Posted in

LECCIÓN DE DIGNIDAD: EE.UU. RECHAZA a Irán y Sheinbaum le ABRE las puertas de México

Atención, México. A pocos días de que arranque el mundial está pasando algo que dice más sobre el mundo de hoy que muchos discursos políticos juntos. La selección de Irán va a jugar sus partidos en territorio estadounidense, pero no va a poder quedarse a dormir ahí. Su casa durante la Copa del Mundo no estará en Estados Unidos, estará en México, en Tijuana.

Y detrás de ese detalle hay una historia de puertas que se cierran de un lado de la frontera y se abren del otro. Quédense conmigo porque esto explica con una claridad enorme la diferencia entre dos maneras de entender el lugar de una nación en el mundo. Vamos por orden, sin adornos. El mundial de este año se juega del 11 de junio al 19 de julio y es el primero en la historia organizado por tres países al mismo tiempo Estados Unidos, Canadá y México.

Son 48 selecciones, decenas de ciudades, millones de aficionados cruzando fronteras para ver fútbol. Dentro de ese mapa gigantesco apareció un caso que nadie tenía en el guion. Irán se clasificó, le tocó disputar su primera fase en ciudades estadounidenses y ahí comenzaron las complicaciones. El plan original del equipo persa era sencillo.

Iban a instalar su campo base en Tusan, Arizona, dentro de Estados Unidos y desde ahí viajar a sus partidos. Un esquema normal el que usan casi todas las elecciones del torneo. Pero ese plan se cayó. La delegación iraní empezó a toparse con obstáculos para permanecer en suelo estadounidense y la incertidumbre sobre los permisos migratorios fue creciendo semana tras semana.

Lo dijo con todas sus letras la presidenta Claudia Sheinbaum desde Palacio Nacional. A Estados Unidos no le interesaba que la selección iraní se quedara pernoctar en su territorio. Esa fue la palabra pernoctar. No querían que durmieran ahí. Conviene recordar de dónde viene esta tensión porque no nació esta semana. Ya en diciembre del año pasado, cuando se realizó el sorteo del Mundial en Washington, Irán decidió no presentarse a la ceremonia luego de que Estados Unidos le negara visas a varios integrantes de su delegación.

Es decir, el conflicto entre ambos gobiernos lleva meses metiéndose en una competencia que en teoría debería estar por encima de la política. Y a eso se sumó un contexto más amplio. La administración estadounidense había incluido a Irán en una lista de países con restricciones de viaje en medio de un conflicto reciente y de relaciones diplomáticas que llevan más de cuatro décadas rotas entre las dos naciones. Ahí estaba el problema.

Entonces, una selección que tiene derecho deportivo a jugar el mundial, que se ganó su lugar en la cancha, atrapada en un laberinto de visas y portazos por la pura lógica de la confrontación geopolítica. La federación iraní le pidió ayuda a la FIFA. Se entregaron pasaportes en embajadas, se hicieron trámites, se esperaron respuestas que no llegaban y mientras tanto, el reloj corría rumbo al debut.

Aquí es donde entra México. La representación de la FIFA se acercó al gobierno mexicano con una pregunta muy concreta. Si la selección de Irán no puede quedarse en Estados Unidos, ¿pueden quedarse en México? La respuesta de la presidenta fue directa, sin condiciones y sin cálculos. Sí, sin problema. No tenemos ningún problema.

Esas fueron sus palabras y agregó algo que vale la pena subrayar porque ahí está el fondo del asunto. Nosotros no tenemos por qué negar la posibilidad de que se queden en México. Piénsenlo un momento. Mientras de un lado de la frontera se levantaban trabas para un grupo de futbolistas, del otro lado simplemente se abrió la puerta.

Sin discursos altisonantes, sin pedir nada a cambio, sin convertir el gesto en un trofeo. La sede elegida fue Tijuana, Baja California, una ciudad fronteriza con acceso rápido por carretera y aire hacia Los Ángeles y Seattel, donde Irán tiene programados sus tres partidos de la primera fase contra Nueva Zelanda el 15 de junio, contra Egipto el 21 y contra Egipto el 26.

El equipo se concentrará en las instalaciones del Estadio Caliente, Casa de los óxolos de Tijuana, y de ahí saldrá únicamente a competir. Y el gesto mexicano no se quedó en las palabras. Cuando llegó el momento de los trámites, México expidió los visados para los jugadores iraníes en apenas 48 horas, sin necesidad de que se presentaran físicamente, sin toma de huellas, con la agilidad de un país que decidió que un asunto deportivo no tenía por qué tratarse como una amenaza.

Lo confirmó la propia diplomacia iraní mientras en un lado los permisos se enredaban durante semanas, en el otro se resolvieron en dos días. El contraste se volvió todavía más visible en los días previos al torneo. El embajador de Irán en México recorrió Tijuana, conoció el campamento y describió a la ciudad como un lugar desarrollado y seguro, tratando de transmitir confianza a su selección y a la comunidad iraní.

Agradeció públicamente a México y a la presidenta Shan Bown por recibir al equipo y dejó una frase que resume el sentir de toda la delegación. Si finalmente la selección no lograba jugar el mundial, la responsabilidad sería exclusivamente de quien le nevó la entrada. no de quien le abrió las puertas. Hasta el último momento, las visas estadounidenses siguieron en el aire.

El jueves por la noche, a poco más de una semana del primer partido, el equipo todavía no las tenía. Para destrabar el trámite, la FIFA pidió que todos los pasaportes se entregaran en la embajada de Estados Unidos, en Ancara, donde la selección afinaba sus últimos preparativos en Turquía. Apenas durante esa madrugada, según funcionarios estadounidenses, se resolvió la emisión de los permisos coordinada a través de esa representación.

Es decir, Estados Unidos terminó otorgando las visas, sí, pero a contrarreloj. Después de semanas de presión internacional y con el mundial ya encima, la diferencia de actitud quedó marcada. Uno resolvió en 48 horas y con la puerta abierta, el otro a último minuto y a regañadientes. Y aún con esos permisos en la mano, el campo base del equipo no cambió.

sigue siendo Tijuana. La concentración iraní durante toda la fase de grupos será en México. Esto es lo que algunos analistas internacionales ya están llamando. Con razón un dato histórico. Es la primera vez desde que existe la Copa del Mundo allá por 1930 que un país anfitrión recibe en su territorio a la selección de una nación con la que su socio organizador mantiene un conflicto abierto.

México quedó, sin buscarlo, en el centro de un gesto que el deporte recordará por mucho tiempo y lo hizo desde una postura que la presidenta ha repetido como columna de su política exterior. El respeto a la autodeterminación de los pueblos y la idea de que el deporte debería ser un espacio de paz y de encuentro, no un campo más donde se libran las disputas de los gobiernos.

Conviene seguir el recorrido del equipo para dimensionar lo extraño de su situación. La selección venía concentrada en Antallía, Turquía, donde afinó los últimos detalles antes del torneo. De ahí salió rumbo a Europa con una escala en España para finalmente aterrizar en México el 7 de junio. Un equipo que tiene que dar media vuelta al planeta y montar su casa en un tercer país solo para poder competir en un mundial cuyos partidos juegan un cuarto territorio.

Read More