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Ava Gardner: Sinatra la Adoraba… y Ese Amor Fue Su Sentencia de Muerte

Ese fue su crimen, que lo hizo con amor. Pero para entender cómo una mujer que no necesitaba a nadie terminó necesitando a un hombre que la destruía, hay que volver a donde todo empezó. En este vídeo vas a descubrir seis verdades sobre Aba Garner que los documentales de Hollywood no cuentan. Seis verdades sobre el amor que la atrapó, sobre la fuerza que tuvo para escapar y sobre lo que quedó de ella cuando finalmente lo hizo.

Te avisaré cuando llegue cada una. Aba Lavinia Gardner nació el 24 de diciembre de 1922 en Grabtown, Carolina del Norte. Un nombre que no aparece en ningún mapa importante. Una comunidad agrícola en el condado de Johnston, donde las casas estaban separadas por campos de tabaco y las distancias entre las personas se medían de otra manera.

en lo que se decía y en lo que no se decía nunca, que era casi siempre más. Era la séptima hija de Jonas Gardner, una parcero que trabajaba la tierra con la misma expresión, con que hacía todo lo demás callado, constante, presente en el cuerpo y ausente en todo lo que no fuera el trabajo. y de Mary Elizabeth Baker, una mujer que administraba una pensión para maestros rurales y que quería a sus hijos con una calidez que era real y que, sin embargo, no tenía la dureza necesaria para interponerse entre ese mundo y sus hijas cuando el mundo se ponía entre ellas.

Aba creció sabiendo leer el silencio de su padre con la precisión que desarrollan los hijos de los hombres que no hablan. Aprendió significaba cada variante de ese silencio, cuándo era seguro acercarse y cuándo era mejor quedarse en el otro lado de la habitación. Aprendió que el amor de un hombre es algo que se adivina más que algo que se dice, que hay que merecerlo, que hay que ganarlo de alguna manera.

Esa lección aprendida en una granja de Carolina del Norte antes de los 10 años definiría cada relación que Aba Gartner tuvo el resto de su vida, de una manera que ningún análisis posterior logró borrar del todo. Primera revelación. Cuando Aba tenía 18 años, un hombre de su comunidad la violó. No hubo consecuencias para él.

No hubo proceso legal. No hubo nadie que se pusiera de su lado con suficiente fuerza para que algo cambiara. Hubo silencio. El mismo tipo de silencio que había rodeado otras cosas en esa familia, en ese pueblo, en ese mundo, donde las cosas que les pasaban a las mujeres jóvenes eran tratadas como accidentes del clima, algo que ocurría, algo que había que sobrevivir, algo de lo que no se hablaba, porque hablar no cambiaba nada y en cambio costaba todo.

Lo que esa experiencia le enseñó a Aba Gardner 18 años en una granja de Carolina del Norte, sin nadie que la protegiera. Fue algo que quedó grabado en ella de una forma que los años no borraron, sino que endurecieron. Su cuerpo no era de ella. El mundo podía tomarlo cuando quisiera. Pero si ese era el trato, al menos ella podía decidir a quién se lo entregaba.

Al menos esa decisión podía ser suya. Eso no es cinismo. Es la forma en que una mujer joven construye algo parecido a la agencia cuando la agencia real le ha sido arrebatada. En 1941, su cuñado, casado con su hermana Beatriz, tomó unas fotografías de AVA y las expuso en el escaparate de su estudio fotográfico en Nueva York.

Las fotografías no eran extraordinarias. La mujer que aparecía en ellas sí lo era. Un agente de la MGM entró en el estudio, vio las fotografías y llamó al estudio esa misma tarde. Aba Garner tenía 19 años y nunca había actuado en nada. No importó. Tenía esa cara. Y en el Hollywood de los años 40, esa cara era suficiente para abrir cualquier puerta.

Los primeros años en la MGM fueron años de aprendizaje y de espera. Aba tomaba clases de actuación, de adicción, de movimiento. Aprendía a moverse delante de una cámara con la misma disciplina con que había aprendido todo lo demás en su vida sola, mirando, repitiendo hasta que salía bien.

Y mientras aprendía, la MGM la prestaba a otros estudios, la ponía en papeles pequeños, la exhibía en los eventos correctos, porque lo que la MGM había comprado no era una actriz, había comprado una presencia y esa presencia no necesitaba demasiada preparación para funcionar. Solo necesitaba que la pusieran en el lugar correcto y la iluminaran bien.

Su primer matrimonio fue con Mickey Rooney en 1942. Ella tenía 19 años. Él tenía 22 y era la estrella más taquillera de Hollywood, lo que en el Hollywood de 1942 era una forma de poder que pocas cosas podían igualar. El matrimonio duró un año. Rooney era incapaz de la fidelidad que cualquier relación requiere y tampoco parecía particularmente interesado en aprenderla.

Aba se divorció sin drama, sin escándalo público, con esa capacidad suya para separar lo que había sido de lo que necesitaba ser a partir de ese momento. El segundo fue con el músico de jazz Shaw en 1945. Shaw era inteligente, culto, con una capacidad intelectual que Aba admiraba y que al mismo tiempo usaba como instrumento de control.

le decía constantemente que era hermosa, pero no inteligente, que su belleza era su único activo real, que sin él no sería nada más que una cara bonita de segundo nivel. Le recomendó terapia no para ayudarla, sino para que la terapia le confirmara lo que él ya le decía. Ese matrimonio también terminó, pero dejó algo que los divorcios no limpian del todo.

La duda, la pregunta de si Shao tenía razón, de si la belleza era todo lo que había. En 1950, una encuesta de fans de Hollywood la votó como la mujer más hermosa de la industria. No la mejor actriz, la mujer más hermosa. Ava Gardner leyó ese titular y sintió exactamente lo que era. Una confirmación y una trampa al mismo tiempo.

Una confirmación de que lo que tenía era real y funcionaba. una trampa, porque lo que tenía era exactamente y únicamente lo que la MGM había comprado en 1941, una cara, un cuerpo, una presencia y que mientras eso siguiera siendo lo que el mundo veía cuando la miraba, nunca podría ser otra cosa. No era ingratitud y era lucidez.

La lucidez de una mujer que sabe exactamente en qué moneda la pagan y que entiende lo que eso significa cuando la moneda se devalúe. Segunda revelación. Frank Sinatra vio a Aba Gardner por primera vez en 1949 y decidió que iba a casarse con ella antes de haberle dicho una sola palabra. No es una manera de hablar, es lo que él mismo contó en varias entrevistas a lo largo de los años.

la vio en una fiesta en Hollywood en ese momento específico en que ella estaba hablando con alguien y se rió de algo que ese alguien había dicho. Y Sinatra dijo después que en ese momento el resto de la habitación dejó de existir, que era la mujer más hermosa que había visto en su vida, que tenía que tenerla.

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