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¡HARFUCH SALVÓ el DEBUT MUNDIALISTA! Cayeron “EL CHUY”, “EL 01” y “GABITO 80” en SOLAMENTE 1 SEMANA!

diseñada para entregar paquetes y grabar bodas en un arma de guerra, los drones. No drones de vigilancia. Drones modificados, adaptados, cargados con explosivos improvisados y programados para atacar con una precisión que el armamento convencional. muchas veces no tiene. Según las investigaciones de las fuerzas federales, Hugo Guerrero los usaba de forma sistemática contra grupos rivales, contra elementos de seguridad y, en algunos casos documentados, presuntamente contra población civil que tenía la mala suerte de estar en el

lugar equivocado en el momento equivocado. Eso no es un detalle menor en la historia del crimen organizado mexicano. El uso de drones armados representa una escalada táctica que las autoridades llevan meses intentando frenar en la franja norte del país. No es improvisación, es tecnología aplicada al conflicto criminal con una lógica militar que antes no existía en estas estructuras.

Y el 01 era presuntamente uno de los operadores que más había avanzado en ese camino. Al momento de su captura, Hugo Guerrero portaba un arma de fuego de uso exclusivo del Ejército Mexicano y de las fuerzas armadas, un arma que no debería estar en manos de ningún civil y que en sus manos significaba exactamente lo que las investigaciones decían sobre él.

La carpeta de investigación fue atraída de inmediato por la Fiscalía Especializada en materia de delincuencia organizada, la FEMDO, lo que le da a este caso una dimensión federal que va mucho más allá de un proceso estatal ordinario. Los Salazar. Hay que detenerse un momento aquí porque este nombre tiene peso histórico en el crimen organizado mexicano y tu audiencia merece entender por qué.

Originarios de altar, Sonora, con décadas de operación en la franja fronteriza con Estados Unidos. Los Salazar han sido históricamente aliados del cártel de Sinaloa y uno de los grupos más consolidados del noroeste del país. No son una célula que surgió ayer de la nada. Son una red con raíces profundas en el tejido económico y social de esa región con vínculos que van desde la política local hasta las rutas de tráfico transnacional que cruzan hacia Arizona y California.

Y el 01 era, según los reportes, su generador de violencia activo en dos estados al mismo tiempo, la cara operativa de esa estructura en el terreno. Eso se terminó el 8 de junio. El segundo golpe llegó desde el Pacífico. Colima. 11 de junio de 2026. El mismo día del partido inaugural del mundial. Mientras los elementos del bloque negro intentaban voltear un automóvil en calzada de Tlalpan, mientras los granaderos mantenían el cerco en los accesos del estadio, mientras Julián Quiñones preparaba el remate cruzado que a los 8

minutos con 36 segundos iba a hacer explotar al estadio Ciudad de México del otro lado del país, en Colima, la Secretaría de Marina y la SSPC estatal ejecutaban otro operativo. El objetivo José de Jesús, alias el Chuy Roñas o el Venado, 30 años de edad, integrante, de acuerdo con las autoridades del cártel de los mezcales, la organización criminal de origen colimense con presencia activa en múltiples municipios del estado.

un hombre que cargaba no solo con una orden de apreción vigente por homicidio calificado en grado de tentativa, sino también con señalamientos por delitos contra la salud, que en el lenguaje del sistema judicial mexicano significa narcotráfico en sus distintas modalidades. Era objetivo prioritario. Era, en el lenguaje operativo del Estado, un generador de violencia activo en uno de los estados más golpeados por el crimen organizado en lo que va del siglo.

