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La huella de ADN en una bota que delató al asesino de Jody Loomis — Washington 1972

Durante 36 años, la respuesta estuvo ahí. No  escondida en un archivo clasificado ni enterrada   bajo una losa de cemento. Estaba en la superficie  de una bota de cuero, en un cuarto de evidencias,   al alcance de cualquiera que la hubiera mirado con  atención. Nadie la vio. El 23 de agosto de 1972,   una joven de 20 a os sali de su casa en bicicleta  hacia un establo y nunca lleg .

Su cuerpo fue   encontrado en un camino forestal. La investigaci  n inicial no produjo ning n sospechoso. El caso   se cerr en fr o. Y la bota, junto con el resto de  la evidencia, qued guardada en una bodega durante   m s de tres d cadas. Lo que ning n investigador  not en todos esos a os, una t cnica forense lo   encontr en 2008 bajo condiciones de iluminaci n  distintas: una peque a mancha en el exterior de   la bota izquierda. Esa mancha conten a la clave  para identificar al asesino.

La joven se llamaba   Jody Loomis, y esta es la historia de c mo una  evidencia invisible a plena vista termin cerrando   uno de los casos m s frustrantes del estado de  Washington. Jody ten a 20 a os, viv a con sus   padres, su prometido y su hermana menor Jana de 12  a os en una zona rural del condado de Snohomish.   Eran caminos de tierra, propiedades con caballos  y mucho espacio entre casas: el tipo de lugar   donde una persona pod a andar en bicicleta  durante kil metros sin cruzarse con nadie.

Jody manten a un caballo en un establo a unos 10  kil metros de su casa y sol a ir en auto. Ese 23   de agosto decidi ir en bicicleta por primera vez.  Tom prestadas las botas de ca a alta de Jana,   sali alrededor de las 5 de la tarde y tom  un camino que atravesaba tramos boscosos   casi sin tr fico.

A mitad del recorrido, un  sendero de tierra se abr a hacia el interior   del bosque. Ah termin su trayecto. Alrededor  de las 5:30, una pareja joven lleg a ese mismo   sendero a hacer pr ctica de tiro. Encontraron a  una mujer en el suelo. Estaba gravemente herida,   hab a sido atacada, y todav a respiraba aunque no  respond a. La cargaron en su auto y la llevaron   al hospital m s cercano, a unos 15 minutos. Lleg  sin vida.

La causa de muerte fue una herida de   bala producida por una pistola calibre 22. Los  investigadores determinaron que Jody hab a sido   interceptada en la ruta, forzada a internarse en  el bosque y atacada antes de recibir el disparo.   Su bicicleta blanca de diez velocidades estaba  tirada en el sendero. Su ropa fue recolectada en   la escena, junto con las botas de Jana.

Todo fue  sellado y trasladado a las bodegas de evidencias   del Departamento del Sheriff del Condado de  Snohomish. Entre esos elementos tambi n qued   registrado el car cter sexual del ataque, un  dato que d cadas despu s resultar a ser la   clave de todo. Los investigadores rastrearon el  rea en los d as siguientes. Algunos hombres del   sector llamaron la atenci n: un due o de rancho  que hab a tenido comportamientos inapropiados   hacia Jody que los vecinos conoc an pero nunca  hab an reportado, y un inquilino de una propiedad   cercana que hab a estado cortando le a esa tarde  cerca del sendero y no pod a dar cuenta clara de

su tiempo. Ambos fueron interrogados. Ninguno pudo  ser conectado al crimen mediante evidencia f sica   ni testimonios. No hab a testigos del ataque.  No hab a huellas dactilares. No hab a nada que   vinculara a ninguna persona concreta con lo que  hab a ocurrido en ese bosque. A fines de 1972,   el caso estaba paralizado. El expediente fue  al estante con los otros casos sin resolver.

Los detectives que lo trabajaron pasaron a nuevas  asignaciones. La evidencia fue a almacenamiento de   largo plazo. Las botas de Jana quedaron en esa  bodega. Con todo lo dem s. Con una pista que   segu a pasando desapercibida. Jana Loomis ten a  12 a os el d a en que su hermana le pidi prestadas   las botas y no volvi .

