No, no la dejaba vivir, no la donde quiera se le aparecía, cambió de universidad, cambió de escuela, cambió de gimnasio, donde quiera me la amenazaba. Decía que se era de él iba a matar. La grabación que acabas de ver es el relato de una madre en Mexicali que rogaba por justicia ante el brutal asesinato de su hija a manos de su pareja mucho mayor que ella.
En una tarde de enero se encargó de cegarle la vida no solo por lo vivido el día de la tragedia, sino por los incontables hechos de violencia, amenazas, persecuciones y control excesivo que la hizo pasar durante mucho tiempo y para las cuales las denuncias impuestas no fueron suficientes para protegerla a tiempo.
Una chica que buscaba un futuro prometedor a base de esfuerzo, dedicación académica y apoyo familiar. Quedó silenciada físicamente por su agresor y moralmente por un sistema que no la respaldó en el momento que más lo necesitaba. El caso de Dariela Valdés. Las huellas, los rastros, los indicios y las evidencias.
ayudan a los investigadores a resolver los crímenes. El pasado de la víctima y del victimario nos ayudan a comprender su comportamiento. Todo esto forma parte del expediente del caso y aquí te lo presento. Soy Ángel y te doy la bienvenida a este canal. Antes de empezar con el video, quisiera que me contaras desde dónde me estás viendo.
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El 15 de enero de 2023, los servicios de emergencia recibieron una llamada urgente. El hombre que hablaba se identificó como Honorio González y reportó que en su domicilio se había cometido un crimen. Con la voz temblorosa, aseguró que acababa de encontrar sin vida a quien dijo era su novia, una chica llamada Dariela.
Cuando los uniformados llegaron a la vivienda, se toparon con una escena estremecedora. Dariela estaba tendida en el suelo y tenía múltiples heridas, aparentemente causadas por un objeto filoso. Junto al cuerpo, los agentes localizaron un cuchillo tipo cazador de 12 cm con manchas en la hoja. Desde ese momento se consideró que podía tratarse del arma utilizada.
La zona fue acordonada para preservar evidencias y comenzar el trabajo pericial. En ese contexto, Honorio, presentándose como pareja de la víctima, dio su versión para deslindarse. Afirmó que ambos estaban en la casa tranquilos y a solas cuando supuestamente llegó un exnovio de la joven.
Según él, esa persona le pidió que los dejara hablar en privado. Dijo que aceptó y salió de la vivienda. Después aseguró haber escuchado ruidos y al entrar habría encontrado a Dariela ya sin vida mientras ese supuesto exnovio escapaba en un vehículo gris. Al ser cuestionado por las manchas rojas en su pantalón, explicó que se las hizo al manipular el cuerpo tratando de comprobar si ella seguía con vida.
La noticia se difundió con rapidez en redes sociales y la comunidad quedó impactada. Al enterarse, Elvira, madre de Dariela, corrió desesperada hasta la casa de Honorio y se encontró con un escenario abrumador. El domicilio estaba roteado de policías que no la dejaron pasar. Elvira se identificó y rogó que le permitieran ver a su hija, pero los oficiales no accedieron.
No quedó claro si se debió al protocolo de preservación de la escena para evitarle a la madre ese momento o alguna otra razón. Los detectives iniciaron la investigación con entrevistas a vecinos y la revisión de cámaras cercanas. En esas primeras indagatorias, los residentes señalaron que no vieron ningún vehículo frente a la casa esa tarde, lo que chocaba con la historia del vehículo gris.
Además, aportaron un dato clave. aseguraron que Honorio se cambió de ropa justo antes de que llegara la policía porque lo habían visto con prendas completamente manchadas de rojo y él les habría dicho que lo asaltaron dentro de su hogar. Un vecino facilitó grabaciones de su cámara de seguridad. Al analizarlas, los agentes confirmaron dos puntos.
No aparecía el vehículo descrito por Honorio y tampoco se observaba a ninguna persona entrar o salir del domicilio en el periodo relevante. Con esas inconsistencias y el material revisado, la narrativa del tercero o empezó a perder sustento desde el arranque. Con lo recabado en entrevistas y video y con lo observado en el lugar, las autoridades procedieron a detener a Honorio y lo presentaron ante la Fiscalía General del Estado de Baja California como presunto responsable de quitarle la vida a Dariela.