Olima, quiero que visualices el mapa de México por un momento. Un estado pequeño, sin mucha presencia mediática, sin los titulares constantes de Sinaloa o Michoacán o Jalisco, pero que durante años ha encabezado las estadísticas nacionales de homicidios por cada 100,000 habitantes. un estado que debería tener la tranquilidad de su geografía costera y montañosa y que en cambio ha sido disputado con una ferocidad desproporcionada porque es corredor estratégico de paso hacia el Pacífico, hacia el puerto de Manzanillo,

hacia las rutas de entrada de precursores químicos que vienen de Asia y salen convertidos en fentanilo y metanfetamina hacia Estados Unidos. quien controla Colima controla un eslabón clave de la cadena del tráfico global de drogas. Por eso pelea quien pelea. Los mezcales operan en ese tablero con la atención añadida de alianzas cambiantes.

A inicios de este 2026, según reportes de inteligencia que circularon en medios especializados, este grupo había establecido lazos con los mayos del cártel de Sinaloa. Eso los coloca en el mapa de la guerra interna sinaloense que desde septiembre de 2024 no ha dado tregua. Una guerra que empezó con la entrega de Ismael el mayo Sambada a las autoridades de Estados Unidos y que reconfiguró los equilibrios de poder del crimen organizado en al menos 12 estados del país.

El Chui Roñas era una pieza de ese tablero y esa pieza cayó el mismo día en que México le dijo al mundo, “Estamos listos.” Ese mismo 11 de junio, mientras el resultado 2 a0 sobre Sudáfrica hacía que millones de mexicanos salieran a festejar al Paseo de la Reforma, mientras el ángel de la independencia se llenaba de banderas verdes y blancas y rojas, mientras los aficionados gritaban el nombre de Raúl Jiménez y Julián Quiñones, el Chuirroñas quedaba detenido en Colima, sin un disparo, sin víctimas, sin drama en la calle, solo el trabajo metódico y

silencioso de semanas de seguimiento operativo que se cerró en el momento exacto. Pero el tercer caso es el que te va a quedar grabado, porque detrás de la captura de Gabriel Nicolás Martínez Larios, alias El Gabito 80, hay una historia que México todavía no termina de llorar. Una historia que empezó con sangre en enero en una sierra sinaloense donde 10 hombres fueron a trabajar y nunca volvieron a casa.

El primero de junio de 2026, 10 días antes del partido inaugural en la colonia Real del Valle de Mazatlán, Sinaloa, la policía estatal, el Ejército Mexicano y la Guardia Nacional ejecutaron un operativo conjunto en las últimas horas de la noche, las 20 horas 15 minutos. Según el Registro Nacional de Detenciones, El hombre buscado, Gabriel Nicolás Martínez Larios, 36 años.

Conocido en las calles del sur sinaloense como El Gabito 80 o simplemente el 80, jefe regional de la facción Los Menores, el brazo armado de los Chapitos, con presencia documentada en Escuinapa, San Ignacio, Cosalá, El Rosario, Concordia, Villaón y Mazatlán. De acuerdo con los reportes oficiales del Ejército y la Guardia Nacional, durante el operativo se aseguraron armas de distintos calibres: cargadores, cartuchos, droga, dinero en efectivo y un vehículo.

El gavito fue puesto a disposición de la Fiscalía General de la República en Culiacán, donde el proceso continúa. Pero lo que importa entender hoy no es el saldo del operativo en objetos asegurados. Lo que importa entender es quién es este hombre, qué representa y qué historia cargaba sobre los hombros cuando lo esposaron esa noche en Mazatlán.

Retrocede al 23 de enero de 2026, Concordia Sinaloa, un municipio de sierra, de minería, de gente que trabaja la tierra y las betas desde hace generaciones, un lugar donde el amanecer huele a pino mojado y a polvo de roca. Ese día un grupo armado llegó al proyecto Pánuco de la empresa minera canadiense Visó a 10 personas, seis trabajadores, cuatro proveedores, los tomaron, los subieron a vehículos y desaparecieron con ellos en la oscuridad del Monte Sinaloense.

Te voy a pedir que lo pienses bien. No en una zona de guerra declarada, no en un enfrentamiento entre cárteles, en un sitio de trabajo, en un proyecto minero donde había hombres con cascos y guantes, con lámparas de frente y taladros en la mano, con contratos firmados y familias esperándolos en casa.

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