Ambos con órdenes por tentativa de feminicidio, por hechos registrados en Yucatán. Una célula, por si el término te suena lejano, es la unidad operativa más pequeña de un cártel, un grupo reducido que cumple una función concreta: vender, vigilar, cobrar piso o matar. Coordinar una célula de sicarios significa estar al mando de los que aprietan el gatillo.
Retrocede un poco más. El 13 de mayo cayó José Luis, alias Billyby, al que las autoridades señalan como jefe de sicarios de toda la organización. Y unos días antes del venado también detuvieron a un hombre presentado como operador logístico del grupo con un arma automática y droga asegurada. Detente en el caso de Blanco y Héctor Miguel porque tiene una arista que se suele pasar por alto.
Las órdenes que cargaban no eran por hechos en Colima, eran por tentativa de feminicidio en Yucatán. Eso dice algo del alcance del grupo. Una célula que nació en un barrio de la capital colimense ya tenía gente con cuentas pendientes a más de 1000 km del otro lado del país. Cuando una organización local empieza a dejar rastros en otros estados, ya dejó de ser solo local.
Se volvió red. Y al de la logística, al que conecta a la gente de Colima con integrantes en otras entidades, no lo agarran por casualidad, lo agarran porque es el que sostiene el puente, mata el puente y aíslas a la célula. Esa es la lógica detrás de a quién tumban primero y a quién dejan para el final. Hay que decir algo sobre las palabras que usan las autoridades porque son resbalosas.
jefe de sicarios, coordinador, operador, objetivo prioritario. Son etiquetas que pone el Estado en boletines que el Estado escribe sin que un tribunal las haya validado todavía. Pueden ser exactas, pueden estar infladas para que una captura luzca más grande. La única forma de saberlo es que el proceso judicial avance y muestre las pruebas.
Mientras tanto, las tomamos como lo que son, la versión de una de las partes. Lo mismo vale para los números que el gobierno presume. Cuando una autoridad dice que acest cinco golpes a un grupo en semanas, suena contundente. Pero esas cifras no las audita nadie externo. Salen de la misma dependencia que la celebra. No insinúo que mientan.
Solo que un dato sin auditoría se trata con pinzas. Venga de quien venga. Ves el patrón, jefe de sicarios, coordinador de gatilleros, enlace logístico, operador y ahora el venado. Objetivo prioritario. Esto tiene poco de redada improvisada. Se parece más a una limpieza ordenada pieza por pieza contra una misma estructura y esa estructura tiene nombre, los mezcales.
Aquí está el segundo hilo abierto. ¿Por qué un cártel que nació en un barrio de la capital de Colima terminó convertido en blanco de operativos coordinados entre la Federación y el Estado? Para responderlo hay que ir al origen y el origen es más sucio y más cercano de lo que parece. Pero antes una pregunta para ti, porque quiero leerte en los comentarios.
Cuando el estado tumba a cinco operadores de un mismo grupo en cuestión de semanas, ¿qué crees que está pasando en realidad? ¿Lo están desmantelando de verdad o le están limpiando la plaza a alguien más? Déjamelo abajo. Y si todavía no le diste like ni tocaste el hype, este es buen momento. Sigue. El nombre.
Los mezcales, no es casualidad ni folklore. Viene de un barrio, El mezcalito, en la capital del estado, uno de los puntos históricos de venta de droga al menudeo en Colima. De ahí salió el apodo y de ahí salió la gente, un grupo que empezó pegado al suelo controlando esquinas, no mapas. Durante años esa gente no fue independiente.
Operó como brazo armado del cártel Jalisco Nueva Generación en Colima. eran la mano local del CJNG. Cuidaban el territorio, en especial el puerto de Manzanillo y los municipios de alrededor, a cambio de un lugar en la cadena, subordinados, útiles, pero subordinados. Y entonces, a principios de 2022, esa relación se rompió. ¿Por qué se rompe una alianza así? Por lo de siempre, dinero y control.
Los líderes de los mezcales dejaron de reconocer la autoridad del CJNG. Las versiones recogidas por la prensa apuntan a desacuerdos por el reparto de ganancias, por el control de las rutas de droga y por el manejo del cobro de piso, que es la extorsión a comercios y transportistas a cambio de dejarlos trabajar. Hubo un detonante más.
Dentro del propio CJNG en Colima ya venía una fractura. Está ligada a un personaje conocido como La vaca José Bernabé Brizuela, una figura del cártel en la zona cuya detención y posterior liberación dejó a una célula sin un mando claro. De ese reacomodo, según los reportes, emergieron estructuras nuevas, una de ellas, los mezcales, guarda el nombre de la vaca.
Vuelve más adelante de una forma que te va a interesar. La ruptura no se quedó en una junta tensa entre capos. salió a la calle y la primera señal de que algo se había roto no fue una manta ni un comunicado, fue una masacre adentro de una cárcel. En febrero de 2022, en el penal de Colima estalló una riña entre internos identificados con el CJNG y con el cártel local.
