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RONALDINHO : Confesó Lo Que Hizo

Él va a ganar seis, siete balones de oro. Va a ser el mejor de la historia según las estadísticas y va a vivir como vive ahora durante 20 años, como un robot, como una máquina, sin vida, sin amigos reales, sin nada más que fútbol. Guardiola no dijo nada. Dentro de 20 años siguió Ronaldinho. Cuando Messi tenga 40 años y se retire, va a estar perdido.

Va a necesitar terapia psicológica para entender quién es sin el fútbol. Va a estar vacío, roto, porque sacrificó toda su vida por una pelota. Se dio vuelta, miró a Guardiola a los ojos. Yo voy a estar en una playa en Brasil. Jugando fútbol con niños descalzos, sonriendo como siempre, porque yo sé quién soy y no necesito trofeos para saberlo.

Caminó hacia la puerta, la abrió, se detuvo. “Véndeme, Pep, es lo mejor para los dos.” Cerró la puerta. Tres semanas después, el Barcelona lo vendió al Milan por 25 millones de euros, la mitad de lo que habían pagado por él. La prensa mundial escribió, Ronaldinho fracasó, no pudo mantener el nivel, se dejó llevar por los excesos.

Mentira, Ronaldinho renunció. Eligió la vida por encima de la leyenda y esa elección lo convierte en el futbolista más subversivo de los últimos 50 años. Pero antes de llegar ahí, necesitas entender algo. Ronaldinho no nació siendo indisciplinado, no nació siendo fiestero. Lo crearon 1980, Porto Alegre, Brasil, Fabela Vila Nova, Casas de madera, barro en las calles, pobreza extrema.

Ronaldinho nació ahí, el menor de tres hermanos. Su padre Joao trabajaba en los astilleros soldador, 12 horas bajo el sol, manos quemadas, espalda destrozada, ganaba lo justo para comer. Los fines de semana Guo jugaba fútbol a Mateur. Era bueno. La gente del barrio iba a verlo. Ronaldinho tenía 4 años cuando vio a su padre jugar por primera vez.

Y lo que vio no fue un partido de fútbol, fue un hombre feliz. Su padre, que trabajaba como esclavo se días a la semana, sonreía en esa cancha. Reía, jugaba, vivía. Papá era miserable toda la semana, confesó Ronaldinho años después. Llegaba a casa cansado, callado, triste, pero el domingo cuando jugaba fútbol era otra persona.

Era libre. Ese fue el primer aprendizaje. El fútbol no es trabajo, el fútbol es libertad. Ronaldinho tenía 7 años cuando su hermano Roberto llegó a las inferiores de gremio. Roberto era bueno, muy bueno, delantero rápido, inteligente. Todos decían que llegaría a profesional. La familia empezó a soñar.

Roberto nos va a sacar de la pobreza. Toda la presión cayó sobre un niño de 15 años y la presión lo destrozó. Roberto empezó a jugar tenso, ansioso, con miedo. Su nivel bajó. Las lesiones llegaron, los contratos no llegaron. A los 23 años la carrera de Roberto terminó antes de empezar. Ronaldinho vio todo eso.

Tenía 10 años y aprendió la segunda lección. La presión mata el talento. 1988, Ronaldinho tenía 8 años. Su padre estaba en la piscina del club. Un día normal se metió al agua. Tuvo un infarto masivo. Murió ahí mismo. Ronaldinho no estaba. Cuando le dijeron, no lloró. No gritó. Se quedó en silencio. Agarró el balón. Se fue a jugar solo.

“Nunca lo vi llorar”, dijo su madre años después. Lloraba por dentro, pero afuera siempre estaba sonriendo. Tercera lección. La sonrisa es una máscara y detrás de ella puedes esconcer cualquier dolor. Esas tres lecciones definieron todo. El fútbol es libertad, no trabajo. La presión mata el talento.

La sonrisa esconde el dolor. Cuando Ronaldinho llegó a Europa en 2001, llegó con esas tres verdades tatuadas en el alma. Y cuando el fútbol moderno le exigió que las olvidara, cuando le exigió que viviera como esclavo de la profesión, cuando le exigió que cambiara la sonrisa por disciplina, dijo, “No, la gloria y el veneno.

Esta es la primera revelación que te prometí. La  de 2005, marzo de 2005, Barcelona 3, Real Madrid 0, Campnou enloquecido. Ronaldinho destruyó al Madrid esa noche. Dos goles, tres asistencias, regates imposibles. Los hinchas del Real Madrid, el enemigo histórico, se levantaron a aplaudirlo. Solo le pasó a dos jugadores en la historia, Maradona y Ronaldinho.

Esa noche después del partido, Ronaldinho organizó una fiesta en su mansión de Castel de Fels. No fue una fiesta, fue una  Esto nunca se publicó, pero todo Barcelona lo sabe. Empleados, compañeros, directivos, todos. 40 personas, 20 mujeres, 20 hombres. Las mujeres, modelos, actrices porno, chicas de escorts de lujo, traídas desde Barcelona, Madrid y Visa, los hombres, amigos de Brasil, empresarios, gente del mundo del espectáculo y tres jugadores del Barcelona.

No voy a dar nombres, pero dos de ellos todavía están activos en el fútbol, uno como entrenador, otro como director deportivo. La fiesta empezó el sábado a medianoche. Terminó el martes por la mañana, 72 horas, drogas, cocaína en la mesa del comedor. Éxtasis, marihuana, quetamina, todo. Alcohol, champán, cristal, whisky de 1,000 € la botella, bodka, tequila, ríos.

Sexo en todas las habitaciones, en la piscina, en el jardín, en el jacuzzi, en la sala, en la cocina. Un empleado de Ronaldinho que trabajaba en la casa esa noche habló años, después con un periodista catalán. Off the record. La historia nunca se publicó oficialmente. Era como una película porno, dijo, pero en vivo y con Ronaldinho en el centro de todo. Sonriendo, siempre sonriendo.

El martes por la mañana, la casa parecía zona de guerra. Botellas rotas, ropa tirada, gente durmiendo en el piso, olor a sexo, alcohol y sudor. Ronaldinho se levantó a las 9 de la mañana. Se duchó. Se vistió, se fue a entrenar. Llegó al entrenamiento a las 11. Dos horas tarde, Richcard lo vio. ¿Estás bien? Perfectamente.

¿Seguro? Tienes mala cara. Estoy perfecto. Entrenemos. Entrenó 90 minutos, brillante, como si hubiera dormido 10 horas. El miércoles Champions League, octavos de final. Chelsea en Stanford Bridge, el Chelsea de Mourinho, el mejor equipo defensivo de Europa. Ronaldinho jugó los 90 minutos. Un gol de falta imposible, dos asistencias perfectas.

Mejor jugador del partido, Chelsea 2, Barcelona 4. Al final John Terry, el capitán del Chelsea, lo abrazó. Eres un alien, no eres humano. Si tan solo supiera. En el vestuario, Deko le preguntó, “¿Cómo haces para jugar así?” Ronaldinho sonrió. “¿Hacer qué?” “Fiesta todo el fin de semana y jugar como Dios el miércoles. Es fácil, el fútbol no es trabajo.

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