A las 5:45 de la tarde nace una niña. Le ponen el nombre de Ingrid Bergman. La pequeña Ingrid nace en una familia próspera. Justus tiene una tienda fotográfica y una galería de arte en el centro de Estocolmo. Freed una familia alemana de comerciantes y la pequeña Ingrid, hija única, va a ser criada con todo el cuidado y todos los privilegios que una familia burguesa sueca de la época podía dar a una niña.
Pero la felicidad de la familia Bergman duró muy poco cuando Ingrid tenía solo 2 años. En 1917 su madre Friedle murió de una enfermedad hepática. La pequeña Ingrid no la recordaría nunca. solo conocería a su madre a través de las fotografías que su padre, Justus, había tomado de ella durante el embarazo. Decenas de fotografías de una mujer joven, bella, sonriente, mostrando un vientre redondo.
Esa era toda la imagen que Ingrid iba a tener de su madre durante el resto de su vida. Justus Bergman, después de la muerte de su esposa, se quedó solo con su hija de 2 años. La crió con devoción absoluta. Le enseñó él mismo a leer, a escribir, a dibujar. La llevó a su tienda fotográfica casi cada día. Le hacía retratos profesionales que enviaba a sus parientes alemanes en cada cumpleaños.
Y según las propias memorias de Ingrid Bergman, publicadas en 1980, su padre era el hombre más maravilloso del mundo durante esos primeros 11 años de su vida. Pero en 1929, cuando Ingrid tenía 13 años, llegó el segundo golpe. Su padre, Justus Bergman fue diagnosticado con un cáncer de estómago. La enfermedad en esa época era mortal.
Justus pasó 6 meses en el hospital de Estocolmo. Y durante esos 6 meses, Ingrid, con 13 años se mudó a vivir con una tía suya llamada Ellen Bergman. Hay una cena de los últimos días de Justice Bergman en el hospital de Estocolmo que Ingrid Bergman contaría décadas después en sus memorias publicadas en 1980. Justus, sabiendo que se moría, le pidió a su hija Ingrid una tarde cuando solo quedaban ellos dos en la habitación que se acercara a su cama.
le tomó la mano débil y le dijo con una voz que apenas escuchaba, “Mi pequeña Ingrid, te voy a contar un secreto que no le he contado a nadie. Cuando tu madre Friedle estaba embarazada de ti en 1915, una noche soñó que iba a tener una hija que iba a ser famosa en todo el mundo, una hija que iba a ser amada por millones de personas y que iba a hacer feliz a miles de hombres y mujeres con su voz y con su cara.
Tu madre esa noche despertó llorando y me dijo, “Justus, nuestra hija va a ser una gran artista.” Ingrid Bergman esa tarde con 13 años, sentada al lado de la cama del hospital donde su padre se moría, no entendió completamente lo que él le estaba diciendo, pero le tomó la mano y le dijo, “Papá, te lo prometo. Voy a hacer lo que mamá soñó.
Voy a ser una gran artista. Voy a hacer feliz a la gente y cada vez que esté en un escenario voy a pensar en ustedes dos, en mamá y en ti para siempre. Justus murió tres días después, en julio de 1929. Ingrid, esa tarde, según contaría décadas después, no lloró delante de los demás. Solo después del entierro, cuando se quedó sola en la habitación de la casa de su tía, lloró durante horas.
con la cabeza enterrada en una almohada y dijo, “Según ella misma contaría, una frase que nadie escuchó, pero que recordaría toda su vida. Ahora estoy sola en el mundo para siempre.” Absolute tome. Two. A los 13 años, Ingrid Bergman había perdido a sus dos padres. Y lo que era todavía peor, su tía Elen, con la que se había mudado, murió también.
6 meses después, Ingrid a los 14 años fue acogida por otra tía llamada Julda en una casa donde ya vivían cinco primos. Por primera vez en su vida, Ingrid se sintió como una invitada permanente, como una huérfana que tenía que ganarse el cariño de personas que no la querían realmente.
Hay un episodio de esos años de adolescencia en casa de su tía Jula, que Ingrid Bergman contaría décadas después en sus memorias publicadas en 1980. Ingrid, a los 15 años se encerraba sola en el ático de la casa de su tía cada tarde después del colegio. Allí, en ese ático polvoriento donde nadie iba nunca, Ingrid había construido un pequeño teatro imaginario.
Tenía una caja de cartón vieja, tenía un viejo espejo de mano que le había pertenecido a su madre y tenía dos vestidos antiguos que había encontrado en un baúl olvidado. Cada tarde, durante dos horas, Ingrid se transformaba en otras personas. Recitaba monólogos de Strenberg, que se sabía de memoria.
Inventaba diálogos donde ella era la heroína de su propia vida. Lloraba por personajes imaginarios, reía por escenas inventadas. Y según contaría ella misma, esas dos horas en el ático de su tía Julda eran las únicas dos horas de cada día en las que la pequeña Ingrid se sentía completamente libre. Una tarde, su prima Brit Mary subió al ático sin avisar y la encontró recitando un monólogo.
Brit Mary, según contaría Ingrid, soltó una carcajada y le dijo, “Mira a la huérfana actuando como si fuera Greta Garbello.” Esa frase, dicha por una prima de 14 años hirió a Ingrid Bergman como un cuchillo. Pero también, según ella misma confesaría, fue el momento en el que decidió que sí, exactamente eso iba a hacer. Iba a ser una nueva Greta Garbo y nadie iba a poder reírse nunca más.