Mientras se esperaba que un juez definiera su situación jurídica. El caso avanzó con el aseguramiento de evidencias en la escena y con el proceso de integración del expediente, que desde ese punto se enfocó en sostener su probable participación en los hechos en contra de la chica de 24 años. Esa chica era Dariela Elizabeth Valdés Rocha y nació el 4 de julio de 1998 en Mexicali, Baja California Norte México.
Fue la menor de tres hermanos. Hija de Elvira Rocha, una mujer que trabajó durante años como empleada doméstica para sacar adelante a su familia. Sobre el padre biológico de Dariela no existe información pública. Sin embargo, se sabe que Elvira volvió a casarse y que ese hombre asumió el rol de figura paterna para Dariela y sus hermanos mayores Isaac y Josafat.
La familia creció en un entorno modesto donde los recursos económicos eran limitados y el esfuerzo diario era constante. A pesar de ello, Elvira se mantuvo firme en su objetivo de brindar estabilidad y oportunidades a sus hijos, inculcándoles la importancia del trabajo y la responsabilidad desde temprana edad.
Aún con las carencias económicas, Dariela se propuso alcanzar una formación universitaria. A los 17 años comenzó a trabajar para poder costear sus estudios en la carrera de derecho, la cual cursó en la Universidad de Baja California. En un inicio ayudaba a su madre limpiando casas, pero con el tiempo decidió emprender por su cuenta para generar ingresos propios.
Su rutina estaba dividida entre el trabajo, la universidad y las visitas al gimnasio, ya que le gustaba mantenerse en forma. Quienes la conocieron la describían como una joven cariñosa, alegre y extremadamente disciplinada, especialmente en el ámbito académico. Para ella, obtener una calificación de 8 sobre 10 no era suficiente y lo consideraba sinónimo de mediocridad.
Su nivel de autoexigencia reflejaba el deseo de construir un futuro distinto al que había conocido durante su infancia. De acuerdo con los reportes, en ese periodo Dariela inició una relación sentimental con Honorio González García, un hombre que rondaba los 70 años. Honorio era originario de Michoacán, contaba con una posición económica sólida y tenía familiares viviendo en Estados Unidos.
Era divorciado y era padre de seis hijas adultas, quienes lo describían como un hombre trabajador y afectuoso. La marcada diferencia de edad entre ambos provocó comentarios, rumores y cuestionamientos tanto en el entorno de Dariela como en el de Honorio. Pese a ello, la joven decidió no dejarse influenciar por las opiniones externas y continuó con la relación, convencida de vivirla plenamente.
Sin embargo, aunque al inicio él se mostró atento, respetuoso y amable, esa imagen pronto comenzaría a resquebrajarse, dando paso a una dinámica que con el tiempo se tornaría cada vez más oscura. Con el paso del tiempo, la relación comenzó a cambiar de forma drástica. Aquellos gestos iniciales de cortesía y atención por parte de Honorio fueron sustituidos por conductas violentas y episodios de celos constantes.
La dinámica entre ambos se volvió cada vez más tensa y agresiva hasta que Dariela quedó atrapada en un círculo de violencia física y psicológica. Los vecinos fueron testigos de los frecuentes conflictos, pues escuchaban discusiones y sabían de los maltratos que Honorio ejercía contra la joven. Aunque Dariela hacía lo posible por ocultar las marcas de los golpes, su madre notaba las señales y le insistía reiteradamente en que se alejara de ese hombre.
La violencia se volvió una constante en la relación, erosionando poco a poco la estabilidad emocional de la joven. A lo largo de los años, Dariela intentó terminar la relación en varias ocasiones. Sin embargo, cada vez que lo hacía, Honorio lograba manipularla para que regresara con él. Promesas, disculpas y aparentes cambios de actitud formaban parte de un ciclo que se repetía una y otra vez.
