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El Secreto Más SUCIO de JENNI RIVERA: Lo Que Descubrió 6 Semanas ANTES DE MORIR | Historia Completa

Porque cuando la diva de la banda subió a Selar Jet, no se subió sola, se subió cargando algo mucho más pesado que sus maletas. se subió cargando una sospecha que, según se ha contado, llevaba semanas sin dejarla dormir. Una sospecha sobre la persona que ella misma había traído al mundo.

Una sospecha que hasta el último día no quiso creer del todo y que se llevó intacta al fondo de aquel cráter en Iturbide. Para entender cómo Dolores Yanni terminó esa madrugada del 9 de diciembre, hay que volver mucho atrás. a una niña delgada, de pelo oscuro, ojos enormes y boca afilada, que crecía en una casita modesta de Long Beach, California, soñando con cosas que en los barrios donde se crió normalmente no se sueñan.

Dolores Janeiry Rivera Saavedra nació el 2 de julio de 1969 en Long Beach, California. Hija de Pedro Rivera y Rosa Saavedra, ambos migrantes mexicanos. Sonora, Jalisco, raíces rancheras, alma de banda. El papá, don Pedro, llegó a Estados Unidos cargando una guitarra y un sueño. Trabajó en lo que cayera, lavando platos, vendiendo discos en pulgas, hasta que terminó montando prácticamente desde la nada su propio sello discográfico, Cintas Acuario.

Un sello pequeño, modesto, pero que terminaría siendo la cuna de medio regional mexicano de los 90. Los Rivera no eran ricos, pero eran una tribu. Pedro y Rosa tuvieron seis hijos. Pedro Junior, Gustavo, Lupillo, Juan, Jenny y mucho después la pequeña Rosy. Una familia de música, de gritos, de mesa grande, de tortillas hechas en casa.

Y según se ha contado también una familia muy cerrada, muy de barrio, muy del que se las arregla solo. Lo que pasaba a puertas adentro se quedaba puertas adentro. Esa frase, en el caso de los Rivera, terminaría costando carísimo años después. Jenny era distinta a sus hermanos desde el primer día. Mientras Lupillo cantaba y Pedro Junior jugaba béisbol, ella era la rebelde, la de la lengua afilada, la que se peleaba en la escuela, la que no se dejaba.

En entrevistas posteriores, ella misma diría que aprendió muy temprano que en su barrio una mujer no podía darse lujo de ser tímida. quien se quedaba callada perdía y Jenny nunca quiso perder. Era inteligente, eso es importante decirlo. Inteligencia en bruto. Sacaba buenas notas. Era de las primeras de la clase.

Su sueño, al menos al principio, no era cantar. Su sueño era estudiar, ser alguien con título, salir del barrio por la puerta grande. Pero la vida, ese animal cruel, tenía otros planes para ella. A los 14 años, ya la secundaria, conoció a un muchacho de origen mexicano que terminaría siendo el primer gran desastre de su vida.

Se llamaba José Trinidad Marín. Le decían trino. Era unos años mayor que ella. Tenía calle, tenía labia, tenía esa mezcla peligrosa de chico malo y promesa de futuro. Jenny, según se ha relatado, se enamoró perdidamente. El típico amor adolescente que parece eterno y termina convertido en una sentencia de cárcel. A los 15 años, Jenny quedó embarazada de trino.

Ella misma lo contó muchas veces sin pudor. Estaba en la secundaria, era una niña, no entendía nada. Pero en su casa lo que se decidió fue lo que en muchísimas familias mexicanas de aquella época se decidía. Casarse. Cazarse rápido, casarse para tapar. El 26 de junio de 1984, Jenny se casó con Trino. Tenía 15 [música] años. 15.

Y pocos meses después nació la primera de sus hijas, Jan Marín Rivera, la que el mundo conocería años más tarde como Chiquis. Imagínate la escena. Una adolescente de 15 con un bebé en brazos casada con un tipo que pronto, según relataron después tanto ella como sus propias hijas, se reveló como un hombre violento. Jenny no abandonó la escuela, eso es importante.

Terminó la high school siendo madre. Después, contra todo pronóstico, entró a la universidad. Estudió administración de empresas. Llegó a sacarse una licencia para vender bienes raíces. Trabajaba en una inmobiliaria, atendía clientes, hablaba inglés perfecto, vendía casas. Mientras tanto, en su casa, según se ha contado, vivía un infierno.

Contrino tuvo dos hijos más. Jacqueline, a la que apodaron Jackie, nacida en 1989, y Michael Mikey, nacido en 1991. Tres hijos antes de cumplir los 22 años, pero el matrimonio se desmoronaba. Según declaraciones que la propia Jenny dio durante años en entrevistas y que también recogieron sus biografías, Trino la golpeaba, la controlaba, la aislaba.

Era el patrón clásico de la violencia doméstica repetido en miles de hogares latinos de aquella generación, donde lo que pasaba puertas adentro se quedaba puertas adentro. Jenny aguantó lo que muchas mujeres aguantan. Por los hijos, por la familia, por el que dirán, por la falta de dinero, por miedo.

Pero en algún momento de los primeros años 90, ella se atrevió a hacer lo que poquísimas mujeres de su entorno se atrevían. Pidió el divorcio. Le costó tres intentos. Le costó pelea, le costó miedo, pero finalmente en 1992 logró salir de ese matrimonio. Lo que Jenny no sabía es que mientras ella se debatía en su propio infierno, en su propia casa estaba pasando algo todavía mucho peor.

algo que iba a tardar todavía años en salir a la luz, algo que cuando saliera le partiría la vida en dos. Lo que pasó en 1997, según se ha relatado tanto en libros como la propia serie documental que la familia produjo años después fue uno de esos momentos en los que la vida de una persona se parte en dos. Hay un antes y hay un después.

Y Jenny Rivera ese día supo que su existencia entera había estado construida sobre una mentira que ella sin saberlo, había estado protegiendo. Rossy. Hay que hablar de Rossy. Rosy Rivera era la hermana menor de Jenny, la sexta, la pequeña, la consentida de la familia. Le llevaba a Jenny más de 10 años de diferencia y según ella misma ha contado en entrevistas y en el libro que publicó años más tarde, había estado guardando desde los 8 años de edad un secreto que la estaba destrozando por dentro, un secreto que durante casi una década no se atrevió a contar a nadie.

Ese secreto, según ella relató, era que José Trinidad Marín, el marido de su hermana mayor, había abusado sexualmente de ella desde que era una niña pequeña. La había tocado, la había violado, le había dicho que si hablaba le iba a hacer daño a Jenny, a su madre, a toda la familia. Y Rossy, atrapada en ese chantaje silencioso, cayó.

Cayó durante años. Cayó mientras crecía. Cayó mientras veía a su hermana darle hijos a ese hombre. Pero algo más estaba pasando, algo todavía peor, porque según se reveló cuando estalló el escándalo, Trino no solo había abusado de Rosy, también durante años había abusado de [música] sus propias hijas, de Chiquis, la mayor, de Jacki, la segunda, las dos niñas que Jenny había parido, las dos niñas que dormían bajo el mismo techo, las dos niñas a las que Jenny juraba proteger.

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