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SARA MONTIEL: LA ASQUEROSA VERDAD DE POR QUÉ FRANCISCO FERNANDEZ PEÑALVER LE DESTROZÓ LA VIDA

La voz que cantó Fumando Espero, la protagonista de El último cuplé, la película más taquillera de la historia del cine español. La primera mujer española que triunfó en Hollywood junto a Burt Lancaster y Gary Cooper. Y esa misma mujer apareció muerta en su piso de Madrid, sola y arruinada, después de haber abortado 11 veces seguidas, desquiciada y después de que el hombre en el que más confiaba durante 20 años le destrozara la vida mientras ella lo trataba como de la familia.

Hoy vas a saber como una mujer con la voz de un ángel acabó destrozada en un piso vacío de Madrid. Y lo más asqueroso, ¿qué le hizo ese hombre durante 20  años que la mató en vida? ¿Y lo más oscuro? ¿Por qué abortó 11 veces seguidas? ¿Y qué fue lo que le pasó dentro del cuerpo a Sara Montiel para que nunca pudiera ser madre? Quédate hasta el final porque al terminar este vídeo no vas a ver a Sara Montiel de la misma manera nunca más.

Y vas a entender por qué el 8 de abril de 2013 cerró el capítulo más triste de toda la historia del cine español. Pero para entender qué le pasó realmente a Sara Montiel en aquellos últimos años de soledad en su piso de Madrid, primero tienes que saber por dónde pasó. Tienes que saber cómo aquella niña pobre de un pueblo manchego llegó a tenerlo todo.

Hay un camino y ese camino  empieza en una calle polvorienta de Campo de Criptana. provincia de Ciudad Real el 10 de marzo de 1928. En una familia humilde con padre campesino y madre vendedora ambulante, en una niña que con 15 años ya soñaba con escapar de aquel pueblo. Todo lo que vino después se explica desde ahí.

Vamos a empezar por el principio. Por la niña pobre de Campo de Criptana, que con 15 años ganó un concurso de belleza  y se fue sola a Madrid sin avisar a sus padres. por la chica que con 20 años ya estaba haciendo películas en México y por el detalle de su infancia que explica por qué aquella mujer iba a quedarse obsesionada con ser madre el resto de su vida.

María Antonia Alejandra Vicenta, el Pidia Isidora. Abad Fernández nació el 10 de  marzo de 1928 en Campo de Criptana, un pueblo manchego de la provincia de Ciudad Real con apenas 10,000 habitantes. Familia humilde,  padre campesino llamado Isidoro Abad, madre vendedora ambulante de productos de belleza  puerta a puerta llamada María Vicenta Fernández.

Cuatro hermanos en total. La campo  de Criptana de los años 30 era uno de los pueblos más pobres de la España rural. Casas blancas con tejados a dos aguas, calles polvorientas,  mujeres lavando la ropa en lavaderos públicos, hombres  yéndose al amanecer al campo a recoger uvas y aceitunas para los grandes terratenientes  de la zona.

Y en aquella casa modesta, en el centro del pueblo, nació la niña que iba a convertirse 50 años después en la mujer más famosa del cine español. La infancia de María Antonia, como la llamaban entonces, fue durísima. La familia pasaba hambre. En invierno no tenían bastante leña para calentar la casa. Su madre, María Vicenta, salía cada mañana a vender productos cosméticos por los pueblos cercanos, cargando una cesta pesada que pesaba más que la propia niña.

Y la pequeña  María Antonia, según contó después en su autobiografía publicada en el año 2000, recordaba a su madre llegando agotada por las noches y aún así sacando fuerzas para cantarle canciones populares antes de dormir. Aquellas canciones cantadas en voz baja por una mujer cansada en una casa fría de Campo de Criptana fueron las primeras canciones que entraron en el oído de la niña.

Y aquella memoria sonora, según ella misma reconoció, fue el origen de toda su carrera musical posterior.  Hay una imagen muy concreta de aquella infancia que conviene retener. María Antonia, con 6 años, en plena guerra civil española,  caminando con su madre por las calles de un pueblo vecino, descalza con un saco de garbanzos al hombro que su madre había conseguido a cambio de productos cosméticos.

Esa imagen, según contó después en distintas entrevistas,  era la que tenía grabada cuando años más tarde se ponía vestidos de seda en Hollywood. La pobreza absoluta de aquella niña manchega  convivía dentro de ella con la diva internacional que sería después. Y aquel contraste fue la fuente  de toda su ambición.

Quería que sus padres no volvieran a pasar hambre nunca más. Y aquello, en términos prácticos, lo consiguió antes de cumplir 25 años. Y aquí está el momento  exacto en que aquella niña pobre de campo de criptana descubrió que tenía algo que las demás niñas del pueblo no tenían. La decisión que tomó con 15 años y que la sacó del pueblo para no volver nunca.

Y la persona que la vio cantar por primera vez en un escenario público en 1943 con 15 años recién cumplidos, María Antonia ganó un concurso de belleza y talento organizado por Cifesa, la productora cinematográfica más importante de la España franquista. El concurso lo había convocado un periodista local que la escuchó cantar en una fiesta del pueblo.

Le ofrecieron un contrato de prueba, le pagaron el viaje a Madrid y María Antonia, sin avisar a sus padres por miedo a que la prohibieran ir, cogió un autobús a la capital  con una maleta pequeña y la dirección de la productora apuntada en  un papel. Tenía 15 años. No tenía estudios formales, no sabía nada del mundo del cine, pero había decidido que su vida no iba a ser como la de su madre.

Y aquella decisión tomada por una adolescente analfabeta  en marzo de 1943 fue la primera de muchas decisiones radicales que iba  a tomar en su carrera. En Madrid, Cifesa le hizo una prueba de cámara.  La aceptaron, le cambiaron el nombre, pasó a llamarse María Alejandra  como nombre artístico provisional y en 1944 con 16 años debutó en su primera película  titulada Te quiero para mí.

Era un papel pequeño, una adolescente de pueblo  que se enamora del protagonista, pero la cámara, según contaron después los técnicos del estudio, recogía algo en aquella chica manchega que no recogía con las demás  actrices del momento. Tenía presencia, tenía mirada, tenía aquella cosa indefinible que en el cine se llama estrella y antes de cumplir los 17 años  ya tenía contratos firmados para protagonizar otras dos películas.

Y aquí está el cambio de nombre que iba a marcar el resto de su carrera, el nombre artístico  que la propia María Antonia eligió en 1944 y por el que la iba a conocer toda  España durante los siguientes 70 años y la persona que se lo sugirió en una cena privada en Madrid. A finales de 1944,  María Antonia tomó otra decisión radical.

Cambió su nombre artístico, pasó a llamarse Sara Montiel. El nombre  Sara lo eligió ella porque le sonaba a estrella internacional. El apellido  Montiel lo eligió el productor Vicente Casanova, jefe de Cifesa, en honor al campo de Montiel,  una zona de la mancha próxima a su pueblo natal. Y a partir de ese momento, en todos los carteles de cine de España, la niña pobre de Campo de Criptana iba a aparecer con un nombre nuevo que sonaba internacional,  glamuroso, distinguido, Sara Montiel.

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