Durante 5 años, la joven soportó agresiones y humillaciones. Finalmente, hacia finales de 2021 y comienzos de 2022, tomó la determinación de romper definitivamente con Honorio. Esta decisión marcó un punto crucial en su vida, pues buscaba recuperar su tranquilidad y alejarse del ambiente de violencia que había normalizado durante tanto tiempo.
Tras poner fin a la relación, Dariela regresó a la casa de su familia, ubicada en la colonia Granja Cecilia, sobre la carretera San Felipe, convencida de que allí estaría protegida. Creía que volver al entorno familiar le permitiría rehacer su vida y dejar atrás el miedo.
No obstante, pronto comprendió que desprenderse de su pasado no sería sencillo. A pesar de la ruptura, Honorio continuó buscándola insistentemente, apareciendo sin aviso en su domicilio, en su lugar de trabajo e incluso en el gimnasio. Aunque Dariela intentaba llevar una vida normal como cualquier joven de su edad, la sensación de peligro persistía.
Los acontecimientos que estaban por desarrollarse pronto demostrarían que la amenaza no había desaparecido, sino que estaba a punto de intensificarse. Luego de la separación, el comportamiento de Honorio no solo continuó, sino que se volvió cada vez más invasivo y amenazante. Dariela era seguida y vigilada de manera constante.
Este acoso permanente mantenía a la joven en un estado continuo de alerta y miedo, impidiéndole sentirse segura incluso dentro del entorno familiar. A pesar de los esfuerzos por ignorarlo y seguir adelante con su vida, Honorio no aceptaba la ruptura y utilizaba la intimidación como medio para intentar recuperar el control sobre ella.
La tensión crecía día tras día, anticipando un escenario cada vez más peligroso. La noche del 19 de marzo de 2022, Dariela salió a divertirse con sus amigos. Al retirarse del lugar, ellos la acompañaron para asegurarse de que llegara bien a casa. Sin embargo, un semáforo alteró el plan.
La luz cambió a rojo y sus acompañantes quedaron detenidos a varias cuadras. Mientras ella continuó sola en su automóvil rumbo a la vivienda familiar. Al ingresar a su vecindario, se encontró con Honorio, quien la esperaba dentro de su propio vehículo. En un tono amenazante, le exigió que lo siguiera hasta su casa, advirtiéndole que de no hacerlo lo lamentaría.
Dominada por el miedo y sin otra salida, Dariela accedió a seguirlo. Durante el trayecto, Dariela logró llamar a una amiga para contarle lo que estaba ocurriendo. La amiga le ofreció comunicarse con la policía, pero surgió un problema. Al no encontrarse en un domicilio fijo, las autoridades no podían intervenir de inmediato.
Al llegar a la vivienda de Honorio, la situación se tornó aún más grave. La joven fue obligada a entrar por la fuerza y quedó atrapada en una discusión marcada por celos y violencia. En medio de un ataque de ira, Honorio la golpeó brutalmente, la arrojó por las escaleras y le colocó un objeto punzcortante en el cuello, amenazándola.
Desesperada, Dariela volvió a comunicarse con sus amigos para pedir auxilio. Esta vez, al estar ya en un punto fijo, una patrulla acudió al domicilio para realizar un control de bienestar. No obstante, un supuesto familiar de Honorio abrió la puerta y aseguró que todo estaba en orden, por lo que los agentes se retiraron.
Para impedir que la joven pidiera ayuda nuevamente, Honorio la encerró dentro de la vivienda. No fue sino hasta el día siguiente cuando Dariela consiguió escapar y regresar a la casa de su familia. Cuando Dariela regresó con su familia, las huellas de la agresión eran evidentes. Presentaba moretones y contusiones que dejaban en claro la brutalidad del ataque sufrido la noche anterior.
Aún así, en ese momento tomó la decisión de no presentar una denuncia formal contra su agresor. Esa omisión fue aprovechada por Honorio, quien interpretó el silencio como una oportunidad para continuar con el hostigamiento. Lejos de detenerse, el hombre siguió acercándose a la joven y a su entorno familiar, incrementando el nivel de intimidación y demostrando que no estaba dispuesto a aceptar límites.
