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Tenía 15 y una “relación” con su tío de 56 terminó en ASESlNATO | El caso RESUELTO de Navila Garay

Tenía 15 años. Salió de su casa una tarde cualquiera, diciendo que volvería en unos minutos. Nunca regresó. Durante días, su familia la buscó con vida, mientras el hombre, que había sido la última persona en verla, seguía caminando libremente por el pueblo. El caso de esta jovencita de nacionalidad argentina expuso fallas graves, silencios incómodos y decisiones que llegaron demasiado tarde.

Una adolescente asesinada con una violencia extrema, enterrada como si no valiera nada y una verdad que salió a la luz de la forma más brutal. Hoy vamos a recorrer su historia paso a paso. Desde quién era hasta cómo se descubrió lo que realmente ocurrió aquella noche. Un caso que dejó marcas profundas y que aún con una sentencia sigue generando preguntas.

El caso de Nabila Garay. Hola a todos. Tres veces por semana en este canal te traemos los crímenes que han impactado a todo el mundo. Desde desapariciones hasta los más terribles asesinatos, injusticia,  impunidad, corrupción y las más duras sentencias serán los acompañamientos de estas historias.

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Vivía en la localidad de Chascomú, en la provincia de Buenos Aires, dentro de una familia humilde como tantas otras de la zona. Era la mayor de siete hermanos y desde muy joven había asumido responsabilidades que no siempre corresponden a alguien de su edad. Gran parte de su vida transcurrió junto a su abuela, con quien se había criado desde pequeña.

Aunque la casa de su madre se encontraba muy cerca, ambas figuras eran importantes en su día a día y su familia la describía como una chica independiente, acostumbrada a manejarse sola, pero cuidadosa. Siempre avisaba dónde iba y con quién para no preocupar a los suyos. Sobre su vida personal existe poca información pública.

Se sabe que había abandonado la escuela secundaria y que realizaba trabajos de limpieza en casas particulares, al igual que su madre, para colaborar con el sustento del hogar. A pesar de su corta edad, Nabila ya trabajaba y se movía por su cuenta dentro de la ciudad. Quienes la conocían decían que era una adolescente tranquila, acostumbrada a salir y volver en poco tiempo sin generar alarmas.

Nada en su rutina parecía fuera de lo común. Por eso, cuando aquella tarde que salió de su casa diciendo que regresaría pronto, nadie imaginó que sería la última vez que la verían con vida. El martes 10 de diciembre de 2019, cerca de las 6 de la tarde, Nabila salió de la casa de su abuela. dijo que regresaría en poco tiempo como tantas otras veces.

Sin embargo, lo que ocurrió a partir de ese momento daría lugar a versiones contradictorias, incluso dentro de su propia familia. Según el relato de su madre, ese día Nabila no dijo a dónde iba, solo le pidió que recogiera una ropa que había guardado secándose en el tendedero y le comentó que había dejado el calentador encendido para bañarse al volver.

le aseguró que sería rápido y que después compartirían unos mates. La versión de la abuela fue distinta. Ella sostuvo que antes de salir, Nabila le dijo claramente que iba a casa de un hombre al que conocían en el barrio y que regresaría enseguida. Incluso le pidió que le calentara la comida, dando a entender que no pensaba ausentarse demasiado tiempo.

Con el paso de las horas, otra pieza se sumó al relato. Pablo, el tío de Navila, explicó que fue él quien le pidió un transporte privado para que la llevara a cobrar un dinero que le debían por trabajos de limpieza. Ese hombre era Néstor Alfredo Garay, conocido como Lito Garay, un jardinero de 56 años que vivía en la zona.

El conductor llegó cerca de las 6 de la tarde. Nabila subió al vehículo y fue trasladada hasta la casa de Néstor. Según el testimonio del conductor. Al llegar al destino, la joven bajó del auto y le pidió que la esperara, ya que saldría enseguida para pagarle el viaje. Minutos después fue el propio Néstor, quien salió de la vivienda, pagó el traslado y volvió a entrar.

El conductor se retiró del lugar. Esa fue la última vez que alguien ajeno a la familia vio a Navila con vida. El tiempo empezó a pasar y como no regresaba, la preocupación comenzó a crecer. Cerca de las 6:30 de la tarde, su familia intentó comunicarse con ella por teléfono, pero el celular estaba apagado. Ante el silencio, decidieron acercarse a la casa de Néstor.

Llamaron a la puerta, pero no obtuvieron respuesta. Todo estaba cerrado y oscuro. Antes de irse dejaron una nota en el lugar pidiendo que se comunicara con ellos porque estaban buscando a Nabila. Esa misma noche, al no tener noticias, comenzaron a surgir dudas y versiones diferentes dentro de la familia sobre qué hacer. Algunos aseguraron que se acercaron a la comisaría para denunciar su desaparición, pero allí les dijeron que había que esperar 24 horas antes de poder hacerlo.

Nabila era menor de edad, por eso su caso debía haberse tratado como una alerta inmediata. Sin embargo, esa respuesta marcó el inicio de una serie de irregularidades que con el paso del tiempo serían duramente cuestionadas. Según la fiscal a cargo del caso, la denuncia quedó registrada recién a las 11 de la noche del miércoles 11 de septiembre, es decir, más de 24 horas después de que Navila fuera vista por última vez.

Para entonces el tiempo ya jugaba en contra. Con el testimonio de Pablo, el tío que había pedido el taxi, los investigadores fueron directamente a la casa de Néstor. Él confirmó que la adolescente había estado allí esa tarde, pero aseguró que se había marchado poco después. Néor afirmó que Nabila había ido a pedirle dinero y que lo estaba extorsionando.

Según su versión, ella le exigió una suma mayor para no acusarlo de abuso y él solo le entregó parte del dinero antes de que se fuera. También aseguró que no sabía nada más de ella. La vivienda de Néstor fue inspeccionada por la policía en dos oportunidades durante los primeros días de la búsqueda. En ambas ocasiones, las autoridades informaron que no encontraron nada sospechoso.

Además, Néstor no tenía antecedentes penales, por lo que continuó en libertad mientras la investigación avanzaba sin resultados concretos. El paso de los días sin noticias de Navila aumentó la angustia de su familia y el malestar en la comunidad. Nadie imaginaba que la clave para resolver el caso estaba a punto de aparecer de la forma más inesperada.

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