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LUIS García: FÚTBOL, risas y un INFIERNO… El oscuro SECRETO que KATE del Castillo no PERDONA

El club Universidad Nacional, uno de los grandes del fútbol mexicano, el club universitario por excelencia, el equipo que en la Ciudad de México representaba algo más que un resultado dominical, representaba una identidad y ese adolescente de 14 años ya estaba adentro aprendiendo, creciendo, desarrollando el instinto que después lo llevaría a los máximos escenarios del fútbol mundial.

Su debut profesional llegó en 1986 cuando tenía 17 años. Fue la mano de Miguel Mejía Varón quien le dio la oportunidad de mostrarse en primera división. Y lo que vino después en esos primeros años de aprendizaje con los Pumas fue la confirmación de que no había exageración en lo que los que lo habían visto de cerca decían.

El muchacho podía jugar, podía gol, podía ser grande. Piensa en el México futbolístico de finales de los 80. El país todavía cargaba el trauma del mundial de 1986, el de los cuartos de final contra Alemania occidental, el [música] de los penales, el de la eliminación que dolió como duele todo lo que estuvo al alcance de la mano.

La selección mexicana estaba buscando su próxima generación y el fútbol de liga estaba ebuyendo con jugadores que definirían una era. En ese contexto, Luis García se fue haciendo de un lugar. El verdadero salto llegó en la temporada 1990-91. Escucha estos números y grábatelos. Luis García se convirtió en campeón de goleo con 26 tantos.

fue la figura clave para que los Pumas de la UNAM conquistaran el título de liga frente al América en una final que definió con inteligencia y carácter [música] y al año siguiente 1991 a 92 repitió como campeón de goleo es que dos campeonatos de goleo consecutivos en total durante su etapa completa con los Pumas disputó 195 partidos y anotó 83 goles. 83 goles.

En dos temporadas consumó 75 anotaciones, lo que lo colocó como el goleador más prolífico del fútbol mexicano de su generación. No había manera de ignorarlo. No había manera de que Europa no fijara sus ojos en él y Europa fijó [música] sus ojos. El Atlético de Madrid se movió primero. En el verano de 1992, Luis García Postigo tomó el vuelo hacia España con 24 años, siendo comparado en los medios mexicanos con Hugo Sánchez.

El punto de comparación más alto que puede existir en el imaginario del fútbol mexicano. Hugo [música] Sánchez, el único mexicano que había dominado la liga española, el que había ganado cinco campeonatos de goleo consecutivos en el Real Madrid, es el símbolo absoluto de lo que un mexicano podía lograr en el fútbol europeo.

La presión que ese punto de comparación representaba era [música] enorme, pero Luis García en su primera temporada con el Atlético de Madrid no se achicó. anotó 17 goles en 29 partidos disputados. En ese momento fue el mejor debut de un futbolista mexicano en la historia de la Liga española [música] por encima de cualquiera que hubiera intentado el salto antes.

Piensa en lo que eso significa. Llegas a un país extraño, a una liga donde la intensidad física y la velocidad táctica son distintas [música] a lo que conoces, donde los defensas son más agresivos, donde los entrenadores no te perdonan un error porque hay otros 10 esperando tu lugar y en ese ambiente anotas 17 goles. No sobrevives, brillás.

[música] Escucha esto. Durante esa primera temporada en el Atlético, Luis García se convirtió en algo más que un jugador. Se convirtió en un personaje joven, atractivo, carismático, hablador, con una personalidad que desbordaba los límites de la cancha y llegaba naturalmente a los micrófonos [música] y a las cámaras.

Fue invitado a programas de televisión, a entrevistas de revistas, a eventos donde su presencia era magnética. Los medios españoles lo celebraban, los medios mexicanos lo idolatraban desde lejos y ahí, según sus propias palabras, quedaría años después en entrevistas empezó a moverse el piso. Él mismo lo ha dicho. Toda esa fama repentina, toda esa atención mediática a los 24 años, toda esa comparación con Hugo Sánchez le empezó a pesar, le ofuscó y eventualmente lo llevó a tomar decisiones que definieron el resto de su carrera de manera que no siempre fue

para bien. Una carrera que, siendo talento puro, pudo haber sido mucho más de lo que fue. La segunda temporada en el Atlético fue notoriamente peor que la primera. Las tensiones con la directiva crecieron. y Luis García fue transferido a la Real Sociedad de San Sebastián en la temporada 1993 a 94.

Fue por su propio reconocimiento y por los números el peor año de su carrera. Dos goles en toda la temporada. Del delantero que había encandilado al Atlético, al jugador que no encontraba su lugar en San Sebastián. Terminado el Mundial de 1994, regresó a México. El Club América lo recibió con los brazos abiertos. Tenía 25 años y el fútbol mexicano lo recibía de vuelta como el hijo pródigo.

Con los Azul Cremas estuvo hasta 1997 participando 81 veces y anotando 43 goles, incluyendo cuatro tantos en un solo partido contra el Morelia en un memorable invierno 96. Audo. CEB era un goleador que seguía siendo letal, aunque la narrativa de la estrella que iba a dominar Europa ya se había ido ajustando a la realidad de un jugador brillante en México, [música] pero que no había llegado a su máximo potencial en el viejo continente.

Y aquí viene lo primero que te prometí. El año 1997 fue el punto de inflexión que define todo lo que vino después, no solo futbolístico, sino personal. Luis García se fue al Atlante, donde recuperó su instinto goleador y se coronó campeón de goleo en el invierno 1997 con 12 anotaciones. Ese año, con 28 años todavía podía ser el Luis García de los mejores momentos, pero algo estaba cambiando adentro.

En 1998 protagonizó uno de los movimientos [música] más mediáticos de la historia del fútbol mexicano. Fichó por las Chivas del Guadalajara, un examericanista llegando al rebaño sagrado. De la polémica fue [música] instantánea. Ricardo Ferreti lo usó como pieza central del sistema y las Chivas llegaron a la final del torneo.

Pero en ese partido de final, Luis García, que era el cobrador oficial de penales del equipo, tomó una decisión que el seno del club no olvidó. decidió no tirar el penal que podría haber dado el campeonato a las Chivas. Necaxa se coronó campeón y la relación entre Luis García y Guadalajara nunca volvió a ser la misma. Grábate esto.

Esa decisión, ese momento donde el cobrador del equipo decide no cobrar el penal más importante es el tipo de escena que persigue a un jugador durante décadas. No porque sea necesariamente la escena más importante de una carrera, sino porque define cómo el fútbol te recuerda. Y Luis García ya estaba en el declive de su carrera activa.

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