En uno de los episodios más alarmantes, Honorio llegó a derribar el cerco de la vivienda de la familia de Dariela, sin que este acto tuviera consecuencias legales inmediatas. Sin embargo, lo ocurrido fue solo el preludio de algo aún más grave. En julio de 2022, mientras Dariela se encontraba en su lugar de trabajo, dos hombres armados, presuntamente enviados por Honorio, dispararon dentro del establecimiento e intentaron llevársela por la fuerza.
El ataque no tuvo éxito, pero dejó claro que el riesgo para la joven había escalado a un nivel extremo y que su vida estaba seriamente amenazada. Tras este atentado, Dariela decidió finalmente acudir a las autoridades. Presentó una denuncia no solo por las amenazas con arma de fuego, sino también por la violencia familiar.
El primer reporte asentado en el expediente fue precisamente por ese delito. En su declaración, la joven señaló que Honorio la golpeaba, la amenazaba y la obligaba a mantener relaciones sexuales con él. Además, lo describió como un hombre alcohólico, agresivo y extremadamente violento. Dariela explicó que no lo había denunciado antes por miedo a represalias.
Detalló que tomó la decisión definitiva de dejarlo luego de que él la arrojara por las escaleras y la amenazara con un arma blanca. También relató que a mediados de junio Honorio acudió a su trabajo, donde se desempeñaba como coordinadora en una tienda para advertirle que la mataría si no retomaba la relación. En la misma denuncia narró lo ocurrido el 2 de julio cuando los hombres armados dispararon dentro del negocio.
Según su testimonio, ellos le dijeron que iban de parte de Honorio, que habían sido pagados para quitarle la vida y le dieron instrucciones para evitarlo. Le indicaron que no se acercara a la ventana porque su expareja la observaba, que abriera la puerta de emergencia y saliera por allí. Al poder abrirla, le exigieron su teléfono celular para llevárselo a Honorio.
Ante su negativa, la amenazaron con regresar. A pesar de la gravedad de los hechos denunciados por Dariela y del nivel de riesgo que describió ante las autoridades, no se implementaron medidas efectivas para garantizar su seguridad. Las amenazas, el uso de armas de fuego y los antecedentes de violencia familiar no derivaron en una protección inmediata y constante frente a su agresor.
Esta ausencia de respuesta oportuna dejó a la joven expuesta, obligándola a convivir con el miedo y a asumir por sí misma la responsabilidad de mantenerse a salvo. Mientras Sonorio continuaba libre y con capacidad de intimidación. Ante el temor permanente por su integridad, Dariela se vio obligada a modificar por completo su vida cotidiana.
cambió su número de teléfono, dejó su empleo y alteró sus rutinas diarias para evitar coincidir con Honorio. También decidió abandonar las clases presenciales en la universidad y continuar su formación en línea con el objetivo de no quedar sola en la vía pública. Cada una de estas decisiones reflejaba el impacto profundo que el acoso y la violencia habían tenido en su libertad y en su proyecto de vida.
Durante los meses siguientes, la situación pareció estabilizarse. Dariela experimentó una sensación de alivio, convencida de que la pesadilla con Honorio había quedado atrás. En ese periodo logró concluir su carrera universitaria, un logro que la llenó de satisfacción y esperanza. Creía que finalmente podría enfocarse en sus planes a futuro y retomar una vida normal.
Sin embargo, esa tranquilidad resultó ser solo temporal. Sin que ella lo supiera, sus sueños estaban a punto de ser bruscamente truncados y los acontecimientos que se aproximaban pondrían fin de manera definitiva a cualquier posibilidad de empezar de nuevo. En este punto regresamos al momento del hallazgo del cuerpo de Dariela y el avance del análisis forense.
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detalló que la joven presentaba más de 30 heridas producidas por un arma punzocortante, de las cuales 10 se localizaban en el cuello. Estas lesiones habían provocado la laceración de arterias vitales, lo que causó su muerte. Además, se identificó una excición en la cabeza, compatible con un golpe ocasionado por una caída.
El informe también reveló que Dariela tenía nueve lesiones en las manos, las cuales se interpretaron como heridas defensivas producto de un intento desesperado por protegerse durante el ataque. A pesar de la violencia extrema, los peritos descartaron agresión sexual y confirmaron que el examen toxicológico no mostró presencia de sustancias nocivas en su organismo.
