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Antes de morir, JORGE NEGRETE le dio a PEDRO INFANTE la DIRECCIÓN de su HIJO con DOLORES DEL RÍO

Jorge Negrete sabía que le quedaban horas, no días. Lo supo cuando el médico salió de la habitación del hospital Santa Mónica sin mirarlo a los ojos. Lo supo cuando María Félix apretó su mano con demasiada fuerza y le dijo que todo iba a estar bien usando ese tono de voz que la gente usa cuando sabe que nada va a estar bien.

Eran las 6:30 de la tarde del 3 de diciembre de 1953. Jorge tenía 40 minutos, tal vez una hora si había suerte. Levantó el teléfono de la mesita junto a su cama y marcó el número que se sabía de memoria. Pedro Infante contestó al tercer timbrazo. “Necesito que vengas”, le dijo Jorge. Su voz sonaba como si estuviera hablando desde muy lejos.Ahora es sobre algo que debía haberte contado hace 5 años. Pedro llegó al hospital a las 8:15 de la noche. Entró a la habitación y cerró la puerta detrás de él. Jorge estaba sentado en la cama con un sobre manila sobre las piernas, un sobre que parecía haber sido abierto y cerrado muchas veces. “Siéntate”, le dijo Jorge, “orque lo que voy a decirte va a cambiarlo todo.

” Pedro se sentó en la silla junto a la cama. Jorge le extendió el sobre. Ábrelo. Dentro había una hoja de papel doblada en tres partes. Pedro la desdobló. En la parte superior, escrita con tinta negra y letra perfecta, había una dirección. Avenida Wilshire, 2847, apartamento 6B, Los Ángeles, California. Debajo de la dirección, tres palabras subrayadas dos veces.

Gabriel Alberto Negrete y debajo con letra más pequeña, casi como si Jorge hubiera dudado antes de escribirlo. 5 años. Marzo de 1949. Pedro levantó la mirada. Jorge tenía los ojos cerrados. Es mi hijo dijo. El hijo que tuve con Dolores del Río. Pedro no dijo nada. se quedó mirando el papel, la tinta negra, la letra perfecta que no temblaba en ninguna parte, como si Jorge hubiera escrito esa dirección muchas veces antes de decidirse a entregarla.

“Nadie lo sabe”, continuó Jorge. “Ni María, ni los estudios, ni la prensa, nadie, excepto Dolores, yo ahora tú.” Afuera, en el pasillo del hospital se escuchaban pasos, voces de enfermeras cambiando turno, el sonido de una camilla siendo empujada sobre el piso del linóleo. Jorge abrió los ojos. En 1948, Dolores y yo estábamos juntos, no oficialmente.

Nunca lo hicimos oficial porque ella acababa de divorciarse de Cedric Givons y los estudios le habían dicho que necesitaba tiempo antes de aparecer públicamente con alguien más, pero estábamos juntos. Cenábamos tres, cuatro veces por semana en su casa de Beverly Hills. Yo iba a grabar a Los Ángeles cada dos meses y me quedaba con ella.

Pedro seguía sin decir nada, solo escuchaba. En agosto de 1948, Dolores me llamó a Ciudad de México. Me dijo que estaba embarazada. Tres meses. Yo le dije que me daba lo mismo lo que dijeran los estudios, que nos íbamos a casar, que iba a reconocer a ese niño como mío, Jorge Tosio, una tos seca que le salía del fondo del pecho.

Tardó casi un minuto en recuperarse. Cuando volvió a hablar, su voz sonaba aún más débil. Pero dos semanas después, la RC a Víctor me ofreció el contrato más grande de mi carrera. 15 películas en 3 años. Gira por toda Latinoamérica. Un sueldo que multiplicaba por cinco lo que estaba ganando. Pero había una condición. Pedro ya sabía cuál era la condición.

María Félix dijo. Jorge asintió. Querían una pareja, la pareja del cine mexicano, Jorge Negrete y María Félix. Me dijeron que si me casaba con ella, las películas se venderían solas, que íbamos a hacer los Clark Gabel y Vivian Lake de México, que era la oportunidad de mi vida. Y Dolores. Jorge cerró los ojos otra vez.

