Posted in

El poderoso jefe descubrió a la sirvienta en el sótano con su hija ciega y quedó paralizado.

El poderoso jefe descubrió a la sirvienta en el sótano con su hija ciega y quedó paralizado.

[PARTE 1]

El sonido llegó a Alejandro Garza mucho antes de que abriera la pesada puerta de roble.

¡Crack! ¡Crack! ¡Crack!

Era un golpe agudo, rítmico, extraño.

Alejandro se quedó paralizado en lo alto de las escaleras del sótano, con la mano aún en la perilla de latón.

Había regresado temprano a su mansión en San Pedro Garza García tras unas tensas negociaciones en la frontera.

Su instinto de supervivencia, ese que lo había mantenido vivo a sus 45 años en un mundo donde los hombres de su nivel rara vez llegaban a viejos, le gritaba que algo andaba mal.

Bajó los escalones de mármol en absoluto silencio, con sus zapatos de cuero italiano sin emitir un solo roce.

El sótano debía estar vacío, era solo un almacén para muebles viejos.

Pero a través de la rendija de la puerta del fondo, vio una escena que le heló la sangre.

Su hija de 12 años, Sofía, estaba de pie en el centro de la habitación, descalza sobre el cemento frío.

Sostenía un grueso palo de madera con ambas manos, el sudor le empapaba el cuello y sus ojos nublados, ciegos desde nacimiento, miraban a la nada.

Frente a ella estaba Valeria, la callada e inofensiva sirvienta que había contratado hacía ocho meses.

Pero Valeria ya no parecía una empleada doméstica.

Se movía a su alrededor con el sigilo de un depredador, golpeando rítmicamente otro palo contra su propia palma.

“Otra vez”, ordenó Valeria, con una voz fría y profesional que Alejandro jamás había escuchado.

El palo de Valeria cortó el aire directo hacia el hombro de la niña.

Read More