3 días después del crimen, el 18 de enero de 2023, Honorio fue formalmente imputado por el delito de feminicidio, convirtiéndose este caso en el primer feminicidio documentado en Mexicali en 2023. Durante la audiencia, el fiscal general de Baja California expuso los avances de la investigación.
señaló que las indagatorias confirmaron que Dariela y Honorio habían llegado juntos al domicilio el día de los hechos. Incluso existían testigos que los vieron tomados de la mano y abrazados sin aparentes conflictos, lo que indicaba que algo ocurrió posteriormente dentro de la vivienda. El fiscal afirmó que Honorio fue detenido en flagrancia, presentaba manchas en su cuerpo y que en la escena se encontraba el arma homicida.
También recordó que en 2022 la víctima había presentado dos denuncias contra él por amenazas y violencia familiar. No obstante, sostuvo que la relación habría continuado de manera consensuada, lo que, según explicó, dificultó el seguimiento institucional. Tras solicitarse la prisión preventiva, la defensa pidió arresto domiciliario argumentando la edad avanzada del imputado.
La juez Erika Reyes rechazó la solicitud subrayando que el domicilio era la escena del crimen y que Honorio no padecía enfermedades graves, por lo que ordenó su reclusión en un centro de reinserción social. Mientras se desarrollaba la audiencia, los familiares y amigos de Dariela se reunían en el Panteón del Ángel.
ubicado sobre la carretera San Felipe para darle el último adiós. Durante el sepelio, un grupo musical interpretó algunas de las canciones favoritas de la joven, acompañando el llanto y la consternación de quienes la amaban. En medio del funeral, el dolor se mezcló con la indignación. Los familiares expresaron su rechazo a las declaraciones del fiscal general, especialmente a la versión de una supuesta reconciliación con Honorio.
Aseguraron que Dariela vivía con miedo constante, no solo por su vida, sino también por la seguridad de su familia, ya que las amenazas del agresor se extendían a todos ellos. Tras el asesinato de Dariela y las declaraciones emitidas por la fiscalía, la reacción no se hizo esperar.
Familiares, amigos y sectores de la sociedad manifestaron su indignación ante la manera en que se estaba abordando el caso, especialmente por las afirmaciones que sugerían que la joven había retomado voluntariamente la relación con Honorio. Los seres queridos de Dariela rechazaron de forma tajante esa versión.
aseguraron que ella vivía bajo amenazas constantes y que el miedo era el principal motivo por el cual seguía en contacto con su agresor. Uno de sus hermanos reveló que Honorio no solo la intimidaba a ella, sino que también amenazaba con matar a toda la familia y que incluso se jactaba de que podría evadir la cárcel.
Debido a ese temor, la familia había instalado cámaras de seguridad en su vivienda. Las declaraciones oficiales, lejos de traer tranquilidad, avivaron la sensación de desprotección y reforzaron la percepción de que el sistema había fallado en resguardar a Dariela cuando aún estaba con vida. Aunque Honorio fue detenido y la fiscalía contaba con pruebas que parecían sólidas, el proceso judicial comenzó a estancarse.
Los abogados del imputado recurrieron a diversos recursos legales que provocaron la suspensión de varias audiencias. Entre los motivos expuestos estuvo la negativa de Honorio a someterse a una prueba biológica solicitada por la fiscalía. En otra ocasión, la defensa argumentó la enfermedad de uno de sus abogados, quien supuestamente había contraído el virus responsable de la emergencia sanitaria mundial.
La principal trava, sin embargo, fue la insistencia en modificar la medida cautelar para que Honorio pudiera abandonar la prisión y cumplir arresto domiciliario bajo el argumento de que sufría de presión dentro del centro penitenciario. Estas maniobras legales generaron frustración y alargaron un proceso que para la familia de la víctima debía avanzar con mayor rapidez.
Ante los constantes retrasos, la familia de Dariela emprendió una lucha incansable para evitar que el caso quedara impune. Sin buscarlo, Elvira a su madre se transformó en un símbolo para muchas mujeres que habían perdido a sus hijas a causa de la violencia. Las suspensiones reiteradas de audiencias despertaron el descontento no solo de los familiares, sino también de amplios sectores de la sociedad de Mexicali, que comenzaron a movilizarse y a exigir justicia en las calles.