El saldo, 10 muertos y varios heridos en un solo episodio. Los reclusos estaban agrupados porque se les ubicaba con la misma organización. Cuando esa organización se partió en dos, la guerra empezó donde estaban encerrados juntos. Piensa en lo que significa eso. La primera batalla de esta guerra no se peleó en una calle ni en un cerro.
Se peleó adentro de una cárcel, en un espacio cerrado, controlado en teoría por el estado, donde unos presos mataron a otros con los que habían convivido. Si la ruptura era capaz de generar 10 muertos detrás de unas rejas, cualquiera podía imaginar lo que venía afuera. De la cárcel saltó a las calles en cuestión de días. La zona metropolitana de Colima y Villa de Álvarez se llenó de balaceras, ejecuciones y mantas con amenazas cruzadas.
En una sola semana de ese febrero se contaron al menos 22 asesinatos en distintos municipios y en algunas de esas mantas apareció algo más grave. Amenazas contra la entonces gobernadora del estado, hablando de un supuesto atentado que no se concretó. Ese detalle merece subrayarse. Cuando un grupo criminal cuelga una manta amenazando directamente a la gobernadora de un estado, manda un mensaje que va más allá de la pelea entre cárteles.
Le está diciendo a la autoridad que no le tiene miedo, que se siente capaz de tocar al poder político. Pocos episodios retratan mejor hasta dónde había llegado el envalentonamiento en Colima a inicios de aquel 2022. Hay un frente de esta guerra que casi nunca se ve y que conviene nombrar las cárceles. La disputa entre los mezcales y el CJNG no solo se peleó en las calles y el puerto, se peleó por el control de los penales del Estado.
Quien domina una prisión, domina a los internos, cobra dentro, recluta, ordena. La masacre del cerezo en 2022 fue la primera chispa, pero el pulso por mandar tras las rejas siguió. Una cárcel tomada por un cártel es una base de operaciones con muros pagados por el Estado. Esa es otra de las heridas abiertas de Colima. Quiero que dimensiones lo que viene porque aquí está el dato que lo cambia todo.
En 2023, Colima fue señalada como la ciudad más violenta del mundo, no de México, del mundo, en las mediciones que ordenan a las urbes por tasa de homicidios. Un estado chiquito de los más pequeños del país, con un puerto enorme y una guerra adentro. Esa fue la herencia directa de la ruptura entre los mezcales y el CJNG.
Conviene poner ese título con su matiz. Esas mediciones de la ciudad más violenta del mundo las arman organismos que comparan tasas de homicidio entre urbes y se discuten año con año por la forma en que cuentan. Hay que tomarlas con cautela, igual que las cifras oficiales. Pero aún con todas las advertencias, el lugar que ocupó Colima en esa lista no se explica por un error de cálculo, se explica por funerales reales, por familias rotas, por un estado que durante meses amaneció con cuerpos. Detrás de ese número hay
rutinas que cambiaron para siempre, negocios que empezaron a cerrar antes de que oscureciera, escuelas que suspendieron clases en días de balaceras, gente que dejó de salir a cierta hora, que aprendió a reconocer el sonido de las ráfagas, que cambió de ruta para no pasar por las colonias calientes.
Esa es la otra cara de la guerra por la plaza, la que no sale en los boletines con membrete. Y ahí tienes la respuesta al hilo que dejé abierto. Un grupo que nació en una esquina del Mezcalito se volvió un asunto de seguridad nacional porque su pelea por la plaza convirtió a un estado entero en el lugar con más muertos por habitante del planeta. Esa es la magnitud.
Por eso, cuando cae un operador de ese grupo, sale en comunicado con membrete, vuelvo al papel del principio, al comunicado del 11 de junio. Léelo otra vez con lo que ya sabes y empieza a sonar distinto. Una hoja fría que anuncia la captura de un trentañero, leída así, es la última línea de una historia que arrancó con 10 muertos en una cárcel y pasó por ser la ciudad más letal del mundo.
Pero ese comunicado tiene huecos y los huecos son la parte interesante. Fíjate en lo que no dice. No precisa qué hacía exactamente el venado dentro de los mezcales. A Billy Boy lo presentaron como jefe de sicarios, a Blanco como coordinador de gatilleros, a Héctor Miguel como logística, cada uno con su etiqueta del venado.
En cambio, el boletín solo dice objetivo prioritario e integrante del cártel local. Le pone el rango más alto de importancia, pero no le pone función, como si supieran que pesaba sin querer aclarar en qué. Eso puede ser puro protocolo legal o puede ser que su papel sea más incómodo de nombrar en una hoja pública.
Por ahora, todo apunta a que era pieza de peso, pero la función exacta queda en el aire. Si aparece prueba pública, cambia la lectura. Hay otra ausencia más llamativa todavía. El líder, los reportes de prensa, desde 2022 mencionan que los mezcales estarían dirigidos por un hombre apodado, otra vez la vaca, el mismo apodo que rondaba la fractura del CJNG.
