25 de febrero de 1991, desierto de Kuwait, 0620 horas. El capitán Eric Solomonson aprieta el gatillo. El cañón Ga 8 Avenger ruge con un estruendo que sacude todo el fuselaje del A10 Whtog. Abajo, a menos de 150 m, un tanque T72 iraquí explota. La torre sale disparada hacia el cielo como si fuera un juguete lanzado por un niño furioso.
Solo monson no lo sabe todavía, pero en las próximas 11 horas va a escribir un récord que nadie ha roto en 34 años. 23 tanques destruidos un solo día. Dos pilotos. Y todo comenzó porque los comandantes de la Guardia Republicana Iraquí cometieron el error más costoso de sus vidas. se burlaron del avión equivocado.
Ahora, antes de continuar con esta historia, si te gustan las hazañas militares que cambiaron la historia, dale like a este video. Te prometo que lo que vas a escuchar vale cada segundo. Retrocedamos, 24 horas. La guerra terrestre acababa de iniciar. Columnas de marines estadounidenses avanzaban a través de una tormenta de arena y humo.
El polvo se metía en todo, en los ojos, en la boca, en las armas. La visibilidad era terrible. A veces no podías ver más allá de 50 m. Al norte, unidades blindadas de la Guardia Republicana Irquí corrían desesperadas hacia el sur, intentando formar líneas defensivas antes de que las fuerzas americanas los aplastaran como latas vacías.
Eran las mejores tropas de Saddam Hussein, las más entrenadas, las más equipadas y estaban en pánico total. Los marines necesitaban apoyo aéreo, pero no cualquier apoyo. Necesitaban un avión que pudiera quedarse sobre el campo de batalla durante horas. No solo unos minutos. Necesitaban algo que pudiera distinguir entre chatarra humeante y un tanque funcional.
Necesitaban precisión quirúrgica en medio del caos absoluto. Los F15, F16 y FA18 lanzaban bombas guiadas por láser desde 4500 m de altura. Limpio, preciso, seguro. Esos jets rápidos eran impresionantes. Alcanzaban velocidades supersónicas, llevaban tecnología de punta, pero tenían un problema fundamental.
Entraban, soltaban su carga y se largaban. No podían quedarse, no podían verificar cada objetivo visualmente, no podían adaptarse al caos del combate terrestre. El A10 Thunderbolt Segons era diferente, completamente diferente. Este avión volaba a 150 m del suelo, tan bajo que los pilotos podían ver las expresiones en los rostros de los soldados enemigos.
reducía su velocidad a 480 km/h, más lento que muchos aviones de la Segunda Guerra Mundial. Algunos pilotos de F16 se burlaban del A10. Lo llamaban el camión volador. Decían que era una reliquia, que no tenía lugar en una guerra moderna. Estaban a punto de descubrir lo equivocados que estaban. El A10 cargaba un arma que ninguna otra aeronave en el mundo podía disparar.
Un arma tan brutal que el avión entero tuvo que ser diseñado a su alrededor. El Gau 8A Avenger, siete cañones rotatorios, calibre de 30 mm, dispara 3900 proyectiles por minuto, eso es 65 proyectiles por segundo. Cada proyectil pesa casi 700 g del tamaño de una botella de vino. El cañón completo pesa 1800 kg, más pesado que un automóvil compacto.
Cuando un piloto jalaba el gatillo, el retroceso era tan brutal que desaceleraba el avión en pleno vuelo. Imagina estar manejando en la autopista a 120 km porh y que alguien presione los frenos con toda su fuerza. Así se sentía. La estructura entera vibraba como si fuera a desintegrarse. Los instrumentos del panel temblaban. Los pilotos podían oler la pólvora quemada a través de sus máscaras de oxígeno, un olor acre y metálico que se te metía en la garganta.
Y cuando uno de esos proyectiles de 30 mm impactaba un tanque T72, la física se volvía aterradora. El proyectil no solo perforaba el blindaje superior del tanque, el punto más débil penetraba hasta la munición almacenada dentro de la torre, proyectiles de 125 mm. explosivos de alto poder. Todo se detonaba simultáneamente.
La explosión resultante era tan violenta que lanzaba la torre completa a 6 m en el aire, girando como una moneda lanzada al azar. El peso de una torre de T72 es de casi 2 toneladas. 2 toneladas de acero retorcido volando por los aires. En ese momento, la superioridad militar estadounidense dejó de ser un concepto abstracto.
