El brillo de los reflectores, el aplauso del público y la aparente alegría de un personaje que creció frente a las cámaras pueden ser, en ocasiones, el disfraz más efectivo para ocultar una realidad siniestra. Alfredo Ordaz, conocido en el mundo del entretenimiento y las redes sociales como “Lapicito”, ha pasado de ser una figura familiar en la televisión mexicana a convertirse en el protagonista de una de las controversias más oscuras y mediáticas de los últimos tiempos. Lo que comenzó como un trasfondo de éxito en programas como Sabadazo se ha transformado, para sus exparejas, en un relato de pesadilla.
Una trayectoria marcada por la controversia
Para comprender la magnitud de lo que hoy se denuncia, es necesario remontarse a los inicios de Lapicito. Junto a su hermana, Araceli Ordaz, conocida como “Gomita”, comenzó su carrera en el ámbito circense desde una edad muy temprana. Ambos han relatado en diversas ocasiones la dureza de su infancia, marcada por una estricta y a veces explotadora figura paterna que los obligaba a trabajar en el circo familiar. Esta exposición temprana a las cámaras y al público les otorgó una plataforma, pero también una educación emocional profundamente compleja.
Su salto a la fama nacional llegó cuando se integraron al programa Sabadazo, de Televisa. Allí, Lapicito construyó la imagen de un comediante ocurrente y divertido. Sin embargo, detrás de esa fachada, las experiencias de quienes convivieron íntimamente con él pintan un panorama radicalmente distinto.
El infierno detrás de las redes sociales
Fer Durán, reconocida creadora de contenido, fue la primera en alzar la voz tras una relación que, ante los ojos de millones de seguidores, parecía perfecta. En una serie de declaraciones valientes, Durán desglosó el infierno que vivió a puerta cerrada. Según sus testimonios, lo que el público consumía en videos y fotos no era más que una proyección editada; detrás de la pantalla, existía un ciclo de violencia física y psicológica constante.
“Me agarraba y me arrastraba”, confesó Durán en un podcast, detallando agresiones que iban desde mordeduras hasta actos de violencia física severa. Uno de los episodios más escalofriantes mencionados es cómo él solía arrebatarle el teléfono móvil antes de iniciar cualquier altercado, asegurándose de que ella no pudiera pedir auxilio o dejar constancia de los hechos. La manipulación era una constante: las heridas en su rostro, según se ha llegado a especular basándose en la observación de sus videos antiguos, eran a menudo ocultadas por capas de labiales rojos intensos.
El impacto no se limitó solo a Fer. Su hermana, la también creadora de contenido Carol Castro, confirmó haber sido testigo presencial de varios incidentes de violencia, incluso mientras atravesaba su propio embarazo, describiendo el deseo ferviente de que los actos de Lapicito enfrenten finalmente el peso de la ley.
Un patrón de conducta confirmado
La credibilidad de estas denuncias se vio reforzada cuando Ana Cisneros, otra exnovia del influencer, decidió romper el silencio. Cisneros confirmó haber vivido situaciones similares después de la ruptura de Durán con Lapicito. Sus relatos coinciden en puntos fundamentales: gritos descontrolados, portazos y actitudes que demuestran una inestabilidad emocional grave.
Uno de los incidentes que mayor indignación causó fue la revelación de que Lapicito, durante un viaje, tomaba fotografías de las partes íntimas de las amigas de Cisneros para compartirlas en su grupo de “Mejores Amigos” en redes sociales, una traición a la confianza y una conducta sumamente degradante.
La respuesta del acusado: Entre el miedo y la negación
Ante la oleada de pruebas, la reacción ha sido el silencio, la negación y, según afirman las propias víctimas, maniobras oscuras para desacreditar los testimonios. Carol Castro ha denunciado públicamente que Lapicito ha intentado comprar a personas para que hablen bien de él o ataquen la veracidad de las historias de su hermana.
Esta táctica, lejos de aminorar la situación, ha enfurecido aún más a quienes han sufrido en carne propia las consecuencias de su comportamiento. La filtración de conversaciones privadas, donde se pueden escuchar las agresiones verbales y, en algunos casos, admisiones implícitas de los hechos, ha dejado a Lapicito sin un margen de maniobra creíble ante la opinión pública.
¿Qué pasa con el resto de la familia?
La controversia ha salpicado, inevitablemente, a su hermana Gomita. Tras su participación en reality shows, la figura de la familia ha estado bajo constante escrutinio. Sin embargo, ella ha intentado deslindarse de las acciones de su hermano, aclarando que no apoya ningún tipo de maltrato. A pesar de los ataques recibidos por el público en redes sociales, la creadora ha enfatizado que su relación laboral y personal con él ha tomado rumbos distintos desde hace tiempo, buscando proteger su propia integridad y salud mental.
El futuro y el llamado a la justicia
Lo que hace este caso particularmente urgente es la preocupación de la comunidad digital sobre el presente. Se ha reportado que Lapicito cuenta ya con una nueva pareja. Ante la sospecha de que el patrón de violencia podría repetirse, miles de usuarios en redes sociales han inundado los perfiles de la joven, instándola a tener cuidado y a estar alerta ante las señales de alerta que las exnovias de él ya habían identificado.