Esa sensación de ser una invitada permanente, de tener que ser perfecta para que la quisieran, iba a marcar el resto de la vida emocional de Ingrid Bergman. Sus biógrafos dirían después que esa fue la razón por la que se entregó tanto al cine. El cine le daba lo que la realidad le había negado. El cine la quería incondicionalmente.
¿Desde dónde nos estás viendo? Cuéntanos en los comentarios. Nos encanta saber desde qué país nos siguen. A los 17 años, en 1932, Ingrid Bergman tomó una decisión que iba a cambiar el resto de su vida. Decidió que quería ser actriz. Su tía Hulda, según las memorias de Ingrid, se opuso furiosamente.
Le dijo que las actrices eran mujeres de mala vida, que ninguna mujer respetable de Estocolmo podía dedicarse a esa profesión que se iba a arrepentir. Ingrid, contra el consejo de su tía, se inscribió en la prestigiosa real escuela de teatro dramático de Estocolmo. Era la escuela más exigente de Suecia. Solo aceptaban a 12 alumnos por año.
Después de un examen severo, Ingrid se presentó. recitó un fragmento de una obra de Strberg ante un tribunal de cinco profesores. Los profesores, según contaría después uno de ellos, quedaron impresionados por su naturalidad, por su belleza luminosa y, sobre todo, por algo que el profesor describiría años después como una intensidad emocional que parecía venir de una herida muy profunda.
Ingrid fue admitida en la escuela. Empezó las clases en septiembre de 1933, pero después de solo 6 meses de clases ocurrió algo inesperado. Un productor de cine sueco llamado Gustav Edgren la vio en una representación estudiantil. Le ofreció un papel pequeño en una película llamada Monk Brven de 1934. Ingrid, con 18 años aceptó abandonó la escuela de teatro y durante los siguientes 6 años, entre 1934 y 1939, hizo 12 películas en Suecia.
Una de esas películas iba a cambiar el curso de su vida. Se llamaba Intermetso de 1936, dirigida por Gustav Molander. Creitponn.com. Era la historia de una joven pianista que se enamora de un violinista casado. Ingrid, con 21 años, interpretaba el papel principal. La película fue un éxito masivo en Suecia y en Europa y sobre todo llamó la atención de un hombre que en ese momento era uno de los productores más poderosos de Hollywood.
Su nombre era David Selsnick, el productor de Lo que el viento se llevó, la película más comercial de la historia americana hasta esa fecha. Celsnick en 1938 vio intermeso en una proyección privada en Los Ángeles. Quedó hipnotizado por Ingrid Bergman. le dijo a su esposa Irene, según contaría después, una frase que iba a hacerse profética.
Esta sueca va a ser la próxima Greta Garbo, pero más alta, más bella, más natural y yo voy a ser quien la traiga a Hollywood. Celsnick mandó a un emisario a Suecia. Le ofreció a Ingrid Bergman un contrato de 5 años. Le ofreció hacer una versión americana de intermetzo como su película de debut en Hollywood y le ofreció una cifra que ningún productor sueco podía igualar.
Pero Ingrid, antes de aceptar había tomado en 1937 una decisión personal que iba a marcar el resto de su vida adulta. Se había casado a los 21 años con un dentista sueco de 28 llamado Peter Lindstrom. Peter era un hombre serio, religioso, austero. Estudiaba para convertirse en neurocirujano y representaba, según contarían después los biógrafos, exactamente el tipo de hombre estable que Ingrid había buscado toda su vida después de quedarse huérfana a los 13 años.
Hay un detalle de la noche de bodas de Ingrid Bergman y Peter Lindstrom en julio de 1937, que Ingrid contaría con cierta amargura décadas después en una entrevista a la revista Luke. La pareja se casó en una pequeña iglesia luterana de Estocolmo ante apenas 20 invitados. Después de la ceremonia fueron a un hotel de la costa sueca para pasar la noche de bodas.
Y según Ingrid, su nuevo marido, Peter, esa misma noche de bodas, le dio dos hojas escritas a Máquina con las reglas del matrimonio que esperaba que ella siguiera durante los próximos 50 años. Las reglas incluían: una hora exacta para acostarse cada noche, tres comidas diarias hechas en casa por la esposa. Visita al médico cada 6 meses para chequeos de fertilidad. Voy punt.
Voy cero contacto con hombres solteros sin la presencia de Peter. Y lo que era más doloroso para Ingrid, según se sabría después, una cláusula que decía que si Ingrid quería seguir actuando después de tener hijos, tendría que pedirle permiso a Peter para cada papel. Ingrid, esa noche de bodas, con apenas 21 años, leyó las dos hojas escritas a máquina sin decir nada, las firmó y se metió en la cama.

Pero según ella misma contaría décadas después, esa noche no durmió. Se quedó mirando el techo del hotel hasta el amanecer, sintiendo que acababa de firmar una cárcel en la que iba a vivir el resto de su vida adulta. Peter Lindströ cuando Celsnek ofreció el contrato de Hollywood no quería que su esposa fuera a América. Le decía que el cine americano era una corrupción, que Ingrid debía quedarse en Suecia, ser madre, ser esposa, abandonar la actuación cuando tuvieran hijos.
Pero Ingrid, contra los deseos de su marido, aceptó la oferta de Celsnick. En agosto de 1939, Ingrid Bergman, embarazada de 5 meses de su primera hija Pa, se subió a un barco en Estocolmo y partió hacia Nueva York. Detrás dejaba a su marido Peter, que la seguiría unos meses después. Adelante le esperaba Hollywood y sin que ella lo supiera, le esperaba la fama más absoluta del cine clásico mundial y también la caída más brutal que cualquier estrella de su generación iba a vivir.
