26 de julio de 1991. Manzanares, Caldas. Jason Orlando. Jiménez Galeano, nació ese día. Hijo de Orlando Jiménez y Luz Mary Galeano. Ambos consumidores habituales de alcohol, ambos con problemas, ambos sin control. Orlando era un hombre adinerado en ese pueblo pequeño de la región cafetera de Colombia.
Tenía dinero, tenía propiedades, tenía todo lo que en teoría hace feliz a una familia. Pero había algo que Orlando no tenía. control sobre su rabia cuando tomaba y tomaba todos los días. Luz Mary aguantó años de violencia, golpes, gritos, humillaciones, todo delante de Jason y su hermana. Dos niños viendo como su padre destruía a su madre cada noche.
Dos niños que crecieron con miedo de volver a casa después de la escuela porque no sabían en qué estado iba a estar papá. Jason lo contó años después en una entrevista con Se dice de mí. Durante mi infancia fui testigo de episodios de violencia que marcaron mi vida. No dio detalles, no quiso revivir todo públicamente, pero la frase lo dice todo. Episodios de violencia plural.
No fue una vez, fueron muchas durante años. Y un día Luz Mary ya no pudo más. Tomó a sus dos hijos, agarró lo poco que tenía y huyó. Se fue a Manizales, a la casa de una de sus hermanas. Escapó en medio de la noche como si fuera criminal. cuando la única criminal era la situación en la que vivía.
Orlando no las buscó, no pidió perdón, no intentó arreglar nada. Según la familia, Orlando dilapidó su propia fortuna. El dinero que tenía, el dinero que pudo haber usado para darles una vida digna a sus hijos, se lo gastó todo en alcohol, en otras mujeres, en estupideces. Y Luz Mary quedó sola con dos hijos en Manizales, sin dinero, sin casa propia, dependiendo de la generosidad de su hermana, que también estaba luchando.
Pero ahí no termina la historia, ahí apenas empieza lo peor. Luz Mary conoció a un hombre en Manizales, un hombre que le prometió que la iba a ayudar, que iban a salir adelante juntos, que se fueran a Bogotá, donde había más oportunidades. Y Luz Mary, desesperada por darle un mejor futuro a sus hijos, le creyó. Se mudaron a Bogotá.
Jason tenía 13 años, su hermana era menor y llegaron a la capital con la esperanza de empezar de nuevo, de construir algo mejor, de dejar atrás el infierno de Manzanares. Una semana, una semana después de llegar a Bogotá, el novio de Luzmeriy los abandonó. Los dejó en una ciudad que no conocían, sin dinero, sin trabajo, sin red de apoyo.
Simplemente desapareció como si nunca hubiera existido, como si no hubiera sido él quien los convenció de mudarse, como si no les hubiera prometido un futuro mejor. Y Luzmery quedó otra vez sola, pero ahora peor que antes. Antes tenía a su hermana en Manizales. Ahora no tenía a nadie. Solo tenía dos hijos que alimentar en una ciudad inmensa y despiadada donde nadie los conocía.
Jason tenía 13 años y tuvo que convertirse en hombre de la noche a la mañana. Porque cuando tienes 13 años y ves a tu madre llorando sin saber cómo va a pagar la renta, sin saber qué van a comer mañana, tienes dos opciones. Te hundes con ella o te paras y peleas. Jason peleó. Un día caminando por Bogotá, buscando cualquier cosa que hacer para ayudar, llegó a Corabastos, la central de Abastos más grande de Colombia, el mercado donde llegan todas las frutas y verduras del país. Un lugar caótico,
ruidoso, duro, donde solo sobreviven los más fuertes. Jason lo contó años después en una entrevista con Semana. Yo tenía 13 años y un señor me dijo que si quería organizar unos costales y ahí comenzó toda mi carrera como aguacatero. Después alcancé a cargar y a lo último terminé como jefe de puesto, pero siempre fui empleado en corabastos.
13 años organizando costales, cargando cajas que pesaban más que él, trabajando desde las 4 de la mañana hasta que su cuerpo no daba más, todo para llevar unos pesos a su casa y que su madre pudiera comprar comida. Y mientras trabajaba en corabastos, mientras cargaba aguacates bajo el sol, mientras sus manos se llenaban de callos y su espalda dolía cada noche, Jason cantaba.
Cantaba en los descansos, cantaba mientras trabajaba, cantaba porque era lo único que lo mantenía cuerdo en medio de esa vida que no era vida para un niño de 13 años. Y la gente en Corabastos empezó a notar que ese niño flaco que cargaba aguacates tenía una voz especial, una voz potente, clara, emotiva, una voz que no parecía de un niño, sino de alguien que había vivido mucho más de lo que sus años decían.
Porque Jason había vivido. Había visto violencia, había visto abandono, había visto pobreza, había visto a su madre llorar sin poder hacer nada. Y todo eso se escuchaba en su voz cuando cantaba. Pero Jason no solo cantaba, Jason escribía. A los 13, 14, 15 años, mientras otros niños jugaban videojuegos o salían con amigos, Jason escribía canciones, canciones sobre dolor, sobre traición, sobre madres que luchan solas, sobre hombres que abandonan, sobre la vida que no perdona.
Escribía sobre lo que conocía, sobre lo que vivía, sobre lo que sentía. Y en 2013, cuando tenía 22 años, lanzó su primer álbum Con el corazón, volumen 1. Y en ese álbum había una canción que cambió todo, Te deseo lo mejor. Fue éxito modesto al principio, pero la gente empezó a notarlo. Ese muchacho canta con verdad, decían.
Ese muchacho sabe de lo que habla. Ese muchacho ha vivido y tenían razón porque Jason no cantaba historias inventadas, cantaba su vida. Cantaba la vida de millones de colombianos que también habían sufrido, que también habían sido abandonados, que también habían tenido que trabajar desde niños para ayudar a sus madres.