Y aquí viene lo raro. Las autoridades nunca revelaron del todo ese perfil. No hay ficha clara, no hay rostro confirmado en los boletines oficiales. El jefe del grupo más violento de Colima es en los papeles públicos casi un fantasma. Eso abre un hueco enorme. Tumban al jefe de sicarios, al coordinador de gatilleros, a la logística, a un objetivo prioritario, pero del que mandaría todo, silencio.
¿No lo encuentran? ¿No quieren nombrarlo todavía? ¿O hay algo en esa identidad que conviene mantener en la sombra? Es una pregunta legítima y por ahora no tiene respuesta pública. Aquí conviene una advertencia. Lo de la vaca como cabeza de los mezcales sale de versiones de prensa de hace años, no de una ficha oficial confirmada.
Las autoridades no han presentado un perfil claro del liderazgo del grupo. Tratemos esa identidad como lo que es una pista que circula sin sello oficial. Tomarla como hecho sería repetir un rumor con cara de dato, pero el silencio, ese sí es un hecho. En cuatro años de guerra, con un estado convertido en la urve más letal del mundo, con decenas de operadores caídos, la cabeza del grupo local más violento sigue sin rostro en los boletines. Eso por sí solo dice algo.
O el liderazgo es difuso, repartido entre varios sin un jefe único, o hay un nombre que por la razón que sea todavía no se quiere poner por escrito. Las dos posibilidades son inquietantes a su manera. Y mientras la cabeza siga en blanco, cada captura de operadores se parece a podar un árbol sin tocar la raíz.
Cortas las ramas, el árbol se ve maltrecho y a los pocos meses vuelve a echar hojas. Te dejo ese hilo abierto y paso al siguiente nivel. Porque en enero de este 2026, la historia de los mezcales dio un giro que reordenó todo el tablero. Y otra vez la prueba fue un papel colgado a la vista de todos. En la madrugada del 20 de enero en varios municipios de Colima amanecieron Mantas, Villa de Álvarez, Coquimatlán, Tecomán, Manzanillo, lonas con mensajes de esas que los grupos cuelgan en puentes y bardas para hablarle al rival, a la autoridad y al público al mismo tiempo.
Son comunicados criminales, la versión sucia del boletín oficial. ¿Qué decían esas mantas? anunciaban una alianza y no con cualquiera. El mensaje reportado por la prensa presumía que los mezcales ya tenían respaldo del cártel de Sinaloa. Una de las lonas decía palabra por palabra según lo difundido. Estos muchachos de mezcal ya no están solos.
Pura gente del MZMF Mayito Flaco ya está en Colima. Traduzcamos la clave. MZ es mayo Zambada. MF es Mayito Flaco, es decir, Ismael Zambadas y Cairos, una de las cabezas de la facción del cártel de Sinaloa, conocida como la mayiza. Esa firma significa que la célula local que se había soltado del CJNG ya no peleaba sola contra su antiguo patrón.
Ahora tenía detrás a uno de los grupos más pesados del país. Detente a pensar el círculo que se cierra. Los mezcales nacieron como brazo del CJNG, rompieron con el CJNG y terminaron aliados con el cártel de Sinaloa, el enemigo histórico del CJNG. La pieza local que un cártel usó para controlar Colima acabó volteándose y entregándole esa misma plaza a su mayor rival nacional.
Esa es la jugada de fondo. Para entender por qué Sinaloa se metió hasta Colima, hay que mirar el mapa grande. El cártel de Sinaloa vive su propia guerra interna. De un lado, los Chapitos, los hijos del Chapo Guzmán. Del otro, la mayiza, la gente del mayo Sambada y su descendencia, encabezada hoy por el mallito flaco. Esos dos bandos que antes eran un solo cártel, hoy se matan entre ellos en Sinaloa.
Esa pelea de casa empujó a la misa a buscar oxígeno fuera y a la vez la malliza pelea contra el CJNG en varios estados al mismo tiempo, desde Zacatecas hasta el propio Sinaloa. Colima entró en esa ecuación como un frente más, un lugar donde la Miza podía golpear al CJNG sin desgastarse en su propio territorio usando a un socio local que ya odiaba a los jalicienses, los mezcales.
Visto así, la Alianza de Enero deja de parecer un pacto entre vecinos. Es una pieza de una guerra nacional que se juega en varios tableros y que aterrizó en Colima porque ahí había un puerto que valía la pena y un grupo resentido dispuesto a abrir la puerta. Y aquí toca un acotamiento honesto, porque me importa que no te vendan certezas dónde hay versiones.
