Posted in

Cuando el Hombre que Inició la Guerra del Pacífico Vio Hundirse 4 Portaaviones — En un Solo Día

6 minutos que contendrán más destrucción que meses enteros de combate. Esta es la historia del hombre que inició la guerra del Pacífico con un cohete de señales y que meses después, inmovilizado por el dolor físico, observó impotente cómo el mundo que conocía dejaba de existir en 360 segundos de caos absoluto.

 Para entender la magnitud de lo que está por ocurrir, debemos comprender quién es Mitsuo Fuchida en 1942. No es simplemente un piloto más entre miles. Es la encarnación misma de la doctrina [música] naval japonesa. El hombre que escribió los manuales que otros estudian. Graduado de la prestigiosa Academia Naval Imperial de Etajima en 1924, Fuchida ha dedicado casi dos décadas a perfeccionar el arte del bombardeo en picada y el torpedo aéreo con una precisión casi obsesiva.

 Ha volado sobre China en innumerables misiones. ha estudiado cada táctica occidental disponible en los archivos de inteligencia naval y ha entrenado personalmente a cientos de pilotos que ahora conforman la élite [música] de la Butai, la temible fuerza de portaaviones japonesa. Su reputación es tal que los almirantes lo consultan antes de diseñar operaciones mayores.

 Aquíai es en junio de 1942 la flota de portaaviones más poderosa que jamás haya navegado en toda la historia naval. Seis portaaviones de primera línea, cuatro de ellos veteranos de Pearl Harbor, Akagi, Kaga, Soru, Hiryu, Shokaku y Suikaku. Más de 250 aviones de combate tripulados por pilotos con un promedio de 800 a 100 horas de vuelo.

 Algo impensable para cualquier otra nación en ese momento de la guerra. Esta flota ha conquistado el Pacífico occidental en apenas 6 meses, desde Hawai hasta el océano Índico, sin conocer una sola derrota significativa. Pero mientras Japón celebra victoria tras victoria en los periódicos de Tokio, los criptógrafos estadounidenses en Pearl Harbor y Washington han logrado lo imposible.

 Descifrar el código naval japonés JN25. Conocen el objetivo, conocen la fecha exacta, conocen hasta la composición específica de la flota que se aproxima. 4 de junio de 1942, 4 horas de la madrugada. Mitsuo Fuchida despierta en su camarote a bordo de la Kagi con un dolor punzante en el abdomen que lleva días tratando de ignorar con pura fuerza de voluntad.

Es el buque insignia del vicealmirante Nagumo, el mismo portaaviones desde el cual coordinó el ataque a Pearl Harbor hace exactamente 5 meses, 29 días y 17 horas. Esa mañana histórica, Fuchida pronunció las palabras que resonarían en los libros de historia durante generaciones. Tora, tora, tora, tigre, tigre, tigre.

 El código que confirmaba que habían logrado la sorpresa total contra la flota del Pacífico. Aquel día lideró 183 aviones en la primera oleada, volando directamente sobre el USS Arizona, mientras explotaba en una columna de humo negro que se elevó cientos de metros hacia el cielo de Oaju. coordinó los ataques con la precisión de un maestro de ajedrez.

Bombarderos de alto nivel contra los acorazados fondeados. Torpederos contra los barcos más grandes. Casas cero barriendo la escasa resistencia aérea estadounidense con eficiencia brutal. En menos de 2 horas la flota del Pacífico quedó paralizada. Ocho acorazados hundidos o severamente dañados.

 188 aeronaves destruidas en tierra. Fuchida regresó a la Kagi como un héroe viviente, el hombre que había humillado a la potencia [música] occidental en su propio territorio. Pero hoy, 5 meses después, algo es radicalmente diferente. El dolor en su abdomen se ha intensificado hasta volverse absolutamente insoportable. Una agonía que le atraviesa cada vez que respira profundo.

El médico del buque lo examina con preocupación creciente en sus ojos. Apendicitis aguda que podría complicarse en cualquier momento. Necesita cirugía de emergencia inmediata. Fuchida se niega categóricamente con la terquedad de quien ha enfrentado la adversidad toda su vida. Mañana 5 de junio está programado el ataque contra la isla Midway, la última pieza que falta para dominar completamente el Pacífico central y abrir la ruta hacia Hawaii.

 Él debe liderar ese ataque. Es su deber sagrado, su propósito existencial. El médico insiste con vehemencia. Si el apéndice revienta, morirá en cuestión de horas por septicemia. Fuchida finalmente accede a regañadientes, pero solo a una cirugía mínima, sin anestesia general que lo deje inconsciente.

 Debe estar listo para volar al amanecer del día siguiente. La operación se realiza en condiciones precarias, lejos del equipamiento de un hospital terrestre. Sin los recursos adecuados, el cirujano naval hace lo mínimo indispensable [música] para evitar una ruptura catastrófica. Puchida permanece consciente durante todo el procedimiento, apretando los dientes mientras el visturí corta su carne y los asistentes sostienen sus brazos.

 Cuando termina, apenas puede moverse sin que oleadas de dolor recorran todo su cuerpo. Dos horas después, cuando debería estar en reposo absoluto en la sala de recuperación, Fuchida arrastra su cuerpo vendado hasta la cubierta de vuelo con pasos tambaleantes. Observa impotente como el comandante Tomonaga toma su lugar al frente de la formación de ataque.

 108 aviones despegan hacia Midway en oleadas perfectas, mientras Fuchida, por primera vez desde que tiene memoria de su carrera militar, se queda en tierra o más bien en el mar, amarrado a una cama de hospital improvisada, viendo cómo otros escriben la historia que debería ser suya. Es 4 de junio por la tarde. El sol comienza a descender sobre un océano engañosamente tranquilo, casi hermoso en su serenidad traicionera.

Fuchida no lo sabe aún, pero el destino acaba de salvarlo de algo peor que la derrota. Lo ha salvado para que sea testigo del apocalipsis que se aproxima. Mientras Fuchida se recupera dolorosamente en el Akagi, luchando contra su propia frustración y el dolor físico, a 320 km al noreste, tres portaaviones estadounidenses [música] se desplazan en formación de combate perfecta.

 El USS Enterprise, el USS Hornet y el USS Yorgtown. Este último reparado milagrosamente en solo tres días tras server dañado en el mar del coral. Una hazaña de ingeniería que los japoneses consideraban imposible. Al mando de esta fuerza está el contraalmirante Frank Jack Fletcher, un oficial que posee algo que el almirante Nagumo desconoce por completo.

Información precisa, casi [música] profética, sobre cada movimiento que la flota japonesa planea realizar. Es una ventaja que cambiará todo. La estación Hypo en Pearl Harbor, liderada por el brillante comandante Joseph Rodford, ha realizado lo que muchos expertos consideraban técnicamente imposible en tiempos de guerra.

Read More