Y esa autenticidad, esa verdad cruda en cada palabra era lo que lo hacía. diferente. Pero en medio de todo ese sufrimiento, de todo ese trabajo, de toda esa lucha, pasó algo que cambió su vida para siempre. Aquí viene lo primero que te prometí. Era 2013. Jason tenía 22 años y ya llevaba casi 10 años trabajando en corabastos mientras intentaba despegar su carrera musical.
daba conciertos pequeños en pueblos, en bares, en cualquier lugar que le pagara algo por cantar. Y un día llegó a Manizales a dar un concierto en un lugar pequeño. No era Jason el gran artista todavía. Era Jason el muchacho que vendía aguacates y cantaba en sus ratos libres.
Pero ese día, en ese lugar pequeño, estaba una chica de 18 años con sus amigas. Se llamaba Sonia Restrepo. Sonia y sus amigas habían ganado un campeonato de fútbol y fueron a celebrar al lugar donde Jason cantaba. Y Jason la vio sentada con sus amigas y quedó flechado completamente. Jason lo contó años después en una entrevista con revista Bea.
La vi sentada con amigas y empecé a molestarla. Al finalizar me monté a un caballo y ella me pidió una vuelta. Le dije que no porque no conocía al caballo, que no era mío y se puso brava. Se puso brava. Esa fue su primera interacción. Jason la rechazó sin querer y ella se enojó.
Pero algo pasó esa noche porque intercambiaron números y empezaron a hablar. El problema era que Sonia vivía en Pennsylvania, Caldas, y Jason estaba en Bogotá trabajando y tratando de despegar su carrera. Era relación a distancia en una época donde las redes sociales no eran fuertes como ahora. No había WhatsApp, no había videollamadas, no había forma fácil de mantenerse en contacto.
Jason viajaba cuando podía, llegaba a Pennsylvania, pasaba tiempo con Sonia y se tenía que ir otra vez a Bogotá. Y así durante un año, un año de relación a distancia, de llamadas, de extrañarse, de no saber si iba a funcionar. Y en medio de ese año, Sonia le contó algo que pudo haber terminado todo.
Le dijo, “Tengo una hija.” Sonia había tenido a María Camila cuando tenía 16 años. La niña ya tenía 2 años cuando conoció a Jason y Sonia no sabía cómo Jason iba a reaccionar porque muchos hombres, especialmente a los 22 años, no están listos para asumir la responsabilidad de criar a una hija que no es suya.
Pero Jason no era como muchos hombres. Jason había crecido sin padre. Había visto a su madre luchar sola. Sabía lo que era que un hombre abandone a sus hijos y no iba a ser ese tipo de hombre. Cuando le dije que tenía una hija, no me creía, contó Sonia. Pero cuando lo aceptó, si hay algo que me haga luchar por esta relación, es el hombre y el padre que ha sido con mi hija.
Desde el primer momento fue abierto, generoso, cariñoso. Mi hija no tuvo esa figura y él llegó a darle todo ese amor, importancia, tiempo y cariño. Mi hija lo ama, lo respeta, lo ve como lo máximo. Jason adoptó a María Camila como si fuera su hija biológica. Nunca la trató diferente, nunca hizo diferencias.
Para él, María Camila era su hija. Y después de un año de noviazgo a distancia, Jason le dijo a Sonia, “Vente para Bogotá, ya me está yendo un poquito bien.” Y le hizo tres promesas, tres promesas que cambiarían todo. Le dije, “Quiero que seas mi esposa, la mamá de mis hijos y te voy a sacar profesional.
” Y las tres se las cumplí. Sonia se mudó a Bogotá con su hija. Jason cumplió la primera promesa cuando se convirtieron en pareja estable. Cumplió la segunda promesa cuando nació Taliana en marzo de 2018, su primera hija biológica juntos. y cumplió la tercera promesa pagándole los estudios a Sonia para que se graduara como contadora pública con especialización en derecho tributario.
Tres promesas, tres cumplidas. En una época donde los hombres prometen todo y cumplen nada, Jason cumplió todo. Y mientras cumplía esas promesas, mientras construía su familia, su carrera explotó. En 2014 lanzó aventurero y fue éxito masivo. Después vinieron vete, mi venganza, ni tengo ni necesito.
¿Por qué la envidia? Canciones que se convirtieron en himnos de la música popular colombiana. Canciones que la gente cantaba en todas partes y en 2021 Billboard lo reconoció como artista revelación latino. En 2021 fue jurado en Yo me llamo de Caracol. Su fama creció y creció hasta que en julio de 2025 hizo historia. Llenó el estadio El Campín de Bogotá con más de 40,000 personas.
fue el primer artista de música popular en lograrlo. La música popular siempre había sido vista como género menor, como música de cantinas y pueblos pequeños. Pero Jason llevó ese género a un estadio que normalmente solo llenaban artistas de reggaetón o pop. Y las 40,000 personas cantaron cada palabra de sus canciones.
Lloraron cuando cantó sobre madres que luchan solas. Gritaron cuando cantó sobre superación. Se emocionaron porque Jason era uno de ellos. El muchacho que vendía aguacates en corabastos ahora llenaba el estadio más importante de Colombia. tenía todo planeado. El 28 de marzo de 2026 iba a hacer su segundo campín.
Ya estaban las entradas a la venta, ya estaba todo organizado. Iba a ser aún más grande que el primero. Y además, en junio de 2024 había nacido Santiago, su primer hijo varón, el bebé que tanto habían esperado, el bebé que completaba su familia. Sonia había sufrido mucho tratando de quedar embarazada de nuevo. Duré mucho tiempo haciéndome pruebas y me decepcionaba y lloraba contó.
Años de intentos, años de desilusión, hasta que finalmente llegó Santiago y Jason estaba en el mejor momento de su vida. tenía a Sonia, tenía tres hijos, tenía una carrera exitosa, tenía dinero, tenía todo lo que alguna vez soñó cuando era niño vendiendo aguacates, pero también tenía miedo. Un miedo que no lo dejaba dormir, un miedo que se manifestaba en sueños que no podía ignorar.