Se volvió real, tangible, aterradora. Déjame preguntarte algo en los comentarios. ¿Habías escuchado antes el A10 War Talk? ¿O este avión es completamente nuevo para ti? Me gustaría saber cuántos conocen esta bestia. El A10 nunca fue diseñado para ganar concursos de belleza. De hecho, es probablemente uno de los aviones más feos jamás construidos.
Nariz chata, alas rectas y gruesa, motores montados arriba del fuselaje en una posición extraña. No hay elegancia, no hay curvas aerodinámicas, es pura función, pura brutalidad. fue creado a principios de los años 70 con un solo propósito grabado en su ADN, destruir tanques soviéticos en Europa. En ese entonces, la Guerra Fría estaba en su punto más caliente.
La OTAN y el pacto de Varsovia se miraban a través de la frontera alemana. Los soviéticos tenían miles de tanques T62 y T72 listos para invadir Europa occidental. Miles. La estrategia era simple. una avalancha blindada que aplastaría cualquier resistencia por puro peso numérico. La Fuerza Aérea de Estados Unidos necesitaba una respuesta.
Querían un avión capaz de sobrevivir en el entorno más hostil imaginable. Baja altitud, defensas antiaéreas densas por todos lados. Baterías de misiles SA6 y SA8. Cañones CU234, Shilka, que escupían fuego a 4,000 proyectiles por minuto, blindados enemigos disparando desde el suelo. Y aún así, el avión tenía que cumplir la misión, tenía que destruir tanques, docenas de ellos, y regresar a casa.
La respuesta de Fairchild Republic fue radical, revolucionaria. Algunos dirían de mente, “Construye primero el cañón, después construye el avión alrededor de él.” Ninguna aeronave militar había sido diseñada así jamás. Normalmente diseñas el avión y después decides qué armas llevará. Pero los ingenieros de Fairchild lo hicieron al revés.
tomaron el cañón Gau 8 Avenger, que medía casi 6 m de largo y pesaba más que un automóvil Volkswagen Beetle completo y dijeron, “Ahora construyamos un avión que pueda disparar esto.” El cañón junto con su munición representaban el 16% del peso vacío del avión. Era como diseñar un auto deportivo alrededor de un motor de locomotora. No tenía sentido.
Violaba todos los principios del diseño aeronáutico. Los ingenieros de otras compañías se burlaban. Decían que era imposible, que el avión nunca volaría, que el retroceso del cañón destrozaría la estructura. Se equivocaron. Pero el cañón era solo la mitad de la historia. La otra mitad era aún más impresionante. La cabina del piloto estaba rodeada por lo que los ingenieros llamaban la bañera de titanio.
500 skyed kg de blindaje de titanio puro, diseñado para resistir impactos directos de fuego antiaéreo de 23 mm. El titanio es uno de los metales más duros del planeta, más fuerte que el acero, más ligero que el acero, extraordinariamente caro. El piloto se sentaba dentro de este caparazón blindado, protegido desde abajo, desde los lados, desde atrás, como estar dentro de una caja fuerte voladora.

El parabrisas estaba hecho de vidrio balístico de 5 cm de grosor, capaz de detener proyectiles de calibre pun50. Incluso los pedales del timón estaban blindados, cada sistema crítico estaba duplicado. Si el sistema hidráulico principal era perforado, había un sistema de respaldo. Si ese también fallaba, había un sistema de control manual mecánico, cables de acero conectados directamente a las superficies de control, como los aviones de la Primera Guerra Mundial.
Primitivo pero funcional. Los tanques de combustible se autosellaban si recibían disparos. La espuma especial dentro de los tanques suprimía cualquier posibilidad de explosión. Los dos motores GTF34 Turbofan estaban montados en la parte superior del fuselaje por encima de las alas, protegidos del fuego terrestre. Si un motor era destruido por un misil, el A10 podía regresar a casa con el otro.
Si ambos motores fallaban, el avión podía planear durante kilómetros. La filosofía de diseño era simple y brutal. Sobrevivencia por encima de velocidad. La velocidad máxima del A10 era de 706 km/h, más lento que un P51 Mustang de la Segunda Guerra Mundial, que alcanzaba 710 km/h.