El alcance real de esa alianza no está confirmado oficialmente. Las mantas son públicas, eso es un hecho. Pero, ¿hasta dónde llega el acuerdo? ¿Qué tanto manda Sinaloa sobre los mezcales y qué tanto sigue siendo un grupo autónomo? Eso ningún comunicado lo ha aclarado. Analistas serios advierten que no hay confirmación oficial sobre la profundidad del pacto.
Si aparece prueba pública, cambia la lectura. Antes de seguir, párate 2 segundos conmigo. Si llegaste hasta aquí, ya entendiste más de Colima que la mayoría. Eso se agradece con un hype ahí en tu pantalla y con una suscripción si todavía no estás dentro. En un momento te cuento por qué el puerto de Manzanillo es la verdadera joya de toda esta guerra y por qué nada de esto se entiende sin él.
Sigamos con la alianza, porque tuvo consecuencias inmediatas. Cuando la miza puso un pie en Colima, no llegó a repartir abrazos, llegó a abrir un frente, un frente nuevo contra el CJNG, en un territorio donde el CJNG creía tener la última palabra. A partir de enero, Colima dejó de ser una pelea de dos, pasó a ser una de tres.
Por un lado, el CJNG, el cártel del que todos se habían ido dolido y queriendo recuperar lo suyo. Por otro, los mezcales, el cártel independiente de Colima, envalentonados con su nuevo socio, y en medio metiéndose con todo, la gente de la malliza, la facción de Sinaloa, que olió oportunidad en el desorden, tres fuerzas, un solo estado, un solo puerto que vale más que todos los demás.
No subestimes al CJNG en esta historia porque es el jugador con más motivos. Colima fue suyo. Lo controló a través de los mezcales cuando estos eran su brazo armado. Perder esa plaza no fue solo perder dinero, fue perderla a manos de su propia gente que se volteó y se la entregó a Sinaloa, su enemigo de toda la vida.
Para un cártel, pocas humillaciones pesan más que esa. Que tu antigua mano local te traicione y le abra la puerta al rival. Un grupo así no olvida. El CJNG es una de las organizaciones más extendidas del país, con presencia en buena parte del territorio y una capacidad de fuego que pocos igualan. que haya perdido terreno en Colima no significa que se haya ido, significa que está esperando.
Y un cártel que espera en este negocio casi siempre regresa cuando sus enemigos están más débiles. Mantén esa idea presente porque va a pesar cuando hablemos de lo que viene y ese puerto es manzanillo. Hablemos de él porque es el corazón silencioso de esta historia. Manzanillo no es un puerto cualquiera, es uno de los más importantes del continente para el movimiento de mercancía legal e ilegal.
Por sus muelles entra una cantidad enorme de comercio que sostiene a medio occidente del país y por esos mismos muelles, según especialistas en seguridad, entran también precursores químicos que llegan de Asia, la materia prima para fabricar drogas sintéticas, más contrabando, más piratería, más mercancía de alto valor.
Un investigador especializado en el tema lo resume con una cifra que pone todo en perspectiva. Manzanillo explicaría cerca del 70% del movimiento criminal de Colima. Casi tres de cada cuatro pesos sucios del estado pasan de un modo u otro por ese puerto. Para entender por qué, hay que ver lo que es Manzanillo en el día a día legal.
es el puerto de carga más activo del Pacífico mexicano. Por ahí entran contenedores que abastecen fábricas, tiendas y cadenas de todo el occidente y el centro del país. Un río constante de mercancía, miles de cajas metálicas que llegan, se revisan a medias por pura imposibilidad de revisarlas todas y siguen su camino tierra adentro.
Ese río legal es justamente lo que vuelve al puerto tan valioso para el crimen. Donde pasan 10,000 contenedores legales, es más fácil esconder el que no lo es. Por esos muelles, según los especialistas, entran precursores químicos llegados de Asia. Un precursor es la materia prima, la sustancia base con la que se fabrican drogas sintéticas como las metanfetaminas.
Quien controla la entrada de precursores controla el inicio de toda la cadena de producción. Y no para ahí. Por Manzanillo también se mueve contrabando, piratería, electrónicos, mercancía robada, productos de alto valor que esquivan impuestos y aduanas. Para un cártel, dominar ese puerto significa cobrar por todo lo que pasa, legal e ilegal.
Una aduana paralela, un peaje criminal sobre una de las puertas comerciales más grandes del continente. Por eso la pelea por Colima nunca fue por unas esquinas. Fue desde el principio por quién pone la mano en esa puerta. El CJNG la quería para sí. Los mezcales la cuidaron primero y luego la disputaron.
Y la miza de Sinaloa llegó en 2026 precisamente porque una puerta así vale cualquier guerra. Ahora entiendes la pelea. No se matan por unas esquinas del mezcalito, se matan por una de las puertas de entrada de droga sintética y precursores químicos más grandes del país. El que controla manzanillo controla el flujo y el que controla el flujo controla el dinero de verdad.