Aquí viene lo segundo que te prometí. 20 de diciembre de 2025. Hace apenas tres semanas, Jason fue al programa Se dice de mí de Caracol Televisión y ahí contó algo que ahora, después de su muerte suena escalofriante. Yo me soñé tres veces con que íbamos a tener un accidente en el avión. En uno de los sueños, yo sí me soñé que nos habíamos matado y que salíamos por las noticias tres veces.
Tres sueños diferentes, tres veces viendo su propia muerte en un accidente aéreo y en uno de esos sueños viéndose en las noticias muerto, exactamente como pasó 21 días después. Pero no eran solo sueños. Jason contó que había tenido un incidente real. Ese día casi me voy. Mi bebé contó que una aeronave en la que viajaba tuvo que regresar de emergencia porque uno de los motores falló.
“Lloraba,” dijo recordando el pánico que sintió ese día, pensando que no iba a volver a ver a su familia. Y después de ese incidente, los sueños empezaron. Tres veces soñó con accidentes aéreos. Tres veces se despertó angustiado. Tres veces sintió que algo malo iba a pasar.

Era premonición, era ansiedad por el incidente previo, era algo más. Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que 21 días después de contar esos sueños en televisión nacional, Jason Jiménez murió exactamente como lo soñó en un accidente aéreo y salió en las noticias, tal cual lo vio en sus sueños. El viernes 9 de enero de 2026, Jason dio un concierto en Málaga, Santander. Fue su último concierto.
Nadie lo sabía en ese momento, pero fue la última vez que el público lo vio vivo cantando, brillando en el escenario. Al día siguiente, sábado 10 de enero, tenía otro concierto programado en Marinilla, Antioquia. Su banda ya estaba allá esperándolo. El evento estaba organizado.
La gente esperaba verlo. Jason y su equipo decidieron viajar en la avioneta de Jason, un Piper Navajo PA31 con matrícula N1325 FA que él había comprado. Iban seis personas, el capitán Hernando Torres, piloto, el copiloto, Juan Manuel Rodríguez, músico, Óscar Marín, asistente, Jefferson Osorio, representante y Wiseman Mora, fotógrafo, y Jason Salieron del aeropuerto de Paipa a las 4:11 pm aproximadamente con destino a Medellín.
Y minutos antes del despegue, Weman Mora publicó una historia en Instagram. En ese video se ve al piloto y lo que se ve en ese video es lo que tiene a todo Colombia pidiendo explicaciones. Aquí viene lo tercero que te prometí. En el video que publicó Wisem Mora minutos antes del accidente se ve al piloto del avión usando su teléfono celular durante la maniobra de despegue con el avión en movimiento con seis vidas en sus manos.
Ese video está circulando por todas las redes sociales en Colombia. La gente lo está analizando cuadro por cuadro. Y lo que todos preguntan es, ¿por qué el piloto estaba distraído con el celular durante el despegue? El despegue es el momento más crítico de cualquier vuelo. Es cuando se necesita atención absoluta, concentración total, manos en los controles y ojos en la pista.
Cualquier error, cualquier distracción puede ser fatal. Y el piloto tenía el celular en la mano. No sabemos qué estaba haciendo. No sabemos si estaba revisando el clima, si estaba respondiendo un mensaje, si estaba haciendo una llamada. No sabemos. Pero estaba distraído, eso es un hecho.
Y minutos después, la avioneta perdió altura poco después del despegue. Se precipitó en un potrero en la vereda Romita, sector Marengo, cerca del aeropuerto. Dio vueltas, se estrelló y se incendió. Los primeros en llegar fueron habitantes del sector. Escucharon el ruido del impacto, vieron el humo, corrieron a ayudar.
Pero cuando llegaron ya era demasiado tarde. El avión estaba en llamas, no había gritos, solo el sonido del fuego devorándolo todo. Un habitante le dijo a los medios. No se escuchaban gritos, solo las llamas. Llegaron bomberos, policía, defensa civil, ambulancias, pero no había nada que hacer. Las seis personas murieron en el impacto o en el incendio inmediatamente después.
No hubo tiempo de sacarlos. No hubo tiempo de nada. La aerocivil confirmó las seis muertes. El piloto, el copiloto, Juan Manuel Rodríguez, Óscar Marín, Jefferson Osorio, Wem Mora y Jason Jiménez. Jason tenía 34 años. 34. Y cuando la noticia llegó a Colombia, el país se paralizó.
Las redes sociales explotaron. Los medios interrumpieron su programación. La gente lloraba en las calles. Jason Jiménez, muerto, el que llenó el campín, el que venía de abajo, el ejemplo de superación. No podía ser, pero era. Y en Marinilla, Antioquia, miles de personas esperaban su concierto.
Habían comprado boletas, se habían preparado, estaban emocionados y en lugar del concierto recibieron la noticia de su muerte. El evento se canceló. La gente lloró en las calles. Algunos no lo creían. Otros gritaban que era mentira, pero no era mentira. Jason Jiménez había muerto a los 34 años en el accidente aéreo que soñó tres veces.
Aquí viene lo cuarto que te prometí. Horas después del accidente, Sonia Restrepo llegó al lugar. Las imágenes que circulan en medios colombianos muestran a una mujer destrozada. Dos personas la sostienen de los brazos porque no puede caminar sola. Se escuchan sus lamentos de fondo.
Su dolor es tan grande que ni siquiera puede mantenerse en pie. Detrás de ella todavía humea lo que queda de la avioneta donde murió el padre de sus hijos. El hombre que le cumplió las tres promesas. El hombre que la amó más de 10 años. el hombre con quien iba a casarse.
Porque Jason y Sonia nunca se casaron legalmente. Eran pareja estable, vivían juntos, tenían tres hijos, pero nunca pasaron por el altar y desde 2023 habían planeado hacerlo. Tenían planes de boda. Ya habían hablado de fechas, de lugares, de cómo sería. Pero cuando nació Santiago en junio de 2024, decidieron posponer la boda.