Más lento que la mayoría de los aviones comerciales modernos, ridículamente lento para un casa de combate, pero podía hacer algo que ningún otro avión podía. orbitar sobre un campo de batalla durante horas, confirmar cada objetivo visualmente y absorber daños que pulverizarían cualquier otra aeronave. Un A10 podía permanecer en el aire durante 2 horas y media con una carga completa de munición.
2 horas y media sobrevolando el campo de batalla, esperando, observando, cazando. En 1991 esa filosofía iba a ser puesta a prueba bajo las condiciones de combate más intensas jamás vistas. 06 20 horas. Primera misión. El amanecer apenas empieza a romper sobre el horizonte cuando Solomonson y su compañero de ala, el teniente John Marx, despegan de la base aérea en Arabia Saudita.
El aire todavía está frío. En el desierto las temperaturas nocturnas pueden bajar hasta 5ºC, pero en pocas horas el calor será insoportable. Vuelan hacia el norte. Kuit está a solo 40 minutos de distancia. Debajo de ellos el desierto se extiende como un mar infinito de arena dorada. Aquí y allá, columnas de humo negro se elevan hacia el cielo.
Los iraquíes están quemando los pozos petroleros. Saddam Hussein ordenó destruir todo antes de retirarse. Si no puede tener Kuit, nadie lo tendrá. Solo monson detecta el primer objetivo, una columna de tanques T72 moviéndose hacia el sur por una autopista al noreste de la ciudad de Kuwait. Cuenta rápidamente. Ocho tanques, tal vez nueve.
Están en formación cerrada tratando de alcanzar las líneas defensivas antes de que sea demasiado tarde. Están huyendo desesperados. Solo Monson arma un misil Maverick. El AGM65 Maverick es un misil aire superficie guiado por televisión. Pesa 210 kg. Lleva una ojiva de 57 kg de explosivo de alto poder. Cuesta 7,000 por unidad, pero es devastadoramente efectivo.
El sistema de puntería se bloquea en el tanque líder, un tono agudo suena en los auriculares de Solomon. Bloqueo confirmado. Presiona el botón de disparo. El misil sale disparado del pilón bajo el ala izquierda. Una estela de humo blanco marca su trayectoria. 3 segundos después impacta el tanque a 900 km/h. La explosión es segadora.
Una bola de fuego naranja y roja que se expande como un hongo. La torre sale volando hacia atrás, girando en el aire como si fuera de papel y cae a 20 m de distancia del chasis destrozado. Segundo tanque, solo monson apuntando. Otro Maverick, otra explosión metálica violenta. El tanque literalmente se desintegra. Piezas de blindaje vuelan en todas direcciones.
Orugas retorcidas, metal fundido. Marx entra en acción, dispara su primer Maveric, tercer tanque destruido, después el cuarto. Trabajan metódicamente, sin prisa, sin nerviosismo, como cirujanos realizando una operación de rutina. Maverix para los primeros cuatro tanques. Después cambian al cañón.
Solomonson se lanza en picada. Desciende a 120 m. El desierto pasa volando debajo de él a una velocidad vertiginosa. Apunta el morro del A10 directamente al quinto tanque. El sistema Hood, el display transparente en el parabrisas, muestra el punto de impacto calculado. Espera, espera, ahora jala el gatillo.
El cañón Gau 8 explota en un rugido ensordecedor. El avión entero se sacude como si hubiera chocado contra una pared invisible. El retroceso lo empuja hacia atrás. Solomons siente la vibración en todo su cuerpo, en los huesos, en los dientes. Una ráfaga de 2 segundos, 130 proyectiles salen disparados del cañón a mulcen 10 m por segundo, tres veces la velocidad del sonido.
Los proyectiles golpean el tanque como un martillo pneumático golpeando concreto. Perforan el blindaje superior, el punto más débil del T72. Penetran la cabina de la tripulación. Alcanzan los compartimientos de munición. La explosión revienta el tanque desde adentro. No es como en las películas. No es una bola de fuego limpia y estética. Es caótico, brutal.
