Posted in

Tengo 78 Años , Mi Mujer Falleció Hace 6 Y Entre Sus Cosas Descubrí Algo Que Me Cambió La Vida

Me llamo Julián, aunque toda la vida me han llamado Julianillo. Hasta ahora con 78 años cumplido el pasado febrero, que ya uno pensaría que se merece el nombre entero. Nací en un pueblo de la sierra de Cádiz, en la provincia en el 47, cuando todavía se pasaba hambre de verdad, de la que te hace acordarte toda la vida de del sabor del pan duro mojado en aceite, si es que había aceite.

Mi padre era hornalero de los que iban al tajo con una talega y una bota y mi madre cosía para fuera, cosía para medio pueblo. Y entre los dos sacaron adelante a cinco, que éramos cinco hermanos, tres varones y dos hembras y de los cinco ya solo quedamos dos. Mi hermana Carmen, que vive en Barcelona de desde el 60 y tanto, y yo aquí sentado en esta silla de Enea, que era de mi suegra en el patio de la misma casa donde mi mujer y yo vinimos a vivir en el 69, recién casados.

Conocí a Mari Carmen en el año 67 en la fiesta del pueblo. Ella era de Benaucá, un pueblo más chico todavía que el mío, y había venido con unas primas a la fiesta. Yo la vi en el baile de la plaza, porque entonces se bailaba en la plaza con una orquesta que venía de Jerej o de por allí y ella llevaba un vestido azul claro con florecitas. blanca y el pelo recogido con una peineta y unos zapatos blancos de tacón bajo. Me acuerdo como si fuera ayer.

Fíjate tú. Me acuerdo mejor de aquel vestido que de lo que cené anoche, que ya ni me acuerdo si cené cosas de la edad, supongo, cosas del corazón, que el corazón guarda lo que le da la gana y te borra lo demás. Me acerqué a pedirle un baile y le temblaba la mano cuando me la dio y a mí me temblaba también, pero disimulaba porque entonces un hombre no podía temblar delante de una mujer.

Eso era de poco hombre o eso nos hacían creer. Bailamos un paso doble, bailamos un bolero y cuando la orquesta paró ella, me dijo gracias y se fue con sus primas. No me dijo su nombre, no me dijo de dónde era, no me dijo nada. Y yo me quedé allí en medio de la plaza como un pasmarote viéndola irse y pensando que esa mujer iba a ser mía o yo no iba a ser nadie.

Tardé 3 meses en encontrarla, 3 meses preguntando de pueblo en pueblo porque entonces no había teléfono en las casas, ni mucho menos estas cosas de ahora que con un botón encuentra a cualquiera. Tenía que ir en mi bicicleta que era de mi hermano mayor y me la dejaba los domingos. recorrer eh los pueblos de la sierra preguntando por una muchacha morena de ojos claros, que había estado en la fiesta de mi pueblo hasta que un domingo en Benaucá, una vieja en la fuente me dijo que esa debía ser la Mar Carmen del Frasquito, que era hija de

frasquito el herrero. Y allí fui y llamé a la puerta y y me abrió ella y se puso colorada hasta las orejas. Y yo también. Y su padre salió detrás preguntando quién era y qué quería. Y yo dije que quería cortejar a su hija con intención seria, que para eso había venido. Y el hombre me miró de arriba a abajo y me dijo, “Pasa muchacho, pasa y tómate un vaso de vino.

” Y así empezó todo. Nos casamos el 10 de mayo de del 69 en la iglesia de Benaucá un sábado, porque los sábados se casaba la gente, entonces no como ahora que os casáis cualquier día. Yo tenía 21 años recién cumplidos y ella tenía 19 dos críos. Éramos dos críos, aunque creíamos saberlo todo. Llevábamos puesto lo mejor que teníamos.

Ella un vestido blanco que le hizo mi madre, porque mi madre para coser era un artista y yo un traje prestado de del hermano de Maric Carmen que me quedaba un poco grande de hombro, pero bueno, para un día pasaba la boda fue en casa de sus padres con vino de la tierra, con unas tapitas, con un arroz que hizo una tía suya y con la gente del pueblo entrando y saliendo a felicitar No, no hubo viaje de novio ni nada de eso.