Querían esperar a que el bebé creciera un poco, a que las cosas se calmaran, a que tuvieran tiempo de organizar todo bien. Iban a casarse en 2026, este año, en estos meses que apenas empiezan. Pero Jason murió el 10 de enero y Sonia quedó viuda sin haber sido esposa legalmente.
Quedó sola con tres hijos. María Camila de 15 años, Taliana de 7 años y Santiago de 6 meses. Santiago nació el 27 de junio de 2024. Tiene 6 meses. Nunca va a recordar a su padre. Nunca va a tener un solo recuerdo propio de Jason cargándolo, jugando con él, cantándole. Solo va a tener fotos, videos, historias que le cuenten.
Va a crecer sabiendo que su padre era famoso, que llenaba estadios, que era ejemplo de superación, pero nunca lo va a conocer, nunca va a sentir su abrazo, nunca va a escuchar su voz diciendo, “Te amo, hijo.” Y eso es lo más cruel de todo, que Santiago va a pasar toda su vida preguntándose cómo era su padre más allá de las canciones y los videos.
Va a preguntarse si se parecen, si tienen los mismos gestos, si su padre hubiera estado orgulloso de él y nunca va a tener respuestas. María Camila, la mayor publicó un mensaje en redes sociales después de la muerte de Jason. Me parte el alma. Tres palabras, solo tres palabras, pero dicen todo. Me parte el alma.
El alma rota de una niña de 15 años que perdió al único padre que conoció. El hombre que la crió desde los dos años, que nunca hizo diferencias, que la amó como si fuera suya, porque biológicamente no era suya, pero en todo lo demás sí. En el amor, en el tiempo, en la dedicación, en todo lo que importa.
Jason fue su padre y ahora tiene 15 años y tiene que seguir adelante sin él. Taliana tiene 7 años. Es la edad perfecta para los recuerdos más dolorosos. No es tan pequeña como Santiago, que no va a recordar nada. No es tan grande como María Camila, que tiene 15 años de recuerdos. Taliana está en medio.
Va a recordar pedazos, va a recordar momentos. Pero no todo, y eso es casi peor que no recordar nada. Va a recordar fragmentos de su padre, va a recordar su risa, pero no va a poder recordar exactamente cómo sonaba. Va a recordar que la cargaba, pero no va a poder recordar cómo se sentía exactamente. Va a tener recuerdos borrosos que se van a ir desvaneciendo con los años hasta que ya no sepa que es recuerdo real.
¿Y qué es lo que le contaron? Y Sonia. Sonia tiene 28 años. 28. Es joven. Tiene toda una vida por delante, pero quedó viuda con tres hijos a los 28 años. El amor de su vida murió a los 34 años cuando todo parecía perfecto. Se conocieron cuando ella tenía 18 y él 22. Hace 10 años, más de una década juntos. más de una década construyendo algo hermoso y en un segundo, en un maldito segundo, todo desapareció y ahora tiene que explicarles a sus tres hijos por qué papá no viene.
Tiene que ser fuerte cuando por dentro está destrozada. Tiene que seguir adelante cuando lo único que quiere es rendirse, porque eso es lo que nadie te dice sobre la muerte, que los muertos descansan. Pero los vivos tenemos que seguir cargando con el dolor cada día, cada mañana despertando y recordando que esa persona ya no está.
Cada noche acostándose con ese vacío, cada fecha especial que llega y esa persona no está para celebrarla. Jason le había dicho a Sonia en una entrevista, “Tengo como prioridad mi familia, mis hijas y mi esposa. Saben que cuando no estoy trabajando, yo soy de ellas. Para mí no hay prioridad distinta a la familia, ni rumbas, ni restaurantes, ni nada. Esas fueron sus palabras.
Su familia era su prioridad y ahora su familia tiene que seguir sin él. Y pensemos en todo lo que dejó pendiente. El segundo concierto en el campín del 28 de marzo, que ya no va a pasar. Las giras internacionales que tenía planeadas, los conciertos en Estados Unidos, México, Europa, todo cancelado, todo perdido.
Los sueños que tenía de ver crecer a Santiago, de enseñarle a tocar guitarra, de llevarlo a sus conciertos cuando fuera más grande, todo perdido. boda con Sonia que habían planeado, los votos que nunca se dijeron, el vestido blanco que Sonia nunca se puso, todo perdido. Y lo peor de todo es que se pudo evitar.
Porque si el piloto no hubiera estado distraído con el celular, porque si hubieran decidido ir en avión comercial, porque si Jason hubiera escuchado sus sueños premonitorios y no hubiera subido a esa avioneta. Porque sí, porque sí, porque sí. Pero no hay peros. La realidad es que Jason Jiménez está muerto y todo lo que queda son preguntas sin respuesta.
Y mientras Colombia llora, mientras sus fans piden justicia, mientras la aerocivil investiga las causas del accidente, la música de Jason suena en todas partes. Sus canciones están en todas las radios. Aventurero, vete, mi venganza. Tenías razón. Canciones que ahora tienen otro significado. Porque cuando escuchas aventureros sabiendo que Jason murió, la letra pega diferente.
Cuando escuchas sus canciones sobre madres que luchan solas, sabiendo que él vivió eso, te das cuenta de que no eran solo canciones, era su vida. Y ahora millones de personas están redescubriendo su música. Gente que nunca lo había escuchado, ahora está buscando sus canciones.
Gente que lo conocía, está volviendo a escucharlo con lágrimas en los ojos. Y su legado va a seguir vivo. Sus canciones van a seguir sonando. Su historia va a seguir inspirando. Porque Jason Jiménez no fue solo un cantante, fue símbolo de superación. Fue prueba de que no importa de dónde vengas, puedes llegar a donde quieras.
Fue el niño que vendía aguacates en colabastos y terminó llenando el estadio más importante de Colombia. Fue el hijo de un padre alcohólico y una madre golpeada que decidió ser diferente. Fue el hombre que crió como suya a la hija de su pareja sin pensarlo dos veces. fue el Padre que cumplió todas sus promesas y murió a los 34 años en el accidente que soñó tres veces.
