Posted in

Arturo Montiel: El Padrino de Peña Nieto… El ASQUEROSO Pacto que lo Salvó de la Cárcel.

Según reportes y señalamientos políticos de la época, en 2001 comenzó a hablarse de una red de espionaje operada desde estructuras vinculadas al gobierno estatal. Más de 200 agentes, presuntamente disfrazados bajo funciones policiacas habrían vigilado opositores, empresarios,  activistas, enemigos internos, nombres, llamadas, rutas, debilidades, todo aquello que puede convertir la información en arma.

Y luego vino Texcoco, el proyecto del nuevo aeropuerto. Miles de hectáreas, contratos millonarios, tierra campesina convertida de pronto en botín  político. Según el expediente narrativo de aquella crisis, cerca de 4000 familias de San Salvador, Atenco, Texcoco y Chimaluacán, quedaron amenazadas por la expropiación.

El 11 de julio de 2002, la tensión estalló con policías, campesinos, golpes, detenidos, heridos y un muerto. La promesa de modernidad terminó oliendo a miedo. Ahí empezó a verse el verdadero rostro del sistema. No era solo ambición, era hambre. Y cuando el aeropuerto se cayó, cuando el negocio se esfumó, algo dentro de esa maquinaria quedó herido.

Porque para un hombre formado en Atlacomulco, perder una obra no era perder cemento, era perder territorio. Y esa herida abriría la puerta al secreto que lo perseguiría para siempre. Y entonces apareció la casa. No una casa cualquiera, no una propiedad comprada con años de ahorro, con una hipoteca común.

con recibos claros y una historia simple. Una mansión en Soto Grande, Cádiz, al sur de España.  Piedra, lujo, jardines, silencio europeo. El tipo de lugar donde el dinero no solo vive, se esconde. Y según las investigaciones periodísticas que estallaron años después, esa casa era apenas una puerta. Detrás venía un mapa entero de propiedades, empresas, cuentas familiares y nombres que iban a perseguir a Arturo Montiel hasta destruir su sueño presidencial.

Porque el poder, cuando se mezcla con la codicia, casi nunca deja manchas visibles al principio.  Primero aparecen los discursos, las fotos, las promesas de transparencia, las frases sobre el progreso del Estado de México,  los informes cuidadosamente impresos. Las obras públicas, las ceremonias, los aplausos.

Montiel hablaba como un gobernador de mano firme, como un hombre que había llegado para ordenar un territorio de más de 15 millones de personas. Pero detrás de las luces, detrás del escritorio, detrás de los trajes oscuros y las sonrisas de campaña, había otra contabilidad. Según reportes difundidos en aquel tiempo, la fortuna atribuida al entorno de Montiel llegó a calcularse entre 105 y 110 millones de pesos.

Piensa en eso un momento. No estamos hablando de un rancho heredado, ni de una casa familiar, ni de un ahorro discreto. Estamos hablando de una red de bienes que, según sus críticos, no correspondía con el salario de un servidor público. Y cuando las cifras empiezan a no cuadrar, el poder hace lo de siempre.

Niega, distrae, amenaza, espera que el escándalo se canse, pero el escándalo no se cansó. Octubre  de 2005. Montiel estaba metido en la batalla interna por la candidatura presidencial. El grupo Tuccom lo veía como una carta fuerte contra Roberto Madrazo. Su nombre circulaba en columnas políticas, reuniones privadas, comidas cerradas, llamadas de madrugada.

Había gente que de verdad lo imaginaba entrando a Los  Pinos. Y entonces, como si alguien hubiera abierto una caja prohibida. Una serie de documentos financieros llegó a Televisa. La caída empezó en pantalla nacional. De pronto, México no estaba viendo al heredero de Atlacomulco, estaba viendo las cuentas, los nombres, los  depósitos, las propiedades.

Según esos documentos difundidos, Juan Pablo Montiel, hijo del exgobnador, habría recibido depósitos sospechosos  por alrededor de 35 millones de pesos en varias cuentas y aparecía relacionado con la adquisición de al menos cinco inmuebles  en un periodo demasiado corto para no levantar preguntas.

La familia dijo que todo era legal, que las cuentas estaban auditadas, que no había delito, que los números tenían explicación, pero hay explicaciones que no calman a nadie. Hay defensas que suenan limpias solo en el papel, porque mientras el ciudadano común contaba monedas para sobrevivir, alrededor de Montiel  aparecían propiedades en Atlacomulco, Tonatico, Valle de Bravo, Metepec, Carelles, París  y España.

una finca en su tierra de origen, una villa de descanso, una casa en el santuario, una residencia en San Carlos, un departamento de 240 m² en Carelles, un inmueble cerca del Buas de Buloñe en París y luego  la joya más incómoda, Sotogre, Cádiz. Ahí es donde la historia se vuelve más oscura.

Según las investigaciones, la mansión española estaba vinculada a una estructura corporativa que  incluía Avenstar Limited y Soto Estrella 2003. Dos nombres fríos, casi invisibles, de esos que parecen hechos para que nadie imagine personas detrás. Pero el detalle que encendió todas las alarmas fue el calendario. Soto Estrella 2003 habría sido constituida pocos días después de que OHL ganara.

En febrero de 2003, el gigantesco proyecto del circuito exterior mexiquense durante el gobierno de Montiel. Una empresa gana una megaobra pública. Días después aparece una compañía relacionada con una mansión en España. El dinero cruza fronteras, las firmas cambian de mano, los documentos se vuelven técnicos  y la verdad empieza a enterrarse bajo palabras legales que casi nadie entiende.

¿Fue una coincidencia? Fue una operación de encubrimiento patrimonial. ¿Fue el precio silencioso de los contratos? Eso es lo que sus críticos preguntaron durante años. Y aunque Montiel no fue condenado por esas acusaciones, el daño político ya estaba hecho. Porque en política no siempre hace falta una sentencia para que una imagen se derrumbe.

A veces basta con que la gente vea la puerta entreabierta y descubra que detrás del poder había mármol. cuentas y silencio. El  20 de octubre de 2005, Arturo Montiel dejó la carrera presidencial. No cayó en una elección, cayó antes. Cayó cuando los documentos lo alcanzaron. Cayó cuando la mansión dejó de ser una casa y se convirtió en una confesión.

Pero el verdadero problema no era perder una candidatura, el verdadero problema era sobrevivir a lo que venía después. Porque  una fortuna expuesta necesita defensa, un expediente abierto necesita protección y un hombre acorralado por sus propios secretos necesita algo más poderoso que dinero. Necesita  un heredero. Y entonces Montiel entendió algo que todos los hombres de poder entienden  cuando el suelo empieza a abrirse bajo sus pies.

Read More