La versión americana de Intermetso estrenada en 1939 fue un éxito modesto, pero confirmó algo que Celsnick ya sabía. Ingrid Bergman tenía un encanto natural. que ninguna otra actriz de Hollywood podía igualar. No usaba maquillaje exagerado, no usaba pestañas postizas, no usaba peinados elaborados, era simplemente una mujer real, hermosa, luminosa, que aparecía en pantalla con una autenticidad que conquistaba a los espectadores.
Durante los siguientes 10 años, entre 1940 y 1949, Ingrid Bergman se convirtió en una de las cinco actrices más importantes de Hollywood. Hizo películas con los mejores directores y los mejores actores de su época. En 1942 hizo Casa Blanca junto a Humfrey Bogert, dirigida por Michael Curtis. La película se convirtió en un fenómeno cultural inmediato.
Su escena final en el aeropuerto, donde Ingrid se despide de Bogert con lágrimas en los ojos, fue inmediatamente considerada una de las escenas más emocionantes de la historia del cine. Ingrid Bergman con esa película se convirtió oficialmente en una estrella mundial. Hay un detalle que pocas biografías cuentan sobre el rodaje de Casa Blanca.
Ingrid Bergman durante todo el rodaje no sabía cuál iba a ser el final de la película. Los guionistas estaban escribiendo el guion día a día, escena a escena. Ingrid no sabía si su personajeund iba a quedarse con Humfrey Bogart o si iba a irse en el avión con su marido. Y según contaría décadas después, en una entrevista a la revista Look en 1967, esa incertidumbre sobre el final de la película la atormentaba durante el rodaje.
Ingrid le preguntaba cada día al director Michael Curtis, ¿a quién amo realmente? a Rick o a Víctor y Curtis, según los testimonios de la época, le contestaba siempre lo mismo. Ingrid, simplemente actúa como si los amaras a los dos. Cuando filmemos el final, vamos a ver cuál de los dos amas más. Esa indecisión, según los críticos cinematográficos, es lo que dio a Casablanca su intensidad emocional única, porque Ingrid Bergman en cada plano miraba a Bogert y a Paul Henry como si realmente no supiera a quién elegir. Casablanca se estrenó el 26 de
noviembre de 1942 en Nueva York. recaudó más de $,000 en sus primeros 6 meses, una cifra astronómica para la época. Ganó tres Oscars en 1944 a la mejor película, Mejor director, mejor guion adaptado y consagró a Ingrid Bergman a los 27 años como la actriz más prometedora de toda una generación de Hollywood.
En 1943 hizo por quién doblan las campanas. Junto a Gary Cooper, otro éxito masivo. Su primera nominación al Ócar, a la mejor actriz. Fait en 1944 hizo Luz Keagonisa, dirigida por George Cookor. Su interpretación de una mujer manipulada por su marido le ganó su primer óscar a la mejor actriz en marzo de 1945. Y en 1945, 1946 y 1949 hizo tres películas con uno de los directores más importantes de la historia del cine, Alfred Hitchcock.
Recuerda, Encadenados y atormentada, tres clásicos que juntos consolidaron la imagen de Ingrid Bergman como la actriz más versátile de Hollywood. Su patrimonio durante esos años llegó a ser estimado en varios millones de dólares. Vivía con su marido Peter Lindstrom, que ya era un neurocirujano respetado, y su hija Pia en una mansión grande de Beverly Hills.
Ganaba aproximadamente $175,000 por película, Una cifra equivalente, en dólares de hoy a varios millones. y sobre todo era considerada por la prensa americana como la mujer más perfecta de Hollywood. Hay un detalle que pocas biografías cuentan sobre esos años de gloria de Ingrid Bergman. La actriz, según contarían años después sus colegas más cercanos, no era feliz en su matrimonio con Peter Lindstrom.
Peter, que había llegado a América con ella en 1939, se había convertido en un marido cada vez más austero y controlador. Le decidía qué papeles podía aceptar y cuáles no. Le manejaba su dinero, le organizaba sus horarios y, según los testimonios cercanos, ya casi no compartían cama desde 1945. Ingrid Bergman durante esos años de gloria pública, vivía en una jaula de oro adorada por millones de espectadores, pero profundamente sola, buscando desesperadamente una salida.
La salida llegó en 1948 en forma de una película italiana. Esa primavera de 1948, Ingrid Bergman vio en un cine de arte de Beverly Hills, casi por casualidad, dos películas italianas que acababan de llegar a Estados Unidos. La primera se llamaba Roma, ciudad abierta de 1945. La segunda se llamaba Paisá de 1946.
Las dos estaban dirigidas por un mismo cineasta, Roberto Roselini. Esas dos películas pertenecían a un movimiento cinematográfico nuevo que se llamaba El neoralismo italiano. Eran películas filmadas en las calles destruidas de la Italia de posguerra, con actores no profesionales, con presupuestos mínimos, con un realismo crudo que el cine americano de la época no conocía.
Y para Ingrid Bergman, que llevaba 10 años haciendo películas brillantes pero artificiales en Hollywood, esas películas italianas fueron una revelación. Ingrid, después de salir del cine esa tarde volvió a su mansión de Beverly Hills, se sentó en el escritorio de su despacho y escribió la carta que iba a destruir su vida.