La torre se levanta sobre una columna de fuego y humo negro. Gira a 180 gr en el aire y cae boca abajo. Las orugas salen disparadas como serpientes de metal retorcido. Fragmentos de blindaje llueven sobre el desierto en un radio de 50 m. Sexto tanque. Séptimo, octavo. Marx también ha cambiado al cañón. El sonido de ambos A10 disparando simultáneamente es apocalíptico, un rugido continuo que resuena por kilómetros a la redonda.
Los soldados iraquíes en tierra se lanzan buscando cobertura. Algunos abandonan sus posiciones y corren hacia el desierto abierto. No hay donde esconderse. Ocho tanques destruidos en 14 minutos. El desierto debajo de ellos parece un cementerio de metal retorcido. Columnas de humo negro se elevan como dedos acusadores hacia el cielo.
El olor a combustible quemado y explosivos llena el aire. Solomonson revisa sus instrumentos. Combustible al 40%. Munición del cañón al 20%. Maverix agotados. Es hora de regresar. Haw one RTV transmite por radio. Retorno a base. Regresan a la base aérea. Aterrizan. Las tripulaciones de tierra ya están esperando.
Saltan sobre el avión como hormigas sobre azúcar. Reabastecen combustible. Recargan el cañón Gau 8. 1174 proyectiles de 30 mm. Cada proyectil cuesta aproximadamente $30. Instalan nuevos misiles Maveric bajo las alas. Revisan los sistemas. Inspeccionan el fuselaje en busca de daños. El corazón de Solomonson todavía martillea en su pecho.
La adrenalina todavía corre por sus venas como electricidad. Bebe agua, come una barra de proteína, usa el baño. Pero no hay tiempo para procesar lo que acaba de suceder. La guerra no espera. Los marines en tierra necesitan más apoyo. 35 minutos después está de vuelta en el aire. 10:45 horas. Segunda misión. Esta vez vuelan más profundo en Kuwait, más cerca de la ciudad de Kuwait.

El humo de los pozos petroleros en llamas es más denso aquí. El cielo tiene un color naranja enfermizo. Parece el fin del mundo. Los marines en tierra reportan blindados iraquíes atrincherados en posiciones defensiva. Están cabados, listos para pelear. Esta vez es diferente. Solo monsón lo siente en sus huesos.
Las tripulaciones iraquíes están listas. Ya no están huyendo, están esperando. Devuelven el fuego. Solo monson identifica la primera posición. Tres tanques en trincheras parcialmente enterrados en la arena. Solo las torres son visibles. Es una posición defensiva clásica, difícil de atacar, difícil de destruir. Se lanza en picada. Desciende a 100 m.
Los cañones antiaéreos TSU234 Shilka abren fuego. El Shilka es una bestia. Cuatro cañones de 23 mm montados en un chasis de tanque. Sistema de radar integrado. Puede disparar 4,000 proyectiles por minuto. Su apodo en la OTAN es Zeus. En Vietnam, los pilotos estadounidenses lo llamaban el cortacéspeed volador porque podía literalmente cortar un avión por la mitad.
Trazadoras cruzan el cielo como látigos incandescentes. Rayas naranjas brillantes a velocidad supersónica. El sonido es como tela rasgándose, un ciseo agudo y continuo que teiza la piel. Solomonson siente impactos contra su avión. 1 2 3. El A10 se sacude. Vibra como una lavadora desbalanceada, pero sigue volando.
La bañera de titanio está haciendo su trabajo. Los proyectiles de 23 mm rebotan contra el blindaje como piedras contra una pared de concreto. No tiene tiempo para pensar, solo para actuar. Se lanza en picada sobre la primera trinchera y dispara una ráfaga de 2 segundos del Gau 8. Anto 30 proyectiles. El tanque estalla en llamas.
Humo negro se eleva como una columna hacia el cielo. La tripulación no tuvo oportunidad de escapar. Marx ataca la segunda posición. Dispara un Maverick. El misil impacta directamente en la torre del tanque. La explosión levanta una nube de arena y escombros que alcanza 30 m de altura. Alternan entre cañón y misiles explotando el caos.
Los artilleros iraquíes no pueden rastrear ambos aviones simultáneamente. Mientras apuntan a Solomonson, Marx los ataca desde otro ángulo. Mientras giran sus torretas hacia Marx, Solomonson los destruye. Es una danza mortal, coordinada perfecta. Cuarto tanque. Quinto. Sexto, un misil SA7 Grail sale disparado desde el suelo. Es un misil portátil guiado por calor.
