolongada agonía en la que solo quería hablar de los seres queridos que se habían quedado esperando su regreso y de la muerte que daba por segura. Habíamos hablado dos días antes cosas de las madres de de mi mamá, que si él moría y o yo me salvaban, que le diera el pésimo a la mamá, cosas así.
También yo le decía que si él pues un día saliera o o yo muriera, él fuera a mi casa y cosas que lo ¿Cómo estaba él? Eh, muy flaco, consumido, yo sin fuerza. Ya él vivió, le estaba yo pendo dos meses muy corta como murió. Y se muere. Y usted se da cuenta que se muere. ¿Cómo fue ese momento para usted? Porque era su compañía. Duro.
Lloré dos días, tristeza hablando con él. Lo saco y lo pongo donde él me lo pidió que lo pusiera su cuerpo. 7 días hablaba yo con él todos los días. ¿Qué le decía? saludándolo, preguntándole cómo él se sentía ya en ya muerto, cómo era que cómo era estar muerto, si estaba descansando, si no estaba sufriendo igual que yo.
Mis preguntas y después decidí yo no hablar con un muerto. Hablar con un muerto no es conveniente porque él ya está descansando, ya podía arrojar al agua, no podía. Este es quizá el punto más controversial de la narración del náufrago. ¿Qué hizo con el cuerpo de su cor? El escritor Jonathan Franklin, quien es la persona que más ha investigado esta historia, descarta que Salvador haya decidido comerse el cuerpo de su malogrado amigo.
Creo que era una muerte digno, entre comillas, que no había ninguna otra manera de salvarlo. El Salvador me contaba muchas veces que lo cortaba la comida, lo dio como uno se daba un pajarito que a veces con fuerza trataba de convencerlo, comer, pero cómo el exquel había sido envenenado por una comida que tenía toxino de un serpiente.
Era una cosa psicológico, porque había comida para los dos. El escritor sostiene además que cuando se presentó la muerte Ezequiel, Salvador tenía comida suficiente. Tiene tortugas, tiene peces, ya ha aprendido cazar pájaros. Entonces, más de que si él podría o imaginaba comer su compañero, no era necesario.
Él tenía la solución en sus manos y había comida para los dos. Desde luego, la investigación tiene una limitación de origen. La única fuente de información de lo que sucedió allá es el propio Salvador Alvarenga. El sobreviviente asegura que durante muchos días habló con el cadáver de su compañero y hasta que decidió darle la única sepultura posible, el pacífico y de noche, porque no resistía verlo desaparecer entre las olas.
De día no pudo lanzarlo al mar. No me daba el el valor de tirar mi compañero de mí. Yo no puedo hacer esto y noche lo rojé al agua y ese día me desmayé unos 5 minutos. Al ver el cuerpo caigo yo para acá, no para allá. Siempre en el lancho, ya no estaba. Usted sabe que los sobrevivientes de los Andes, eh, se acuerda de los sobrevivientes del avión que se tuvieron que comer a sus compañeros y la gente pensaba que usted había hecho algo similar con Ezequiel.
Lo primero que dijeron eso los de no murióquiel tenía comida, estábamos cerca todavía cuando él murió no andábamos en otros países. Usted no no comió de su amig Yo no ni enté. Lo cuidé 7 días, le daba agua, le daba poquitos de hacía los pájaros yo con paciencia, una tabla como taco y le daba yo y pues algo así me pedí.
Nadie estaba tan solo en la vida como lo estuvo esa noche Salvador Alvarenga después de tirar al mar el cuerpo de Ezequiel. anciando con desesperación, un milagro que lo sacara de la deriva o la gracia de una muerte rápida que le pusiera punto final a su desesperanza. Lo que vino después fue sencillamente increíble.
