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PIOJO HERRERA: From IDOL to OUTCAST… The DIRTY PUNCH that DESTROYED his career forever

No fue el goleador histórico de ninguno. No levantó los trofeos de liga que después levantaría como técnico. Fue un centrocampista, un volante, un jugador de trabajo que hacía lo que su equipo necesitaba, pero que nunca tuvo el brillo individual que convierte a un futbolista en nombre permanente de la historia del deporte.

Esa experiencia como jugador de trabajo, como el que hace lo necesario, pero no el que recibe los aplausos principales, moldeó al entrenador que después sería. Herrera entendió el fútbol. desde la perspectiva de alguien que tuvo que ganarse cada minuto en el campo con esfuerzo y no con talento desbordante.

Y ese entendimiento se convirtió en una manera de entrenar que conectaba con los jugadores que tenían algo que demostrar, que no daban nada por garantizado, que necesitaban la claridad de un técnico que les dijera exactamente lo que necesitaban hacer sin adornos innecesarios. Su carrera como entrenador empezó en las categorías menores, no en la primera división, no en los equipos con presupuesto, no en el escenario donde los resultados producen portadas, en los lugares donde el trabajo es invisible y donde la calidad de un entrenador se mide por lo que hace

con lo que tiene, que es la manera más honesta de medir a cualquier técnico. llegó a Atlante y con Atlante ganó el torneo Apertura 2007, el primero de los cuatro campeonatos de Liga MX que levantó como técnico con un equipo que no tenía las estrellas del América, ni el presupuesto del Chivas, ni el apoyo mediático de los grandes, con lo que tenía, que era un plantel trabajador y un técnico que sabía exactamente cómo sacarle el máximo a cada pieza disponible. Escucha esto.

Después de Atlante, vino Cruz Azul, donde no logró el campeonato, pero dejó una huella de trabajo profesional que el sistema del fútbol mexicano reconoció. Y después vino el Club América. Con el América ganó el Apertura 2013 y el Clausura 2014. Dos títulos consecutivos que en el fútbol mexicano tienen un peso específico porque el América es el equipo másquillero del país, el que tiene el mayor número de seguidores y el que en consecuencia tiene el mayor nivel de escrutinio en cada decisión que toman el club y su técnico. Esos dos

campeonatos consecutivos con el América fueron los que pusieron el nombre de Herrera en la conversación sobre la selección mexicana. El equipo nacional en ese momento estaba en una situación que pocas veces el fútbol mexicano ha vivido con ese nivel de urgencia, a punto de no clasificar para el Mundial de Brasil 2014.

El hexagonal de la CONCACAF había producido resultados que la federación no había anticipado. José Manuel de la Torre, el Chepo, había sido despedido y el tiempo para encontrar la solución era mínimo. La Federación Mexicana de Fútbol eligió a Herrera. Aquí viene la primera revelación que te prometí.

Lo que el Piojo hizo con la selección entre el momento en que tomó el cargo y la clasificación para el Mundial de Brasil 2014 es lo que el fútbol mexicano llama una hazaña y lo que la evaluación más seria llama trabajo profesional ejecutado bajo presión extrema. No era la selección más talentosa de la historia de México. Tenía sus limitaciones, pero tenía un técnico que sabía exactamente lo que necesitaba de cada jugador y que transmitía esa certeza de una manera que el grupo absorbió con la urgencia que la situación exigía. El camino incluyó el

repechaje contra Nueva Zelanda, que México ganó y que fue el pasaporte de última hora al mundial. No la clasificación cómoda que otros ciclos habían producido, el camino del borde del abismo, que en el fútbol mexicano tiene su propio folklore y su propia carga emocional. Llegaron a Brasil y Herrera, que había llegado con el mandato de clasificar, de repente tenía el equipo nacional en la Copa del Mundo.

Lo que hizo ahí fue lo que definió su imagen pública para siempre. No los resultados solamente las celebraciones, los saltos en la banca técnica, las reacciones físicas y visibles de un técnico que no podía contener lo que sentía cuando el equipo anotaba o cuando el árbitro pitaba a favor. Esas imágenes de Herrera saltando y gritando y corriendo en la banca técnica con la energía de alguien que estaba viviendo en el ring y no solo mirándolo, se viralizaron de una manera que ningún otro técnico mexicano había producido en

la historia reciente. México llegó a los octavos de final en Brasil 2014. La eliminación llegó contra Países Bajos en un partido que el marcador tenía 1 a1 a pocos minutos del final y que terminó con dos goles holandeses en tiempo de adición, incluyendo un penal que en México es conocido todavía como el robado, la jugada de Argen Roben, que el árbitro pitó a favor de Holanda y que según la versión mexicana no fue falta.

Grábate ese partido porque es importante para lo que vino después. México cayó en los octavos de final, de manera que el país vivió como una injusticia. El penal que no debió ser pitado, la sensación de que algo les fue arrebatado en el último momento y Herrera, que había llevado al equipo hasta ese punto desde el borde del precipicio de la clasificación, regresó a México como héroe en lugar de como eliminado.

Eso tiene una consecuencia específica en la manera en que el público y los medios lo recibieron. El técnico que había clasificado de milagro y que había llegado a octavos de final con una actuación que generó el tipo de drama que el fútbol ama, fue tratado como si hubiera ganado algo grande. Las celebraciones de regreso a México tuvieron la intensidad del que trae un trofeo, no del que regresa eliminado.

Y eso, la confusión entre el proceso de llegar y el resultado de no ganar, es parte de lo que construyó la distorsión que vendría después. Porque cuando empezó el siguiente ciclo, cuando el equipo nacional ya no era el equipo que salva el milagro de la clasificación, sino el equipo que tiene que demostrar que puede hacer algo más que llegar a los octavos de final y ser eliminado por una jugada polémica, las expectativas ya no correspondían exactamente con lo que el equipo era capaz de producir de manera consistente. Piensa en la tensión

de esa situación para un técnico. Las expectativas del público y de los medios construidas sobre la emocionalidad del Brasil 2014 y de las celebraciones de regreso a México no correspondían exactamente con la evaluación fría del nivel real. Y cuando los resultados empezaron a mostrar esa brecha, cuando la Copa Oro 2015 produjo victorias controversiales con penales que muchos consideraron regalados, las críticas llegaron con la intensidad que el fútbol mexicano puede generar cuando siente que algo no está funcionando como debería. Y

Cristian Martinoli fue la voz más directa y más persistente de esas críticas. Escucha esto. Martinoli no era el único que criticaba a Herrera en ese periodo. Era uno de varios voces del análisis deportivo que señalaban los problemas del equipo, pero era la voz con mayor impacto mediático dentro del espacio donde Herrera la escuchaba más directamente, porque TV Azteca era el canal que transmitía los partidos de la selección.

La crítica no venía de un medio periférico, venía del canal que tenía los derechos de transmisión del equipo nacional y que cada partido enviaba a sus comentaristas a describir lo que ocurría con la franqueza que Martinoli siempre ha tenido como marca personal. Martinoli criticaba el juego de la selección, criticaba los resultados, criticaba las decisiones tácticas que producían partidos donde el equipo llegaba a los resultados que llegaba de maneras que no convencían a quienes analizaban el fútbol con rigor.

Y según la versión que el propio Herrera ha dado en múltiples entrevistas posteriores, en algún momento de esa cobertura, Martinoli dijo algo sobre la manera en que Herrera usaba los recursos de la Federación Mexicana de Fútbol, que el técnico interpretó como un ataque a su familia. Herrera lo dijo en la entrevista con Alex Blanco.

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