Persigue el escape caliente de los motores Turbofan. Soloon ve el lanzamiento. Ve la estela de humo blanco ascendiendo hacia él como una serpiente. Lanza bengalas. Cilindros brillantes de magnesio se disparan desde dispensadores bajo el fuselaje. Arden a 1000 gr. Más calientes que los escapes de los motores, el misil se confunde, persigue una bengala.
Explota a 200 m de distancia. Solomonson siente la onda expansiva sacudir su avión demasiado cerca. Séptimo tanque. Octavo. Ahora hay fuego antiaéreo por todos lados. Trazadoras naranjas, explosiones de misiles antiaéreos, nubes de fragmentación. El aire está lleno de metal volando. Es como volar a través de una tormenta de cuchillos.
Pero el A10 fue diseñado exactamente para esto, para absorber castigo, para sobrevivir lo imposible. Marx reporta impactos en su ala derecha. Solo Monson puede ver los agujeros desde su posición. Tres orificios del tamaño de pelotas de béisbol perforando el ala de aluminio. Pero el A10 sigue volando, los sistemas redundantes están funcionando.
El combustible no se está derramando porque los tanques son autosellante. Octavo tanque destruido. Hog one Winchester transmite Marx sin munición. Hog one two Winchester confirma Solomonson. Han disparado todo, todos los Maverics, toda la munición del cañón. Mi 1174 proyectiles de 30 mm convertidos en humo y metal retorcido.
Aterrizan a las 12:30 horas. Las tripulaciones de tierra rodean los aviones. Están contando los impactos. El A10 de Marx tiene 11 orificios. A la derecha, fuselaje, cola. El de Solomonson tiene siete. Pero ambos aviones están funcionales. Volverán a volar. El comandante del escuadrón, teniente coronel Bob Swayne, detiene a Solomonson en la pista.
Tiene una expresión que mezcla incredulidad con respeto. Están teniendo un día infernal, muchachos. Solomonasi asiente. El sudor corre por su rostro, dejando líneas en el polvo acumulado. Su traje de vuelo está empapado. Huele a sudor y pólvora, pero no está cansado. La adrenalina todavía lo mantiene alerta. Hiperactivo.
Vamos a salir de nuevo. S lo mira fijamente. ¿Están seguros, señor? Los marines nos necesitan allá afuera. Sin asiente lentamente. Tienen una hora. Coman algo. Descansen. Después los quiero de vuelta en el aire. 15 horas. Tercera misión. Afueras de la ciudad de Kuwait. El humo de los campos petroleros en llamas ha oscurecido el cielo como si fuera medianoche en pleno día.
La visibilidad es terrible. Menos de 2 km en algunas áreas. El sol es solo un disco naranja difuso. Detrás de la cortina de humo negro. El olor a petróleo quemado es tan fuerte que penetra incluso dentro de la cabina sellada del A10. Vuelan más bajo que nunca, 90 m sobre el desierto, tan bajo que pueden ver las expresiones en los rostros de los soldados iraquíes en tierra.
Algunos están disparando con rifles AK47. Las balas rebotan contra el blindaje del A10 con un sonido metálico. Tin, tin, tin. Como granizo golpeando un techo de lámina. Encuentran siete tanques más dispersos a lo largo de 3 km de autopista. Están abandonando sus posiciones. La retirada se ha convertido en una huida desesperada. Algunos tanques incluso han dejado a sus tripulaciones atrás.
Los soldados corren por el desierto tratando de escapar a pie. Esta vez solo cañón. Las existencias de Maverix se han agotado en todo el escuadrón. Los almacenes están vacíos, pero la munición de 30 mm está demostrando ser devastadoramente efectiva. Cada proyectil cuesta $30. Cada tanque T72 cuesta 1.5 millones de dólares.
Es el mejor retorno de inversión en la historia militar. trabajan a través de los objetivos restante, metódico, profesional, sin movimientos desperdiciados ni munición malgastada. Cada ráfaga es precisa, cada impacto es letal. No hay espacio para el error a esta altitud. Un segundo de distracción y te estrellas contra el desierto a 480 km/h. Primer tanque.
