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Ingrid Bergman: El Escándalo Que Hollywood Nunca Le Perdonó y

Hay una carta, una carta corta, apenas seis líneas, escrita en 1948 por una mujer rubia de 33 años en un escritorio de Beverly Hills, California. La mujer que escribió esa carta era en ese momento la actriz más adorada de los Estados Unidos. Una mujer que el público americano comparaba con una santa. Una mujer que había ganado un óscar a la mejor actriz 4 años antes.

Una mujer cuyo rostro luminoso aparecía en las portadas de las revistas más prestigiosas del mundo entero. La carta tenía un destinatario, un director de cine italiano de 42 años llamado Roberto Roselini. La actriz lo había visto solamente en dos películas, nunca lo había conocido en persona, pero esa carta de seis líneas iba a cambiar para siempre su vida.

La carta decía en italiano básico, “Querido señor Roselini, he visto sus películas Roma ciudad abierta y paisá y las he apreciado muchísimo. Si usted necesita una actriz sueca que habla muy bien inglés, que no ha olvidado su alemán, que se hace entender mal en francés y que en italiano solo sabe decir te amo, estoy lista para venir a hacer una película con usted.

” Esa firma al final Ingrid Bergman iba a destruir la carrera más brillante del Hollywood de los años 40. Iba a separar a esa mujer de su única hija. Iba a hacer que el Senado de los Estados Unidos la denunciara públicamente como inmoral. Iba a convertirla durante 7 años en una persona non grata en el país que la había convertido en estrella.

Y sobre todo iba a forzar a esa mujer rubia y luminosa que escribía en un escritorio de Beverly Hills a vivir el peor castigo de su vida, ser repudiada por una nación entera. Esta es la historia de Ingrid Bergman, la actriz que el mundo entero amó, la que protagonizó Casa Blanca, una de las películas más recordadas de la historia del cine, la que ganó Tres Oscars a la mejor actriz, la que trabajó con Alfred Hitchcock, Humfrey Bogert, Carry Grant, Gregory Peck, la que era en 1948, según la prensa americana, la mujer más

perfecta de Hollywood y La que dos años después, en marzo de 1950, fue denunciada en el suelo del Senado de los Estados Unidos por el senador Edwin Johnson de Colorado, llamada una de las influencias más poderosas para el mal en el mundo entero, acusada de inmoralidad y depravación moral y boicoteada por 5 millones y medio de mujeres americanas que firmaron peticiones para que sus películas no se proyectaran.

Nunca más en los cines de Estados Unidos. 29 de agosto de 1982, Londres, Inglaterra. Una casa modesta en el barrio de Chelsea. Una habitación con las cortinas cerradas. En una cama, una mujer de 67 años está muriendo. Su cabello rubio se ha vuelto blanco. Su piel está cansada. Pero sus ojos, esos ojos azul claro que durante 40 años habían iluminado las pantallas de todos los cines del mundo, todavía brillan.

Esa mujer es Ingrid Bergman. Está rodeada de sus cuatro hijos. Pia Lindstrom, hija de su primer matrimonio, ahora una periodista de televisión en Nueva York. Roberto, Isabela e Ingrid Jr. Los tres hijos de su segundo matrimonio con Roberto Roselini. todos artistas en Italia. Lleva 7 años luchando contra un cáncer de mama que los médicos diagnosticaron en 1974 y que la había operado dos veces sin éxito.

Ese 29 de agosto, esa mañana era el día de su cumpleaños número 67. Y según los testimonios de su hija Isabela Roselini, en sus memorias publicadas años después, Ingrid Bergman había decidido morir ese mismo día. Había dejado de comer una semana antes. Había pedido a sus hijos que no llamaran a más médicos. Había dicho con una calma que sus hijos no olvidarían.

Es mi cumpleaños. He vivido 67 años. He hecho todo lo que quería hacer. Puedo irme tranquila. A las 11:32 de la noche, después de respirar profundamente tres veces, Ingrid Bergman cerró los ojos por última vez, se durmió y nunca más despertó. La actriz más fascinante del Hollywood de los años 40. La mujer cuyo escándalo había paralizado a una nación entera.

La sueca, que había triunfado en América, que había sido expulsada de América, que había vuelto a triunfar en América, acababa de morir el día exacto de su cumpleaños, a los 67 años, en una cama de Londres, mientras afuera en las calles de Chelsea llovía. Pero esta historia, antes de la muerte de Londres, antes del exilio de Hollywood, antes de la carta a Roselini, empieza mucho antes, 67 años antes, en una casa burguesa de Estocolmo en agosto de 1915, donde nació una niña que iba a convertirse en la actriz más amada del cine clásico mundial. Para entender qué

pasó esa noche en Londres, tenemos que volver a Estocolmo, donde todo empezó. 29 de agosto de 1915, Estocolmo, Suecia, en una casa burguesa del barrio de Erm, una mujer alemana de 30 años llamada Freed Adler está dando a luz a su primera hija. Su marido, un fotógrafo y pintor sueco llamado Justus Bergman, espera nervioso en el salón.

A las 5:45 de la tarde nace una niña. Le ponen el nombre de Ingrid Bergman. La pequeña Ingrid nace en una familia próspera. Justus tiene una tienda fotográfica y una galería de arte en el centro de Estocolmo. Freed una familia alemana de comerciantes y la pequeña Ingrid, hija única, va a ser criada con todo el cuidado y todos los privilegios que una familia burguesa sueca de la época podía dar a una niña.

Pero la felicidad de la familia Bergman duró muy poco cuando Ingrid tenía solo 2 años. En 1917 su madre Friedle murió de una enfermedad hepática. La pequeña Ingrid no la recordaría nunca. solo conocería a su madre a través de las fotografías que su padre, Justus, había tomado de ella durante el embarazo. Decenas de fotografías de una mujer joven, bella, sonriente, mostrando un vientre redondo.

Esa era toda la imagen que Ingrid iba a tener de su madre durante el resto de su vida. Justus Bergman, después de la muerte de su esposa, se quedó solo con su hija de 2 años. La crió con devoción absoluta. Le enseñó él mismo a leer, a escribir, a dibujar. La llevó a su tienda fotográfica casi cada día. Le hacía retratos profesionales que enviaba a sus parientes alemanes en cada cumpleaños.

Y según las propias memorias de Ingrid Bergman, publicadas en 1980, su padre era el hombre más maravilloso del mundo durante esos primeros 11 años de su vida. Pero en 1929, cuando Ingrid tenía 13 años, llegó el segundo golpe. Su padre, Justus Bergman fue diagnosticado con un cáncer de estómago. La enfermedad en esa época era mortal.

Justus pasó 6 meses en el hospital de Estocolmo. Y durante esos 6 meses, Ingrid, con 13 años se mudó a vivir con una tía suya llamada Ellen Bergman. Hay una cena de los últimos días de Justice Bergman en el hospital de Estocolmo que Ingrid Bergman contaría décadas después en sus memorias publicadas en 1980. Justus, sabiendo que se moría, le pidió a su hija Ingrid una tarde cuando solo quedaban ellos dos en la habitación que se acercara a su cama.

le tomó la mano débil y le dijo con una voz que apenas escuchaba, “Mi pequeña Ingrid, te voy a contar un secreto que no le he contado a nadie. Cuando tu madre Friedle estaba embarazada de ti en 1915, una noche soñó que iba a tener una hija que iba a ser famosa en todo el mundo, una hija que iba a ser amada por millones de personas y que iba a hacer feliz a miles de hombres y mujeres con su voz y con su cara.

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