Al día siguiente nos vinimos a esta casa que era de un tío mío que se había muerto sin descendencia y me la dejó a mí. Y aquí empezamos nuestra vida. Yo trabajaba en en la construcción, había prendido el oficio con un tío segundo en Jésamos entré una cuadrilla que iba a obras por toda la provincia y a veces más lejos, a veces me tiraba semana fuera de casa.

Íbamos a Málaga, a la Costa del Sol, que en aquellos años estaban construyendo como loco todos hoteles y apartamentos para los giris. Fuen Girola, eh Torremolino, Marbella, eh los pueblos aquellos en los 70 eran una locura de obra, de grúa, de hormigón. Se ganaba bien para lo que se ganaba entonces se ganaba bien, pero había que estar allí y había que estar mucho.

Yo salía los domingos por la tarde en el autobús y no volvía hasta el sábado siguiente por la noche. Y a veces ni el sábado, a veces el domingo por la mañana, porque el jefe decía que había que rematar tal cosa o que había que empezar tal otra, ¿eh? Y uno no podía decir que no, porque si decías que no había 50 detrás esperando tu puesto, Maric Carmen se quedaba aquí sola.

Bueno, sola del todo, ¿no? Porque mi madre vivía dos calles y su madre venía de cuando en cuando, desde Benaauca en el coche de línea, pero sola en la casa, sola en la cama, sola para todo lo demás. Y yo no lo pensaba. Fíjate tú lo tonto que era, que yo no lo pensaba. Yo pensaba que estaba cumpliendo, que estaba trayendo el jornal a casa, que estaba haciendo lo que hace un hombre, eh levantar una familia, eh pagar las cosas, ahorrar para comprar la nevera, para comprar el televisor, para arreglar el tejado que se llovía por el cuarto de

atrás. Eso pensaba yo que era ser un buen marido, traer dinero y y nada más. Qué bobo era, qué bobo. Si pudiera darme con un palo en la cabeza al julianillo de 25 años, me daría hasta que me hiciera sangre. Pero ya es tarde. Claro, ya es tarde para todo. En el 72, en marzo del 72 nació nuestro hijo. Le pusimos Manuel por mi padre que había muerto el año antes de de un golpe malo en el tajo.

Se cayó de un andamio y ya no levantó cabeza. estuvo tres meses en cama y se fue. Manolito nació una madrugada de marzo a las 5 y algo y yo estaba en Marbella en una obra y me avisaron por el teléfono de la pensión donde dormíamos los obreros que llamó la comadrona. Cogí el primer autobús y llegué al mediodía. Cuando entré en el cuarto, Maric Carmen estaba en la cama con el niño en brazo y yo me quedé en la puerta.

sin saber qué hacer, porque de pronto tenía un hijo y no sabía qué se hacía con un hijo. Ella me miró y me sonrió con esa sonrisa suya, que tenía una sonrisa que te derretía por dentro y me dijo, “Ven, acércate, que tu hijo quiere conocerte.” Y yo me acerqué y me senté en el borde de la cama y cogí al niño y le miré la cara y le conté los dedos de las manos y los dedos de los pies, porque eso se hacía.

Entonces se le contaban los dedos para asegurarse de que estaban todos y estaban todos y y le dije, “Hola, Manolito, soy tu padre.” Y el chiquillo abrió los ojos un momento y volvió a cerrarlo. Me quedé tres días en casa, tres días. Y al cuarto ya estaba otra vez en en el autobús para Marbella, porque el encargado había dicho que o volvía o buscaba otro trabajo y con un hijo recién nacido no se podía uno quedar sin jornal.

Y así fueron los primeros años de Manolito con el padre viéndolo los fines de semana y a veces ni eso. Mari Carmen lo crió prácticamente sola, le daba el pecho, lo cambiaba, lo paseaba, lo llevaba al médico a Ubrique cuando tenía fiebre, lo dormía de noche cuando lloraba, todo. Ella yo llegaba los sábados por la noche reventado con las manos llenas de callo y de cemento.

Read More