Por eso un grupo que empezó vendiendo en un barrio se volvió estratégico. Por eso el CJNG lo cuidaba. Por eso Sinaloa lo quiso y por eso el Estado mexicano puso a su gente a tumbarlo pieza por pieza. Todo al final apunta al puerto. Aquí cierro el hilo de manzanillo que te dejé colgando y abro otro.
Si manzanillo vale tanto y si los mezcales se aliaron con Sinaloa para disputarlo, entonces la cadena de capturas de mayo y junio deja de parecer rutina. empieza a aparecer una respuesta, una respuesta del estado a un reacomodo que estaba inclinando la balanza. Sostén ese pensamiento y hay otra capa, todavía más grande que conviene tener en el radar.
Lo que pasa en Colima no ocurre en una burbuja. Es parte de un reacomodo criminal que sacude a todo el país. La fractura del cártel de Sinaloa entre Chapitos y Miza, los golpes recientes a liderazgos del CJNG, las disputas que saltan de un estado a otro. Colima es uno de los tableros donde se juega esa partida nacional y, por supuesto, uno de los más codiciados.
Eso significa que la caída del venado, por más local que parezca, manda señales que se leen lejos de Colima, en Culiacán, en Guadalajara, en las oficinas donde se diseña la estrategia de seguridad del país. Cada operador que cae en Manzanillo mueve, aunque sea 1 milímetro, el equilibrio entre los tres grandes nombres que se pelean el occidente de México.
Por eso vale la pena seguir estas capturas que a primera vista parecen notas menores. Un trentañero detenido en un estado chiquito puede ser visto de cerca una rutina visto de lejos. Es una ficha que se mueve en un juego que abarca medio país. Las dos miradas son ciertas y entender la grande es lo que separa al que sigue la nota del que entiende la guerra.
Volvamos al comunicado del 11 de junio, tercera vez que regresamos a él y cada vez dice algo distinto sin cambiar una sola letra. Leído al principio, era un boletín seco. Leído después de conocer el origen, era el final de una guerra que incendió Colima. Y leído ahora, sabiendo lo de la alianza con Sinaloa y lo que vale Manzanillo, ese papel es otra cosa.
Es la constancia de que alguien desde el gobierno está desarmando la estructura justo cuando esa estructura acababa de volverse más fuerte. Cinco golpes en semanas. Billy Boy en mayo, Blanco y Héctor Miguel a inicios de junio, un operador logístico y el venado el 11. Todos del mismo grupo, todos enmarcados, según los reportes, dentro de un mismo operativo de nombre Goya, una operación conjunta donde participan la marina y las secretarías de seguridad.
Esa cadencia importa tanto como los nombres. Cinco caídas en cuestión de semanas tienen poco de azar. Eso es ritmo de campaña. Cuando los golpes llegan así de seguido, suele ser porque hubo meses de inteligencia previa que de pronto empezaron a dar fruto o porque alguien decidió que llegó el momento de apretar. Las dos lecturas apuntan a lo mismo.
Detrás de esta racha hay una decisión, no la simple buena fortuna. Y aquí tengo que ser honesto contigo con un matiz que muchos canales se saltarían. El comunicado oficial de la captura del venado acredita a la marina y a la policía estatal de Colima. En cambio, una fuente periodística ubica esa serie de operativos dentro del marco de la operación Goya con participación también de la fuerza de seguridad federal.
Es un dato de una sola fuente y conviene tratarlo como tal, como contexto probable, no como hecho gritado en cada boletín. Si aparece prueba pública, cambia la lectura. ¿Por qué te lo subrayo? Porque la diferencia entre quién aparece firmando una captura y quién la coordina de fondo es justo donde se cuentan las medias verdades en este país. Marina y Estado en el papel.
Coordinación federal en el contexto. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez, pero merecen pesos distintos. Y yo no te voy a vender una por la otra. Reengancho con una pregunta directa porque quiero tu opinión abajo con todo lo que llevamos. ¿Tú cómo lees esta racha de capturas? ¿El gobierno está cumpliendo y pegándole en serio a un grupo violento o hay un cálculo más frío de dejar correr a unos mientras aprieta a otros? No hay respuesta fácil y por eso me interesa la tuya.
Escríbela, dale like si vas siguiendo el hilo porque hay un detalle que complica la versión heroica y tiene que ver con el otro bando de la alianza. La mayiza, el socio de Sinaloa, que llegó a Colima en enero, también ha estado recibiendo golpes y fuertes. En marzo, en Manzanillo, mataron a un hombre identificado como jefe de sicarios de esa facción, conocido como la barquita.
Ese mismo mes en operativos en Sinaloa cayeron otras figuras de la malliza, incluido uno apodado el patas, detenido cerca de Culiacán y un operativo de la marina en una zona considerada bastión del mayito flaco. Fíjate en el detalle geográfico porque importa. A la barquita lo matan en Manzanillo en el puerto, a los otros los agarran en Culiacán, en el corazón de Sinaloa.