La carta era corta, solo seis líneas. Estaba dirigida a Roberto Roselini en Roma. Le decía en italiano básico que Ingrid había aprendido en pocos meses específicamente para escribir esa carta. Querido señor Roselini, he visto sus películas Roma, ciudad abierta y paisá y las he apreciado muchísimo. Si usted necesita una actriz sueca que habla muy bien inglés, que no ha olvidado su alemán, que se hace entender mal en francés y que en italiano solo sabe decir, “Te amo, estoy lista para venir a hacer una película con usted”, firmaba Ingrid
Bergman. Esa carta, según se sabría, décadas después llegó a Roma exactamente el día del cumpleaños de Roberto Roselini, el 8 de mayo de 1948. Roselini la leyó en su despacho y, según contaría después en una entrevista, sintió que el destino estaba poniendo en sus manos un regalo que cambiaba su vida.
Roberto Roselini en 1948 tenía 42 años. Era considerado uno de los directores más importantes del cine europeo, pero en su vida personal era un hombre conocido por sus relaciones turbulentas. Estaba separado de su esposa Marcela de Marchis, con la que había tenido un hijo y tenía una relación pública apasionada con una actriz italiana llamada Ana Magnani, una de las grandes figuras del cine italiano de la época.
Pero la carta de Ingrid Bergman, esa carta de seis líneas escrita en un escritorio de Beverly Hills, cambió todo para Roselini. Le contestó por telegrama dos días después. Le dijo que estaba dispuesto a hacer una película con ella. Le propuso un proyecto sobre una mujer atrapada en una isla volcánica del sur de Italia. La película se iba a llamar Strombly.
Ingrid y Roselini se encontraron por primera vez en París en agosto de 1948. Ingrid había viajado desde Hollywood acompañada solamente de su productor americano. Roselini había venido desde Roma. Los dos cenaron juntos en un restaurante del barrio del Marayis. Hablaron durante 6 horas y según se sabría después, esa misma noche, Ingrid Bergman supo que su vida iba a cambiar para siempre.
Si esta historia te está impactando, dale like ahora nos ayuda enormemente a seguir contando estas vidas olvidadas. En enero de 1949, Ingrid Bergman se subió a un avión en Los Ángeles, dejando atrás a su marido, Peter Lindstrom y a su hija Pia, de 10 años. Le dijo a Peter que iba a Italia solo durante seis semanas para rodar la película con Roselini.
le prometió que volvería tan pronto como terminara el rodaje. Peter, según contaría años después en entrevistas amargas, le creyó completamente. Ingrid Bergman llegó a la isla de Strombly, una pequeña isla volcánica al norte de Sicilia, el 4 de marzo de 1949. Llevaba consigo dos maletas, una pequeña agenda con sus compromisos profesionales en Hollywood y un libro de poemas suecos que le había acompañado durante toda su carrera.
Lo que ocurrió en esa isla durante las siguientes ocho semanas, según se sabría después, fue uno de los romances más apasionados y más destructivos del cine clásico. Ingrid Bergman, una mujer que durante 10 años había vivido en una jaula matrimonial. controlada por un marido austero, se enamoró perdidamente de un director italiano que era, según los testimonios de la época, todo lo opuesto de su marido.
Apasionado, extravagante, bohemio, imprevisible. Hay una escena del rodaje de Strombly que solo se conoció décadas después gracias al testimonio de un técnico italiano que había trabajado en la película. Según ese testimonio, durante la tercera semana de rodaje, una noche después de cenar, Ingrid Bergman y Roberto Roselini desaparecieron del hotel donde se alojaba el equipo de filmación.
Los técnicos los buscaron durante una hora. Finalmente los encontraron en una pequeña cala escondida de la isla, sentados en la arena, mirando el volcán Strumberly en erupción a lo lejos. Ingrid, según el testimonio del técnico, lloraba en silencio. Roselini la abrazaba y le decía en italiano, Ingrid, tienes que decidir tu marido, tu hija, tu vida en Hollywood o esto, yo, Italia, una vida nueva.
No puedes tener las dos cosas. Ingrid esa noche, según se cuenta, no contestó inmediatamente. Se quedó mirando el volcán durante varios minutos y luego, con voz firme le dijo a Roselini, “Roberto, ya he decidido, te elijo a ti.” Esa decisión tomada en una playa volcánica de la isla de Strombley en marzo de 1949 iba a destruir la carrera de la actriz más adorada de Hollywood.
Iba a separarla durante 6 años de su hija mayor. Iba a hacer que el Senado de los Estados Unidos la denunciara como inmoral. Iba a costarle todo lo que había construido durante 10 años. Pero Ingrid Bergman esa noche en la playa no estaba pensando en el costo. Estaba pensando por primera vez en 33 años que había encontrado a alguien que la veía como ella era, no como la santa que el público americano quería que fuera, no como la esposa perfecta que su marido Peter quería que fuera.
Ingrid, simplemente una mujer rubia y luminosa, huérfana desde los 13 años, que había buscado durante toda su vida a alguien que la mirara, como la había mirado su padre Justus antes de morir. Las primeras señales del romance llegaron a la prensa internacional en abril de 1949. La revista americana Life publicó el 2 de mayo de 1949 una fotografía tomada en la isla de Stromboly.
La fotografía mostraba a Ingrid Bergman e Roberto Roselini caminando juntos por una playa tomados de la mano. El titular de la revista era Brutal Idilio en Stromboly. Esta fotografía en mayo de 1949 paralizó a los Estados Unidos. La actriz que durante 10 años había encarnado la pureza, la moralidad, la esposa perfecta, había abandonado a su marido y a su hija de 10 años para tener una aventura con un director italiano casado.
Un escándalo de esa magnitud en la América conservadora de la posguerra era simplemente inconcebible, pero lo peor estaba aún por llegar. En agosto de 1949, los rumores de que Ingrid Bergman estaba embarazada empezaron a circular en la prensa italiana. Hea Hopper, una de las periodistas de chismes más temidas de Hollywood, voló desde Los Ángeles a Roma para confirmar la noticia.