Pero hay algo más que necesitas saber, algo sobre lo que está pasando ahora mismo, algo que muy pocos están contando. Porque mientras todo el mundo habla del accidente, mientras analizan el video del piloto con el celular, mientras piden investigaciones y justicia, hay algo más profundo pasando. La música popular colombiana está de luto, no solo por Jason, sino por lo que Jason representaba, porque Jason había logrado algo que nadie más había logrado, llevar la música popular a las masas.
La música popular siempre fue vista como género de segunda. Música de cantinas, de pueblos pequeños, de gente trabajadora. No era música para estadios, no era música para las élites, no era música que sonara en las radios principales. Pero Jason cambió eso. Jason llenó el campín. Jason apareció en televisión nacional.
Jason fue jurado en programas importantes. Jason llevó la música popular al mainstream sin perder su esencia. Y ahora que murió, el género perdió a su mayor exponente, el que abría puertas, el que demostraba que la música popular podía competir con el reggaetón, con el pop, con cualquier género. Artistas como Carlos Vives, Fonseca, Silvestre, Dangond, Fanny Lu, todos expresaron su dolor en redes sociales.
Carlos Vives escribió, “Estoy cerca a la tierra de Jason Jiménez. No es fácil salir a cantar hoy en la feria de Manizales con esta tristeza en el corazón. Lo siento mucho, mucha fuerza para su familia.” Fonseca escribió, “Mi querido Jason Jiménez, me quedo con las conversaciones que un par de veces tuvimos.
Admiré siempre tu manera de construir tu camino. Qué dolor recibir esta noticia. Perdemos todos con tu partida. La música nunca muere. Silvestre Dangond publicó un video donde aparece conversando con Jason y escribió, “Campeón, te nos adelantaste. La última vez que reímos juntos. Aquí nos tienes llorando a todos.
Y en Manizales, en Manzanares, donde nació Jason, el pueblo entero está de luto. La alcaldía decretó tres días de duelo. Las calles están llenas de flores, de fotos de Jason, de mensajes de despedida. El niño de Manzanares, que se fue a buscar un mejor futuro y lo encontró y ahora regresa muerto a los 34 años, cuando todo recién estaba empezando.
Y pensemos en las conversaciones que no va a tener con Santiago, las enseñanzas que no le va a dar, los consejos que no le va a poder dar cuando crezca, todo lo que un padre hace con su hijo que Jason no va a poder hacer. Pensemos en María Camila graduándose de la universidad y su padre no va a estar ahí en Taliana casándose y su padre no va a caminar con ella al altar en Santiago, preguntándole a su mamá cómo era papá y Sonia teniendo que contarle historias de un hombre que él nunca conoció.
Pensemos en los cumpleaños que van a llegar y papá no va a estar, en las Navidades donde va a faltar un lugar en la mesa, en los momentos difíciles donde los hijos van a necesitar consejo y van a tener que buscar en videos y canciones lo que su padre hubiera dicho. Eso es lo que la muerte roba, no solo el presente, sino todo el futuro, todos los momentos que nunca van a pasar, todas las memorias que nunca se van a crear, todo el amor que no se va a poder dar.
Y Sonia va a tener que ser mamá y papá para tres niños. Va a tener que ser fuerte cuando esté rota. Va a tener que sonreír cuando quiera llorar. Va a tener que seguir adelante cuando lo único que quiere es quedarse en cama y no despertar. Porque eso es lo que hacen las madres. Siguen adelante, no porque sean fuertes, sino porque no tienen otra opción, porque tienen tres hijos que dependen de ella, tres hijos que perdieron a su padre y no pueden perder a su madre también.
Y mientras tanto, la investigación continúa. La Fiscalía General abrió indagación relacionada con el siniestro. La Dirección Técnica de Investigación de Accidentes activó el protocolo correspondiente. Están recopilando evidencia, entrevistando testigos, analizando los restos de la avioneta, pero ninguna investigación va a traer a Jason de vuelta.
Ningún informe va a llenar el vacío que dejó. Ninguna explicación va a hacer que Sonia duerma tranquila otra vez. Y el video del piloto con el celular circula y circula. La gente lo comparte preguntándose, ¿cómo es posible? ¿Cómo es posible que un piloto esté distraído durante el despegue? ¿Cómo es posible que seis vidas estuvieran en manos de alguien que no estaba prestando atención completa? Y la familia del piloto también está sufriendo porque el piloto también murió, también tenía
familia, también tenía gente que lo amaba. Y ahora esa familia tiene que cargar con el peso de saber que su familiar pudo haber causado el accidente que mató a seis personas. Eso también es tragedia, porque en accidentes como este no hay solo una familia sufriendo, son múltiples familias, son múltiples vidas destrozadas, son efectos que se expanden como ondas en el agua tocando a más y más personas.
Los músicos que iban a tocar con Jason en Marinilla y ahora están sin trabajo. El equipo de producción que organizó el concierto de El Campín del 28 de marzo que ahora está cancelado. Los fans que compraron boletas con ilusión y ahora las guardan como recuerdo de un concierto que nunca fue. Todos tocados, todos afectados, todos llorando a su manera.
Y mira el recorrido completo de Jason Jiménez. Ponlo todo junto. Míralo de principio a fin. A los 7 años cantaba en concursos de canto en Caldas mientras su padre golpeaba a su madre. A los 13 años vendía aguacates en corabastos para ayudar a su madre que huía de violencia. A los 22 años conoció a Sonia en un concierto de pueblo y le prometió tres cosas que cumplió todas.
A los 22 años lanzó su primer álbum y empezó a despegar. A los 30 años fue reconocido por Billboard como artista revelación latino. A los 33 años llenó el campín con más de 40,000 personas haciendo historia. A los 34 años era padre de tres hijos. tenía a Sonia, tenía una carrera exitosa, tenía todo planeado para el futuro y a los 34 años murió en un accidente aéreo que soñó tres veces, dejando tres hijos huérfanos, una viuda que no era esposa legalmente y millones de fans llorando.