O sea, que al mismo grupo le están pegando en dos frentes a la vez, en su tierra de origen y en la plaza nueva que querían conquistar. Eso habla de una presión que no es local. Es una campaña que sigue a la miza a donde se mueva. O sea, que el estado no le está pegando solo a los mezcales, le está pegando también a su nuevo socio.
Eso en principio desinfla teoría de que les están limpiando la plaza. Si te tumban a tus jefes de sicarios y a los de tu aliado al mismo tiempo, no parece favoritismo y al mismo tiempo queda la otra mitad de la duda, porque al CJNG, el tercer jugador, el que perdió a los mezcales y quiere manzanillo de vuelta, quién le está pegando con la misma intensidad en Colima estas últimas semanas, esa parte no aparece tan ruidosa en los comunicados y los huecos, ya lo dijimos, son la parte interesante.
No te estoy diciendo que haya contnio. No tengo prueba de eso y no voy a inventarla. Te estoy señalando un silencio y en seguridad los silencios también informan quién salen los boletines y quién no, en qué semanas, contra qué grupo. Ese mapa de ausencias dibuja una estrategia, aunque nadie la firme.
Aquí va otra prueba de las que no hacen ruido, pero pesan. Mientras estos nombres caían uno tras otro, los operativos militares no se levantaron. Siguieron y siguen concentrados en tres municipios: Tecomán, Manzanillo y Villa de Álvarez. Los mismos puntos donde aparecieron las mantas de la alianza en enero, los mismos donde se concentra la disputa.
La presencia de fuerzas armadas en esas zonas es un termómetro. Mientras esté ahí, la pelea sigue caliente. Mira el triángulo que forman esos tres nombres en el mapa. Manzanillo, El Puerto, La Joya, Tecomán en la costa, Zona Agrícola y de Paso y Villa de Álvarez, pegado a la capital, parte de la mancha urbana donde se concentra la población.

Cuando el Estado sostiene operativos en esos tres a la vez, está cubriendo el puerto, la ruta y la ciudad. está diciendo con tropas en vez de palabras dónde cree que está el problema. Para quien vive ahí, esa presencia tiene dos caras. Por un lado, ver con boyes de marinos puede dar una sensación de respaldo. Por otro, los operativos también significan retenes, cateos, enfrentamientos posibles, días en que es mejor no salir.
La militarización de la vida diaria es el precio que pagan las zonas en disputa. Lo viven en Colima desde hace años y la caída del venado no lo va a cambiar de la noche a la mañana. Y hay un termómetro más, el de la gente. Las mantas de enero no se quedaron en las bardas, se viralizaron, circularon en redes, se comentaron, se discutieron.
Porque en Colima la población aprendió, a la mala a leer estos mensajes como pronóstico del tiempo. Cuando aparece una lona firmada por un cártel, mucha gente del estado ya sabe que vienen días de encierro, de negocios cerrados temprano, de no salir de noche. El miedo, ahí es un dato. Y fíjate en la mecánica perversa de eso.
El cártel cuelga la manta de madrugada. Para el mediodía ya está en 1000 teléfonos. Para la tarde la comenta medio estado. El grupo criminal logra gratis que su mensaje de poder llegue a todos sin gastar un peso en difusión. La viralización hace el trabajo. Cada vez que esas imágenes se comparten, el miedo que buscaban sembrar crece solo.
Es propaganda criminal amplificada por las mismas redes donde tú y yo nos informamos. Quiero detenerme un segundo en esa gente porque entre tanto apodo y tanto cártel es fácil olvidar de qué va todo esto en el fondo. Va de comerciantes que pagan piso para que no les quemen el local, de familias que cambiaron sus rutinas porque un barrio se volvió línea de fuego.
De un estado que cargó durante años el título macabro de ser el más letal del planeta. Cada captura que sale en un boletín frío tiene del otro lado vecinos que llevan años conteniendo la respiración. El cobro de piso, ya que lo menciono, es la cara más cotidiana de esta guerra. Es la extorsión. El cártel le exige a un negocio una cuota para dejarlo operar.
El que paga sobrevive. El que se niega arriesga su local, su mercancía, a veces su vida. En las zonas dominadas por estos grupos, la tiendita, el restaurante, el transportista, todos cargan con ese impuesto criminal. No sale en los homicidios, no se cuenta en las estadísticas de muertos, pero asfixia la economía de pueblos enteros.
Y están los desplazados, los que no aparecen en ningún boletín, gente que dejó su casa, su colonia, su municipio, porque la violencia los expulsó. familias que se fueron sin hacer ruido, que rehieron su vida en otro lado o que simplemente desaparecieron de la estadística. Esa es la herida silenciosa de Colima, la que no tiene comunicado ni manta, la que solo conocen los que la vivieron.