Cenó con Ingrid Bergman en un hotel romano y le preguntó sin rodeos, “Ingrid, dime la verdad. ¿Estás embarazada de Roselini? Ingrid, según contaría Hopper después, dudó durante varios segundos y luego dijo, “Sí, estoy embarazada y lo amo.” La confesión de Ingrid Bergman Aed Hopper se publicó en todos los periódicos americanos al día siguiente.
Una mujer casada, madre de una hija de 10 años, embarazada de otro hombre. una actriz adorada por el público, convertida públicamente en, según las palabras de la prensa de la época, una adúltera sinvergüenza. El escándalo fue inmediato y devastador. Peter Lindstrom en Los Ángeles recibió el divorcio formal de Ingrid Bergman.
Se negó al principio a concederlo. La obligó a divorciarse a través de los tribunales mexicanos en mayo de 1950. Y lo que era mucho peor para Ingrid, los tribunales americanos le concedieron a Peter la custodia exclusiva de su hija Pia. Pia Lindstrom, con 11 años perdió a su madre de un día para otro. Peter le prohibió ver a Ingrid, le prohibió contestar sus llamadas telefónicas, le prohibió leer sus cartas.
Y durante los siguientes 6 años, entre 1950 y 1956, Pia no pudo ver a su madre ni una sola vez. Hay un detalle particular de esa separación que solo se conoció décadas después a través de las propias memorias de Pia Lindstrom publicadas en los años 90. Pía contaba que cada vez que su padre Peter le prohibía contestar el teléfono, la pequeña Pía se encerraba en su habitación, tomaba un libro de fotografías de su madre Ingrid y le hablaba a las fotos durante horas.
Le contaba lo que había hecho en el colegio, le contaba sobre sus amigos, le pedía que volviera y cada noche, antes de dormir, besaba la fotografía favorita de su madre, Pía. En sus memorias contaba también un episodio particular de esa primera Navidad sin su madre en diciembre de 1949. Tenía 11 años.
Su padre Petter había decidido no celebrar la Navidad ese año, considerando que con el escándalo público de su madre, la familia no tenía nada que celebrar. La pequeña Pía, esa nochebuena, se quedó sola en su habitación, sin árbol de Navidad, sin regalos, sin canciones. Y según contaría décadas después, llamó por teléfono a Italia, donde estaba su madre.
Su madre Ingrid contestó al primer timbrazo según el testimonio de Pía, pero antes de que la pequeña pudiera decir una sola palabra, su padre Peter, que estaba en el salón, escuchó el timbre y corrió a la habitación de Pía. le arrancó el teléfono de las manos y sin saludar a Ingrid del otro lado del cable colgó el aparato.
Esa nochebuena, Pia Lindstrom con 11 años se durmió llorando con la cara enterrada en una almohada. Su madre Ingrid en Roma se quedó esa nochebuena sentada al lado del teléfono durante 6 horas esperando que su hija volviera a llamar. La llamada nunca llegó. Esa separación entre madre e hija que iba a durar 6 años fue probablemente el dolor más grande de toda la vida de Ingrid Bergman.
Más grande que el escándalo público, más grande que el exilio de Hollywood, más grande incluso que el cáncer de mama que la mataría décadas después. Pero el castigo público apenas estaba comenzando. El 14 de marzo de 1950, el senador republicano Edwin Johnson de Colorado subió al estrado del Senado de los Estados Unidos.
Tenía una hoja escrita preparada para esa ocasión. Y durante 15 minutos, Edwin Johnson denunció públicamente a Ingrid Bergman ante el Senado de los Estados Unidos. Las palabras del senador Johnson, según el registro oficial del Senado de 1950, fueron las siguientes. Bajo las luces de un 5000 W, Ingrid Bergman, una de las influencias más poderosas para el mal en el mundo entero, ha tenido el más enorme triunfo.
Es una persona depravada e inmoral. Es un ejemplo de vergüenza para todas las mujeres americanas. y proponía un proyecto de ley para prohibir la proyección de cualquier película que protagonizara Ingrid Bergman en Estados Unidos. Hay un detalle particular de ese discurso que pocas biografías de Ingrid Bergman cuentan.
El senador Edwin Johnson, antes de subir al estrado del Senado, el 14 de marzo de 1950, había escrito el discurso él mismo durante toda una semana. Tres páginas escritas a máquina. con correcciones a mano. El senador era padre de cuatro hijas. Era un hombre profundamente religioso y según las cartas que escribió a su esposa durante esa semana, sentía que lo que Ingrid Bergman había hecho representaba una amenaza directa contra la familia americana, contra la moralidad cristiana y contra todos los valores que mis cuatro hijas necesitan
aprender. Pero hay también un detalle que Edwin Johnson nunca compartió públicamente. 22 años después, en 1972, cuando Edwin Johnson tenía ya 87 años y vivía en una residencia de ancianos en Colorado, una periodista del Denver Post lo entrevistó sobre su discurso histórico contra Ingrid Bergman. El senador Johnson, según la periodista, dudó durante varios minutos antes de contestar y luego, con voz quebrada dijo, “Solamente hice lo que creía que era correcto.

” Pero mirando atrás, después de todos estos años, me arrepiento de haber sido tan duro con ella. era solo una mujer que se había enamorado. Esas palabras de Edwin Johnson dichas en 1972 a una periodista regional llegaron a Ingrid Bergman a través de un recorte de periódico que un amigo le envió desde Estados Unidos.