El reclamo era claro, que el asesinato de Dariela no fuera reducido a un expediente más y que las autoridades respondieran con la seriedad que el caso demandaba. Una de las manifestaciones más significativas tuvo lugar el 18 de julio de 2023. Ese día, familiares de Dariela, colectivos y ciudadanos salieron a las calles para exigir que el proceso judicial avanzara sin privilegios ni dilaciones.
Elvira, la madre de la joven, acudió sosteniendo un oso de peluche confeccionado con la tela de uno de los vestidos de su hija, un objeto que se convirtió en símbolo del reclamo. Durante la protesta, Elvira expresó públicamente su indignación ante la posibilidad de que Honorio pudiera obtener el arresto domiciliario. Señaló que mientras su hija ya no volvería a casa, nadie podía garantizar que el imputado estuviera realmente vigilado si se le permitía continuar el proceso desde su vivienda.
También manifestó su temor de que Honorio pudiera recuperar poder y atentar contra su familia, ya que seguían recibiendo amenazas. Además, advirtió que el hombre contaba con recursos económicos y contactos que podrían facilitarle una fuga incluso hacia Estados Unidos. denunció igualmente que dentro de la prisión Honorio gozaba de privilegios, pues su familia pagaba para que permaneciera en una celda aislada y con beneficios adicionales.
A la voz de Elvira se sumaron figuras del ámbito político. La diputada Michelle Sánchez Allende intervino públicamente y exhortó al presidente del Tribunal Superior de Justicia, al Consejo de la Judicatura del Poder Judicial de Baja California y al fiscal general del Estado para que el caso fuera tratado con perspectiva de género.
La legisladora también pidió que se garantizaran medidas cautelares firmes contra Honorio y la seguridad de los familiares de Dariela, ya que varios allegados del imputado los habían amenazado. En ese contexto impulsó la iniciativa conocida como la ley de Dariela, un proyecto orientado a establecer la capacitación obligatoria de servidores públicos para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres en Baja California.
El objetivo de la propuesta era generar mayor conciencia institucional y promover respuestas más efectivas ante situaciones de violencia de género. Representantes de la Secretaría General de Gobierno destacaron la relevancia de la iniciativa, subrayando que no solo buscaba proteger la vida de las mujeres, sino también mejorar la actuación de los funcionarios frente a las víctimas.
En diciembre de 2023, cuando estaba por cumplirse casi un año del crimen, las hijas de Honorio, acompañadas de sus abogados convocaron a una rueda de prensa para expresar su respaldo al imputado. Durante el encuentro con los medios lo describieron como un hombre trabajador, atento y amoroso, asegurando que jamás había sido violento con ellas.
Declararon que las había criado con cuidado y respeto y sostuvieron que también protegía y cuidaba a Dariela. Tanto las hijas como los abogados negaron haber emitido amenazas contra la familia de la joven y afirmaron que ellos eran los más interesados en que el proceso judicial siguiera su curso.
No obstante, pese a estas declaraciones públicas, el avance del caso continuó viéndose afectado por retrasos, ya que las acciones de la defensa seguían impidiendo que el juicio iniciara formalmente. Para enero de 2024, la defensa de Honorio presentó una nueva petición dentro del proceso.
Solicitó la realización de un dictamen en criminalística a cargo de peritos particulares, con el argumento de que este estudio permitiría esclarecer con mayor precisión el momento exacto en que ocurrieron los hechos y respaldar la versión del imputado, según la cual una tercera persona habría estado presente en el domicilio el día del crimen.
Los abogados insistieron en que su cliente no se había declarado culpable, no existía una sentencia condenatoria y por lo tanto debía prevalecer el principio de presunción de inocencia, así como su derecho a una defensa adecuada. Paralelamente reiteraron la solicitud de cambiar la medida cautelar, buscando que Honorio pudiera enfrentar el proceso desde su domicilio.