Todo lo que construyó, todo lo que soñó, todo lo que planeó desapareció en un segundo. Solo quedaron canciones, recuerdos, fotos, videos y un legado que va a seguir vivo. Pero hay algo que quiero decirte directamente a ti que estás viendo esto. Tal vez conoces a alguien que le tiene miedo a algo específico, alguien que tiene presentimientos, alguien que sueña cosas malas y no puede quitárselas de la cabeza.
Jason soñó tres veces con accidentes aéreos y pudo haber decidido no volar más. Pudo haber vendido su avioneta. Pudo haber tomado decisiones diferentes, pero no lo hizo. Y después de contar esos sueños en televisión, murió exactamente como lo soñó. Es mensaje, es advertencia, es recordatorio de que tenemos que escuchar esas voces internas que nos dicen que algo no está bien. No lo sé.
Lo que sí sé es que a veces nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestra intuición nos avisa de peligros y a veces no les hacemos caso porque parecen irracionales, porque parecen exagerados, porque no queremos parecer cobardes. Pero tal vez deberíamos escuchar más. Tal vez esos miedos existen por algo. Tal vez esas premoniciones son advertencias que no deberíamos ignorar. J.
no pudo cambiar su destino. O tal vez sí pudo y decidió no hacerlo. Nunca lo sabremos. Pero tú sí puedes. Si tienes ese presentimiento sobre algo, si tienes ese miedo persistente, si sueñas algo malo una y otra vez, tal vez es momento de escuchar. Tal vez es momento de tomar decisiones diferentes, tal vez es momento de priorizar tu seguridad sobre todo lo demás, porque la vida no da segundas oportunidades.
no va a tener otra oportunidad de ver crecer a Santiago. No va a tener otra oportunidad de casarse con Sonia, no va a tener otra oportunidad de llenar el campín. Pero tú sí tienes oportunidades hoy, ahora, en este momento. Si hay alguien a quien amas y no se lo has dicho, díselo hoy. Si hay algo que quieres hacer y lo has estado posponiendo, hazlo ahora.
Si hay miedo que te está avisando de algo, escúchalo. Porque Jason Jiménez nos dejó muchas lecciones. La lección de que no importa de dónde vengas, puedes llegar a donde quieras. La lección de que la familia es lo más importante, la lección de cumplir tus promesas. Pero también nos dejó la lección de que la vida es frágil, que puedes estar en la cima un día y al día siguiente ya no estar, que puedes tener todo planeado y en un segundo todo puede desaparecer.
Y esa es la lección más importante de todas, que tenemos que vivir hoy, que tenemos que amar hoy, que tenemos que decir te amo hoy, porque mañana puede ser demasiado tarde. Jason le dijo a Sonia que la amaba cada día. Por eso, cuando murió, Sonia no tiene dudas. Sabe que la amaba. Sabe que fue importante para él.
sabe que dio todo por su familia, pero hay millones de personas que no dicen te amo, que asumen que la otra persona sabe, que creen que hay tiempo hasta que ya no hay tiempo. No seas esa persona. Di te amo hoy. Abraza a tu familia hoy. Llama a esa persona que no has llamado en meses. Cumple esa promesa que has estado posponiendo. Porque Jason Jiménez tenía 34 años.

34 No era viejo, no estaba enfermo, estaba en su mejor momento y murió y dejó todo pendiente. No dejes cosas pendientes, no dejes palabras sin decir. No dejes abrazos sin dar. La vida de Jason Jiménez fue ejemplo de superación, pero su muerte es recordatorio de que la vida es frágil y que tenemos que vivirla al máximo cada día.
El niño que vendía aguacates en corabastos se convirtió en el cantante que llenó el estadio más importante de Colombia. El hijo del padre alcohólico se convirtió en el padre amoroso que crió como suya a la hija de su pareja. El muchacho de Manzanares se convirtió en símbolo nacional de que los sueños se cumplen si trabajas duro.
Y murió a los 34 años en el accidente que soñó tres veces dejando tres hijos, una viuda y millones de personas llorando. Colombia perdió a uno de sus mejores. La música popular perdió a su mayor exponente. Tres niños perdieron a su padre y Sonia perdió al amor de su vida. Pero Jason Jiménez no murió del todo, porque mientras sus canciones sigan sonando, mientras su historia siga inspirando, mientras la gente siga cantando, aventurero en karaoques, Jason sigue vivo, no físicamente,
pero en todo lo que importa, en el corazón de millones, en las lágrimas de sus hijos, en el amor de Sonia, en la música que dejó. Y eso es inmortalidad real. No cuántos años viviste, sino cuánto tiempo tu legado sobrevive después de ti. Y el legado de Jason Jiménez va a sobrevivir por siempre.
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Cuéntame si vas a hacer esa llamada que has estado posponiendo. Porque quiero saber que esto sirvió de algo, que contar la historia de Jason Jiménez valió la pena, que al menos una persona va a vivir diferente después de ver esto. Jason Jiménez, el niño de Corabastos, el cantante del campín. El padre amoroso, el esposo que cumplió todas sus promesas, el hombre que soñó su propia muerte tres veces y murió exactamente como lo soñó a los 34 años.
Descansa en paz, Jason. Tu música sigue viva, tu legado sigue vivo y tu familia te va a recordar siempre. Hasta la próxima. Pero hay algo más que necesitas saber sobre Jason Jiménez, algo que muy pocos están contando, algo sobre cómo era realmente más allá de los escenarios. Los músicos que trabajaron con él cuentan historias que rompen el corazón.
Cuentan que Jason llegaba temprano a los ensayos, que ayudaba a cargar equipo, que preguntaba por las familias de todos. No había ego, no había estrellato. Era Jason, el muchacho de corabastos, que nunca olvidó de dónde venía. Hay una historia que circula entre su equipo.