Ingrid, según las memorias de su hija Isabella, leyó el recorte en su pequeño departamento de Londres y después de leerlo, simplemente sonrió y dijo en voz baja, “Demasiado tarde, senador, demasiado tarde. El proyecto de ley nunca se aprobó, pero el daño ya estaba hecho. 5 millones y medio de mujeres americanas organizadas a través de iglesias católicas y protestantes firmaron peticiones para boicotear las películas de Ingrid Bergman.
Las salas de cine de Estados Unidos, una a una, retiraron sus películas anteriores de la programación. Las empresas que la patrocinaban cancelaron sus contratos y durante los siguientes 6 años ninguna productora americana se atrevió a contratar a Ingrid Bergman. para una película. Ingrid oficialmente había sido expulsada de Hollywood, tenía 35 años y era una persona non grata en el país que durante 10 años la había convertido en estrella.
El 24 de mayo de 1950, Ingrid Bergman se casó con Roberto Roselini en una ceremonia civil en México. Estaba embarazada de 8 meses. El 2 de febrero de 1950 había nacido el primer hijo de Ingrid y Roselini llamado Roberto. Era el bebé que el mundo entero esperaba con escándalo. Lo que vino después fueron 6 años de exilio en Italia.
Ingrid Bergman durante ese periodo hizo seis películas con Roselini. Casi todas fueron fracasos comerciales. Strombly de 1950, Europa 51 de 1952, Teeray siempre de 1954. Las películas neoralistas de Roselini, que en la era anterior habían sido aclamadas por la crítica, se transformaron en proyectos comerciales fallidos cuando incluyeron a Ingrid Bergman como protagonista.
Y mientras las películas fracasaban, el matrimonio entre Ingrid y Roselini también empezó a desmoronarse. Roselini, según contarían los testimonios cercanos, era un hombre celoso. Le prohibía a Ingrid trabajar con otros directores. La hacía esperar durante meses entre películas. empezó a tener aventuras con otras mujeres y en 1957, después de que naciera su hija Isabela Rosalini en 1952, el matrimonio se rompió oficialmente.
Ingrid Bergman a los 42 años se quedó sola con tres hijos pequeños, Roberto, Isabella y la gemela de Isabella, llamada también Ingrid, en un país que no era el suyo. sin trabajo, sin amigos cercanos y peor aún todavía sin poder ver a su primera hija Pía, que tenía entonces 18 años. Pero entonces, en 1956 ocurrió algo que nadie había anticipado.
Hollywood lentamente empezó a perdonar a Ingrid Bergman. El productor americano Daryl Zanck, The 20th Century Fox, ofreció a Ingrid Bergman protagonizar una película llamada Anastasia, basada en la historia de la sarina Anastasia Romanov. Era una película que iba a filmarse en Europa, no en Hollywood, pero era el primer papel americano de Ingrid Bergman en 6 años. Ingrid aceptó.
Anastasia se estrenó en diciembre de 1956. Fue un éxito comercial inmediato y en marzo de 1957, los miembros de la Academia de Hollywood le otorgaron a Ingrid Bergman, su segundo óscar, a la mejor actriz. Pero Ingrid no fue a la ceremonia para recibir el premio. Sabía que el público americano todavía la odiaba.
le pidió a su amigo y colega Carry Grant que aceptara el Oscar en su nombre. Carry Grant esa noche subió al estrado de Hollywood y dijo con lágrimas en los ojos, “Querida Ingrid, donde sea que estés esta noche, sabe que todos te amamos y que esperamos verte pronto en casa.” El público de Hollywood esa noche, según los testimonios, se puso de pie y aplaudió durante varios minutos.
El perdón colectivo de Hollywood había llegado después de 6 años de exilio. Ingrid Bergman durante los siguientes 25 años, entre 1957 y 1982, vivió una segunda carrera espectacular. Hizo más de 15 películas. Ganó un tercer Óscar en 1975 por asesinato en el Orient Express. recibió un Tony Award por una obra de teatro en 1947 y otro Emy por su papel de Golden Mayer en 1982.
Volvió a ser oficialmente una de las actrices más respetadas del mundo. En 1958, después del divorcio de Roselini, se casó por tercera vez con un productor teatral sueco llamado Lars Schmid. El matrimonio duró 17 años. Terminaron divorciándose en 1975 sin escándalos públicos. Y lo que era todavía más importante para Ingrid en lo personal, finalmente pudo reconciliarse con su hija Pía.
En 1957, después de 6 años de separación forzada, Pia, ya con 18 años decidió contra los deseos de su padre Peter, ir a visitar a su madre en Roma. Madre e hija se encontraron en el aeropuerto de Roma y según contaría Pí décadas después en sus memorias, las dos se abrazaron durante varios minutos sin decir una sola palabra, solo llorando.
Hay un detalle particular de ese reencuentro entre madre e hija que solo se conoció en una entrevista que Pia Lindstrom dio a la revista People en 1992, 10 años después de la muerte de su madre. Pía contaba que durante esos primeros minutos en el aeropuerto de Roma, ella tenía preparada una pregunta que llevaba 6 años queriendo hacerle a su madre.
Una pregunta que la había atormentado cada noche durante 6 años, desde los 11 hasta los 18. La pregunta era, “Mamá, ¿por qué me dejaste?” Pero según Pia, cuando vio a su madre Ingrid en el aeropuerto, esa pregunta murió en sus labios. vio a una mujer de 42 años cansada, delgada, con el pelo recogido en un moño simple, sin maquillaje.
Una mujer que estaba viviendo en un país que no era el suyo, con un marido que ya había empezado a engañarla, con tres hijos pequeños y sin la mayor parte del dinero que había ganado durante 15 años en Hollywood. Y Pía, según contaría décadas después, comprendió en ese momento del aeropuerto que la pregunta no necesitaba respuesta.
