Hay un momento en el que una periodista de 64 años sube a un escenario a recoger un premio y en lugar de dar las gracias y bajarse, agarra el micrófono y suelta una frase que deja la sala helada. En España hay un golpe de estado mediático y judicial. Y no lo dice apuntando al aire, lo dice señalando a sitios muy concretos que el poder no esperaba que tocara.
Esa mujer es nieves con costrina y lo que vas a ver en los próximos minutos es cómo desde un atril le planta cara al mismo tiempo a una parte de la judicatura, a una televisión y a una presidenta autonómica, con una condena dictada en una fecha que no es casual, con 7,290 y un muertos que alguien quiere enterrar y con unos audios que deberían haber acabado carreras y no acabaron con ninguna.
Quédate porque cuando entiendas de dónde sale de verdad el caso que ha tumbado al fiscal general del Estado, se te va a poner otra cara. A mí la primera vez se me puso, “Vamos por partes, que esto tiene mucha tela”. La escena es la gala de los premios público de 2026 celebrada esta misma semana en el Palacio de la Prensa de Madrid. Y fíjate qué reparto.
El personaje del año es Álvaro García Ortiz, el ex fiscal general del Estado condenado por el Tribunal Supremo, el premio senior, Joan Manuel Serrat, la memoria histórica Emilio Silva, el de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y el Premio de Periodismo, ella Nieves con Costrina, o sea, un escenario lleno de gente incómoda para el poder.
Y en mitad de ese escenario, Nieves coge carrerilla. dice que la justicia en España está en sus niveles más bajos, a veces más míseros, que ha asistido a un acoso y derribo público contra García Ortiz en una demostración insoportable de chulería, porque dice, “No encuentra otra palabra y suelta la idea que lo resume todo, que la sentencia condenatoria ya estaba decidida de antemano, por más que todas las pruebas y los testimonios de los periodistas demostraran su inocencia.
” Y aquí viene el detalle que te pone los pelos de punta, porque Nieves se da cuenta de algo que muchos pasaron por alto, la fecha. El Supremo eligió el 20 de noviembre para comunicar el fallo. El 20 de noviembre, apara, piensa un segundo. El 20 de noviembre es la fecha más cargada del santoral franquista, el día que murió Franco en 1975 y casualidades de la vida, el mismo día que fusilaron a José Antonio I de Rivera en 1936, el día grande de la nostalgia del régimen.
Esa y no otra fue la fecha elegida para condenar al fiscal general del Estado de un gobierno progresista. Nieves lo dijo con todas las letras. Nos quisieron decir desde el Tribunal Supremo que Franco sigue siendo su guía y según ella los han pillado. Casualidad, a lo mejor, pero cuando una institución tiene 365 días para elegir y escoge precisamente ese, a mí me cuesta creer en las casualidades.
Y a ti también, seguro. No te vayas, porque ahora viene la pregunta del millón, la que casi nadie se hace. ¿De dónde sale este caso? ¿Por qué acaba un fiscal general del Estado condenado por primera vez en toda la historia de nuestra democracia? Agárrate porque la respuesta es de traca. Todo esto arranca con un señor que se llama Alberto González Amador.
¿Y quién es Alberto González Amador? Pues nada menos que la pareja de Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid. Resulta que a este señor lo investigaban por dos delitos fiscales, por defraudar a Hacienda. Y en mitad de esa historia, el propio abogado de González Amador mandó un correo reconociendo esos delitos y buscando un pacto con la fiscalía, es decir, una confesión por escrito.

A García Ortiz lo condenaron por una supuesta filtración relacionada con ese asunto. Agárrate al dato más surrealista de todos. La sentencia obliga al fiscal general a indemnizar con 10,000 € a González, amador por daños morales. ¿Lo has oído bien? El que defraudó a Hacienda Cobra. El fiscal general que tenía que perseguir el fraude paga.
¿Te das cuenta de lo que esto significa? El caso que ha decapitado a la cúpula del Ministerio Fiscal no nace de una gran trama de estado, nace del novio de Ayuso y sus líos con Hacienda y termina con el frauduo, cobrando una indemnización y la fiscalía decapitada. Si te lo cuentan en una serie, dices que el guionista se ha pasado de frenada.