Le dije que había conocido a alguien más, que lo nuestro había sido un error, que no estaba listo para ser padre. Hubo un silencio largo. Pedro podía escuchar su propia respiración. Ella no me suplicó”, continuó Jorge. Dolores nunca suplicaba. Me dijo que entendía, que iba a resolver las cosas sola, que no me preocupara y colgó.

Jorge abrió el cajón de la mesita de noche, sacó otro sobre. Este era más pequeño, color beige, con el borde superior rasgado. Se lo dio a Pedro. Esto llegó en marzo de 1949, un mes después de que me casara con María. Pedro abrió el sobre. Dentro había una fotografía en blanco y negro, un bebé recién nacido envuelto en una manta blanca, con los ojos cerrados y un gorrito de hospital.

Detrás de la fotografía con letra de Dolores del Río decía Gabriel Alberto. 18 de marzo de 1949, 3,G 200 g. Sano. Perfecto. No te preocupes por nosotros. llegó a mi casa de Coyoacán”, dijo Jorge. “María estaba en Acapulco filmando. Yo abrí el sobre y me quedé mirando esa fotografía durante 2 horas, dos horas completas, sin moverme del sillón de la sala.

” “¿Qué hiciste?”, preguntó Pedro. Jorge respiró hondo. “Nada, no hice nada. Guardé la fotografía. No le respondí a Dolores. No la llamé. No fui a verla. Seguí con mi vida como si ese niño no existiera. Pedro miró otra vez la dirección en el papel. Avenida Wilshire 2847. Pero sí existe, dijo Jorge. Existe y tiene 5 años y vive con su madre en Los Ángeles y no sabe quién soy.

Dolores lo registró como hijo de padre desconocido. Le puso Gabriel Alberto por mi segundo nombre. Jorge Alberto Negrete Moreno era mi nombre completo antes de quitarme el Alberto para el cine. ¿Por qué me estás contando esto ahora? Preguntó Pedro. Jorge lo miró directo a los ojos. Porque me estoy muriendo y porque necesito que alguien se asegure de que ese niño esté bien, de que no le falte nada, de que tenga lo que necesita.

Pedro volvió a mirar el papel. Había algo más escrito en la parte de abajo, un nombre, licenciado Howard Brenan, y una dirección, Wells Fargo Bank, Beverly Hills, sucursal Wilshire Boulevard. Ahí hay un fideicomiso de $50,000 a nombre de Gabriel Alberto Negrete”, explicó Jorge. “Lo abrí en 1950. He estado depositando dinero cada 3 meses durante los últimos 3 años.

El licenciado Brenan es el administrador. Tiene instrucciones de entregarle el dinero a Gabriel cuando cumpla 21 años. Pero si algo me pasa antes, necesito que alguien se asegure de que ese dinero llegue a sus manos. Dolores sabe del fideicomiso. Jorge negó con la cabeza. No quise decirle.

Tenía miedo de que lo rechazara. Dolores tiene orgullo, mucho orgullo. Si le hubiera dicho que estaba mandando dinero, probablemente me hubiera dicho que no lo necesitaba. ¿Y qué quieres que haga yo? ¿Que lo visites? ¿Que te asegures de que está bien? Que si necesita algo se lo des. Que si Dolores necesita ayuda, la ayudes.

Y que cuando tenga edad suficiente para entender le digas la verdad. Qué verdad que su padre fue Jorge Negrete, que lo amé desde el momento en que vi esa fotografía y que el error más grande de mi vida fue no tener el valor de reconocerlo públicamente. Los ojos de Jorge se llenaron de lágrimas. Pedro nunca lo había visto llorar, ni siquiera cuando se había roto tres costillas en una caída de caballo durante la filmación de tal para cual en 1952.

Te lo estoy pidiendo a ti porque eres el único en quien confío”, dijo Jorge, “Porque sé que si te digo que hagas algo lo vas a hacer y porque sé que no vas a juzgarme.” Pedro dobló el papel y lo guardó en el bolsillo interno de su chamarra de cuero. “Te lo prometo”, dijo. Jorge cerró los ojos. parecía aliviado, como si hubiera estado cargando algo muy pesado durante mucho tiempo y por fin pudiera soltarlo.

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