Solomons dispara una ráfaga de 3 segundos. 195 proyectiles. El tanque explota. Segundo tanque, Marx dispara. Explosión. Tercero. Cuarto, quinto. La autopista parece una hilera de antorchas gigantes. Cada tanque destruido arde con un fuego intenso que puede alcanzar 1500ºC. El calor se eleva en ondas visibles, distorsionando el aire como si fuera agua. Sexto tanque. Séptimo.
Cuando el último tanque está ardiendo, Sol Monson sube a 600 m y gira hacia el sur. Mira hacia atrás. El paisaje detrás de él es apocalíptico. Docenas de columnas de humo negro marcando cada tanque destruido como lápidas en un cementerio metálico. 16:45 hora. Han estado volando misiones de combate durante casi 11 horas.
Tres misiones, tres reabastecimiento, tres recargas completas de munición. Las manos de Solo Monson tiemblan ligeramente por la fatiga. Sus ojos arden por la concentración constante. Su espalda duele por estar sentado en la misma posición durante horas, pero lo lograron. Las grabaciones de las cámaras de armas confirman lo increíble.
Cada A10 lleva una cámara montada en el morro que graba todo. Cada disparo, cada impacto, cada explosión. La evidencia es irrefutable. 23 tanques iraquíes destruidos en tres misiones separadas. El oficial de inteligencia del escuadrón, capitán Mark Henderson, levanta la vista de sus notas. Está revisando las grabaciones, contando cada destrucción confirmada.
Sus ojos están abiertos como platos. Ha visto muchas misiones exitosas, pero esto es diferente. Esto es histórico, muchachos dice lentamente, como si no pudiera creer sus propias palabras. Acaban de establecer un récord absoluto. Solomons y Marx se miran. Están demasiado cansados para celebrar, demasiado agotados para procesar completamente lo que acaban de lograr. Récord.
Pregunta Marx. Ningún piloto antes o después ha destruido 23 tanques en un solo día, explica Henderson. Revisé los archivos. Segunda Guerra Mundial. Corea, Vietnam, ninguno. Este es el récord. Y ese récord sigue intacto 34 años después. Pero déjame hacerte otra pregunta en los comentarios. ¿Crees que este récord alguna vez será roto o la guerra moderna ha cambiado demasiado para que algo así vuelva a suceder? La historia del A10 en la tormenta del desierto va mucho más allá de ese día legendario.
Entre el 17 de enero y el 28 de febrero de 1991, los A10 Wthwks desplegados en el Golfo Pérsico destruyeron más de 900 tanques iraquíes. Lee esa cifra de nuevo, 900 tanques. También eliminaron 2000 vehículos militares adicionales, camiones de transporte de tropas, vehículos de comando, lanzacohetes móviles, sistemas de artillería autopropulsados y 100 piezas de artillería, cañones remolcados, obes, morteros pesados.
Dispararon 783,514 proyectiles de 30 mm, casi 800,000 proyectiles, cada uno diseñado para penetrar blindaje y destruir vehículo. La cantidad de metal lanzada por los A10 durante esas 6 semanas fue astronómica y aquí está la estadística más impresionante. Solo 6 A10 fueron derribados de 165 desplegados. Seis. A pesar de volar a 150 m a través de fuego antiaéreo intenso, a pesar de operar en el ambiente más hostil posible, la tasa de pérdida fue del 3.6%.
Comparado con otros aviones de ataque terrestre en conflictos previos, es extraordinariamente bajo. Más aún, varios A10 que fueron severamente dañados lograron regresar a base y aterrizar. Un piloto aterrizó con uno, 5 m de su ala derecha, completamente destruida. Otro aterrizó con un motor completamente apagado y la mitad de su cola arrancada.
Un tercero voló de regreso a base con más de 30 impactos de proyectiles antiaéreos en su fuselaje. La bañera de titanio salvó incontables vidas. El impacto psicológico de A1 fue aún más devastador que las estadísticas puras. Después de la guerra, las fuerzas de la coalición establecieron centros de interrogación para soldados y oficiales iraquíes capturados.
Querían entender la efectividad de diferentes armas y tácticas. Una de las preguntas estándar era, ¿qué armamento enemigo temías más? Esperaban respuestas variadas: artillería, tanques M1 Abrams, helicópteros Apache. Pero la respuesta era casi siempre la misma. El A10 Wardhog, un comandante de tanques de la Guardia Republicana, lo describió así durante su interrogación.
