El ritmo habitual de Guadalajara se transformó por completo con la llegada de la selección nacional de Corea del Sur. Apenas unas horas después de pisar territorio mexicano, el conjunto asiático acaparó las miradas y se convirtió en el epicentro de la atención pública en el aeropuerto internacional y en los alrededores de su hotel de concentración. Aficionados locales y residentes coreanos se unieron en una sola masa festiva, portando banderas, camisetas, bufandas y pancartas para dar la bienvenida a los denominados Tigres de Asia. En un gesto de cortesía y comunión cultural, los futbolistas descendieron luciendo los tradicionales sombreros de charro, desatando la euforia de los presentes mientras un estricto operativo de la policía y la Guardia Nacional custodiaba su trayecto.
La delegación asiática eligió la capital de Jalisco como su base de operaciones principal para afrontar la fase de grupos del torneo, seleccionando las instalaciones de Verde Valle como su campamento oficial de entrenamiento. Esta determinación de la Federación Coreana de Fútbol no fue casualidad, sino el resultado de un análisis profundo desarrollado en conjunto con especialistas en fisiología del ejercicio y rendimiento en altura. La ubicación estratégica de este complejo deportivo permite una conectividad directa y rápida con el Estadio Guadalajara, disminuyendo drásticamente los periodos de traslado y garantizando que los a
tletas dispongan del tiempo necesario para sus procesos de recuperación física.
Las instalaciones elegidas pasaron por un proceso de renovación estructural con el fin de cumplir fielmente con las normativas internacionales de la FIFA. El recinto cuenta ahora con dos terrenos de juego de césped natural completamente homologados, un centro de acondicionamiento físico de última generación, áreas exclusivas para la rehabilitación médica, vestidores modernos, oficinas técnicas y módulos habitacionales para el descanso de los seleccionados. Para las autoridades locales, hospedar a un representativo de esta magnitud representa una plataforma de proyección internacional invaluable, además de impulsar una derrama económica considerable en los sectores de hotelería, transporte privado y servicios comerciales de la región.
El verdadero reto para los futbolistas asiáticos radica en las condiciones geográficas de la sede. Guadalajara se encuentra ubicada a una altitud que ronda los mil seiscientos metros sobre el nivel del mar, un factor que contrasta de forma evidente con el entorno de competencia al que están habituados la mayoría de los jugadores coreanos, quienes desarrollan sus carreras profesionales al nivel del mar. El director técnico del equipo, Hong Myung-bo, exteriorizó esta preocupación de manera abierta durante el anuncio de la convocatoria oficial. El estratega admitió que el verdadero adversario a vencer en estas instancias iniciales no son los nombres de los rivales en el papel, sino la adaptación a las variantes climáticas, la altitud mexicana y las enormes distancias logísticas entre las distintas sedes del torneo.
Por esta razón, el cuerpo técnico programó el arribo a México con una anticipación prudencial, permitiendo que el organismo de los futbolistas complete un proceso de aclimatación progresivo antes del compromiso de debut frente a la República Checa y el posterior partido decisivo ante la selección de México. La recepción en Guadalajara también saca a la luz la memoria histórica y la simpatía que une a ambas naciones en el ámbito balompédico. Muchos de los asistentes al recibimiento rememoraron que la escuadra asiática cimentó su consistencia internacional en este mismo suelo, logrando su primera clasificación consecutiva para una Copa del Mundo durante la edición de México mil novecientos ochenta y seis.

La historia de los mundiales guarda pasajes significativos entre ambos países. En el torneo de Francia mil novecientos noventa y ocho, México se impuso tres goles por uno sobre el cuadro coreano, pero el vínculo se fortaleció notablemente en Rusia dos mil dieciocho, cuando la victoria de Corea del Sur sobre Alemania facilitó el pase de la escuadra mexicana a los octavos de final, originando festejos masivos donde la fanaticada azteca adoptó simbólicamente a la comunidad coreana bajo el lema de fraternidad. Ahora, la presencia de este equipo en Jalisco forma parte de una planificación gubernamental que comenzó a estructurarse con mucha anterioridad. Varias comitivas diplomáticas visitaron los recintos deportivos para coordinar temas de movilidad, servicios de salud, esquemas de seguridad y la colocación de señalizaciones bilingües en idioma coreano para facilitar el tránsito de las personas.
Las proyecciones oficiales estiman una afluencia constante de seguidores asiáticos en la ciudad, con estimaciones que varían desde un grupo base de mil asistentes técnicos y de apoyo hasta proyecciones de medios locales que sugieren la llegada de miles de hinchas surcoreanos a lo largo de las semanas de competencia. Este flujo constante se ve favorecido por la red de transporte aéreo que conecta de manera eficiente a Guadalajara con otras ciudades sedes del torneo, facilitando traslados rápidos hacia localidades vecinas para los compromisos posteriores de la primera etapa.
Detrás del colorido recibimiento y las postales tradicionales con sombreros de charro, se encuentra el respaldo de un proceso clasificatorio sobresaliente en la zona de la Confederación Asiática de Fútbol. La escuadra de los Tigres de Asia no obtuvo su pasaporte por fortuna, sino mediante una demostración de solidez colectiva que se extendió por casi dos años de competencia. Durante la segunda etapa de las eliminatorias, el equipo marchó con paso firme en un sector que compartió con Tailandia, China y Singapur, acumulando dieciséis puntos sobre dieciocho posibles, producto de cinco victorias y un solo empate, con una cuota goleadora de veinte tantos a favor y apenas un gol permitido en su propia portería.
La exigencia se elevó en la tercera ronda clasificatoria, donde quedaron ubicados en un grupo demandante junto a representativos de cuidado como Irak, Jordania, Omán, Kuwait y Palestina. En este periodo de diez compromisos, Corea del Sur ratificó su jerarquía al finalizar de forma invicta la competencia, registrando veintidós unidades acumuladas por medio de seis triunfos y cuatro empates, convirtiendo veinte anotaciones. El pase matemático hacia el torneo de Norteamérica se concretó en un duelo de alta tensión en el Estadio Internacional de Basora, donde vencieron a la selección local de Irak con un marcador de dos goles por cero, gracias a las anotaciones de Kim Jin-gyu y Hong Hyun-seok en el periodo complementario del partido. Aquella victoria demostró los recursos y la profundidad del balompié coreano, consiguiendo el boleto directo incluso en ausencia de figuras emblemáticas y apoyándose en el oficio de futbolistas consolidados en los campeonatos del continente europeo como Hwang In-beom, Lee Kang-in y Lee Jae-sung.
No obstante, el camino de preparación previo al arranque de la cita mundialista también dejó al descubierto algunas dudas en el esquema táctico de los asiáticos. Los partidos de carácter amistoso disputados en meses anteriores frente a combinados europeos y africanos evidenciaron ciertos desajustes en el bloque defensivo y periodos de baja efectividad en la contundencia de ataque, aspectos que el cuerpo técnico trabaja intensamente por solventar en las canchas de Verde Valle. El balance final del cuadro coreano se definirá sobre el césped, pero su planeación minuciosa en Guadalajara y el nivel de concentración mostrado dejan en claro que los Tigres de Asia asumieron este torneo con la máxima seriedad, dispuestos a ser protagonistas en el continente donde comenzó su vigencia en el fútbol moderno.