Por eso importa que estas historias se cuenten bien, sin glorificar al que mata, sin convertir a un operador de un cártel en leyenda. El venado, según las autoridades, es un señalado por intentar matar y por mover droga. en un grupo que ayudó a convertir a Colima en un cementerio. Si su captura es real y se sostiene en tribunales, es una buena noticia para esa gente que aguanta. Así de simple.
Volvamos una vez más al comunicado y mira la fecha con otros ojos. 11 de junio de 2026. Esa fecha cae apenas semanas después de que el tablero se reordenara con la entrada de Sinaloa y en plena racha de capturas. El Estado eligió ese momento para tumbar a un objetivo prioritario. La pregunta es si lo eligió porque por fin lo localizaron o porque convenía mandar un mensaje justo entonces.
Las dos cosas pueden ser ciertas, casi siempre lo son. Una captura responde a meses de inteligencia, sí, pero el día en que se anuncia casi nunca es inocente. Un boletín también es un arma. Le habla al rival, le habla al habla al ciudadano, igual que una manta, solo que con membrete y sin faltas de ortografía. Y ahí está el espejo que recorre toda esta historia.
Dos clases de papel peleando por contar la verdad de Colima, las mantas del cártel colgadas de madrugada, presumiendo alianzas y amenazando, y los comunicados del gobierno soltados a media mañana, presumiendo capturas y prometiendo paz. Los dos quieren que les creas. Los dos cuentan una parte. Ninguno cuenta todo. Piensa en cómo se parecen, aunque uno venga del crimen y otro del Estado.
Los dos eligen qué decir y qué callar. Los dos buscan que la gente lea la realidad a su favor. La manta dice, “Estos muchachos ya no están solos para sembrar miedo y avisar que llegó un poder nuevo. El boletín dice que hayó un objetivo prioritario para sembrar la idea de que el poder lo tiene el gobierno.
Cada lona, cada hoja es una jugada en una guerra de relato que va en paralelo a la guerra de balas. Para el ciudadano de a pie, esa guerra de papeles tiene un costo concreto. Cuando aparece una manta, muchos en Colima se encierran. Cuando aparece un boletín de captura, muchos respiran aunque sea un momento.
Pero al final del día, la gente del puerto y de la capital ha aprendido a no creerle del todo ni a unos ni a otros. Han visto demasiadas paces prometidas y demasiadas treguas rotas. Su escepticismo en este punto es sabiduría de supervivencia. Por eso conviene leer estos episodios con la cabeza fría. Una captura real es una buena noticia, pero una captura no es una paz y un boletín no es una sentencia.
Entre el papel que anuncia y la realidad que se vive en Colima suele haber un trecho largo. Tu trabajo y el mío es leer entre los dos. Ahora, ¿qué viene? Porque de nada sirve entender lo que pasó si no nos asomamos a lo que sigue. Y aquí entramos en terreno de escenarios. Te los planteo con cuidado, marcando lo que es probable y lo que es especulación.
Lo primero, lo de corto plazo, es que una captura así rara vez pasa sin reacción. Cuando un grupo pierde a un operador de peso, suelen pasar dos cosas. O se repliega un tiempo, baja el perfil y se reorganiza en silencio. O responde con violencia para demostrarle al rival y a la autoridad que sigue de pie. Los rivales, por su parte, leen la captura como una oportunidad.
Un hueco en la estructura enemiga es una invitación a avanzar sobre su territorio. Por eso, las semanas siguientes, a un golpe como este, son delicadas en las zonas calientes. Tecomán, Manzanillo, Villa de Álvarez. Es justo cuando pueden subir los enfrentamientos, los mensajes en mantas, los movimientos de gente armada. Quizá no pase, pero el patrón histórico dice que un vacío de poder, aunque sea chico, tiende a llenarse a empujones.
Ojo con eso en los próximos reportes desde Colima. Y dicho lo inmediato, vamos a los escenarios de fondo. Escenario uno, la cadena de capturas decapita de verdad a los mezcales en su versión operativa. Sin jefe de sicarios, sin coordinadores de gatilleros, sin logística, sin objetivo prioritario, el grupo se queda sin músculo.
Si eso pasa, su socio la miza o lo absorbe o lo abandona. Y la plaza de Manzanillo queda en disputa abierta otra vez. Escenario dos. Pasa lo que casi siempre pasa en el narco mexicano. La estructura no muere, se reacomoda. Cae un operador y en semanas otro ocupa su lugar. Más joven, más violento, con menos experiencia y más ganas de demostrar.
La historia reciente del país está llena de capos caídos y vacíos que se llenaron de sangre. Decapitar sin desmantelar las raíces suele traer más violencia, no menos en el corto plazo. México ya vivió esa película. Durante años, la estrategia central contra el narco fue ir por los capos, tumbar a la cabeza visible y presumirlo en conferencia.
El resultado una y otra vez fue el mismo. Los grandes cárteles se partieron en pedazos. Cada pedazo se volvió una banda más chica, más local y muchas veces más salvaje, porque ya no tenía un mando que le pusiera límites a la violencia para no llamar la atención. Tumbas a uno que controlaba y dejas sueltos a tres que quieren probarse.