Y ojo al desarrollo, porque es importante para entender la indignación de Nieves. El juicio se celebró en el supremo entre el 3 y el 13 de noviembre con unos 40 testigos. declararon periodistas los que supuestamente habrían recibido la filtración y varios sostuvieron que la información no salió de donde la acusación decía.
El propio Diario Público lo resumió sin anestesia, condenado sin una sola prueba sólida y desoyendo a los periodistas que declararon, “Y aún hay un matiz jurídico que no te puedes perder”. La condena salió por seis votos contra dos. Dos magistradas del propio Tribunal Supremo, Ana Ferrer y Susan Polo, firmaron un voto particular defendiendo que lo que procedía era la absolución, porque no veían probado que García Ortiz filtrara nada.
Dos juezas del alto tribunal diciendo que el rey iba desnudo y como se juzga aún aforado directamente en la sala segunda del Supremo, no hay segunda instancia. No puedes recurrir esa sentencia ante nadie más arriba. Es firme, sí, pero no porque sea incontestable, sino porque sencillamente no hay a quien recurrir. 4 días después de la condena, García Ortiz dimitió y en su lugar, el gobierno nombró a Teresa Peramato, la primera mujer fiscal general de la historia, por cierto, llegando en mitad del incendio.
Y aquí es donde Nieves saca las uñas de verdad. No te muevas, que viene lo bueno. Porque Nieves lanza una pregunta directa a la cúpula judicial. ¿Quiénes se creen que son determinados elementos del alto poder judicial para exigir silencio y sumisión ante sus decisiones? Y sigue. ¿Qué respeto muestran esos mismos elementos hacia el poder legislativo y el ejecutivo? A los que critican sin pudor y contra los que incluso se manifiestan, pese a tenerlo prohibido? Y remata con la madre de todas las preguntas. ¿Quién juzga sus
desmanes y sus injusticias? Ahí lo tienes, el meollo. Juces que pueden juzgarte a ti, a mí, a un fiscal general y a un gobierno entero, pero que no responden ante nadie, que se echan a la calle en togas y luego se quejan de que la política les falta al respeto. Una élite sin contrapesos.
Y Nieves se lo dice a la cara en un escenario con nombre y apellidos de institución. Pero la cosa no se queda en los jueces porque Nieves apunta al segundo frente y aquí es donde quiero que prestes la máxima atención porque viene un dato que ella roza pero no termina de soltar y que yo te voy a poner negro sobre blanco.
Nieves habla de periodistas mercenarios y cómplices dispuestos a facilitar los casos que se deben juzgar y a hacer devoceros de resoluciones injustas. Y recuerda una frase horrible que repetía su antiguo jefe, Pedro José Ramírez, perro no come perro. O sea, que entre periodistas no se critican, no se delatan, se tapan unos a otros.
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Y Nieves la rechaza de plano. Dice que cada gremio debería vigilar la honestidad de los suyos y que no se pueden admitir ni burdos periodistas ni jueces sectarios. Pues bien, ¿quieres el ejemplo de manual de ese perro no come perro? El caso que retrata exactamente lo que Nieves denuncia, te lo doy. Los audios de Ferreras y Villarejo.
En 2019, el comisario José Manuel Villarejo grabó una conversación con Antonio García Ferreras, director y presentador de la Sexta. Esos audios se publicaron en 2022, primero a través de la periodista Patricia López y luego los recogieron medios como El diario e Infolibre. Y en ellos se escucha cómo se gestó una de las grandes mentiras de la última década, la supuesta cuenta de Pablo Iglesias en el paraíso fiscal de las Granadinas.
Una cuenta que nunca existió. En la grabación, Ferreras habla de esa información que le había llegado a través de Eduardo Inda de Oc Diario y dice una frase demoledora. Esto es muy serio, voy con ello, pero es demasiado burdo, demasiado burdo. Es decir, según se desprende del audio, dudaba de que aquello fuera cierto y aún así salió.