Una noche, después de un concierto en un pueblo pequeño, Jason vio a un niño vendiendo dulces afuera del lugar. Era como las 11 de la noche y el niño seguía ahí solo tratando de vender para llevar algo de dinero a su casa. Jason se acercó, le compró todos los dulces que le quedaban y además le dio dinero extra.
Le preguntó dónde vivía, si estudiaba, cómo estaba su familia. El niño le contó que su papá los había abandonado y que su mamá trabajaba limpiando casas. Jason le dio su número de teléfono y le dijo, “Dile a tu mamá que me llame. Voy a pagar tu escuela.” Y lo hizo.
Durante años pagó la escuela de ese niño. Nadie lo supo hasta que el niño, ya más grande lo contó en redes sociales después de la muerte de Jason. Ese era Jason Jiménez, un hombre que no olvidaba que él también fue ese niño, que él también trabajó desde los 13 años, que él también vio a su madre sufrir y cuando podía ayudar, ayudaba sin fotos, sin publicidad, sin esperar nada a cambio.
Y hay otra historia que su equipo cuenta. En uno de sus conciertos más importantes, minutos antes de salir al escenario, Jason recibió una llamada. Era su madre, Luz Mary. Estaba en el hospital. Nada grave, pero necesitaba que Jason la acompañara. Jason estaba a punto de salir a cantar frente a 15,000 personas, pero le dijo a su equipo, cancelen el concierto. Mi mamá me necesita.
Su equipo le dijo que era imposible. que la gente ya estaba ahí, que iba a ser escándalo. Pero Jason no dudó ni un segundo. No me importa, mi mamá es primero. Al final no tuvieron que cancelar porque Luz Mary le dijo que estaba bien, que no se preocupara, que saliera a cantar. Pero Jason estaba dispuesto a cancelarlo todo por su madre sin pensarlo, sin dudarlo, porque para Jason la familia era lo primero siempre, en todo momento.
Y eso no era solo palabras, era acciones. Y pensemos en lo que significa eso. En un mundo donde los artistas cancelan conciertos por resacas, por caprichos, por cosas sin importancia, Jason estaba dispuesto a cancelar por su madre. En un mundo donde la fama se sube a la cabeza, donde el éxito cambia a las personas, Jason seguía siendo el mismo muchacho humilde que cargaba aguacates.
Y eso es lo que la gente amaba de él, que era auténtico, que era real, que no fingía ser alguien que no era. Cantaba sobre dolor porque conocía el dolor. Cantaba sobre madres luchadoras porque su madre fue luchadora. cantaba sobre superación porque él mismo se superó. No era personaje, era Jason, simple y honesto.
Y ahora pensemos en las conversaciones que Jason tuvo con Sonia esos últimos días. Las conversaciones que ninguno de los dos sabía que iban a ser las últimas. El viernes 9 de enero, antes de ir al concierto en Málaga, Jason pasó el día con su familia. jugó con sus hijos, abrazó a Sonia, cargó a Santiago que apenas tiene 6 meses.
Fueron momentos normales, cotidianos, de los que no guardas en la memoria porque asumes que van a repetirse mil veces más, pero fueron los últimos. Y Sonia ahora tiene que vivir con eso. Tiene que recordar cada detalle de ese último día porque no va a haber más días. Tiene que aferrarse a esos recuerdos.
porque son los últimos que tiene. Y probablemente se pregunta mil veces, ¿le dije que lo amaba? ¿Lo abracé suficiente? ¿Le di un beso de despedida? ¿Le dije todo lo que quería decirle? Y aunque la respuesta sea así a todas esas preguntas, nunca va a sentir que fue suficiente, porque cuando pierdes a alguien, siempre sientes que pudiste haber hecho más.
dicho más, amado más. Aunque hayas hecho todo bien, aunque hayas amado con todo, siempre vas a sentir que faltó algo, que pudiste haber aprovechado mejor ese último día si hubieras sabido que era el último. Y esa culpa, ese arrepentimiento, es parte del duelo, es parte del proceso de aceptar que la persona ya no está.
es parte de aprender a vivir con el vacío y Sonia va a tener que pasar por todo eso. Las etapas del duelo, la negación donde no puedes creer que pasó, la ira donde estás enojada con el mundo, la negociación donde intentas hacer tratos con Dios, la depresión donde no quieres levantarte de la cama y finalmente si tienes suerte la aceptación.
Pero la aceptación no significa olvidar, no significa que ya no duele, significa que aprendes a vivir con el dolor, que aprendes a cargar esa ausencia todos los días, que aprendes a sonreír aunque por dentro esté rota. Y Sonia va a tener que hacer todo eso mientras cría sola a tres hijos, mientras les explica por qué papá no viene, mientras responde preguntas que no tienen respuesta buena, mientras intenta ser fuerte cuando lo único que quiere es derrumbarse y sus hijos van a ver su
dolor. Por más que intente ocultarlo, sus hijos van a saber que mamá está sufriendo y eso también va a afectarlos. Van a sentir que tienen que ser fuertes por mamá. Van a cargar con culpas que no son suyas. Van a crecer más rápido de lo que deberían. Porque cuando un padre muere, los hijos pierden no solo al padre, sino también un pedazo de la infancia.
pierden esa sensación de seguridad de que papá y mamá van a estar siempre ahí. Aprenden demasiado, joven, que la gente que amas puede desaparecer en un segundo y eso los cambia, los marca, los hace ver el mundo diferente. María Camila tiene 15 años, ya no es niña, pero tampoco es adulta. está en esa edad difícil donde todo está cambiando, donde necesitas guía, donde necesitas que alguien te diga que todo va a estar bien.
Y Jason era esa persona para ella. Era el padre que llegó cuando ella tenía 2 años y la amó como si fuera suya. Era el hombre que le dio estabilidad, amor, presencia. Era su papá en todo el sentido de la palabra. Y ahora, a los 15 años tiene que seguir adelante sin él.