Su madre no la había abandonado por elegir una vida mejor. Su madre había pagado un precio terrible por una pasión que la había arrastrado contra su voluntad. Y Pía, a los 18 años, en lugar de hacer la pregunta que llevaba 6 años preparando, simplemente abrazó a su madre. y le dijo, “Mamá, está bien, estoy aquí. Todo va a estar bien.
” Esas palabras de Pía, dichas en el aeropuerto de Roma en 1957 fueron, según las memorias de Ingrid Bergman, el momento más feliz de toda su vida adulta. Más feliz que ganar el Óscar por luz que agoniza en 1945. Más feliz que casarse con Roberto Roselini en 1950, más feliz que ganar el segundo Óscar por Anastasia en 1957, la actriz, que había sido expulsada de Hollywood, denunciada en el Senado, boicoteada por 5 millones y medio de mujeres americanas, finalmente había recuperado a su hija.
Y eso era, según Ingrid Bergman, lo único que importaba. Pero en 1974 llegó el peor golpe de los últimos años de Ingrid Bergman. Los médicos le diagnosticaron un cáncer de mama. Tenía 59 años. Llevaba 2 años trabajando en su autobiografía. Estaba en el medio de una gira teatral en Londres cuando los médicos le dieron la noticia.
Hay un detalle particular del momento en que Ingrid Bergman recibió el diagnóstico de cáncer que solo se conoció después a través del testimonio de su agente K. Brown. Ingrid estaba en su pequeño departamento de Londres. El médico que la atendía, un especialista del King’s College Hospital, le pidió que fuera a su despacho un viernes por la mañana.
Ingrid llegó vestida con un abrigo gris y un pañuelo rojo. Se sentó frente al médico y el médico, sin rodeos, le dijo, “Señora Bergman, tiene usted un cáncer de mama avanzado. Necesitamos operar en las próximas dos semanas.” Ingrid Bergman, según el testimonio de Kate Brown, no lloró, no protestó, no hizo preguntas, solo después de varios segundos de silencio, le dijo al médico una sola frase.
Dijo, “Doctor, podemos posponer la operación dos meses. Tengo que terminar una obra de teatro en Londres y no quiero dejar al equipo a medias.” El médico, según se cuenta, quedó atónito. Le explicó a Ingrid que cada mes de retraso aumentaba significativamente las posibilidades de que el cáncer se extendiera. Pero Ingrid Bergman insistió.
Terminó su gira teatral hasta el último día. Hizo todas las funciones programadas y solo después, en septiembre de 1974, aceptó someterse a una mastectomía radical. En el King’s College Hospital, Ingrid Bergman, según contaría su hija Isabella en sus memorias, no le dijo a casi nadie sobre su diagnóstico. Continuó trabajando como si nada hubiera pasado.
Hizo dos películas más después del diagnóstico asesinato en el Orient Express en 1974, donde ganó su tercer Óscar y Sonata de otoño de Inmar Bergman en 1978. Y en 1982, después de 8 años luchando contra el cáncer y dos cirugías sin éxito, hizo su último papel. La primera ministra israelí Golda Mayer, en una película de televisión llamada Una mujer llamada Golda.
Hay una escena del rodaje de una mujer llamada Golda, que pocas personas conocen. Ingrid Bergman durante todo el rodaje en 1981. ya estaba muy enferma. Tenía 66 años. El cáncer, después de dos cirugías sin éxito, se había extendido a sus huesos. Cada movimiento le dolía. Pero ella, según los testimonios del equipo de filmación, llegaba al set cada mañana a las 6, maquillada, lista, sin quejarse nunca.
Una mañana, según contaría el director Allan Gibson en una entrevista póstuma, Ingrid Bergman llegó al set con un brazo izquierdo paralizado. El cáncer le había alcanzado el plexo nervioso del hombro, no podía mover el brazo. Allen Gibson, viendo el estado de su actriz, le ofreció cancelar el rodaje del día, pero Ingrid Bergman, según el director, le contestó con una frase que Gibson nunca olvidaría.
Le dijo, “Allen, llevamos 15 años de carrera juntos. ¿Crees que voy a dejarte solo ahora? Vamos a filmar.” Y vamos a filmar tan bien que nadie en el mundo se va a dar cuenta de que estoy enferma. Y filmaron toda la mañana. Ingrid Bergman interpretando a Golden May, escondiendo su brazo paralizado debajo de la mesa donde la cámara no podía verlo, dando una de las interpretaciones más poderosas de toda su carrera.
Esa interpretación le ganaría un Emy Póstumo entregado a su hija Isabella Roselini en septiembre de 1982, dos semanas después de la muerte de Ingrid. Ese papel le ganó un Emy Postumo, pero Ingrid Bergman para entonces ya estaba muriendo. En Point. Hay un detalle que pocas biografías cuentan sobre los últimos meses de vida de Ingrid Bergman.
Un detalle que solo se conoció a través del testimonio de su hija Isabela Roselini en una entrevista a la cadena americana CNN en 2005. Isabella contaba que su madre durante los últimos 6 meses de su vida dedicaba cada tarde a una sola actividad. Se sentaba en una silla de su pequeño departamento de Londres. Sacaba un álbum de fotografías que había guardado durante toda su vida y durante 2 horas miraba esas fotografías sin decir nada.