Y durante semanas, España entera escuchó en tertulias que Iglesias tenía una cuenta en un paraíso fiscal. Mentira. Ahora bien, voy a ser honesto contigo porque este canal no engaña a nadie y porque eso es justo lo que nos separa de los que critica Nieves. Ferreras lo ha negado.
Ha dicho que ellos jamás dieron una información sabiendo que era falsa, que la contaron citando a la fuente y con el desmentido inmediato de iglesias y que precisamente fue Villarejo quien les dijo que no se fiaran de esos papeles. Esa es su versión y es justo dejarla constar. Pero quédate con la idea de fondo, que es la de nieves. Cuando un periodista lanza al aire algo que él mismo considera burdo y el gremio, en lugar de pararle los pies, mira para otro lado.
Eso es perro no come perro. Eso es exactamente el periodismo que destruye reputaciones, el que decide quién es culpable antes que los jueces. Y mientras a Iglesia se le hundía en directo por una cuenta inventada, ¿quién pidió perdón después? ¿Quién devolvió el daño? Nadie. Y ahí sigue todo el mundo en su sillón. Oye, para un segundo, porque esto necesito decírtelo.
Si has llegado hasta aquí es porque te importa la verdad de verdad, no el titular fácil. Y este canal existe precisamente para esto, para unir las piezas que la tele te enseña sueltas y a trozos, para que veas el dibujo completo que otros prefieren que no veas. Suscribirte es gratis, te cuesta un segundo y a mí me da la gasolina para seguir destapando estas tramas vídeo a vídeo.
Dale al botón rojo, activa la campanita y seguimos porque ahora viene el tercer frente de nieves y es el más doloroso de todos, los 7291. En su discurso, Nieves le da las gracias a Manuel Rico, el director de público, por su apoyo a las familias de las 7290 y una personas a las que dejaron morir en las residencias de la Comunidad de Madrid.
Y aquí va otro dato que ella no cuenta, pero que lo cambia todo. Ese mismo Manuel Rico al que da las gracias es el autor del libro Vergüenza. Una de las investigaciones más demoledoras sobre lo que pasó en aquellas residencias no es un agradecimiento de cortesía, es un homenaje entre quienes llevan años peleando por esos muertos. Y conviene que recuerdes qué fueron los 7,291, porque es de las cosas más graves que han pasado en este país en democracia.
En marzo de 2020, en lo peor de la pandemia, el gobierno de Ayuso aplicó unos protocolos firmados los días 18, 20, 24 y 25 de marzo, que ordenaban no derivar a los hospitales a los ancianos de las residencias que tuvieran deterioro cognitivo o gran dependencia. Les llamaron, con toda la razón del mundo, los protocolos de la vergüenza.
Y ahora viene el detalle que te hierve la sangre. Los que tenían un seguro médico privado, esos sí iban al hospital. Los que solo tenían la sanidad pública, la que habían pagado con sus impuestos toda la vida, se quedaban en la residencia a morir, muchos sin oxígeno y sin un mísero tratamiento para el dolor. En la primera ola, el 78% de las muertes de Madrid fueron en esas residencias.
Un sesgo de clase. Quien podía pagar vivía, quien no moría. Durante 5 años ningún juzgado quiso ni mirar las querellas de las familias. 5 años. Y solo ahora empiezan a declarar como imputados algunos de los altos cargos de Ayuso que diseñaron y aplicaron aquello. La presidenta, mientras tanto, ni una palabra, silencio absoluto, como si no hubiera pasado nada.
Y a eso, en una comunidad gobernada por el Partido Popular le llaman gestión ejemplar. ¿Ves el patrón que une los tres frentes de nieves? Por un lado, una justicia que fulmina a un fiscal general por el lío fiscal del novio de la presidenta de Madrid. Por otro, esa misma presidenta de Madrid con 7,290 y1 muertos a la espalda y 5 años de impunidad.
