me dio sueño. Me dio más ganas de gritar. Eres un peligro. Bueno, cuéntame el rumor que circula en redes.
¿Es cierto que el jurado de talento latino te dijo que eras una copia barata de tu bisabuelo? Sí, pero yo le contesté con respeto, señor, mi bisabuelo no se copiaba y yo tampoco, porque él era único y yo voy a ser otro único. Eso se llama tener carácter. ¿Y qué le vas a cantar hoy a la gente que te está apoyando? chiquito, pero de adeveras, de mi inspiración, porque yo también puedo ser rey, aunque tenga 11 años y se me está cayendo un diente.
Eso es ser auténtico. Antes de que cantes, una última pregunta polémica. Tu bisabuelo, Pedro Infante, tuvo muchas mujeres. ¿Tú tienes novia, Pedrito? No, mi mamá dice que las novias distraen, pero tengo una perrita que se llama Chula y ella sí viene a verme. Eso es mejor. Bueno, mi niño, el escenario es tuyo.
Demuéstranos que la sangre de Pedro Infante sigue quemando. Oigan, una cosa. Si se me cae el sombrero, no se rían mucho, ¿eh? La otra vez se me cayó y el público aplaudió más que a la canción. Ay, abuelo, ahora sí, para que veas. Me dicen, señor niño, por mi poca estatura, pero canto rancheras con toda la altura.
Mi abuelo era Pedro, el grande, el de verdad, y él me dejó el sombrero y esta necesidad. Yo mido un metro con 20 y un suspiro, pero mi voz retumba como un tiro. Hoy se me caen los dientes cuando como ele, pero al gritar, ay, ay, ay, se me olvida el bigote. Ay, ay, ay, ay. No me importa ser chiquito porque mi corazón es grande como mi abuelito.
No tengo migote ni escuelas de plata, pero canto de veras y la gente se retrata. Ay, ay, ay, ay, que me duele la garganta, pero es de tanto amor que mi abuelito me canta. Aunque el sombrero me tape los ojos, yo le canto a la vida y le gano a los enojos. Mi abuela me cuenta que él se ponía así con la frente muy alta y un trago de mezcal.
Yo tomo a tole y me soba la panza, pero cuando canto hasta el cielo se lanza. Un día en el corral le grité a una gallina, aprende morena, esta canción que es divina. La gallina asustada puso un huevo cuadrado y mi abuelo desde arriba dijo, “Ese es mi muchacho. Ay, ay, ay, ay. No me importa ser chiquito porque mi corazón es grande como mi abuelito.

No tengo bigote ni escuela de plada, pero canto de veras y la gente se retrata. Ay, ay, ay. que me duele la garganta, pero es de tanto amor que mi abuelito me canta. Aunque el sombrero me tape los ojos, yo le canto a David y le gano a los enojos. Abuelo per no alcanzó a verme nacer, pero me dijo una vez así sueños, Pedrito, canta como si te doliera el alma,
pero ríete también que la vida es una sola y tú tienes 11 años. Entonces, ay, ay, que me falten los años. Canto como los grandes, sin miedo a los años. Soy el nieto de Pedro, el rey del tequila. Y aunque me duerma temprano, le canto a la silla. Eso es todo, abuelo.