Más allá de lo que acabamos de ver en la entrevista, el interrogante sigue siendo: “Al ver a su compañero muerto y sentir que se pierden las esperanzas, que no hay alimentos, Salvador comió la carne de su compañero”. Mario Antoniet. Bueno, la realidad yo creo que no y le creo, pero la realidad es que muchos eh muchos náufragos han recurrido al o como tú decías los sobrevivientes de los Andes.
Ahí el precio que pagó Salvador Alvarenga por sobrevivir significó el sacrificio de muchas cosas, pero también entender otras. Sí, sí, Félix ahí en la soledad del mar cobró importancia. la relación con su hija a la que prácticamente no conocía. Aquí seguimos con la historia. Cuando se quedó solo, los días empezaron a transcurrir más lentos para Salvador Albarenga.
El baibén de las olas era su única música. En ocasiones llamaba a gritos a Dios. porque su propia voz le hacía compañía o porque seguía esperando el milagro de su salvación. Nunca perdí la fe yo y lloraba así de tristeza y de sufrimiento y pero me me tranquilizaba y le pedía a Dios de que me diera fuerzas y me diera sabiduría como sobrevivir.
En otros momentos recapacitaba sobre el sentido de su existencia, flotando en un océano sin rumbo, sobre una barca sin motor, sin la esperanza de ser encontrado. Y entonces pensaba en provocarse él mismo el alivio definitivo. Intenté matarme después, no quería yo sufrir, pero siempre le digo, le pedí a Dios cuando algo así me encaba siempre le que me quitara eso pensamiento.
Con el cuchillo cerca de las venas y la melancolía en el alma, Salvador escapó de la muerte cuando entendió que las aves que volaban a su alrededor podrían ser mucho más que comida. Ahora los pájaros, quebraba sus alas, nos aguardaba o me daba hambre. Es complicado establecer el límite entre lo que sucedió y lo que pasaba en esos días por la mente insolada del náufra.
Él asegura que organizó a un numeroso grupo de pájaros para que jugaran fútbol usando un pezapo como balón. Ponía nombres de Maradona, Rey, Rey Pelé, varios este jugadores. Eran 10 y 10. Andaba yo 20 pájaros. 20 pájaros tenía. Así andaba una chi una p sapo, le dicen que se infla se era la pelota y ahí adentro jugaban.
Sí, ponían para otra para acá. Al poner la pelota ellos con hambre agraban una, graban otra, pero no comían hasta 5 días los pájaros. Entre esos pájaros había uno especial, al que llamó Pancho, el más inteligente de todos. El Pancho era clave para su salud mental porque tener una un mascota en el medio del mar cambió todo para él.
Él era como su gatito, era como su regalón. Eh, él aprendió cantar igual como su gaviota, dormiron juntos. Pero en este punto, la dura realidad volvió a plantearle un dilema a Salvador. Elegir entre la amistad de Pancho o la necesidad de sobrevivir ante una nueva escasez de alimento. Pero se lle usted a comer a Pancho, que Pancho era su mi amigo.
¿Cómo fue eso? Comercial doloroso. Mi único amigo que andaba sin quitarle una ala, sin le pidió perdón. No, porque después estuv después de él que se llamaba ¿Cómo se llamaba? Pedro, nombre de un amigo. Y también como iba Pedro. Él se me fue mal tiempo. Se escapó nadando, no volando. Condenado a mirar hacia delante, Salvador inició un viaje paralelo a bordo de sí mismo.
El peso de su conciencia no se marchaba con las olas ni con el viento. Por esa época recordó que en su tierra natal, años atrás había dejado a una hija abandonada y pidió la gracia de vivir para volverla a ver. Sí, yo le pido a Dios. una oportunidad para ver mi hija [Música] grande. Yo creo la parte más difícil para él era admitir que él ha sido mal padre, pero también cuando él estaba solo en el mar era la imagen de su hija que lo dio ganas de vivir.
