Posted in

El Pablo Escobar Ecuatoriano, Amasó un Imperio de 300$ Millones

Un hombre con alias de leyenda del regue, un cantón convertido en cementerio. Durán registra 79 asesinatos vinculados a una sola estructura. Extorsiones por $50,000, ritual satánicos frente a un muñeco gigante y un cabecilla que operaba como si la ley no existiera hasta que un secuestro lo delató. El operativo se despliega en silencio.

Vehículos sin identificación rodean una vivienda en el cantón costero a 60 km de Durán. Dentro un hombre habla por teléfono, negocia, presiona, exige el pago o amenaza con consecuencias irreversibles. La voz es firme, calculadora. Él no sabe que cada palabra está siendo rastreada, ya que cada movimiento ha sido seguido durante tres días, que la trampa se cierra sobre él.

Cuando los agentes del bloque de seguridad irrumpen en la vivienda, lo encuentran armado, pero no violento. Dos pistolas en su cintura, tres cargadores adicionales, 80 municiones y cinco teléfonos celulares que no dejan de sonar. Las autoridades lo identifican de inmediato. Gutenberg Andrés Rodríguez Zambrano, 42 años, conocido en las calles de Durán, con un nombre que no tiene nada que ver con su vida criminal y todo que ver con su leyenda.

Bob Marley, no el músico jamaquino, rey del regue, icono de paz, sino el cabecilla de una de las facciones más violentas de los shillers, el hombre que transformó el secuestro. y la extorsión en industria. El operador que sembró el terror en el cantón más peligroso de Ecuador, John Reinberg, nacinistro del Interior, lo califica públicamente como objetivo de alto valor.

Pieza clave de una estructura criminal responsable de la degradación absoluta de Durán. Un cantón que en 2023 registró una tasa de 145 homicidios por cada  100,000 habitantes, superando a Puerto Príncipe, Haití, ciudad dominada  por pandillas armadas en medio de una guerra civil más letal que Tijuana, más violento que las ciudades que tradicionalmente encabezan  las listas del crimen organizado global.

La captura de Bob Marley no es producto del azar. Es el final de una investigación  que comenzó tres días antes, el 1 de diciembre, cuando un hombre de 49 años fue  interceptado en el sector, el arbolito de Durán, mientras conducía su motocicleta. Tres sicarios  en dos motos lo rodearon, lo golpearon, le colocaron una capucha y lo subieron a un vehículo.

Chit lo trasladaron a una casa clandestina en la periferia del cantón. Horas después,  su familia recibió la primera llamada, $50,000 o no volverían a verlo con vida. La familia denunció a las autoridades. La Policía Nacional activó protocolos de emergencia. Los investigadores comenzaron a rastrear las comunicaciones del número utilizado para las extorsiones.

Siguieron las cámaras de videovigilancia que captaron el secuestro. Cruzaron información con bases de datos de criminalidad organizada y confirmaron lo que sospechaban. Detrás del operativo estaba una célula activa de los Chillers  comandada desde el arbolito, territorio del norte de Durán, bajo control  de Bob Marley.

Durante 72 horas, los agentes monitorearon cada llamada, cada mensaje, cada movimiento  del negociador. Descubrieron que Bob Marley había salido de Durán y se había refugiado en playas,  un cantón costero donde creía estar seguro. seguía negociando personalmente el rescate, ajustando cifras, presionando a la familia, exigiendo pruebas de que el dinero estaba disponible.

No delegaba, quería controlar  cada detalle. Esa obsesión por el control lo traicionó. Cuando los agentes lo capturaron en la madrugada del 4 de diciembre, Bob Marley estaba cerrando el acuerdo final. La familia había reunido $5,000. Él había aceptado liberar a la víctima al día siguiente. Pero no hubo siguiente día.

No hubo entrega, solo esposas  y un traslado inmediato hacia Guayaquil. En su poder, además de las armas y los teléfonos,  los agentes encontraron registros de transferencias bancarias, listas de víctimas potenciales y códigos de comunicación con otros miembros de la célula. El análisis forense revelaría algo mucho más oscuro.

Bob Marley y su facción estaban vinculados a 79 asesinatos  cometidos entre 2023 y 2024 en las provincias de  Guayas y Santa Elena. Entre las víctimas había fiscales, policías, funcionarios municipales, comerciantes que se negaron a pagar extorsiones, rivales de los Latin Kings, testigos de investigaciones judiciales.

Los métodos de su organización  iban más allá del sicariato convencional, cuerpos incinerados en plena vía pública mientras la ciudad observaba impotente. Masacres disfrazadas de operativos militares con sicarios vestidos con uniformes camuflados y botas, simulando redadas oficiales antes de ejecutar a sus víctimas.

Cadáveres colgados de puentes en la avenida Nicolás Lapenti como mensajes territoriales. Tu ejecución es a quemarropa en mercados frente a decenas de testigos sin que nadie se atreviera a intervenir. Pero en la historia de Bob Marley hay una contradicción que resulta imposible ignorar. Este hombre, que ahora es presentado como un objetivo de alto valor tiene cuatro procesos judiciales previos en el sistema ecuatoriano.

Robo agravado en 2013. Tráfico ilícito de sustancias catalogadas sujetas a fiscalización en  2016, tenencia y porte de armas en 2016. asesinato en 2020, cuatro condenas, cuatro detenciones y sin embargo seguía operando libremente en las mismas calles donde cometió esos delitos. No está solo en esa situación.

De los ocho hombres capturados junto a Bob Marley  en operativos posteriores, tres tenían antecedentes por asesinato y estaban en libertad a pesar de sus condenas previas. Uno de ellos trabajaba como bombero activo en Durán. respondiendo a emergencias  durante el día y participando en operativos criminales durante la noche.

Otro había sido liberado apenas  meses después de una condena por homicidio, amparado en tecnicismos legales que el sistema  judicial no supo o no quiso cerrar. ¿Cómo es posible que criminales con  historiales probados regresen al mismo territorio donde sembraron el terror? ¿Cómo un hombre puede acumular  cuatro condenas y seguir operando como si el sistema judicial no existiera? ¿Y cómo alguien así logra convertirse en leyenda,  en símbolo, en mito criminal tan poderoso que sus seguidores construyeron un muñeco gigante de 2 met

para venerarlo antes de cometer masacres? La respuesta no está solo en la figura  de Bob Marley. Está en el colapso del sistema judicial ecuatoriano,  en la saturación de las cárceles, en los jueces que dictan sentencias que nunca se cumplen. Está en Durán, un cantón de 327,000  habitantes que se convirtió en laboratorio del crimen organizado.

Read More