Los mezcales, de hecho, nacieron de un reacomodo así. Por eso, la captura del venado leída con frialdad puede ser una buena noticia y a la vez una advertencia. Buena, porque saca de circulación a un señalado por intentar matar. Advertencia, porque si solo se tumba a los operadores y la raíz queda intacta, el lugar vacío no se queda vacío mucho tiempo. Escenario 3.
El más incómodo, que mientras el estado golpea a los mezcales y a su aliado de Sinaloa, el verdadero ganador termine siendo el tercero en la mesa. CJNG, el viejo patrón despechado esperando a que sus dos enemigos se desgasten entre balaceras y operativos para volver a entrar por manzanillo como si nunca se hubiera ido.
No hace falta imaginar un complot para que ese escenario ocurra. Basta con la pura aritmética de la guerra. Si el estado concentra su fuerza en los mezcales y en la malliza y al CJNG lo deja relativamente tranquilo, el resultado es el mismo, aunque nadie lo haya planeado. El grupo menos golpeado queda mejor parado cuando se asiente el polvo.
En el narco, a veces no te ayudan favoreciéndote, te ayudan pegándole más duro a tus rivales. Por eso, vale la pena vigilar no solo a quién capturan, sino a quién no. Si en los próximos meses los operativos siguen cayendo sobre los Mezcales y Sinaloa y los nombres del CJNG escasean en los boletines de Colima, esa ausencia será un dato tan fuerte como cualquier captura.
El mapa de los silencios otra vez. Y queda la duda de fondo sobre quién coordina todo esto. El comunicado del venado pone a la Marina y al Estado. El contexto de la operación Goya, según esa fuente única, suma a la federación. Si la mano federal está de verdad detrás de la campaña, entonces lo que vemos en Colima es una decisión tomada arriba en la estrategia nacional de seguridad, no una iniciativa solo local.
Eso cambiaría la escala de lo que está en juego, pero repito, es contexto de una sola fuente y así hay que cargarlo. ¿Cuál de los tres? Por ahora no se puede saber con certeza. Hay señales para los tres. Y aquí es donde tu lectura vale tanto como la mía, porque nadie tiene la bola de cristal en este tema.
Cierro el hilo del líder fantasma antes de terminar, porque prometí volver a él, mientras no aparezca, mientras la vaca o quien sea que mande siga sin rostro en los boletines, todo lo demás es desmantelar el cuerpo dejando la cabeza intacta. Y un cuerpo sin cabeza en el narco no se muere, se vuelve a armar. Por eso la captura del venado, siendo importante no es el final de nada, es con suerte el final de un capítulo.
Y aquí va la lección que vale más allá de Colima, la que sirve para leer cualquier captura que veas en las noticias de seguridad de este país. No te quedes con el titular. Pregúntate siempre tres cosas. ¿Qué función cumplía el detenido de verdad más allá de la etiqueta del boletín? ¿Quién manda en ese grupo y si sigue libre? y a quién beneficia en el tablero que esa persona haya caído justo ahora.
Con esas tres preguntas, cualquier comunicado se vuelve transparente, porque el truco de leer el narco no está en memorizar apodos, está en entender los incentivos, quién gana, quién pierde, quién espera su turno. Los apodos cambian cada semana, los incentivos casi nunca. Y el de Manzanillo lleva años siendo el mismo.
Quien controla el puerto controla el dinero. Todo lo demás, las alianzas, las rupturas, las capturas, gira alrededor de esa verdad y dura. Te lo resumo en una sola imagen, la del principio. Un comunicado, una hoja con membrete fechada el 11 de junio que anuncia la caída del venado. Esa hoja es real y lo que cuenta es verdad hasta donde sabemos. Pero está rodeada de huecos.
La función exacta del detenido, el líder sin rostro, el peso real de la alianza con Sinaloa, quien coordina de fondo los operativos. Esos huecos no son descuido, son el mapa de lo que todavía no nos quieren contar. Y mientras esos huecos sigan ahí, la historia sigue abierta. La caída del venado llena un renglón del expediente, deja muchos otros en blanco.
En seguridad, los renglones en blanco son justo donde se cocina lo que viene. Por eso vale la pena no soltar este tema aunque baje de las noticias en unos días. Colima no se calma porque caiga un objetivo prioritario. Colima se calmará el día que alguien controle Manzanillo sin que nadie se lo dispute y ese día todavía no llega.
Y ahí te dejo la pregunta final. La que de verdad quiero ver en los comentarios. Con cinco operadores caídos en semanas, con el líder todavía sin rostro y con manzanillo de premio, ¿tú crees que estamos viendo el desmantelamiento real de los mezcales? ¿O apenas el reacomodo de quién va a controlar el puerto más codiciado del país? Dímelo abajo, sin filtros.
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