En febrero de 2024 se llevó a cabo una audiencia en línea que se prolongó durante aproximadamente 5 horas. En ella, la defensa argumentó que Honorio, por ser un adulto mayor, padecía diversos problemas de salud, entre ellos angjina de pecho y una depresión severa. Alegaron que en prisión tenía dificultades para respirar y para dormir, aunque los reportes médicos indicaron que su oxigenación era normal.
La defensa también presentó cinco entrevistas realizadas a vecinos del imputado con la intención de demostrar que Honorio llevaba más de 40 años residiendo en Mexicali y que no tenía intención de huir. Por su parte, la Fiscalía del Caso enumeró los motivos por los cuales, pese a su edad, Honorio debía considerarse una persona peligrosa.
señaló que contaba con facilidades para salir del estado, ya que era originario de Michoacán y que existía un riesgo real de fuga. Además, se informó que el 7 de febrero Isaac, hermano de Dariela, acudió a la fiscalía para denunciar que uno de los abogados defensores le había comentado que Honorio tenía contactos e influencias, lo que incrementaba el temor de la familia.
Isaac recordó que el hombre no solo acosó a su hermana en vida, sino que también amenazó a toda la familia, llegando a decir que quemaría su casa con ellos dentro y que los haría desaparecer. Tras escuchar a ambas partes, la juez declaró improcedente la solicitud de la defensa y aclaró que esa petición no correspondía a la competencia de un tribunal estatal.
Luego de la negativa judicial, los representantes legales de Honorio interpusieron una solicitud de amparo, lo que significó otro obstáculo para el avance del proceso. Los abogados de la familia de Dariela explicaron que esta acción formaba parte de una estrategia para ganar tiempo, ya que la ley permite solicitar un cambio de medida cautelar si el imputado permanece 2 años en prisión preventiva sin sentencia.
Mientras se esperaba la resolución del amparo, en marzo de 2024, los familiares de Dariela sostuvieron reuniones con integrantes de la Comisión Estatal de Derechos Humanos. Tras esos encuentros, la Comisión anunció la posibilidad de emitir una recomendación para revisar el actuar de las autoridades.
En particular esclarecer por qué no se dio seguimiento a las dos denuncias que Dariela había presentado cuando aún estaba con vida. Un mes después, en abril de 2024 y tras haber sido aplazada en cuatro ocasiones, finalmente se llevó a cabo la audiencia intermedia en la sala número cinco del Centro de Justicia Río Nuevo.
Durante esta sesión, tanto la Fiscalía como la defensa presentaron y dejaron consignadas las pruebas que cada una planeaba utilizar en el juicio. Si bien se logró avanzar hacia la apertura del juicio oral, el inicio formal del debate quedó condicionado a que un juez federal resolviera el amparo promovido por la defensa de Honorio.
Esta resolución era necesaria para fijar una fecha definitiva. Hasta ese momento, el proceso seguía detenido, prolongando la incertidumbre para la familia de la víctima. A inicios de agosto de 2024 no se había emitido aún una resolución sobre el amparo interpuesto. El juicio oral seguía sin comenzar y Honorio permanecía bajo la medida de prisión preventiva ratificada previamente gracias a la presión social y a los antecedentes de violencia documentados.
La prolongación del proceso mantenía abierta la herida para los familiares de Dariela, quienes continuaban enfrentando un camino largo y desgastante dentro del sistema judicial, sin una sentencia que pusiera fin a la espera. Mientras el proceso legal permanece en pausa, los seres queridos de Dariela continúan alzando la voz para que su caso no sea olvidado.
esperan que su historia funcione como un llamado urgente a la sociedad sobre la violencia que enfrentan muchas mujeres y la importancia de actuar a tiempo ante las denuncias. Confían en que el nombre de Dariela impulse cambios reales, el fortalecimiento de las leyes, una mejor atención a las víctimas y una respuesta institucional más eficaz.
Para su familia, el mayor anhelo es que su historia contribuya a construir un futuro en el que ninguna mujer tenga que vivir con miedo y en el que la justicia llegue antes de que sea demasiado tarde. Y bueno, querido oyente, hasta aquí el caso de hoy. Te espero en otra entrega para que juntos analicemos todos los detalles de los más terribles crímenes de la historia.
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