Escuchábamos el sonido antes de ver el avión. Un rugido bajo y profundo como un trueno distante. Después un sonido de desgarro como tela rasgándose pero amplificado. Mil veces. Para cuando veíamos el avión, nuestros tanques ya estaban ardiendo. No había tiempo para reaccionar. No había tiempo para escapar.
Otro oficial fue más directo, más honesto. Sus palabras fueron registradas textualmente en los informes de inteligencia. El A10 era la aeronave más reconocible y temida a baja altura. Cuando escuchábamos ese sonido, sabíamos que íbamos a morir. Algunos soldados entraban en pánico, abandonaban sus posiciones, salían corriendo al desierto abierto, donde al menos tenían una posibilidad.
Quedarse dentro del tanque era una sentencia de muerte. Un tercer soldado describió la experiencia desde tierra. El sonido del cañón Gau 8 era inconfundible. Era como si el cielo mismo se estuviera rasgando y después las explosiones, una tras otra. Veías las torres de los tanques volar por los aires.
Veías a tus compañeros arder vivos y no podías hacer nada, absolutamente nada. El terror psicológico que el A10 infundió en las fuerzas iraquíes fue un multiplicador de fuerza. Muchas unidades se rindieron sin pelear cuando escuchaban el característico rugido de los motores Turbofan del Warw acercándose. Preferían la captura a enfrentar ese cañón.
34 años han pasado desde el 25 de febrero de 1991. Eric Solomonson y John Marx están retirados ahora. Solo Monson se retiró con el rango de Coronel después de 25 años de servicio. Marx alcanzó el rango de teniente Coronel. Ambos viven vidas tranquilas, juegan golf, pasan tiempo con sus familias, asisten a reuniones de veteranos, pero su récord permanece intacto y tres tanques y nadie se ha acercado.
Y sin embargo, el A10 ha estado en la lista de eliminación durante décadas. La Fuerza Aérea de Estados Unidos ha intentado repetidamente retirar al Warhawk desde mediados de los años 90 después de la guerra del Golfo, después de demostrar su valor en combate de la manera más absoluta posible. Los argumentos de la Fuerza Aérea son siempre los mismos, prácticamente palabra por palabra, en cada solicitud de retiro presentada al Congreso.
Las defensas aéreas modernas hacen que las operaciones a baja altitud sean demasiado peligrosas. Los casas multifunción como el F35 pueden realizar apoyo aéreo cercano de manera más efectiva. El A10 es demasiado lento para sobrevivir en un conflicto de alta intensidad contra un enemigo tecnológicamente avanzado. El A10 es demasiado vulnerable a misiles antiaéreos moderno.
El A10 es demasiado viejo. Mantener la flota operacional es costoso. los mismos argumentos una y otra vez, año tras año. Y el Congreso ha rechazado repetidamente autorizar el retiro. No una vez, no dos veces, docenas de veces. ¿Por qué? Porque el A10 todavía hace una cosa mejor que cualquier otra aeronave en el mundo. Apoyo aéreo cercano en ambientes disputados.
El F35 Lightning Segundo es impresionante, es sigiloso, es supersónico, lleva tecnología de quinta generación, cuesta 80 millones de dólar por unidad, pero no puede hacer lo que hace el A10. No puede quedarse sobre un objetivo durante 2 horas y media. No puede descender a 90 m y volar lo suficientemente lento para identificar visualmente cada vehículo, cada posición, cada amenaza.
No puede absorber daños como el A10. El A10 puede ver el campo de batalla, puede diferenciar entre fuerzas amigas y enemigas sin depender de coordenadas GPS o designación láser. Puede orbitar durante horas esperando que aparezcan objetivos y cuando dispara no hay ambigüedad, no hay posible fuego, amigo. El piloto vio el objetivo con sus propios ojos antes de disparar.
Entre 2001 y 2021, durante las operaciones en Afganistán e Irak, los adies volaron más de 280,000 horas de combate. 280,000 horas. Eso es más de 30 años de vuelo continuo cuando las tropas estaban acorraladas por insurgente, cuando una patrulla caía en una emboscada, cuando un convoy era atacado con YS y necesitaban extracción inmediata, llamaban al Warhog.
