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Yeison Jiménez Soñó 3 Veces su Muerte en Avión: 21 Días Después Murió Exactamente Como lo Soñó

26 de julio de 1991. Manzanares, Caldas. Jason Orlando. Jiménez Galeano,  nació ese día. Hijo de Orlando Jiménez y Luz Mary Galeano.  Ambos consumidores habituales de alcohol, ambos con problemas,  ambos sin control. Orlando era un hombre adinerado en ese pueblo pequeño de la región cafetera de Colombia.

Tenía dinero, tenía propiedades, tenía todo lo que en teoría hace feliz a una familia. Pero había algo que Orlando no tenía. control sobre su rabia cuando tomaba y tomaba todos los días. Luz Mary aguantó  años de violencia, golpes, gritos, humillaciones, todo delante de Jason  y su hermana. Dos niños viendo como su padre destruía a su madre cada noche.

Dos niños  que crecieron con miedo de volver a casa después de la escuela porque no sabían en qué estado iba a estar papá. Jason lo contó años después  en una entrevista con Se dice de mí. Durante mi infancia  fui testigo de episodios de violencia que marcaron mi vida. No dio detalles, no quiso revivir todo  públicamente, pero la frase lo dice todo. Episodios de violencia plural.

No fue una vez, fueron muchas durante años. Y un día  Luz Mary ya no pudo más. Tomó a sus dos hijos, agarró lo poco que tenía y huyó.  Se fue a Manizales, a la casa de una de sus hermanas. Escapó en medio de la noche como si fuera criminal. cuando la única  criminal era la situación en la que vivía.

Orlando no las buscó, no pidió perdón, no  intentó arreglar nada. Según la familia, Orlando dilapidó su propia fortuna. El dinero que tenía, el dinero que pudo haber usado para darles una vida digna a sus hijos, se lo gastó todo en alcohol,  en otras mujeres, en estupideces. Y Luz Mary  quedó sola con dos hijos en Manizales, sin dinero, sin casa propia, dependiendo de la generosidad de su hermana, que  también estaba luchando.

Pero ahí no termina la historia, ahí  apenas empieza lo peor. Luz Mary conoció a un hombre en Manizales, un hombre que le prometió que la iba a ayudar, que iban a salir adelante juntos, que se fueran a Bogotá, donde había más oportunidades. Y Luz Mary,  desesperada por darle un mejor futuro a sus hijos, le creyó. Se mudaron a Bogotá.

Jason tenía  13 años, su hermana era menor y llegaron a la capital con la esperanza de empezar de nuevo, de construir algo mejor, de dejar atrás el infierno  de Manzanares. Una semana, una semana  después de llegar a Bogotá, el novio de Luzmeriy los abandonó. Los dejó en una ciudad que no conocían, sin dinero, sin trabajo, sin red de  apoyo.

Simplemente desapareció como si nunca hubiera existido, como si no hubiera sido él quien los convenció de mudarse, como si no les hubiera prometido un futuro mejor. Y Luzmery  quedó otra vez sola, pero ahora peor que antes. Antes tenía a su hermana en Manizales. Ahora no tenía a  nadie. Solo tenía dos hijos que alimentar en una ciudad inmensa y  despiadada donde nadie los conocía.

Jason tenía 13 años y tuvo que  convertirse en hombre de la noche a la mañana. Porque cuando tienes 13 años y ves a tu madre llorando sin saber cómo va a pagar la renta, sin saber qué van a comer mañana, tienes dos opciones. Te hundes con ella o te paras y peleas. Jason peleó. Un día  caminando por Bogotá, buscando cualquier cosa que hacer para ayudar, llegó a Corabastos, la central de  Abastos más grande de Colombia, el mercado donde llegan todas las frutas y verduras del país. Un lugar caótico,

ruidoso, duro,  donde solo sobreviven los más fuertes. Jason lo contó años después  en una entrevista con Semana. Yo tenía 13 años y un señor  me dijo que si quería organizar unos costales y ahí comenzó toda mi carrera  como aguacatero. Después alcancé a cargar y a lo último  terminé como jefe de puesto, pero siempre fui empleado en corabastos.

13 años organizando costales, cargando cajas que pesaban más que él, trabajando desde las 4 de la mañana  hasta que su cuerpo no daba más, todo para llevar unos pesos a su casa y que su  madre pudiera comprar comida. Y mientras trabajaba en corabastos, mientras  cargaba aguacates bajo el sol, mientras sus manos se llenaban de callos y su espalda dolía cada noche,  Jason cantaba.

Cantaba en los descansos, cantaba mientras trabajaba, cantaba  porque era lo único que lo mantenía cuerdo en medio de esa vida que no era vida para un niño de  13 años. Y la gente en Corabastos empezó a notar que ese niño flaco que cargaba aguacates  tenía una voz especial, una voz potente, clara, emotiva, una voz que no parecía de un niño, sino de alguien que había vivido mucho más de lo que sus años decían.

Porque Jason había vivido. Había visto violencia, había visto abandono, había visto pobreza, había visto a su madre llorar sin poder hacer nada. Y todo eso se escuchaba en su voz cuando cantaba. Pero Jason no solo cantaba, Jason  escribía. A los 13, 14, 15 años, mientras otros niños jugaban videojuegos o salían con amigos, Jason escribía canciones, canciones sobre dolor, sobre traición, sobre madres que luchan solas, sobre hombres que abandonan, sobre la vida que no perdona.

Escribía sobre lo que conocía, sobre lo que vivía, sobre lo que sentía.  Y en 2013, cuando tenía 22 años, lanzó su primer álbum Con el corazón, volumen 1. Y en ese álbum había una canción que cambió todo, Te deseo lo mejor. Fue éxito modesto al principio, pero la gente empezó a notarlo. Ese muchacho canta con verdad, decían.

Ese muchacho sabe de lo que habla. Ese muchacho ha vivido y tenían razón  porque Jason no cantaba historias inventadas, cantaba su vida. Cantaba la vida de millones de colombianos que también habían sufrido,  que también habían sido abandonados, que también habían tenido que trabajar desde niños para ayudar a sus madres.

Y esa autenticidad, esa  verdad cruda en cada palabra era lo que lo hacía. diferente. Pero en medio de todo ese sufrimiento,  de todo ese trabajo, de toda esa lucha, pasó algo que cambió su vida para siempre. Aquí viene lo primero que te prometí. Era 2013. Jason tenía 22 años y ya llevaba casi 10 años trabajando en corabastos mientras  intentaba despegar su carrera musical.

daba conciertos pequeños en pueblos,  en bares, en cualquier lugar que le pagara algo por cantar. Y un día llegó a Manizales a dar un concierto  en un lugar pequeño. No era Jason el gran artista todavía. Era  Jason el muchacho que vendía aguacates y cantaba en sus ratos libres.

Pero ese día, en ese lugar pequeño, estaba una chica de 18 años con sus amigas. Se llamaba Sonia Restrepo. Sonia y sus amigas habían ganado un campeonato de fútbol y fueron a celebrar al lugar donde Jason cantaba. Y Jason la vio sentada con sus amigas y quedó flechado completamente. Jason lo contó años después en una entrevista con  revista Bea.

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