Y en medio una parte de la prensa que en lugar de vigilar a los poderosos les hace de altavoz justicia, política y medios. Todo entrelazado, todo en la misma dirección. Eso es exactamente lo que Nieves llama golpe de estado mediático y judicial. Y aún le quedó tiempo para una pua preciosa. Nieves, que escribe una columna en público que se llama Borbolandia, soltó que mientras a la princesa Leonor le cuelgan medallas de oro solo por transitar por la vida, a ella le daban un premio por trabajar y reivindicó la República sin pelos en la lengua,
recordando que llevamos casi 200 años con la jefatura del estado pasando de mano en mano dentro de la misma familia. te guste más o menos el debate monárquico, reconécócele el valor de decirlo donde lo dijo y cómo lo dijo, pero hay un momento de la gala que para mí es el que de verdad te encoge el corazón y es cuando habla el propio García Ortiz.
Porque el hombre que lo ha perdido todo, el que ha sido el protagonista de esta tormenta, sube y no grita, habla despacio. Y dice que esa noche han sobrevolado tres palabras: verdad, justicia y, desgraciadamente miedo. Y se detiene en el miedo. Dice que hay muchas fuerzas interesadas en inocular miedo en la sociedad y en los responsables públicos.
miedo a que cualquier acción tenga represalias, ya sean morales, mediáticas o incluso judiciales. Y ahí está la clave de toda esta historia dicha por la víctima principal. El objetivo final del lowfer no es solo tumbar a uno, es que todos los demás aprendan la lección. Es que el siguiente fiscal, el siguiente juez honesto, el siguiente cargo público que quiera hacer lo correcto se lo piense dos veces porque ya ha visto lo que le pasó al que se atrevió.
El miedo como sistema de gobierno. García Ortiz confesó algo que me parece de una humanidad enorme. Dijo que se ha visto a sí mismo en la pantalla, en los salones de millones de casas, convertido en personaje y que ha sufrido más viéndose así que cuando estaba viviéndolo en primera persona. Ahí no hay un cargo. Hay un ser humano al que han triturado en público durante meses.
Y eso, te recondenen o te absuelvan, ya no te lo devuelve nadie. Y aquí es donde quiero cerrar contigo de tú a tú. Lo que nos cuenta esta gala no es la historia de unos premios. Es una radiografía de lo que está pasando en España. Una élite judicial sin contrapesos que elige el 20 de noviembre para condenar.
Una televisión donde, según audios, se lanzaron mentiras que se sabían frágiles. Una presidenta autonómica con 7291 muertos y 5 años de silencio. Y frente a todo eso, una periodista de 64 años que se sube a un escenario y en lugar de agachar la cabeza lo dice todo porque al final la pregunta de nieves sigue ahí flotando sin respuesta.
¿Quién juzga a los que nos juzgan? ¿Quién vigila a la prensa que debería vigilar al poder? ¿Quién le pide cuentas a quien dejó morir a nuestros mayores? La respuesta, te lo digo claro, no está en un despacho ni en un plató. está en nosotros, en la memoria, en no tragar, en no olvidar que el caso que tumbó al fiscal general empezó en los líos de Hacienda del novio de Ayuso, en no olvidar los audios de las granadinas, en no olvidar los 7,291, porque el día que lo olvidemos habrán ganado.
Y el olvido en este país siempre ha jugado a favor de los mismos. Así que te pido tres cosas y termino. La primera, comparte este vídeo, mándalo a tu grupo de la familia, a tu cuñado, al amigo que solo ve las tertulias de las 5 de la tarde, porque la mejor forma de enterrar todo esto es el silencio y la mejor forma de impedirlo eres tú dándole voz.
La segunda, suscríbete y activa la campanita si todavía no lo has hecho. Aquí vamos a seguir uniendo los puntos que otros dejan sueltos a propósito, sin bajar la guardia y sin morder el anzuelo de nadie. Y la tercera, la más importante, acuérdate de todo esto cuando llegue el momento de votar. Vota con memoria, vota con la cabeza fría y los ojos abiertos, porque como diría Nieves, la República y la Justicia no se consiguen sin esfuerzo, y la democracia, esa que tanto repiten algunos mientras la vacían por dentro, la defendemos los que nos negamos a olvidar. Nos vemos en
el próximo. Cuídate y no bajes la guardia. M.