Los soldados en tierra tenían un apodo para el A10, el ángel de la muerte. Muerte para el enemigo, salvación para las tropas amigas. El cañón Gau 8A, diseñado en 1971 para destruir tanques soviéticos T62 en los campos de Europa demostró ser igualmente efectivo contra posiciones fortificadas insurgentes, contra vehículos bomba cargados con explosivos, contra combatientes enemigos atrincherados en edificios de concreto.
La versatilidad del arma era asombrosa. La bañera de titanio construida para soportar fuego antiaéreo de 23 mm, protegió a los pilotos de armas pequeñas, ametralladoras pesadas de 12 7 mm y granadas propulsadas por cohetes RPG7. Varios pilotos regresaron con impactos de RPG en sus aviones. Los agujeros eran del tamaño de pelotas de fútbol, pero los pilotos estaban ilesos.
La bañera había cumplido su función. Si te está gustando esta historia y quieres escuchar más historias increíbles como esta cada semana, suscríbete al canal ahora. No te vas a arrepentir. 50 años después de su primer vuelo, el 10 de mayo de 1972, el A10 permanece en servicio activo. Los planes actuales de la Fuerza Aérea mantienen la flota operacional hasta al menos 2030, posiblemente hasta 2035, tal vez más tiempo.
Cada año el Congreso extiende la vida útil del programa. Cada año la Fuerza Aérea pide permiso para retirarlo. Cada año el Congreso dice no. Mientras tanto, la Fuerza Aérea ha invertido cientos de millones de dólares en actualizar el A10. Nuevas alas fabricadas con aleaciones modern, nueva aviónica digital, nuevos sistemas de puntería con visión nocturna y designación láser.
Nuevos sistemas de comunicación encriptada, pantallas digitales multifunción en la cabina. Pero la estructura básica permanece sin cambio. El cañón Gau 8A sigue siendo el mismo diseñado en 1971. La bañera de titanio es la original de 1972, los controles de vuelo redundantes, los tanques autosellantes, la disposición de los motores, todo permanece igual porque funciona.
El debate sobre el retiro del A10 continuará probablemente por décadas más. Los jets rápidos se volverán más rápidos. La tecnología furtiva mejorará hasta hacer los aviones prácticamente invisibles al radar. Las municiones guiadas de precisión se volverán tan precisas que podrán impactar una ventana específica en un edificio desde 50 km de distancia.
Pero la pregunta fundamental permanece sin una respuesta satisfactoria que convenza al Congreso o a los soldados en tierra. ¿Qué aeronave puede orbitar sobre un campo de batalla durante horas? Confirmar objetivos visualmente sin depender de tecnología que puede fallar, sobrevivir impactos que derribarían cualquier otra cosa y entregar poder de fuego devastador exactamente donde las fuerzas terrestres lo necesitan.
La respuesta 50 años después sigue siendo la misma. El mismo avión feo, lento y supuestamente obsoleto que las tripulaciones de tanques iraquíes temían más que a ningún otro. El mismo avión que los comandantes de la Guardia Republicana subestimaron el 25 de febrero de 1991. Ese día Eric Solomonson y John Marx demostraron por qué subestimar al A10 Whthog es un error fatal.
23 tanque, tres misiones, un día, 11 horas de combate continuo y ese récord nunca ha sido roto. Si esta historia te impactó tanto como a mí cuando la investigué, suscríbete al canal Historia Militar Oculta, porque cada semana traigo hazañas militares que cambiaron el curso de la historia. Historias que te van a dejar sin palabras.
Dale like si crees que el A10 merece seguir volando hasta que literalmente se caiga del cielo. Y en los comentarios respóndeme esto porque realmente quiero saber tu opinión. ¿Cuál crees que fue el factor más importante en el éxito del A10 en la guerra del Golfo? El diseño revolucionario del avión, la habilidad y valentía de los pilotos como Solomonson y Marx o simplemente la superioridad tecnológica general de Estados Unidos sobre Irak. Déjame tu respuesta.
Quiero leer cada uno de sus comentarios. Y si quieres seguir escuchando historias que te van a volar la cabeza, en la pantalla te estoy dejando otro video sobre una hazaña militar que desafió todas las probabilidades. No voy a revelarte de qué se trata, pero te garantizo que no vas a creer lo que vas a escuchar.
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