Las fotografías eran de su madre Friedle Adler, embarazada en 1915 en Estocolmo. Las únicas fotografías que Ingrid Bergman había tenido de la mujer que la había traído al mundo y que ella nunca había llegado a conocer porque había muerto cuando ella tenía solo 2 años. Isabella en esa entrevista contaba que un día le preguntó a su madre, “¿Por qué miras esas fotos cada tarde?” Y Ingrid Bergman, según Isabella, le habría contestado con una frase que la hija nunca olvidaría.

Le habría dicho, “Porque pronto voy a verla y quiero acordarme bien de su cara.” Andy 4. Dos pais. Esa frase dicha por una mujer de 67 años a punto de morir captura mejor que cualquier biografía la herida central de toda la vida de Ingrid Bergman, la huérfana de 2 años que nunca había conocido a su madre, la actriz que toda su vida había buscado en cada papel, en cada amor, en cada éxito profesional llenar el vacío que esa muerte temprana había dejado.
A las 11:32 de la noche del 29 de agosto de 1982, Ingrid Bergman cerró los ojos por última vez. Era el día de su cumpleaños número 67. Sus cuatro hijos estaban a su lado. Llovía afuera en las calles de Londres. Y según las memorias de Isabella Roselini, las últimas palabras que pronunció Ingrid Bergman en sueco fueron simplemente mam.
Mamá, la palabra que la huérfana de 2 años nunca había podido decir. La palabra que toda su vida había buscado tener derecho a pronunciar. La palabra que en su última respiración finalmente se permitió a sí misma decir, el cuerpo de Ingrid Bergman fue cremado en Londres. Sus cenizas fueron enterradas en parte en el cementerio del Nora Bravnings Platon de Estocolmo, junto a las cenizas de sus padres Friedle Adler y Justus Bergman.
Y otra parte de sus cenizas fue esparcida en las aguas frente a la isla de Dan Holman en Suecia, donde Ingrid había pasado los últimos veranos de su vida con sus hijos. Si tú escuchando esta historia alguna vez has perdido a alguien fundamental cuando eras muy joven, ¿sabes algo que Ingrid Bergman aprendió por la fuerza a los 2 años cuando murió su madre? ¿Sabes que esas pérdidas tempranas nunca se curan completamente? Se aprende a vivir con ellas.
Se construyen vidas brillantes encima de ellas. Se ganan Oscars, se hacen películas inmortales, se enamora uno apasionadamente, se forman familias, se construyen carreras espectaculares, pero el agujero original, el agujero de la madre perdida o el padre perdido o el hermano perdido sigue ahí siempre, hasta el último momento de la vida.
Ingrid Bergman durante 67 años vivió con dos agujeros. El de su madre Friedle, muerta en 1917, cuando ella tenía 2 años y el de su padre Justus muerto en 1929 cuando ella tenía 13. Esos dos agujeros, según los biógrafos, son la razón por la que Ingrid Bergman se enamoró tan totalmente de Roberto Roselini en 1949. La razón por la que arriesgó su carrera, su matrimonio, su hija mayor, su reputación, todo por un hombre.
Ingrid Bergman no estaba buscando un amor, estaba buscando una familia, una familia que sustituyera a la que el destino le había arrancado cuando todavía era una niña. Y por eso cuando años después, después del exilio, después del divorcio de Roselini, después del cáncer, miraba las fotografías de su madre embarazada cada tarde de los últimos se meses de su vida.
No estaba simplemente recordando, estaba preparándose, preparándose para volver finalmente a casa. Hay un detalle final del legado de Ingrid Bergman que pocas biografías recuerdan. En 2015, 33 años después de su muerte, el festival de Kh eligió la cara de Ingrid Bergman para el cartel oficial del festival en celebración del centenario de su nacimiento.
Su hija Isabelia Roselini, ya con 62 años presentó el cartel en la ceremonia inaugural del festival. Esa noche en K, Isabela Roselini contó una anécdota que captura mejor que cualquier biografía la verdadera dimensión de Ingrid Bergman. Contaba que durante los últimos meses de vida de su madre en 1982, Ingrid Bergman había guardado en el cajón de su mesa de noche todas las cartas que había recibido de fanáticos durante toda su carrera.
Eran miles de cartas, cartas de mujeres que le decían que sus películas las habían ayudado a sobrevivir matrimonios infelices. Cartas de hombres que le decían que se habían enamorado de ella viendo Casa Blanca durante la guerra. Cartas de niños huérfanos que le decían que su rostro luminoso en la pantalla había dado esperanza durante años difíciles.
Ingrid Bergman durante los últimos meses, según Isabella, releía esas cartas cada noche antes de dormir, una a una, sin saltarse ninguna. Y según Isabelia, su madre le había dicho una tarde sonriendo, “¿Sabes una cosa, Isabelia? Después de todo, no fui una huérfana. Tenía millones de hijos en todo el mundo y ellos me amaban a mí también.
La verdadera tragedia de Ingrid Bergman no es haber sido expulsada de Hollywood. No es haber perdido a su hija Pía durante 6 años. No es haber muerto de cáncer a los 67 años. La verdadera tragedia de Ingrid Bergman es que durante toda su vida fue una huérfana que nunca dejó de buscar a su madre y solo en su lecho de muerte. Esa noche del 29 de agosto de 1982, mirando las cortinas cerradas de una habitación de Londres, pudo finalmente decir en sueco la única palabra que había querido decir durante 65 años.
Mamá, en nuestra próxima historia te voy a contar la vida de otra mujer cuyo destino estuvo marcado por la pérdida de su madre cuando era una niña, una mujer que se convirtió en la actriz más misteriosa del Hollywood clásico. Una mujer cuya muerte en una habitación de París en los años 90 todavía hace dudar a los biógrafos sobre lo que realmente pasó esa noche.
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