Sumido en sus pensamientos y culpas, Salvador descubrió que estaba dando vueltas en círculo. Tres corrientes marinas habían empezado a jugar con la lancha, una de ellas la lanzaba hacia el oriente, mientras que la otra la devolvía al occidente y una tercera le impedía salir de la fuerza de las otras dos.
4ro meses estuvo dando círculos en un solo sitio. La rutina mortal fue súbitamente interrumpida cuando un buque, una enorme nave mercante apareció en el horizonte. No lo vieron. Me vieron, me dijeron adiós. Levantaron la mano, decidí matarme. Sea, yo no nadie me va a encontrar. Ya esto justo. Pasó ese barco y andando yo con la gente y no me dejan.
Ese es el peor día, la desesperanza. La desesperanza. Pero siempre con esperanza siempre. Sí. Posiblemente el temor a un retraso en su recorrido comercial por las paradas necesarias para recoger y dejar a un náufrago o el temor a una multa en el siguiente puerto le importaron más a los tripulantes del buque que la vida de Salvado.
Yo creo que realmente el mar hoy en día es salvaje y que lo vieron y lo pasaran. Hay muchos dichos sobre el mar abierto, pero es tierde nadie. Es como el viejo oeste. No hay un ley, no hay una regla. Este barcos grandes son como drones de de ellos no paran para nada. Cualquiera que sea la razón, ese día el pescador entendió que su suerte le interesaba a muy pocos y que dependía únicamente de él mismo y de la corriente para salvarse.
Luego de una noche de llanto en la nevera refugio, despertó con una compañía [Música] inesperada, como una montaña, se miraba verde abajo de la lancha. A lo lejos miraba yo su aleta de de en medio. Estoy hablando como de una aleta de un avión. No me atacó. Siempre estuvo cerca mi lancha. Pasaba de boca. Uh, bastante, ¿no? Era un cachalote, el mamífero marino con el cerebro más grande de todas las especies.
Un animal que, de acuerdo a las leyendas balleneras es capaz de guardar recuerdos por décadas. Más allá de los mitos, el cachalote puede hallar rutas y ubicarse en la superficie y en el fondo del mar con el eco de sus propios sonidos. Como unos 9 días me acompañó siempre iba corrientada, iba llevando así me llevando también él no se meneaba, pero me ya de subirme y que me me llevara de cosas y luego le pedí a Dios que me quitara eso para que cómo me ha un animal.
El cachalote no solo trajo compañía, sino algo de pesca porque un cardumen lo acompañaba. Salvador había aprendido a recolectar la sal marina que se quedaba en su cuerpo. Mi cuerpo de rabazal me qu agua del mar con el cuchilloabor. La espesa barba que le había crecido durante la travesía se había convertido de paso en un no muy higiénico reservorio de alimentos.
Muchos animales vivieron en adentro de la barba, salían jaiva, salían muchas cosas de la barba. Por otra parte llegó a ser tan largo que era como un bufanda. El a veces hice así y dormía así con la mano calientito dentro de la barba. La advertencia de que la tierra estaba cerca le llegó por otra señal de los animales.
Salvador conocía muy bien las tortugas marinas y sabía que una de esas especies jamás se alejaría demasiado de la tierra. Fue este de mañana cuando yo este abré una tortuga de carey. La tortuga hace mucho mantiene donde hay piedra y dije yo, piedra, piedra, tortuga de caray. La atrapo y la la empiezo a comer y me meto la yalera a [Música] saboréela.

Cuando salió de la nevera, lo esperaba otra esperanzadora señal. El trino de las aves cantoras anunciaba que había una costa cerca. Voy de pájaro. Ya no se detenían, ya no lo agarraba yo. Ya ellos solos caían la la lancha. Qué bendición de Dios. Salgo yo. Qué bendición de Dios. Y va comida bastante. Pero no solo era la comida.
14 meses de pesadilla estaban a punto de terminar. Salvador no podía creer cuando después de tanto tiempo volvió a ver tierra. que era ya este árboles Evón por mucho pájaro. Felicidad.