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LUPITA GONZÁLEZ: El COMPLOT de la CARNE… El asqueroso ENGAÑO que HUNDIÓ a la medallista

A veces solo se cuelga de quien gana.  La marcha de Lupita era vendible porque parecía limpia, sufrida y nacionalista. Ella representaba disciplina, representaba pobreza superada, representaba sacrificio, representaba una narrativa donde el dolor tenía recompensa y en esa narrativa cada kilómetro entrenado era una prueba moral. Ese fue el problema.

Cuando el caso antidopaje explotó, el golpe no se sintió como un expediente técnico, se sintió como una traición simbólica. No era una atleta desconocida con un positivo en una prueba menor. Era la medallista que México había usado para recordar que todavía podía competir contra el mundo.

La presión hacia Tokio 2020 aumentaba.  En el ciclo olímpico, una medalla te cambia la vida, pero también te cambia el peso sobre los hombros. Ya no compites solo contra rivales, compites contra la versión de ti que el país recuerda. Compites contra la expectativa de repetir. Compites contra la pregunta de si fuiste una excepción o el inicio de una era.

Para Lupita, Tokio no era simplemente otra competencia, era la confirmación. Era el lugar donde podía cerrar el círculo, plata en Río, plata mundial en Londres y tal vez oro olímpico en Japón. Esa era la historia que todos querían. Y entonces llegó octubre de 2018. El 17 de octubre de 2018, Lupita fue sometida a un control antidopaje fuera de competencia en la Ciudad de México.

No era un control después de subir al podio con cámaras y flashes. Era una prueba fuera de competencia, uno de esos momentos donde el sistema busca precisamente lo que el público no ve. La muestra fue enviada al laboratorio de Montreal. El 16 de noviembre de 2018, la Ayu notificó el resultado adverso. Presencia de epitrembolona, metabolito de trembolona con concentración estimada de 1 ngml trembolona.

No una sustancia suave, no una vitamina confundida, no un suplemento común mal etiquetado. Trembolona, un esteroide anabólico androgénico exógeno incluido en la lista prohibida adecuada y prohibido en todo momento. Necesito que prestes mucha atención a esto. La trembolona tiene una particularidad narrativa que la volvió explosiva en el caso.

Se usa en ciertos contextos ganaderos para promover crecimiento muscular en animales. Por eso la defensa de carne contaminada no sonaba completamente absurda de entrada. En México la discusión sobre carne contaminada ya existía desde otros casos, especialmente por Clenbuterol. El país tenía antecedentes de deportistas que habían explicado positivos por contaminación alimentaria.

Ese contexto abrió una grieta y por esa grieta entró la historia de los tacos. La segunda revelación que te prometí es esta. El positivo no destruyó a Lupita de inmediato porque todavía existía una defensa posible. En el sistema antidopaje, un atleta puede intentar demostrar cómo entró una sustancia a su cuerpo.

Si logra probar ausencia de culpa significativa, origen involuntario o circunstancias especiales, puede buscar reducción, pero eso exige coherencia, documentos sólidos, explicación  temprana y evidencia creíble. No basta con decir, “Comí carne.” Hay que reconstruir qué comiste,  cuándo, cuánto, dónde, de quién venía, con qué probabilidades y por qué la concentración encontrada encaja con esa fuente.

Lupita presentó una primera explicación. Dijo que nunca había usado sustancias para obtener ventaja y que la única explicación era el consumo de carne contaminada. Según el expediente, habló de comidas en los días previos, carne en un restaurante, filete de res verduras, tacos al pastor y desayunos con frutas  y huevos.

Hasta ahí la historia era una defensa común. No sabía. Comí carne contaminada. El positivo fue accidental. El problema es que las defensas comunes se vuelven peligrosas cuando empiezan a cambiar. Grábate esto. En un caso antidopaje, la primera versión pesa como una piedra. Lo que dices al inicio queda registrado. Si después modificas detalles para encajar mejor con una hipótesis, los jueces no lo ven como memoria corregida, lo ven como conveniencia.

Y en este expediente la historia alimentaria empezó a moverse. La defensa buscaba explicar trembolona y apareció el tema del hígado,  del bistec, de los tacos, de los tickets y de los testigos. Cada nuevo elemento buscaba salvar la carrera, pero también hacía la versión más frágil. El 9 de mayo de 2019, el Tribunal Disciplinario de la IAF confirmó una  sanción de 4 años por la infracción antidopaje.

Para una marchista nacida en 1989, 4 años eran casi una sentencia deportiva. Significaban perder Tokio 2020. significaban volver ya en una edad difícil para sostener élite en 20 km. Significaban que la historia perfecta quedaba congelada, pero todavía había una apelación. Todavía podía ir al tribunal de arbitraje deportivo.

Todavía podía intentar revertir o reducir el castigo y ahí la historia se  volvió más oscura. El 11 de noviembre de 2019 hubo audiencia ante el CAS en Lausana. El 2 de julio de 2020, el panel del CAS desestimó la apelación y confirmó  la decisión del tribunal disciplinario. Pero lo más devastador no fue solo la derrota, lo más devastador fue lo que quedó asentado en la decisión posterior  de World Athletics.

Lupita aceptó ante el panel que había mentido y que había presentado y utilizado documentos fabricados ante el tribunal disciplinario de la IAAF. explicó que su anterior equipo legal le dijo que esa era la única forma de defenderse y que no había otra opción. También pidió disculpas por lo dicho y hecho en el proceso.

Escucha esto otra vez. No estamos hablando de un rumor, no estamos hablando de una filtración anónima, estamos hablando de una aceptación recogida en decisiones deportivas. La atleta admitió que no había dicho la verdad en la primera instancia, que su evidencia había sido falsificada y que documentos y pruebas habían sido fabricados.

Esa admisión cambió la naturaleza del caso. Ya no era solo presencia de una sustancia prohibida, era manipulación del proceso. Aquí entra el famoso complot de la carne. El término suena casi ridículo, pero el expediente fue serio. La defensa pretendía sostener que la sustancia venía de alimentos contaminados. La narrativa pública se concentró en  tacos, carne de res, puesto callejero, restaurante, supuestos comprobantes y testimonios.

En la imaginación popular, todo se redujo a una pregunta grotesca. ¿Una medallista olímpica perdió su carrera por comer tacos? Pero detrás de esa pregunta había otra más dura. Su equipo intentó fabricar una historia para salvarla y si lo hizo, ella lo sabía. Según lo que terminó aceptando ante el CAS, ella reconoció haber mentido y haber usado documentos fabricados, aunque atribuyó esa estrategia a la orientación de su entonces equipo legal.

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