Creci en la sombra de esa  tarde de agosto, viendo a sus padres cargar un   duelo que no ced a con los a os. El cuarto  de Jody qued intacto durante mucho tiempo.   Jana dec a que todav a se pod a sentir el olor a  aceite de pachul cuando uno entraba. El bolso de   cuero de Jody segu a donde ella lo hab a dejado el  ltimo d a de su vida. Sus padres pasaron el resto   de sus vidas esperando una respuesta. Llamaban al  departamento del sheriff. Preguntaban. Esperaban.

Murieron sin saber qui n mat a su hija. Jana sigui  llamando despu s de que ellos se fueron. Cuando   el caso volvi a tomar impulso en 2008, le dijo a  los periodistas que quer a que el culpable supiera   que alguien todav a estaba prestando atenci n.  Llevaba 36 a os cargando el caso de su hermana,   m s tiempo del que Jody hab a vivido.

Lo puso  en palabras simples: Jody ten a toda la vida por   delante. Y simplemente se la quitaron. Y nosotros  vivimos con eso todos los d as. Todo ese tiempo,   en una bodega del condado de Snohomish,  las botas segu an en su caja. Con una   evidencia que hab a sobrevivido d cadas  sin que nadie reparara en ella. En 2005,   treinta y tres a os despu s del crimen, el  detective Jim Sharf del Departamento del Sheriff   del Condado de Snohomish sac el expediente  del estante.

Era el homicidio sin resolver   m s antiguo del condado. Sharf revis la evidencia  original desde el principio, reentrevist a quienes   pudo localizar y envi todo lo que pudiera  producir resultados al Laboratorio Forense   del Estado de Washington para pruebas con tecnolog  a moderna. Tres a os despu s, en 2008, una t cnica   del laboratorio examin la bota izquierda de Jody  bajo condiciones de iluminaci n distintas a las   que se hab an usado antes.

Lo que encontr  hab a estado ah desde la noche del crimen:   una peque a mancha de semen en el exterior de la  bota. La bota hab a sido manejada, catalogada,   trasladada entre instalaciones y almacenada  durante 36 a os. Nadie hab a notado la mancha   hasta ese momento. La t cnica extrajo un perfil  parcial de ADN de la mancha y lo envi a CODIS,   la base de datos nacional del FBI con perfiles  gen ticos de personas condenadas por delitos.

Si quien dej el ADN en la escena del crimen hab a  sido condenado por un delito que requer a muestra   de ADN, el sistema marcar a una coincidencia.   No hubo coincidencia. El hombre que mat a   Jody en 1972 no estaba en el sistema. Eso no  significaba que no tuviera antecedentes, sino   que sus delitos hab an ocurrido antes de que las  leyes de recolecci n de ADN fueran obligatorias,   o ca an fuera de las categor as que las requer  an.

El perfil parcial qued cargado en la base   de datos, ejecut ndose autom ticamente contra cada  nueva muestra que el sistema incorporaba. Durante   diez a os, no regres ninguna coincidencia. Eran  ya 46 a os desde la noche del crimen. La evidencia   hab a permanecido intacta a trav s de d cadas  de almacenamiento, de m ltiples traslados entre   instalaciones, del manejo de investigadores  de distintas agencias.

Estaba en la base de   datos. Y segu a sin tener due o. Sharf mantuvo el  caso abierto durante todo ese tiempo. Busc nuevos   ngulos, envi el perfil a nuevas bases de datos a  medida que surg an y mantuvo contacto con Jana.   La llamaba con actualizaciones incluso cuando  la actualizaci n era que no hab a nada nuevo. El   expediente hab a acumulado polvo durante 33 a os  antes de que l lo tocara.

Y no iba a permitir que   eso volviera a ocurrir. En julio de 2018, Sharf  prob un enfoque diferente. La genealog a gen tica   hab a empezado a resolver casos que los m  todos tradicionales no pod an tocar, y l estaba   dispuesto a intentarlo. Envi el perfil de ADN a  Parabon NanoLabs, un laboratorio forense privado   de Virginia especializado en esa t cnica.

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