Tiene que navegar la adolescencia sin su padre. Tiene que tomar decisiones importantes sin poder preguntarle qué haría él. Tiene que crecer sin esa figura paterna que todos necesitamos. Y en unos años, cuando tenga 18, 20, 25 años, va a haber momentos donde va a necesitar a su papá. con desesperación, momentos de celebración donde va a querer que él esté ahí orgulloso, momentos de tristeza donde va a necesitar un abrazo de papá.
Momentos de duda donde va a querer consejo de alguien que la conoce desde niña y él no va a estar y va a doler cada vez, cada cumpleaños, cada graduación, cada logro. Va a doler que papá no esté ahí para verlo. Italiana, la de 7 años, va a crecer con recuerdos vagos. Va a recordar pedazos, pero no todo.
Y eso es casi peor que no recordar nada, porque va a tener fragmentos de felicidad que no puede completar. Va a tener sensaciones de seguridad que no puede explicar de dónde vienen. Va a ver videos de su papá cantando y le va a parecer familiar, pero distante, como un sueño que casi recuerdas, pero no del todo.
Iba a pasar su vida tratando de llenar esos espacios en blanco con fotos, con videos, con historias que le cuenten, pero nunca va a ser lo mismo que tener recuerdos propios. que tener momentos reales guardados en la memoria, que poder cerrar los ojos y recordar exactamente cómo era la risa de papá, cómo olía cuando la abrazaba, cómo se sentía su mano sosteniendo la suya.
Y Santiago, el bebé de 6 meses, va a tener la carga más pesada de todas. Va a crecer sin conocer a su padre. Va a crecer viendo fotos, viendo videos, escuchando canciones, pero sin ningún recuerdo propio. Va a crecer preguntándose cómo era papá realmente. Más allá de lo que le cuenten, más allá de lo que vea en videos, va a preguntarse si se parecen en algo más que en la cara, si tienen los mismos gestos, las mismas manías, la misma risa.
va a crecer con un vacío que nada puede llenar, con preguntas que nadie puede responder del todo, con la sensación constante de que le falta algo fundamental en su vida. Y cuando crezca y tenga sus propios hijos, va a mirarlos y va a pensar en todo lo que su padre se perdió de él, en todos los momentos que no compartieron, en todas las enseñanzas que no recibió, en todo el amor que no pudo recibir directamente.
Y va a ser injusto, terriblemente injusto, porque Jason quería tanto a ese bebé, lo esperó tanto y solo tuvo 6 meses con él. medio año, nada, un suspiro y después desapareció. Y Santiago va a cargar toda su vida con eso. Con saber que su padre lo amaba, pero no pudo demostrárselo. Con saber que su padre tenía planes para él, pero no pudo cumplirlos.
Con saber que su padre estaría orgulloso de él, pero no está aquí para decírselo. Esa es la crueldad de la muerte. No mata solo al que muere, mata pedazos de todos los que quedan. Mata futuros, mata posibilidades, mata lo que pudo haber sido. Y ahora Colombia tiene que decidir qué hacer con el legado de Jason Jiménez, cómo honrar su memoria, cómo mantener viva su música, cómo ayudar a su familia.
Ya hay propuestas para hacer un homenaje masivo, un concierto donde todos los artistas de música popular canten sus canciones, donde se recauden fondos para sus hijos, donde Colombia se una para despedirse de uno de sus mejores. Hay propuestas para ponerle su nombre a calles, a parques, a escuelas, para que las nuevas generaciones sepan quién fue Jason Jiménez y qué logró.
Ya hay propuestas para crear una fundación en su nombre que ayude a niños en situación de pobreza, que les dé oportunidades como Jason hubiera querido, que perpetúe su legado de generosidad y ayuda. Todo eso está bien, todo eso es necesario, pero lo más importante es que su música siga sonando, que sus canciones sigan llegando a corazones, que su historia siga inspirando, porque ese es el legado real, no las estatuas ni las calles con su nombre, sino el impacto que tuvo en la vida de millones
de personas, las lágrimas que provocó, las sonrisas que generó, la esperanza Jason Jiménez demostró que no importa de dónde vengas, demostró que un niño vendiendo aguacates puede terminar llenando el estadio más importante del país. Demostró que el hijo de un alcohólico violento puede ser padre amoroso.
Demostró que los sueños se cumplen si trabajas duro y no te rindes. Y esa es lección que va a perdurar. Esa es herencia que dejó, no solo para sus hijos, sino para todos los niños de Colombia que vienen de abajo, para todos los que sienten que no tienen oportunidades, para todos los que piensan que no hay salida.
Jason fue prueba viviente de que sí hay salida, de que sí es posible, de que sí se puede. Y aunque murió a los 34 años, aunque su vida fue cortada brutalmente cuando todo recién empezaba, lo que logró en esos 34 años fue más que lo que muchos logran en 80. Construyó familia, construyó carrera, construyó legado, tocó millones de vidas, cambió un género musical.
abrió puertas, inspiró a generaciones y eso no se borra con la muerte, eso permanece, eso trasciende. Jason Jiménez murió el 10 de enero de 2026 a los 34 años en el accidente aéreo que soñó tres veces. Pero Jason Jiménez también nació ese día como leyenda, como símbolo, como inspiración eterna.
Y mientras sus canciones sigan sonando, mientras su historia siga contándose, mientras la gente siga cantando aventurero con lágrimas en los ojos, Jason Jiménez sigue vivo. No necesita respirar para estar vivo. vive en cada nota de sus canciones, en cada palabra de sus letras, en cada lágrima de sus fans, en cada abrazo que Sonia les da a sus hijos, en cada vez que María Camila ve una foto de su papá, en cada vez que Taliana escucha su voz, en cada vez que Santiago pregunte por él cuando
crezca, ahí está Jason vivo, presente, eterno Y ese es el tipo de inmortalidad que realmente importa. No cuántos años viviste, sino cuánto tiempo vives después de morir. Y Jason Jiménez va a vivir para siempre. M.